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Revista de estudios filológicos
Nº28 Enero 2015 - ISSN 1577-6921
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reseñas

 

CURSO URGENTE DE POLÍTICA PARA GENTE DECENTE
JUAN CARLOS MONEDERO

 

por Javier Fornieles

(Universidad de Almería)

 

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JUAN CARLOS MONEDERO. CURSO URGENTE DE POLÍTICA PARA GENTE DECENTE. Madrid: Seix Barral, 2013, 246 pp. ISBN: 978-84-322-2081-4

 

Recordemos brevemente las ideas fundamentales sobre las que se levanta el libro escrito por Monedero. El conflicto forma parte de la vida social. Sin tener en cuenta las consecuencias, el capitalismo impone sus normas cada vez con mayor agresividad mientras la sociedad alienada asiste a su propia destrucción. Urge, por tanto, renovar los fundamentos sobre los que se levanta la política y la democracia, pues promover la solidaridad, participar activamente en la vida pública y aportar cada uno su grano de arena son los únicos instrumentos que el ciudadano tiene aún en su mano para impulsar la igualdad y defender sus derechos amenazados.

Detrás de estos planteamientos se encuentran, como el propio autor indica, las ideas de Boaventura de Sousa Santos. Y al fondo podemos distinguir unas gotas de leninismo, algo de Trotski y diversas reflexiones procedentes de Gramsci. Estos son los andamios sobre los que se levanta el discurso de Juan Carlos Monedero. Pero hay sin duda algo más. A lo anterior hay que añadir un factor decisivo. El lector no puede separar hoy las palabras de Monedero de los últimos acontecimientos. El libro de Juan Carlos Monedero lleva nueve ediciones en apenas doce meses. Y en apenas unos meses Podemos, el grupo político al que pertenece el autor, se ha incorporado a la vida política con una fuerza inesperada.

Curso urgente de política para gente decente es un libro escrito al calor del 15 M, antes de que el partido surgiera, y no responde exactamente a la situación actual. Pero merece la pena que conozcamos las opiniones del autor por las pistas que pudiera darnos sobre lo ocurrido y sobre el porvenir. Y esa lectura resulta oportuno efectuarla en Tonos Digital por el importante papel que el Curso urgente concede a la palabra y a los medios de comunicación.

Las páginas del Curso urgente de política lanzan una mirada condenatoria sobre la vida pública en España. Las ideas principales aparecen recogidas con claridad. La democracia es hoy una ceremonia que se repite cada cuatro años y en la que el ciudadano queda excluido de las decisiones. La política se ha convertido en una tarea desarrollada por unas élites. Estas nos invitan a creer que sus decisiones se apoyan, aparentemente, en argumentos técnicos, aunque nos sorprenda –se nos recuerda con ironía– la incapacidad de sus representantes incluso para exponer sus ideas o hablar en público. La vida pública se reduce al bipartidismo, a una lucha entre los grupos favorecidos. La corrupción sobrevive sin temor en este sistema y sus beneficiarios se limitan a aprovecharse de ella y a procurar ocultarla. El único objetivo de los partidos y de sus dirigentes consiste en conservar el puesto y en elegir los delfines apropiados que garanticen el control y aseguren el mantenimiento del sistema establecido.

Las críticas inciden especialmente en la economía de mercado. El neoliberalismo –nos indica el autor–persigue ya sus objetivos sin ningún control por parte de la política, sin importarle el derecho o las propias reglas de la democracia. Tras sus beneficios se oculta la depredación, por parte de los grupos financieros, de los sectores más débiles y ahora también de las clases medias. Las desigualdades, la situación precaria del trabajador y la explotación del Sur aumentan sin cesar mientras cada catástrofe económica, cada ruina, genera más y más beneficios.

¿Hay realmente algo nuevo en estas ideas? Probablemente, no. Lo que ha cambiado es nuestra forma de percibir la realidad, ese suelo firme en el que antes nos apoyábamos y que Muñoz Molina describe con acierto en Todo lo que era sólido. Leer las páginas en las que Monedero nos explica a quién obedecen los gobiernos o resume la fusión del poder político con los intereses económicos no invitan ya a esbozar una sonrisa escéptica. Ahora animan a actuar y provocan una justificada indignación en no pocos lectores.

 

TIEMPOS DE CRISIS: MÁS PREGUNTAS QUE RESPUESTAS

La firme actitud crítica frente al sistema político y económico constituye la principal baza del libro. Más allá se abre un campo sin explorar. Al igual que ocurre en las sonadas polémicas en televisión, la obra de Monedero destaca más por su capacidad para meter el dedo en el ojo del adversario que por sus aportaciones constructivas.

No es justo de todos modos valorar negativamente el libro de Monedero por ofrecer ante todo una censura del panorama político. Curso urgente de política se escribió hace muchísimo tiempo. En un año ha pasado de todo. Se redactó tras la experiencia de las manifestaciones del 15M, antes de que Podemos se convirtiera en una plataforma en enero de 2014 y de que participara en las elecciones.

En cualquier caso, para el autor, la crítica del sistema establecido tiene por sí misma un valor positivo que conviene recordar. Para definir la situación actual, se citan en varias ocasiones las palabras de Gramsci sobre la indefinición y la incertidumbre que un periodo de crisis trae consigo. Y, de acuerdo con las ideas de Santos, el libro de Monedero encuentra en la complejidad de la crisis un terreno fértil, una oportunidad idónea para distanciarse y explorar otras vías. Son, en efecto, los problemas los que nos obligan a pensar, los que nos permiten abrir los ojos y buscar nuevas soluciones. Por este motivo, nos indica el autor, el Curso urgente nos ofrece más preguntas que respuestas; nos brinda más un diagnóstico de la enfermedad que un remedio.

Si el lector puede coincidir fácilmente con las denuncias realizadas por Monedero, no ocurre lo mismo cuando nos adentramos en algunas de las ideas que sustentan la nueva forma de entender la política y la sociedad. Nos encontramos con afirmaciones que pueden parecer simples cuando no erróneas. Sobran, en mi opinión, muchas de las consideraciones relacionadas, por ejemplo, con la biología o las características que se suponen fundamentales en el ser humano. Entiendo que Monedero rechace los intentos de convertir el egoísmo o el interés personal en los ejes de nuestra conducta; pero no veo la necesidad de atribuir a las virtudes opuestas –la reciprocidad, la confianza– la misma función o de asignarles también un origen biológico.

Asimismo, el libro ofrece con frecuencia un retrato maniqueo de dos entidades, la derecha y la izquierda. A las maldades de la derecha, consideradas como algo inscrito en su esencia, no se puede oponer un retrato mucho más suave de las ‘ingenuidades’ de la izquierda. El escepticismo que rodea a la izquierda y que el libro de Monedero intenta ahuyentar, no surge sin motivo. Las reivindicaciones sociales y los avances logrados a partir de Marx no anulan los horrores cometidos también en su nombre. Y los gobiernos autoritarios o la tergiversación de las normas constitucionales en Hispanoamérica para mantenerse en el poder no invitan al optimismo. Probablemente, el éxito del discurso de los nuevos movimientos sociales radica en proponer cuestiones trasversales que afectan por igual a los partidos establecidos, en su capacidad para desbordar los argumentos rutinarios de la derecha y de la izquierda. Aplicar, en cambio, criterios diferentes tiene el peligro de recordar esa hemiplejia moral que caracteriza a los partidos tradicionales y que les lleva a ver sólo las faltas del oponente.

Nada más peligroso, por otra parte, que efectuar un dibujo simplista del adversario. Conviene recordar que el triunfo del capitalismo no se ha producido sólo por su acierto al imponer una forma determinada de captar la realidad. Históricamente, junto a las libertades económicas que las grandes corporaciones defienden interesadamente para escapar a cualquier control, se introducen otras libertades que resultan irrenunciables para el ciudadano. Tampoco conviene olvidar la seducción que ejerce aún el imaginario que ha convertido a los ciudadanos de los países desarrollados en afortunados clientes, sin más obligaciones que las de consumir. Ese imaginario constituye, sin duda, un engaño, pero ha sido al mismo tiempo una vivencia real y la percepción de hallarse en un supermercado con una oferta inagotable ha llegado a ser durante años, para muchos ciudadanos, la única y la mejor experiencia de sus vidas. La venda ha empezado a caer. Es cierto. Pero nada asegura que hayamos aprendido alguna lección y que la aspiración del ciudadano no sea volver a colocarse esa venda en cuanto pueda.

 

ESPIGANDO LAS PROPUESTAS

El Curso urgente no pretende explicar cómo se articula un movimiento ciudadano ni cómo acceder a las instituciones. Pero sí nos da pistas interesantes sobre los nuevos proyectos e inquietudes del autor.

Frente a la pasividad que reclaman los partidos, anima justo a lo contrario, a recuperar la voz y a participar activamente en política. Si el conflicto es la base sobre la que se sustentan las actividades en cualquier sociedad, nos invita a no rehuir el conflicto y a aceptarlo para buscar las soluciones más adecuadas. “No menos democracia sino más democracia –reclama–. No menos conflicto sino más conflicto”. Denunciar con credibilidad, buscar el cuerpo a cuerpo, que con tanta eficacia han sabido buscar los portavoces de Podemos; hacer política por otros cauces y reivindicar la presión en las calles se convierten de este modo en las estrategias imprescindibles para llamar la atención y sacudir la indiferencia de los ciudadanos.

Con la vista puesta aún en el 15M, el Curso urgente anima a construir un movimiento social, a buscar nuevas formas de expresión para evitar que la política siga siendo la sierva de los intereses financieros. Se habla de establecer un nuevo contrato social –otra propuesta de Santos– y se insiste en abrir un proceso constituyente.

Predominan las fórmulas difusas –o así lo parece a estas alturas de curso–, pero el libro de Monedero nos muestra con todo fogonazos que conviene destacar.

Se invita, por ejemplo, a buscar aquellos conflictos que puedan tener un mayor eco en la sociedad. No es de extrañar ,por tanto, que los ejes del discurso giren en el futuro en torno a servicios públicos de alcance general y a cuestiones como la escuela, la sanidad, la deuda, las reformas electorales…

Atento a los problemas tradicionales de la izquierda, Monedero recuerda que el conflicto es ineludible en política y adelanta que no se puede solucionar todo con una unidad ficticia entre todos los grupos que comparten los mismos puntos de partida. Indica, asimismo, el peligro que supone caer en la fragmentación. Y avisa contra el desánimo y contra las actitudes que solicitan lo máximo o exigen que todo se haga desde el primer momento. No son advertencias que deban caer en saco roto, pues probablemente sea este el mayor peligro que acecha a una organización como Podemos y sea también este el flanco que ataquen sus oponentes –el tiempo dirá si con razón– tratando de presentarlos como un coro de voces disonantes.

Si la dispersión puede ser un grave problema, hay también que señalar que el tiempo, afortunadamente, no ha pasado en vano. No se apela ya a una ‘vanguardia’ que ilumine el camino, sino a la participación directa de la ciudadanía. La transformación social se advierte que debe ser obra más del conjunto que de los dirigentes. Hay, sin duda, en todo este movimiento un aire más troskista que leninista. Son los ciudadanos los que deben refrendar directamente con su voto las decisiones, la forma concreta de aplicar la economía o de organizar el Estado.

Por este motivo, se insiste en la importancia que tiene la acción de cada individuo. A cada lector se le pide que reaccione y actúe en la medida de sus posibilidades. Frente a las excusas y las tentaciones del desaliento, se propone una tarea sencilla: poder decir, al término del camino, “esto es lo que yo hice”.

Como dijimos, estas afirmaciones pueden resultar ahora insuficientes. En el Curso urgente de política se habla ya de aguardar a que se abra una ‘ventana de oportunidad’. Es justo lo que ha pasado. La ventana se ha abierto, en solo unos meses, de par en par. La sensación es que, para sorpresa de todos, han desaparecido de pronto las puertas y las ventanas. Probablemente, la cuestión no sea hoy abrir una brecha en la fortaleza para asomar la cabeza, sino actuar con la necesaria prudencia para evitar que no se caigan de repente ni las paredes ni el tejado. Y es esa aceleración del proceso la que obliga al lector a plantearse ya cuestiones que no aparecen en el libro: ¿cómo se logra articular un partido en torno a un movimiento social?, ¿cómo se puede resistir la presión de esos movimientos y de partidos de izquierda para apropiarse de la marca Podemos?, ¿qué márgenes existen para el cambio en una economía global, con las cartas marcadas?, ¿es posible conciliar la participación activa de los ciudadanos con la toma de decisiones en los Parlamentos y en los órganos ejecutivos?, ¿se puede hacer política desde los medios audiovisuales sin caer en la demagogia?, ¿hasta qué punto un discurso radical puede competir hoy con los partidos denominados ‘atrápalo todo’ y servir para crear una formación mayoritaria?

Las preguntas, como vemos, se acumulan y, con independencia de la valoración que nos merezcan las posibles respuestas, es preciso reconocer la corriente de aire vivificadora que se ha introducido en la política.

 

LA PALABRA COMO ARMA Y EL LENGUAJE DE LA ÉTICA

Curso urgente es un libro bien escrito. Las frases breves, incisivas, a veces ingeniosas, los ejemplos, las comparaciones y las imágenes que ilustran los conceptos abstractos, acercan la teoría a los lectores y les permiten recorrer sin gran esfuerzo sus páginas. Frente al saber uniforme, estático, Monedero, al igual que Boaventura de Sousa Santos, desafía la supuesta objetividad de la ciencia y destaca la importancia de las humanidades y de las artes, el  valor de la palabra y de la retórica, como instrumentos imprescindibles para persuadir y para adoptar una posición crítica y discutir la aparente falta de alternativas.

La llamada a la participación activa, la insistencia en lo que cada uno puede hacer, justifica algunos rasgos de estilo: las enumeraciones, las interrogaciones retóricas. Y explica, quizás, la presencia de un elemento destacado. Me refiero a la importancia concedida al sentimiento. “Lo que no emociona no moviliza”, se llega a decir. El deseo de conectar con cada lector y de estimular su participación activa resulta loable, pero introduce un lirismo excesivo y explica el tono almibarado de muchas afirmaciones. Para mi gusto sobran algunos trinos de los pájaros en el campo, disquisiciones sobre “esa asamblea que nos habita el pecho”, citas o aforismos –“Si sabes dónde está Itaca, ya has caminado una parte del camino”–, que nos alejan de la reflexión y nos acercan demasiado a otros géneros.

La parroquia es, sin duda, muy variada y cada uno tiene su alma en su ‘almario’.  Pero no parece que sea el mejor momento para encender los mecheros y mirar a la luna. ¿No se ha asentado el éxito de Podemos más bien en el desparpajo con que desafía las jerarquías establecidas? En sus inicios, al menos, lo que ha llamado la atención ha sido precisamente la habilidad para romper con el lenguaje no verbal de los comentaristas políticos y el uso de un lenguaje tan firme y provocador como cargado de racionalidad.

¿A qué obedece, cabe preguntarse, el lirismo omnipresente en las páginas de Monedero? Puede tener, quizás, su origen en la propia personalidad del autor. Pero hay probablemente otras razones de peso.

El lenguaje de hoy, el de la publicidad y el de los medios audiovisuales es el lenguaje de determinadas emociones. No vivimos en el mundo de la razón sino en el del consumo y la adulación al cliente. Los sentimientos y la seducción constituyen la única vía para llegar a un público amplio.  ‘Doler’ y ‘Querer’ –nos indica Monedero con el ejemplo de Espartaco– se asientan, quizás, por este motivo, como pasos previos ineludibles en un camino que debe conducir al ‘Poder’ y al ‘Hacer’.

A lo anterior añadiría otras explicaciones. La jerga neoliberal provoca una creciente irritación. La jerga procedente del marxismo es hoy un metalenguaje al que pocos pueden acceder. En esa tierra de nadie se instalan una serie de principios morales –Gramsci destacaba ya su importancia de lograr la adhesión en torno a ellos– como único asidero al que aferrarse. De ahí quizás que la generosidad y el sentido del deber se alcen frente al egoísmo y ocupen en este Curso de política para gente ‘decente’ el centro del escenario. Junto a la moral se defiende la revalorización del esfuerzo, del trabajo –otro aspecto destacado por Santos–, asentados obviamente en otras bases diferentes a las establecidas por el capitalismo financiero y la globalización.

Juan Carlos Monedero cree encontrar en el interior de los ciudadanos un núcleo de honradez y decencia, que pugna por salir y que puede enfrentarse con las ideas dominantes. Paradójicamente, frente a la despiadada avaricia del sistema económico, los valores creados para asentar la ideología burguesa adquieren hoy un sentido casi revolucionario. Han sido grabados con tanta fuerza que años después parecen ser los únicos elementos comunes sobre los que se puede organizar el asentimiento general de la comunidad.

En medio de la crisis y con una corrupción generalizada, resulta hasta cierto punto lógico que la moral se utilice como un espejo para afear conductas y como un resorte para movilizar a los lectores. No quiero olvidar tampoco el efecto saludable que este moralismo está teniendo en la política. El miedo guarda la viña y los súbitos ataques de ética abundan ahora en los partidos consolidados. Pero debemos recordar otros aspectos no tan positivos. El sentimiento conduce con frecuencia al populismo. Y esas apelaciones a la moral no suponen un gran avance teórico si recordamos que la virtud ocupa un puesto no menos destacado en los orígenes y en los tratados del liberalismo económico.

La necesidad de romper con la propaganda establecida por el capitalismo durante esta última etapa explica, a su vez, el papel atribuido a la ideología y a la educación. ‘Curso’ es la primera palabra que encontramos en el título. La obra de Monedero se define como un ‘antimanual’; se propone como un libro ‘que baja a la calle’, y plantea como primer objetivo ‘desaprender’ las ideas recibidas. No faltan algunas frases quizás grandilocuentes orientadas en este sentido: “En el corazón de la polis siempre tiene que estar la paideia, la educación en valores sociales”. Y al final de cada capítulo se incluye un apartado de ‘tareas’.

Las continuas exhortaciones a favor de la lectura o de la educación –“Apagad la televisión, leed algo o leed más”– no responden sólo a la profesión del autor. La sombra de Bobbio o de Gramsci, “uno de los pensadores marxistas más luminosos que hereda el siglo XXI” –nos indica–, se proyecta en estas páginas. En la obra se parte de una afirmación: “las revoluciones solo son posibles cuando han operado previamente cambios en las mentalidades”. Para conseguirlo, se destaca el papel de la inteligencia; se pretende actuar desde la cultura y desde la educación para que los ciudadanos tomen conciencia de su actual situación.

Con todo, ese programa de reforma moral e intelectual, que uno tiene que suscribir, no resulta fácil de aplicar. Han sido muchos años de aprender que el trabajo no ennoblece y, fuera de la escuela, ¿quién admite ya que el esfuerzo origina una legítima recompensa? Desaprender lo aprendido, recuperar esa voz interior que Monedero cree oír, es un objetivo plausible. Pero nadie sabe ya si esa puerta del individualismo, de la vida entendida como diversión y consumo, se podrá volver a cerrar.

Por este motivo, la importancia de las palabras y la necesidad de cambiar los marcos de referencia, que crean a nuestro alrededor, se convierten en uno de los ejes principales del libro. “Si queremos que las ideas se hagan ciudad, necesitamos reinventar las palabras de la política”: esa es la primera afirmación que encuentra el lector. Agitar el discurso, luchar desde las palabras, “trocarlas en munición verbal” es la tarea que el Curso urgente pretende llevar a cabo. Y desde luego algunas expresiones –‘casta’, ‘puertas giratorias’– se han convertido ya en términos bien conocidos.

Juan Carlos Monedero es también autor de El gobierno de las palabras y en Curso urgente de política para gente decente no hace sino avanzar por ese camino. Como si se tratara de un código particular, menudean los juegos de palabras; las tuercas, los tornillos, las herramientas y los instrumentos crean continuos guiños de complicidad con sus lectores. Se acumulan las citas, las antítesis y las frases demoledoras –“Esto no es una crisis, es una estafa”–, que rompen los eufemismos o que intentan sacar a la luz las implicaciones ocultas del lenguaje.

Otro de los ejes del libro, la denuncia de la propaganda subliminal, de la manipulación que se realiza en la televisión o en las grandes producciones cinematográficas –el rey León, Rambo o Batman– no aporta nada nuevo. Pero conviene destacar su presencia, porque muestran hasta qué punto se presta atención a la cultura de masas y se reconoce su importancia.

En ese ajuste de cuentas con la propaganda y con los mecanismos de poder existentes en los medios, puede sorprender y suscitar una sonrisa encontrar ciertas descalificaciones sobre la televisión y los que a ella se asoman. La política no puede reducirse a un busto parlante; la televisión crea un mundo irreal;  la democracia –se nos advierte una y otra vez– se ha convertido en mero espectáculo, en una lucha por salir en la pantalla.

En este punto conviene recordar de nuevo que la obra de Monedero se escribió antes de dar el salto a la política como partido y, posiblemente, antes de sospechar el efecto extraordinario que los portavoces de Podemos iban a obtener.  “Si he sido capaz de explicarme bien, seguro que nos vemos en las calles”, nos dice el autor para concluir. Meses después habría que decir que el conflicto se ha trasladado con éxito no a la calle sino precisamente a los platós de televisión. Conscientes de la importancia de los medios, se ha buscado la confrontación en ellos y se ha logrado romper el silencio justo donde el bipartidismo parecía perfectamente asentado gracias a las cuotas de pantalla.

 

APUNTE FINAL

Curso urgente de política para gente decente es una obra que merece la pena leer con atención. Sus claves teóricas no son en absoluto desdeñables. Las herramientas del marxismo siguen siendo válidas para analizar el capitalismo. La situación descrita por Vázquez Montalbán –otra de las referencias destacadas por Monedero–, como superviviente en un planeta irreconocible desde el punto de vista cultural, es ahora muy diferente. El capitalismo no muestra ya el rostro amable que ofrecía al menos en las sociedades más desarrolladas. Y lo ha hecho con un descaro y una agresividad que difícilmente se pueden borrar de la memoria.

En esta tesitura, el libro de Monedero destaca ante todo por su labor crítica frente a los desmanes del capitalismo especulador y el sometimiento complaciente de los políticos a sus vaivenes. Deja en el aire muchas incógnitas, pero permite explicar algunos cambios significativos que se vienen produciendo en la política española.

Sin duda, llama la atención la intensidad con que este libro ha sabido conectar con sus lectores. Pero casi resulta aún más inesperada la incapacidad de la izquierda para salir del reformismo, para abandonar la cómoda posición de turnarse con la derecha y para plantearse por qué ha llegado a acumular ese descrédito. Pasada la sorpresa inicial, los partidos tradicionales reaccionarán para defender el sistema que les beneficia. Grupos como Podemos tendrán que hacer frente a estrategias y campañas mucho más agresivas, tendrán que explicar sus propuestas y no sabemos si están en condiciones de resistir un apagón mediático o justo lo contrario, la exposición excesiva en los medios.

Con todo, lo cierto es que una parte importante de la población se siente con razón engañada y puede encontrar en los comentarios de Juan Carlos Monedero una primera respuesta. Quienes han perdido su trabajo o sus ahorros o tienen que pelear en una lucha desproporcionada con los bancos; las capas medias que no saben si podrán resistir otra ola semejante; y quienes ven recortadas las prestaciones por discapacidad o tienen que soportar el mal funcionamiento de la salud o de la educación pública, miran hoy el presente y el futuro de otra forma. No es extraño, por tanto, que la música que nos llega de este Curso urgente de política para gente decente se convierta en una melodía pegadiza que uno silba casi sin querer.