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EL IDIOMA DE
En
25 años hay 150.000 personas más que hablan euskera;
ya está en los medios de comunicación, en la literatura y la academia de la
lengua ha cumplido 90 años. Hemos avanzado mucho, pero nos queda un trecho
KIRMEN
URIBE, EL PAÍS, Tribuna, 09/11/2009
En primavera del 2007 me
encontraba en Nueva York en la casa de una amiga, Carmenchu Pascual, que tuvo que salir de San Sebastián
junto a su madre en la posguerra y se instaló en la Gran Manzana; y que,
después de pasar por varios oficios (fue incluso piloto de un avión correo en
Puerto Rico), trabaja como traductora de español en las cortes federales, en el
barrio de Brooklyn. Carmen posee una amplia
biblioteca de tema vasco.
Fisgando entre los libros
encontré un ensayo de Julio Caro Baroja y enseguida comencé a ojearlo. Entre
las leyendas que Caro Baroja recogía en el libro, una me llamó mucho la
atención. Era la historia de la Virgen y el pez zapatero. La leyenda popular
contaba cómo un día el zapatero, también llamado palometa o joputa,
se encontró con una mujer que paseaba por la orilla de la playa. La mujer era
bellísima y el zapatero, enamorado de la joven, le preguntó quién era. Con tan
mala suerte que formuló la pregunta en castellano. La mujer enfureció y le dijo
al pez que era la mismísima Virgen María, y que a ella había que dirigírsele en
euskera y no en castellano. Como castigo a tal
metedura de pata, la Virgen maldijo al pez: a partir de entonces el zapatero
sería el más feo de los peces. Y es así como el zapatero tiene esa expresión de
muy pocos amigos, con una dentadura prominente, y unos ojos de no haber pegado
ojo en mucho tiempo. Pobre zapatero, pienso yo. ¿Cómo hubiera adivinado que la
Virgen hablaba ni más ni menos que en euskera?
Yo no conocía aquella
leyenda, pero sospecho que no debe de ser demasiado antigua. Tampoco creo que
haya muchas más leyendas del estilo. Es una leyenda creada en una época de
retroceso y defensa de la lengua. De miedo a la pérdida.
La moraleja es clara: los
vascos debían de preservar la lengua de la Virgen, una lengua limpia y
celestial, y no hacer como el zapatero, que por hablar en castellano se quedó
así de feo.
Entre los tabús semánticos, unos de los más curiosos son los nombres
de los animales. Muchas veces se utilizan eufemismos para nombrar a animales
malignos o asociados a la mala suerte. El caso de la comadreja es el más
representativo. Según José María Cuesta, la comadreja es una de las especies
innombrables. Es por eso que se les llama con términos de difícil etimología. Y
así, se le denomina paniquesa en Aragón, donnola en italiano, belette
en francés, doniña en gallego o erbinude en euskera. Tal
mal fario le llega desde los textos de la antigüedad. Eliano
describe que es un animal despreciable que se sube encima de los cadáveres y
engulle sus ojos.
El caso del zapatero,
palometa o joputa, puede ser también un caso de tabú
semántico. El zapatero, amén de su aspecto, tiene mala fama entre los pescadores
por ser un pez poco fiable. Ahora está muy presente, ahora desaparece. Es
demasiado inteligente, dicen.
Hablando de tabúes
innombrables, dejen que les cuente una anécdota. Yo no tuve nombre durante los
primeros meses de mi vida. Nací a finales de 1970 y mi madre fue naturalmente
al juzgado a darme de alta. El secretario le preguntó por mi nombre. "Kirmen", dijo ella. Al secretario no le constaba Kirmen como nombre y no lo aceptó. "¿Señora, por qué
no le pone José María, o algo por el estilo, como todo el mundo?". Mi
madre dijo que yo me llamaba Kirmen y no cejó en su
empeño hasta que inscribieron mi nombre en el libro de familia. Iba cada semana
al juzgado y le daban la negativa. "¿Y si le pone Kirmen
María?", le dijo una vez el secretario, "será más fácil que admitan
el nombre si lleva algo en castellano". Al final, el secretario dio su
brazo a torcer y es así como me llamo: Kirmen, sólo Kirmen.
La anécdota ilustra la
difícil situación que vivió en un tiempo el euskera.
Pasó sus años duros, en los que solamente se hablaba en el ámbito
exclusivamente privado. Y sobrevivió gracias a la tenacidad de mucha gente, que
no dejó de hablarlo y trató de ampliar su presencia a todos los sectores de la
sociedad. Y, por supuesto, de la multitud de gente que ha hecho un gran
esfuerzo en aprenderlo.
El 15 de abril del 2007
asistí a un programa de radio en la WBAI, en el 120 de Wall
Street. La emisora es una de las más progresistas en
el ámbito neoyorquino. Nos invitó la escritora Janet Coleman a su programa cultural. Compartí la hora con la
poeta canadiense Yerra Sugarman. Sugarman,
especialista en literatura yidish,
había llevado al programa poemas de una poetisa de principios del siglo XX. Los
poemas eran impresionantes. Hablaban de sexo explícito.
Janet Coleman se asombró de que pudiera
haber una escritora yidish que escribiera de
esos temas. Y así lo dijo por
La lengua vasca también ha
tenido que soportar muchos clichés. Todavía a un autor vasco se le pregunta
sobre la vinculación de la cultura vasca con la violencia. Sobre si no es una
traba escribir en una lengua tan pequeña.
Claudio Magris
se define como un escritor de frontera. De una tradición en la que conviven
diferentes lenguas. Yo también me considero un escritor de frontera. Me gusta
formar parte de esa diversidad. Magris, en su libro Utopía
y desencanto, afirma lo siguiente: "Toda minoría que sale de la
marginación -nacional, cultural, religiosa, política, sexual- tiende, por lo
menos al principio, al narcisismo exhibicionista y hasta que no se libera de
él, aprendiendo a vivir espontáneamente su propia peculiaridad y a no hacerle
demasiado caso, revela estar todavía, interiormente, en una condición de
inferioridad".
Me gusta la frase del
triestino, "no hacerle demasiado caso a su propia peculiaridad".
Escribir con naturalidad, vivir con naturalidad en euskera.
Sin urgencias ni histerias.
Han pasado casi 40 años
desde la anécdota de mi madre en el juzgado. El euskera
ha pasado del ámbito privado a lo público. Según los últimos datos
sociolingüísticos, en 25 años el número de hablantes ha crecido en 150.000. Hay
prensa en euskera, medios de comunicación, todo un
sistema literario. La academia de la lengua acaba de cumplir 90 años de vida.
Es verdad que todavía hay mucho por hacer. Queda un trecho para llegar a un
bilingüismo efectivo. Pero se ha avanzado considerablemente.
Yo no considero que
escribir en una lengua pequeña sea ningún impedimento. En mis libros hablo de
gente que conozco, de gente que veo todos los días por la calle. Sin embargo,
he visto que esas historias pueden interesar a un lector global.
"Toda endogamia, -toda
pretensión de identidad pura- es asfixiante e incestuosa", afirma Magris. "Se aprende a amar a Irlanda en Joyce, que la abandonó y la criticó ferozmente, mucho más
que en todas esas novelas irlandesas rebosantes de muchachas pelirrojas y de
prados verdes. En una astilla puede estar el mundo, pero ésta es algo si no es
sólo una astilla sino el mundo".
Pienso en la Virgen y el pez
zapatero. Quiero creer que ahora actuarían de otra manera. Que el zapatero le
hubiera hablado en euskera, o que la Virgen le
hubiera respondido sin problemas en castellano. Tranquilamente. Y es que eso
mismo es lo que ocurre ahora en el País Vasco.
Kirmen Uribe es escritor. Ganó
el premio Nacional de Narrativa 2009 por su novela Bilbao-New
York-Bilbao.
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