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HABLEMOS INGLÉS, O ALGO PARECIDO
Lo
llaman 'globish' y es un 'dialecto' internacional ya
aceptado por muchos anglófonos - La simplificación de una lengua puede ser útil
para aprenderla
FRANCESCO MANETTO 30/04/2010
El escenario puede ser un congreso de medicina, una
cumbre económica o una feria internacional de electrónica. Los actores son
cirujanos, investigadores, políticos, ingenieros o ejecutivos. Todos
representan o, más bien, improvisan su papel en un espectáculo con argumento
sencillo. El objetivo no es lograr la aprobación de la crítica. Aquí se trata
simplemente de comunicar, entender y ser entendidos y, si el guión lo requiere,
cerrar un pacto o un negocio. Para ello es recomendable hablar en un mismo
idioma. ¿Inglés? Digamos que inglés, o, en la mayoría de los casos, algo parecido.
Ese algo parecido era lo que
observaba Jean-Paul Nerrière
cada vez que acudía a un simposio o a un congreso, desde Estados Unidos hasta
Asia. Cuando los compromisos de trabajo le permitían volver a su casa, en
París, este ex directivo de IBM le daba vueltas al asunto. ¿Por qué se
entendían mejor un mexicano y un chino que un chino y un estadounidense? ¿En
qué idioma se dirigían los unos a los otros? Un día decidió por fin acuñar (y
proteger mediante las leyes de propiedad intelectual) la palabra globish, una fusión de los términos global e
inglés (english) que pretende resumir
una filosofía de comprensión mutua universal. "El globish
es el inglés que se habla comúnmente en Estambul o en Montevideo",
explica Nerrière en conversación telefónica desde Francia.
En una definición más técnica, es "una estructura reflexionada y
organizada de inglés que se pone limitaciones a sí misma, digamos que no se
utilizan más de 1.500 palabras", prosigue. Vocabulario básico y sintaxis
más amable, para entendernos. ¿Acabará con toda una cultura y una tradición de
enseñanza?
El invento, que cuenta con decenas de
miles de partidarios, podría parecer el enésimo método de aprendizaje más o
menos rápido y más o menos eficaz de un idioma, algo similar a lo que ya
propuso hace casi un siglo el lingüista Charles K. Ogden
con las 850 palabras de su Basic English. Sin
embargo, Nerrière, que fue responsable de las
estrategias de marketing de la multinacional informática y sabe cómo
vender un concepto abstracto, ha ido más allá. Ha conseguido crear un sistema
que ha cuajado y encontrado aceptación incluso en el mundo anglosajón. Robert McCrum, crítico y editor
literario del dominical británico The Observer, le felicitó por un libro, Globish
The World Over, en el
que expone sus ideas sobre la enseñanza de idiomas. Y el mismo McCrum está a punto de publicar un texto en torno al
fenómeno: Globish: How the
English language became the World's
language.
Se tratará, según dice, de una especie de
"dialecto" del siglo XXI que encuentra sus orígenes en un cambio de
la conciencia geopolítica internacional. Algo que hace que ahora el inglés y su
cultura se perciban como valores disociados de toda herencia colonial. El
llamado complejo imperialista, al menos en el mundo occidental, ha
desaparecido. Como decir: "Anímese, el inglés es un patrimonio de todos,
tanto de los que han nacido en Boston como de los que se han criado en
Estambul".
Parece, pues, una buena ocasión para
aprender de una vez el idioma. Pero también puede ser la excusa perfecta para la
autoindulgencia y para convencerse (engañarse, como según algunos profesores
suele hacer buena parte de la clase dirigente) de que bastan pocas palabras
para dominarlo. Depende. Tal vez ocurran ambas cosas, es una cuestión de
perspectivas.
El British Council, la institución pública británica encargada de
velar por el inglés, además de difundirlo y enseñarlo, es prudente pero también
está abierta a los experimentos. Su director en España, Rod
Pryde, recuerda que "las personas siempre
emplearán la lengua de manera que se adapte a sus necesidades...". Y, a
propósito del globish, apunta: "Este uso
no da lugar a una metodología en el sentido didáctico del término, pero sí que
conforma una serie de parámetros que pueden, o no, satisfacer las necesidades
del mundo de los negocios internacional. La única forma de descubrir si las
limitaciones que impone el globish son
aceptables es a través de la experiencia individual de cada persona".
Por esta razón algunos profesores temen
que se convierta en una experiencia negativa para los alumnos. El
empobrecimiento del lenguaje constituye justamente el mayor riesgo (y una de
las mayores críticas) del globish. Los
docentes consultados están divididos, aunque no es descabellado plantearse
dudas sobre su eficacia a medio plazo.
"Soy traductora de inglés y alemán y
he residido varios años en Inglaterra, convivido con ingleses, estadounidenses
y jamás había oído hablar del globish",
comenta Victoria Navarro. "Sólo conocía el spanglish,
y otra versión parecida que hablan en África", añade antes de aclarar:
"Considero que ya se han hecho varios intentos por globalizar las lenguas,
sin embargo, nunca han terminado de cuajar, ya que no son idiomas naturales, y
por lo tanto su enseñanza es compleja. ¡Nunca podrás tener un profesor nativo
de globlish!". En su opinión, es
una pérdida de tiempo: "Ya que te pones a aprender inglés, estudialo en
condiciones, y déjate de idiomas inventados. A la larga, aunque su aprendizaje
sea más complicado, el inglés auténtico te va a llevar mucho más lejos",
dice.
Algo parecido opina el irlandés Jason O'Dwyer, con 20 años de
enseñanza a sus espaldas. Cree que tiene más aspectos negativos que positivos.
"Personalmente, no me gustaría enseñarlo y existiría el peligro de que
convirtiera en una lengua mal hablada", advierte. "Un ejemplo
reciente es el anuncio de
A pesar de esto, desde el British Council subrayan otros
aspectos positivos. "Cualquier idea que otorgue a la gente la confianza
suficiente para aprender una lengua nueva e intentar comunicarse con ella es
positiva", dice Pryde. "A muchas personas
el aprendizaje de un idioma les parece una tarea difícil. Sin embargo, está
ampliamente demostrado que los que no están preocupados por cometer errores y
adoptan una actitud positiva frente al aprendizaje de un idioma, consiguen
aprenderlo, a pesar de que la cantidad de información que se precisa para
memorizar y adquirir una nueva lengua puede convertirlo en un proceso
largo".
La actitud es en efecto determinante,
tanto para perfeccionar una lengua extranjera como para abordarla. A este
respecto, Jean- Paul Nerrière
defiende sin fisuras el globish: "No
se trata de un inglés casual, ni tampoco hay que compararlo con el inglés real,
aunque se exprese con formas completamente correctas", dice, en
referencias a los trucos de "su" sistema, que consiste esencialmente
en reducir el léxico y utilizar formas gramaticales simples.
"Es una herramienta, más que un
idioma", insiste en precisar. "Si quieres disfrutar de la lectura de Mark Twain, Oscar Wilde o Racine, tienes que saber
inglés, o francés, de verdad. Si quieres comunicarte con un indio o un japonés,
no hace falta", aclara. Sea como fuere, parece sensato relativizar las
necesidades y los objetivos. Ya lo escribió el filósofo y pedagogo Comenio en el siglo XVII: "No es preciso aprender las
lenguas a la perfección, sino dentro del límite de lo necesario". Hoy el
director del British Council
recuerda que "la población nativa de Reino Unido y de los Estados Unidos
tan solo utiliza unas 1.800 palabras en el 80% de su comunicación verbal en
inglés".
Nadie, o muy pocos estudiantes, por poner
un ejemplo, tienen en principio la ambición de recitar sonetos de Shakespeare ante la reina de Inglaterra. En el mejor de los
casos, a la mayoría nos gustaría pulir el oído o una pronunciación demasiado
pedregosa para conseguir lo que los expertos llaman éxito comunicativo.
"Ya sería suficiente que los
políticos españoles no tuvieran que ir acompañados de un intérprete cuando
están en el extranjero", señala una docente. "El que simplemente entendieran
una conversación sería ya todo un éxito", añade. Y si para ello tienen que
estudiar globish, bienvenido sea.
El problema es que a menudo el
aprendizaje de una lengua se convierte en una barrera que provoca rechazos. Lo
sabe muy bien Tom Fieselmann,
especialista en fonética con años de experiencia en enseñanza de idiomas en
España, Grecia e Italia. "A menudo utilizo un método llamado de adaptación
lingüística para mis clases. Este acercamiento [hacia la comprensión del
alumno] las convierte en mucho más amenas y divertidas y disminuye el rechazo
frontal que muchas veces encuentro entre mis estudiantes de idiomas (o
pacientes, como les llamo a veces)", explica. "Creo que el globish responde a un intento de normalizar los
cambios y las necesidades lingüísticas que se registran en todo el mundo",
prosigue para admitir que, de todas formas, "los cambios en una lengua son
normales e inevitables". ¿Se convertirá el castellano en glastellano o andaluglobish?,
se pregunta. Los usos y los hábitos de los hablantes lo decidirán. "Yo
hablo un globish que suena a inglés paquistaní
con mis estudiantes que no entienden algunos fonemas. Es mejor para ellos
porque me entienden, y es mejor para mí porque al menos ellos pueden entender
una variedad de inglés ya hablado en el mundo, en India, Pakistán, Tailandia,
Vietnam... ¡y España!".
A una conclusión muy parecida llegó
también Nerrière. Un acento o una determinada
pronunciación no debe convertirse en un obstáculo
excluyente. "Cuando hablo en inglés, se ve que mi propia pronunciación es
muy pintoresca, exótica", admite con sentido de la ironía. "Pero esta
no tiene que convertirse en una razón válida para renunciar a hablar con el
resto del mundo. De hecho, he conseguido desenvolverme en el mundo de los negocios".
Nerrière había visto durante sus viajes y estancias
en el extranjero cómo, por ejemplo, las comunicaciones "mejores" se
desarrollaban entre chinos y los no anglófonos. "Los que tenían más
problemas para comunicarse eran precisamente los estadounidenses y me dije:
'esto no es nada es normal. ¿Por qué ocurre?". Se trata sobre todo de
falta de educación en comunicación, según concuerdan los expertos. "Porque
tal vez algunos anglófonos deberían limitar su vocabulario y medir su acento en
determinadas circunstancias".
Si finalmente nos entendemos, si logramos
nuestros objetivos, estaremos practicando globish
-o como queramos llamarlo- y, en palabras de Elena Montalvo, docente de
inglés y profesora de Escuela Oficial de Idiomas, estaremos buscando una
especie de "polifonía" lingüística ideal. Esta docente ahonda en el
llamado método de la intercomprensión, que consiste
en mantener las características de dos lenguas que entran en contacto pero
permitiendo y facilitando la comunicación mutua. Se trata de un concepto muy importante
en el llamado espacio de comunicación europeo. Y es justamente lo que defienden
los expertos y filólogos preocupados por la supervivencia de las llamadas
lenguas cooficiales o minoritarias. Para explicar la
filosofía de intercomprensión y esta tolerancia
lingüística, Montalvo utiliza un símil deportivo. "Si ya practicas uno o
más deportes, no tendrás problemas en enfrentarte a un tercero". Y si ya
hablas castellano, catalán e inglés, puede que tengas menos problemas a la hora
de comunicarte (o hablar, entender y aceptar) en francés.
A este propósito, tal vez tuviera razón Umberto Eco cuando, hace más de una década, ofreció una
idea de comunidad internacional en su libro La búsqueda de una lengua
perfecta: "Una Europa de políglotas no es una Europa personas que
hablan correctamente muchas lenguas, sino, en el mejor de los casos, de
personas que puedan comunicarse hablando cada uno su propia lengua y
comprendiendo la del otro". Así podrían entender el "genio, el
universo cultural que cada uno expresa cuando habla la lengua de sus
antepasados y de su propia tradición".
'Globish grammar'
- Estudiar globish significa aprender unas 1.500 palabras,
muchas combinaciones de dos términos, monosílabos... Hay que hablar con
expresiones directas, evitando las locuciones negativas o frases pasivas. Los phrasal verbs están
admitidos, pero hay que saber aprovecharlos porque pueden causar problemas. The streets were cleaned in
the morning
se convertiría, en globish,
en The workmen cleaned the streets in
the morning. Jean-Paul
Nerrière propone como ejemplo el inicio del discurso
inaugural de Barack Obama.
- Inglés. I stand here today
humbled by the task before us, grateful for the trust you have bestowed,
mindful of the sacrifices borne by our ancestors.
- 'Globish'. I stand here today full of
respect for the work before us. I want to thank you for the trust you have
given, and I remember the sacrifices made by our ancestors.
- Castellano.
Me presento aquí hoy humildemente consciente de la tarea que nos aguarda,
agradecido por la confianza que habéis depositado en mí, conocedor de los
sacrificios que hicieron nuestros antepasados. [Traducción publicada en EL
PAÍS].
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