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Revista de estudios filológicos
Nº26 Enero 2014 - ISSN 1577-6921
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teselas

Némesis, Philip Roth

(Círculo de Lectores, Barcelona, 2011)

 

A veces, cuando las niñas saltaban a la comba doble, haciendo girar dos cuerdas en direcciones opuestas, uno de los chicos aparecía espontáneamente y, apartando a la niña que estaba a punto de saltar, brincaba y se ponía a gritar burlonamente la canción favorita de las chicas mientras saltaban, enredándose a propósito con las cuerdas que pasaban a toda velocidad por encima de su cabeza. «¡H, mi nombre es Hipopótamo…!» Las niñas le chillaban «¡Basta! ¡Basta!», y pedían ayuda al director del centro de verano, quien sólo tenía que gritar desde el lugar del campo en que se encontrase al alborotador (casi siempre era el mismo chico): «¡Déjalo ya, Myron! ¡Deja en paz a las chicas o te vas a casa!». Entonces la airada protesta remitía. Pronto las cuerdas restallaban de nuevo en el aire, y una saltadora tras otra entonaba la canción:

 

¡A, mi nombre es Agnes

y mi marido se llama Alphonse,

venimos de Alabama

y traemos albaricoques!

¡B, mi nombre es Bev

y mi marido se llama Bill,

venimos de las Bermudas

y traemos berzas!

C, mi nombre es…

 

          Con sus voces infantiles, las niñas que estaban en el extremo del patio improvisaban de la A a la Z y empezaban de nuevo, aliterando los nombres al final del verso, a veces de una manera absurda, en cada ocasión.

(pp. 14-15)

 

 

          Los tambores tocaron de nuevo con un ritmo del tamtam, y Donald le susurró a Bucky:

          - Son palabras de un historiador de los indios, un tal Seton. Ése es su dios, y ésas son sus palabras. El señor Blomback utiliza el mismo nombre indio que Seton: Lobo Negro. No cree que todo esto sea una sarta de tonterías.

          Entonces, en la primera fila, un hombre con la máscara de un ave de gran pico se puso en pie y se aproximó a la pila de leña. Hizo una inclinación de cabeza al señor Blomback, y se dirigió a los campistas.

          - Meetah Kola nayhoon-po omnicheeyay neechopi.

          - Es nuestro hechicero –susurró Donald–. Se llama Barry Feinberg.

          - Escuchadme, amigos míos –siguió diciendo el hechicero, traduciendo su frase india al inglés–. Estamos a punto de celebrar un consejo.

(pág. 146)