Publican el decreto
del Papa que autoriza nuevamente la misa en latín
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7 de
julio de 2007
La medida había sido anunciada días atrás en una reunión que
mantuvo Benedicto XVI con cardenales y arzobispos. La norma anula una de las
principales reformas del Concilio Vaticano II, que promovió una revolución al
privilegiar los idiomas nacionales. El Pontífice dijo que su decisión debe ser
tomada como un gesto de "reconciliación".
A través de un
decreto publicado hoy por el Vaticano, el papa Benedicto XVI decidió autorizar
nuevamente la celebración de la misa en latín, abandonada por la Iglesia después del
Concilio Vaticano II.
Según el "motu proprio", decreto por
iniciativa exclusiva del Pontífice, los sacerdotes deberán atender "de
buen grado" las solicitudes de los fieles, aunque podrán negarse. El
decreto papal también reconoce la posibilidad de la celebración en latín para
matrimonios, funerales o peregrinaciones.
La misa en latín o misa tridentina (que tiene ese nombre por el Concilio de
Trento) unificó en los últimos 500 años al principal rito litúrgico católico
romano. El Concilio Vaticano II (1962-65) promovió una revolución al
privilegiar los idiomas nacionales y otros cambios que hicieron menos
misteriosa la misa y la pusieron más cerca de los fieles. Pablo VI realizó la
reforma en 1969 y puso a un costado la misa en latín, obligando a quienes querían
utilizarla a obtener un permiso especial.
En una carta
dirigida a todos los obispos, el Papa justificó su decisión y dijo que debe ser
tomada como un gesto de "reconciliación" dirigido a los fieles que
"siguen muy apegados" a la liturgia de su infancia. Y denunció las
"deformaciones de la
Liturgia al límite de lo soportable".
Además, buscó
tranquilizar a los obispos franceses, británicos, estadounidenses y alemanes
que le expresaron su inquietud frente a los "desórdenes, incluso las
fracturas" que podría traer esta liberalización.
Los obispos tienen hasta el 14 de septiembre para aplicar el decreto y en un
plazo de tres años podrán comunicar sus sugerencias y opiniones al Vaticano.
TEXTO OFICIAL
Queridos
Hermanos en el Episcopado:
Con
gran confianza y esperanza pongo en vuestras manos de Pastores el texto de una
nueva Carta Apostólica "Motu Proprio
data" sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma efectuada
en 1970. El documento es fruto de largas reflexiones, múltiples consultas y de
oración.
Noticias
y juicios hechos sin información suficiente han creado no poca confusión. Se
han dado reacciones muy divergentes, que van desde una aceptación con alegría a
una oposición dura, a un proyecto cuyo contenido en realidad no se conocía.
A
este documento se contraponían más directamente dos temores, que quisiera afrontar
un poco más de cerca en esta carta.
En
primer lugar existe el temor de que se menoscabe la Autoridad del Concilio
Vaticano II y de que una de sus decisiones esenciales – la reforma litúrgica –
se ponga en duda. Este temor es infundado. Al respecto, es necesario afirmar en
primer lugar que el Misal, publicado por Pablo VI y reeditado después en dos
ediciones sucesivas por Juan Pablo II, obviamente es y permanece la Forma normal – la Forma ordinaria – de la Liturgia Eucarística.
La última redacción del Missale Romanum, anterior al Concilio, que fue publicada con
la autoridad del Papa Juan XXIII en 1962 y utilizada durante el Concilio,
podrá, en cambio, ser utilizada como Forma
extraordinaria de la Celebración litúrgica. Non es apropiado hablar de
estas dos redacciones del Misal Romano como si fueran "dos Ritos". Se
trata, más bien, de un doble uso del mismo y único Rito.
Por
lo que se refiere al uso del Misal de 1962, como Forma extraordinaria de la Liturgia de la Misa, quisiera llamar la atención sobre el hecho
de que este Misal no ha sido nunca jurídicamente abrogado y, por consiguiente,
en principio, ha quedado siempre permitido. En el momento de la introducción
del nuevo Misal, no pareció necesario emitir normas propias para el posible uso
del Misal anterior. Probablemente se supuso que se trataría de pocos casos
singulares que podrían resolverse, caso por caso, en cada lugar. Después, en
cambio, se demostró pronto que no pocos permanecían fuertemente ligados a este
uso del Rito romano que, desde la infancia, se les había hecho familiar. Esto
sucedió, sobre todo, en los Países en los que el movimiento litúrgico había
dado a muchas personas una notable formación litúrgica y una profunda e íntima
familiaridad con la Forma
anterior de la
Celebración litúrgica. Todos sabemos que, en el movimiento
guiado por el Arzobispo Lefebvre, la fidelidad al
Misal antiguo llegó a ser un signo distintivo externo; pero las razones de la
ruptura que de aquí nacía se encontraban más en profundidad. Muchas personas
que aceptaban claramente el carácter vinculante del Concilio Vaticano II y que
eran fieles al Papa y a los Obispos, deseaban no obstante reencontrar la forma,
querida para ellos, de la sagrada Liturgia. Esto sucedió sobre todo porque en
muchos lugares no se celebraba de una manera fiel a las prescripciones del
nuevo Misal, sino que éste llegó a entenderse como una autorización e incluso
como una obligación a la creatividad, lo cual llevó a menudo a deformaciones de
la Liturgia
al límite de lo soportable. Hablo por experiencia porque he vivido también yo
aquel periodo con todas sus expectativas y confusiones. Y he visto hasta qué
punto han sido profundamente heridas por las deformaciones arbitrarias de la Liturgia personas que
estaban totalmente radicadas en la fe de la Iglesia.
El
Papa Juan Pablo II se vio por tanto obligado a ofrecer con el Motu Proprio "Ecclesia Dei"
del 2 de julio de 1988, un cuadro normativo para el uso del Misal de 1962, pero
que no contenía prescripciones detalladas sino que apelaba, en modo más general,
a la generosidad de los Obispos respecto a las "justas aspiraciones"
de aquellos fieles que pedían este uso del Rito romano. En aquel momento el
Papa quería ayudar de este modo sobre todo a la Fraternidad San
Pío X a reencontrar la plena unidad con el Sucesor de Pedro, intentando curar
una herida que era sentida cada vez con más dolor. Por desgracia esta
reconciliación hasta ahora no se ha logrado; sin embargo una serie de
comunidades han utilizado con gratitud las posibilidades de este Motu Proprio. Permanece difícil,
en cambio, la cuestión del uso del Misal de 1962 fuera de estos grupos, para
los cuales faltaban normas jurídicas precisas, sobre todo porque a menudo los
Obispos en estos casos temían que la autoridad del Concilio fuera puesta en duda.
Enseguida después del Concilio Vaticano II se podía suponer que la petición del
uso del Misal de 1962 se limitaría a la generación más anciana que había
crecido con él, pero desde entonces se ha visto claramente que también personas
jóvenes descubren esta forma litúrgica, se sienten atraídos por ella y
encuentran en la misma una forma, particularmente adecuada para ellos, de
encuentro con el Misterio de la Santísima
Eucaristía. Así ha surgido la necesidad de un reglamento
jurídico más claro que, en tiempos del Motu Proprio de 1988 no era previsible; estas Normas pretenden
también liberar a los Obispos de tener que valorar siempre de nuevo cómo
responder a las diversas situaciones.
En
segundo lugar, en las discusiones sobre el esperado Motu
Proprio, se expresó el temor de que una más amplia
posibilidad de uso del Misal de 1962 podría llevar a desórdenes e incluso a
divisiones en las comunidades parroquiales. Tampoco este temor me parece
realmente fundado. El uso del Misal antiguo presupone un cierto nivel de
formación litúrgica y un acceso a la lengua latina; tanto uno como otro no se
encuentran tan a menudo. Ya con estos presupuestos concretos se ve claramente
que el nuevo Misal permanecerá, ciertamente, la Forma ordinaria del Rito
Romano, no sólo por la normativa jurídica sino por la situación real en que se
encuentran las comunidades de fieles.
Es
verdad que no faltan exageraciones y algunas veces aspectos sociales
indebidamente vinculados a la actitud de los fieles que siguen la antigua
tradición litúrgica latina. Vuestra caridad y prudencia pastoral serán estímulo
y guía para un perfeccionamiento. Por lo demás, las dos Formas del uso del Rito
romano pueden enriquecerse mutuamente: en el Misal antiguo se podrán y deberán
inserir nuevos santos y algunos de los nuevos prefacios. La Comisión "Ecclesia Dei", en contacto
con los diversos entes locales dedicados al usus antiquior, estudiará las
posibilidades prácticas. En la celebración de la Misa según el Misal de Pablo
VI se podrá manifestar, en un modo más intenso de cuanto se ha hecho a menudo
hasta ahora, aquella sacralidad que atrae a muchos
hacia el uso antiguo. La garantía más segura para que el Misal de Pablo VI
pueda unir a las comunidades parroquiales y sea amado por ellas consiste en
celebrar con gran reverencia de acuerdo con las prescripciones; esto hace
visible la riqueza espiritual y la profundidad teológica de este Misal.
De
este modo he llegado a la razón positiva que me ha motivado a poner al día
mediante este Motu Proprio
el de 1988. Se trata de llegar a una reconciliación interna en el seno de la Iglesia. Mirando
al pasado, a las divisiones que a lo largo de los siglos han desgarrado el
Cuerpo de Cristo, se tiene continuamente la impresión de que en momentos
críticos en los que la división estaba naciendo, no se ha hecho lo suficiente
por parte de los responsables de la
Iglesia para conservar o conquistar la reconciliación y la
unidad; se tiene la impresión de que las omisiones de la Iglesia han tenido su
parte de culpa en el hecho de que estas divisiones hayan podido consolidarse.
Esta mirada al pasado nos impone hoy una obligación: hacer todos los esfuerzos
para que a todos aquellos que tienen verdaderamente el deseo de la unidad se
les haga posible permanecer en esta unidad o reencontrarla de nuevo. Me viene a
la mente una frase de la segunda carta a los Corintios donde Pablo escribe:
"Corintios, os hemos hablado con toda franqueza; nuestro corazón se ha
abierto de par en par. No está cerrado nuestro corazón para vosotros; los
vuestros sí que lo están para nosotros. Correspondednos; ...
abríos también vosotros" (2 Cor 6,11-13). Pablo lo dice ciertamente en otro
contexto, pero su invitación puede y debe tocarnos a nosotros, justamente en
este tema. Abramos generosamente nuestro corazón y dejemos entrar todo a lo que
la fe misma ofrece espacio.
No
hay ninguna contradicción entre una y otra edición del Missale
Romanum. En la historia de la Liturgia hay crecimiento
y progreso pero ninguna ruptura. Lo que para las generaciones anteriores era
sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande y no puede ser
improvisamente totalmente prohibido o incluso perjudicial. Nos hace bien a
todos conservar las riquezas que han crecido en la fe y en la oración de la Iglesia y de darles el
justo puesto. Obviamente para vivir la plena comunión tampoco los sacerdotes de
las Comunidades que siguen el uso antiguo pueden, en principio, excluir la
celebración según los libros nuevos. En efecto, no sería coherente con el
reconocimiento del valor y de la santidad del nuevo rito la exclusión total del
mismo.
En
conclusión, queridos Hermanos, quiero de todo corazón subrayar que estas nuevas
normas no disminuyen de ningún modo vuestra autoridad y responsabilidad ni
sobre la liturgia, ni sobre la pastoral de vuestros fieles. Cada Obispo, en
efecto es el moderador de la liturgia en la propia diócesis (cfr. Sacrosanctum Concilium, n. 22: "Sacrae Liturgiae moderatio ab Ecclessiae auctoritate
unice pendet quae quidem est
apud Apostolicam Sedem et,
ad normam iuris, apud Episcoporum").
Por
tanto, no se quita nada a la autoridad del Obispo cuyo papel será siempre el de
vigilar para que todo se desarrolle con paz y serenidad. Si surgiera algún
problema que el párroco no pueda resolver, el Ordinario local podrá siempre
intervenir, pero en total armonía con cuanto establecido por las nuevas normas
del Motu Proprio.
Además
os invito, queridos Hermanos, a escribir a la Santa Sede un informe
sobre vuestras experiencias tres años después de que entre en vigor este Motu Proprio. Si vinieran a la
luz dificultades serias se buscarían vías para encontrar el remedio.
Queridos
Hermanos, con ánimo agradecido y confiado, confío a vuestro corazón de Pastores
estas páginas y las normas del Motu Prorpio. Recordemos siempre las palabras que el Apóstol Pablo
dirigió a los presbíteros de Éfeso "Tened
cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la
cual os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios, que él se
adquirió con la sangre de su propio Hijo" (Hechos 20,28).
Confío
a la potente intercesión de María, Madre de la Iglesia, estas nuevas
normas e imparto de corazón mi Bendición Apostólica a Vosotros, queridos
Hermanos, a los párrocos de vuestras diócesis y a todos los sacerdotes,
vuestros colaboradores, así como a todos vuestros fieles.
Dado
en San Pedro, el 7 de Julio 2007.
BENEDICTUS PP. XVI