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Revista de estudios filológicos
Nº26 Enero 2014 - ISSN 1577-6921
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LA CAPACIDAD LINGÜÍSTICA CUANDO HAY UNA LESIÓN CEREBRAL. ANÁLISIS DE UN CASO CERCANO

María de los Ángeles Marín Abellán

(Asociación de laringectomizados Región de Murcia “San Blas”)

mgmarinabellan@gmail.com

 

RESUMEN

          El objetivo principal del siguiente artículo es comprobar que dentro del cerebro existe un sistema perfectamente organizado, para que el ser humano sea capaz de adquirir y desarrollar el lenguaje. Por ese motivo,  haré un recorrido muy específico por las teorías que han aclarado algunas cuestiones sobre este tema.

          Asimismo, me centraré en el caso de una persona cercana, que, a pesar de tener una lesión cerebral en el hemisferio izquierdo, ha sido capaz de emplear el lenguaje de forma correcta en cada situación comunicativa.

Palabras clave: lenguaje, cerebro, lesión cerebral, comunicación.

 

ABSTRACT:

          The main aim of this article is to ensure that within the brain there is a perfectly organized system, so that the human being is able to acquire and develop language. To do this, I will make a very special tour of the theories that have clarified some points about the topic.

Also, I will focus on the case of someone close, that, despite having a brain injury in the left hemisphere, has been able to use language correctly.

Keywords: language, brain, brain injury, comunication.

 

 

 

 

LESIÓN CEREBRAL Y CAPACIDAD LINGÜÍSTICA

1. Estudios sobre la localización del lenguaje en el cerebro

El cerebro es el órgano que controla y hace funcionar al resto del cuerpo, incluidos los aparatos respiratorio y fonatorio, actuando como un “motor” que hace posible la adquisición y el desarrollo del lenguaje en el ser humano. Por este motivo, muchos investigadores han querido descubrir qué tipo de funciones y de conexiones se dan dentro del cerebro para que una persona pueda adquirir y desarrollar su capacidad lingüística.

El primer acercamiento a esta importante cuestión se dio tras  unas investigaciones llevadas a cabo a mediados del siglo XIX, en las que se comprobó que las lesiones cerebrales repercutían sobre la capacidad lingüística de ciertas personas, provocándoles alteraciones en la forma de hablar y de entender el lenguaje. Concretamente, fueron el neurólogo francés Paul Broca y el neurólogo alemán Carl Wernicke los primeros en exponer  estos  comportamientos lingüísticos atípicos.

Así, Paul Broca analizó en 1861 el caso de un paciente suyo llamado Leborgne. Se trataba de un hombre que, a pesar de entender el lenguaje hablado y no tener problemas físicos a la hora de articularlo, sólo podía pronunciar algo parecido a la sílaba “tan”, de ahí su apodo de “Monsier Tan”.  Después de su muerte por neurosífilis, Broca le practicó la autopsia y descubrió que tenía una importante lesión cerebral en el lóbulo frontal del hemisferio izquierdo. Tres años más tarde, este neurólogo  señaló los casos de diecinueve personas con lesiones en la misma zona, situada cerca de la corteza motora y encargada de los movimientos de la boca y la cara. Desde aquel momento esa zona se denominó centro o área de Broca, estableciéndose como primer área del lenguaje. Actualmente, el conjunto de  anomalías lingüísticas asociadas a esta área se denomina afasia de Broca.

Por otro lado,  Carl Wernicke describió en 1874 otro comportamiento lingüístico atípico, que consistía en una comprensión verbal muy limitada y una forma de hablar carente de sentido. Las personas que la padecían presentaban una lesión en el lóbulo temporal izquierdo, cerca del área auditiva. Esta zona pasó a llamarse área de Wernicke, considerándose como el segundo centro del lenguaje. En la actualidad, esta patología lingüística se denomina afasia de Wernicke.

 

Figura 1. Áreas cerebrales (vista lateral)

Fuente: Cinteco, 2011

Las investigaciones de Broca y Wernicke propiciaron un tipo de estudios neurolingüísticos centrados en determinar qué funciones del lenguaje se producen en el  cerebro y en qué regiones se alojan.

De esta manera, Linda Verlee (1986) se ha centrado en el estudio de los dos hemisferios cerebrales (izquierdo y derecho), afirmando que cada uno procesa la información de manera diferente cuando realiza una función determinada. En este sentido,  el hemisferio izquierdo sería más eficiente al procesar una información organizada temporalmente- como es el lenguaje-, aclarando que esto no significa que la capacidad lingüística esté situada en el hemisferio izquierdo. Por el contrario, el hemisferio derecho se especializaría en una modalidad de procesamiento que percibe y construye pautas, siendo más eficaz en las tareas visuales y espaciales.

Siguiendo esta línea de investigación, George A. Ojemann (1991) y Marco A. Arenas (1996) se centran en el interior de los hemisferios cerebrales para analizar cómo se producen las funciones del lenguaje. De esta forma, consideran que estas funciones son realizadas por varios grupos de neuronas con multitud de enlaces entre ellas, llamados sinapsis. Así, cada función sería realizada por más de un conjunto de neuronas y viceversa. De hecho, Ojemann (1991) cree que la lengua está organizada en el cerebro mediante un conjunto de sistemas,  cada uno de ellos con una función lingüística concreta. Arenas (1996) añade que, para conocer dónde se sitúa cada una de estas funciones, se debe analizar el comportamiento lingüístico de una persona cuando hay ciertas deficiencias en su expresión o su capacidad para entender el lenguaje, pues esas deficiencias estarían provocadas por algún tipo de alteración funcional en el cerebro. Así, él obtiene como conclusión que cada una de estas regiones del lenguaje funcionan en cadena y que cuando se sufren lesiones en una región determinada, las funciones afectadas son trasladadas o recuperadas por otra área cerebral.

Este hecho explicaría casos como el siguiente: si un niño nace con una lesión en el lado izquierdo del cerebro, no tendrá demasiados problemas para reorganizar las cosas, de modo que lo automático, incluido el lenguaje, se rija desde el lado derecho, sin tener problemas en el habla.

Por ese motivo, me parece interesante realizar un análisis lingüístico a un hablante con lesión cerebral en el hemisferio izquierdo, el cual ha conseguido hablar de manera clara y coherente, aunque con ciertas limitaciones en el uso del lenguaje.

 

2. Persistencia de la capacidad lingüística tras una lesión cerebral

Mi hermano Juan Pedro, de treinta y dos años, tiene una lesión cerebral en el área motora, situada en el hemisferio izquierdo. Esta lesión se produjo cuando estaba a punto de nacer, pues el parto se alargó demasiado y padeció falta de oxígeno. Las secuelas empezaron a verse cuando tenía siete meses, ya que no mantenía la espalda recta y ni siquiera podía incorporarse. Los especialistas que lo observaron aseguraban que sería  muy difícil que pudiera andar o hablar  algún día. Afortunadamente, comenzó a hablar con cuatro años, y con cinco años ya sabía andar.

Su caso es llamativo porque una lesión en el área motora suele suponer una ausencia o ralentización de los movimientos corporales y de la capacidad para aprender el lenguaje. El hecho de que haya conseguido hablar se debe a que recibió logopedia durante dos años y, quizás, tenga que ver también lo que exponía Arenas (1996): cuando hay lesiones en un área cerebral determinada, las funciones que ésta no puede realizar correctamente son trasladadas o recuperadas por otra región cerebral.

Por otro lado, llama la atención que no manifieste ninguna anomalía en su expresión: él entiende lo que escucha y habla de forma clara y coherente. No obstante, su uso del lenguaje es limitado en determinados aspectos, por eso resulta interesante estudiar su forma de comunicarse, desde su interacción con los demás hablantes hasta el tipo de expresiones que utiliza. Así, he dividido este análisis en tres apartados: uso de las construcciones gramaticales, pronunciación, y modelo conversacional.

Uso de las construcciones gramaticales

Juan Pedro siempre se dirige a los demás de forma sencilla y escueta, utilizando oraciones simples, con la extensión justa para expresar sus necesidades o exigir algo concreto. En ellas predomina un solo complemento, con el objetivo de que toda la atención se centre en lo que está diciendo:

“Quiero la camisa nueva”

“Dame el boli rojo”

“Pásame el vaso”

“Pon el mantel”

Asimismo, llama la atención sobre él mismo continuamente, utilizando gran cantidad de vocativos e imperativos, predominando la construcción de imperativo seguido de complemento directo:

“Ángeles, pon la tele”

“Juan, aparca el coche”

“Tráetelo, Alejandro”

“Búscala, Iván”

A veces, llega a ser muy repetitivo, utilizando pronombres personales tanto en función de sujeto como de complemento directo después de un imperativo. Estas construcciones son una constante que refleja su intención de remarcarle al receptor el mensaje:

“Díselo tú a él”

“Llámala tú a ella”

“Búscalos tú a ellos”

Con respecto a las construcciones verbales, emplea el presente en la mayoría de las ocasiones y siempre usa la voz activa; jamás ha utilizado la voz pasiva, tal vez porque no la suele escuchar en las conversaciones cotidianas. Tampoco hace uso del futuro y como tiempo pasado sólo utiliza el pretérito perfecto compuesto cuando se alegra o se enfada por algo:

 “¡He dicho que quiero eso!”

“¡He cogido el libro tuyo!”

“¡Ha venido ya!”

“Ha llegado mi cumpleaños”

Por otro lado, hace un uso muy restringido de las oraciones subordinadas. Las que más utiliza son las subordinadas sustantivas, pues su esquema le parece sencillo y fácil de pronunciar:

“Quiero que vengas”

“Ha dicho que va a comprar”

“Dime qué canción te gusta a ti”

 

Pronunciación

Su ritmo de habla suele ser moderado, empleando un tono medio, sin estridencias. Sin embargo, le cuesta pronunciar conjuntos de palabras donde las sílabas finales de una de las palabras coincide con las sílabas iniciales de la siguiente:

“Allí hay una sombra para aparcar el coche”.

En esta oración le cuesta pronunciar “para aparcar”, pues la vocal abierta /a/ se repite al principio y al final de las dos palabras. Él pronuncia este conjunto suavizando la /r/ de “para” y alargando la /a/ de “aparcar”. Así, consigue que ambas se entiendan, aunque se perciba un matiz diferente en su pronunciación. Quizá éste sea el motivo por el que sólo  utiliza oraciones subordinadas cuando una situación le parece injusta o quiere recordarle algo al receptor. Al encadenar varias de ellas, percibe que le cuesta pronunciarlas y eso le hace hablar más rápido, relajando demasiado la pronunciación:

 “Dile que venga, que yo le espero aquí, donde está mi casa”.

“Yo quiero que me compre ese reloj, que está ahí porque me gusta a mí”.

Estas oraciones  se entienden de forma global, pero hay palabras que apenas se escuchan debido a la rapidez con que las pronuncia.

Modelo conversacional

Desde pequeño ha utilizado un esquema comunicativo básico, respetando el comienzo de una conversación, pero con finales abruptos. Así, suele ser él quien empieza la conversación con dos objetivos que son constantes: llamar la atención del receptor y obtener una información que para él es importante. Esta información le servirá para continuar hablando con su primer receptor, o bien para dirigirse a otro.

En el siguiente diálogo, Juan Pedro está hablando con Jesús y Verónica. Primero le pregunta a Jesús, y como éste no le ofrece la respuesta que espera, se dirige directamente a Verónica:

 ­- “Jesús, ¿te vas de viaje?”

 - “No. ¿Por qué?”

 - “Verónica, ¿te vas tú de viaje?

- “Pues sí. Me gustaría pasar unos días en la playa”.

- “¡Ah! ¡Pues nos vamos a la playa! ¿Cuándo nos vamos, Verónica?

 

 

 

Así, lo que subyace en el lenguaje de Juan Pedro es un dominio absoluto de la intuición comunicativa: sabe cuándo su receptor tiene interés en lo que dice o no, y sabe también cómo hablar para retirarse de la conversación o llevarla en otra dirección, aunque, a veces, la corte de forma abrupta:

-“Siéntate aquí. ¿Te gusta esta canción?”

-“Sí”

-“Vale. Ve y dile a Antonio que venga”

En este diálogo tan escueto puede que  él perciba cierto desinterés o distracción por parte del receptor, por eso le ordena llamar a otra persona con un doble objetivo: quedarse solo pensando en lo que va a hacer o decir en la próxima conversación y hacerle ver a su receptor que su tiempo comunicativo es muy valioso.

Comparando el lenguaje de Juan Pedro con el de una persona sin lesión cerebral se podría decir que se expresa de forma diferente, pues sus construcciones lingüísticas son simples, pero, a su vez, están llenas de sentido y significado. No necesita más: conoce el esquema comunicativo esencial para hacer llegar al receptor sus necesidades e ideas, aunque no utilice todos los tipos de complementos y de construcciones oracionales.  Asimismo, expresa sus sentimientos a través del tono de voz y los gestos, demostrando muchas veces su ironía y perspicacia.

 

3. El poder del cerebro. Una reflexión personal

 El cerebro es el “motor” lingüístico que nos brinda la posibilidad de comunicarnos. Sin embargo, cuando esta poderosa “máquina” sufre daños, todo nuestro sistema lingüístico se puede desgajar, como ocurre en las afasias de Broca y Wernicke,  o bien se puede “salvar”, como sucede en el caso de Juan Pedro. Así, nos encontramos ante dos situaciones opuestas, cuyo sentido reside en el interior de los hemisferios cerebrales.

Aún no se ha podido establecer un “mapa” lingüístico del cerebro donde aparezca claramente en qué región cerebral está situada cada función lingüística. Lo que sí es seguro es que una situación como la de Juan Pedro demuestra la cantidad de conexiones y vertebraciones que se deben de producir dentro del cerebro para que una persona no sólo tenga capacidad lingüística, sino que pueda recuperarla en caso de lesión en determinadas áreas.

Por ese motivo, las investigaciones que se realizan actualmente, parten de las lesiones cerebrales, pues el objetivo es ir formando ese “mapa” lingüístico que nos permita saber cómo funciona nuestro cerebro a la hora de hablar y entender el lenguaje, y, sobre todo, nos ayude a buscar explicaciones  cuando hay problemas comunicativos.

 

BIBLIOGRAFÍA

ARENAS, M.A. (1996) Cómo procesa el cerebro humano información         lingüística para producir comunicación eficiente. Un modelo sociolingüístico. THESAURUS Centro Virtual Cervantes, LI, Artículo2. Recuperado el 6 de mayo, 2013  de http://cvc.cervantes.es/lengua/thesaurus/pdf/51/TH_51_002_098_0.pdf

CINTECO (2011) Áreas cerebrales (vista lateral) recuperado de http://www.cinteco.com/

CHOMSKY, N. (1979) Reflexiones sobre el lenguaje. Barcelona: Seix Barral.

CHOMSKY, N. (1999) Estructuras sintácticas. Buenos Aires: Siglo XXI.

DIÉGUEZ-VIDE, F. y PEÑA-CASANOVA, J. (2012) Cerebro y lenguaje. Sintomatología neurolingüística. Madrid: Editorial Médica Panamericana.

OJEMANN, G.A. (1991) Organization of Language Cortex Derived from Investigations during Neurosurgery. Seminars in Neuroscience 2, 297-305.

VERLEE, L. (1995) Aprender con todo el cerebro. Madrid: Editorial Martínez Roca.