REVISTA ELECTRÓNICA DE ESTUDIOS FILOLÓGICOS


DIOS TE SALVE

 

Francisco Javier Gómez Ortín

(Universidad de Murcia)

 

Ave, Maria
Ave, o Maria, piena di grazia,
il Signore è con te.
Tu sei benedetta fra le donne
e benedetto è il frutto del tuo seno,
Gesù.
Santa Maria, Madre di Dio,
prega per noi peccatori,
adesso e nell'ora della nostra morte.
Amen.

 

¿Quién sería el primero que tradujo con la peregrina fórmula “Dios te salve” las palabras iniciales latinas “Ave” y “Salve”, en las oraciones marianas Avemaría y Salve? Estoy seguro de que pretendía saludar a la Virgen, recordando el saludo del arcángel. Sin duda quiso decir “Dios te saluda, María”; pero le salió algo tan absurdo como “Dios te salve, María”. ¿Habráse oído mayor disparate que decirle “Dios te salve” a Santa María, Virgen y Madre? El texto evangélico (Luc 1, 28) dice: “Alégrate, llena de gracia...  María  pensaba cuál sería esa salutación”; pero, es claro que “Dios te salve” no es literalmente ningún  saludo, sino un deseo. Si al menos dijera “Dios te salva”, sería una afirmación certera. Con todo, lo que  pasma de verdad es que en cinco siglos nadie haya parado mientes en lo descabellado de tal versión.

Si hay alguna persona a quien menos le cuadre la frase optativa “Dios te salve” es precisamente a María, la Madre de Dios, la primera salvada y plenamente llena de gracia divina. ¡Qué digo, cuadre! Deviene casi en  herejía, pues niega o pone en duda nada menos que el dogma de la Inmaculada Concepción, según el cual María fue concebida sin pecado original en el primer instante de su ser natural, es decir, preservada o liberada de todo indicio de mancha, mediante la redención preventiva de Cristo. Esa perífrasis “Dios te salve”, con intención salutatoria, viene paradójicamente a decir algo muy distinto, rayano casi en ofensa. Y, sin embargo, ahí  tenemos incrustada hasta los tuétanos del español católico esa frase “Dios te salve”, que queriendo ser un piropo,  resulta casi un insulto o  magno despropósito.

 

Fórmulas de saludo antiguas y modernas.- Los griegos usaban  dos verbos para el saludo: jaire (alégrate) y hygiaine (ten salud) que, desgastado su prístino significado directo (la salud es fuente de alegría), habían quedado reducidos a meras fórmulas repetitivas de saludo. Los romanos, a su vez, empleaban indistintamente dos verbos ave y salve, con valor de “salud, te saludo, sé salvo o sano, buenos días”. El ave se usaba ordinariamente  por la mañana, y el salve por la tarde. Cicerón usa la expresión: “jubeo te salvere” (me alegraré de que estés bien). Además, se utilizaba también el verbo vale (sé fuerte) como fórmula de despedida. Catulo (epitafio): “in perpetuum, frater, ave atque vale” (hermano, te saludo y despido para siempre).

Al ser el jaire griego o el ave latino del texto evangélico  meras fórmulas de saludo, como tales han sido traducidas en las principales lenguas. La más explícita de todas es el francés: “Je vous salue, Marie, pleine de grace”. Pero, en inglés y alemán, no necesitan expresar el saludo con un verbo, sino que recurren a una interjección espontánea, como son hail y heil, respectivamente, equivalentes a hola. Estos dos vocablos hail y heil están relacionados con la salud, pues comparten la misma raíz  (heal ‘curar’, healthy ‘sano’). Tanto hola, como sus cognados hello, hallo, hail, heil o el francés holà, son afines a la interjección latina heus. Se trata de una  exclamación poligenética, ya que, según Corominas, es “de creación expresiva, común a varios idiomas europeos”.

 

No creo que fuera S. Juan de Ávila, el Apóstol de Andalucía, el inventor de la traducción “Dios te salve”; pero, por ahora, es el más antiguo autor que la trae, en su: “Doctrina christiana que se canta” (Valencia 1554). Allí siempre aparece “Dios te salve, María”, y “Dios te salve, Reina y Madre”. Este texto de la Doctrina sería adoptado por los jesuitas, amigos de S. Juan de Ávila, que lo propagaron en sus dos oficiosos catecismos (Astete y Ripalda). Según esto, la desafortunada  expresión “Dios te salve”, debió de gestarse en las postrimerías del siglo XV o en las primerías del XVI.

El P. Gaspar Astete, SJ. (1537-1601) publica su  Catecismo en 1599. Se popularizó en la mitad norte de España. A su vez, el P. Jerónimo Martínez de Ripalda SJ.  (1535-1618) edita su Catecismo en 1618, difundido por la mitad sur. Estos catecismos pasaron asimismo a Hispanoamérica, donde también arraigó el sintagma “Dios te salve”.

Por su parte, en las lenguas hispánicas, el gallego y portugués conservan la forma más arrimada al latín. Gallego: “Ave Maria, chea de gracia”, y  “Salve, Raiña” .Portugués: “Ave Maria, cheia de graça”, y “Salve, Rainha”. En cambio, la frase “Deu vos salve, Maria”, en catalán y valenciano, patentiza la dependencia del castellano “Dios te salve”.

Repárese que las versiones modernas de la Biblia, todas suelen traducir “Alégrate, María”. Que el jaire griego era  simple expresión salutatoria, lo evidencia el saludo de Judas, antes del beso al Maestro (“jaire, Rabí”, de Mat 26, 49, traducido “ave” en lat. y “salve” en español), dado que sonaría a cruel sarcasmo decirle que se alegre, cuando lo va a entregar. Era  una fórmula estereotipada de saludo, al igual que nosotros cuando decimos “Buenos días”, aunque haga un tiempo de perros. Huelga, por lo mismo, la nota de la Biblia de Jerusalén, que supone una connotación especial de alegría en María por el mensaje de la Encarnación.  ¿Por qué la incoherencia de traducir el “jaire” por “alégrate” en  Lucas, y “salve” en  Mateo, siendo así que en los dos lugares se trata de una fórmula de saludo? Tan sólo la Iglesia evangélica traduce: “Hola, María”.

 

Ya antes de que se introdujera la fórmula  “Dios te salve, María” o “Dios te salve, Reina y Madre”, el nombre de ambas oraciones era  el respectivo vocablo inicial latino Ave y Salve, y sigue siéndolo (así el confesor dice al penitente: “Rece tres Avemarías y una Salve”). Téngase en cuenta que el clero y los monjes rezaban en latín en la Edad Media y el pueblo lo imitaba. A finales del siglo XV es cuando comienzan a usarse esas oraciones en romance. La invocación “Ave María” parece ser anterior a la expresión “Dios te salve, María”. Berceo, clérigo, escribe: “Cuando Gabriel sabrosamente/ dixo: Ave María” (Milagros de Nuestra Señora).

La primera traducción completa del Ave María y de la Salve se halla en la  obra:

- Breve e muy provechosa doctrina y enseñanza que ha de saber y de poner en obra todo cristiano e cristiana. En la qual deven ser enseñados los moçuelos primero que en otra cosa. Ordenóla Fray Hernando de Talavera, primero arzobispo de Granada. Granada 1496: “Ave María, llena de gracia. El señor contigo. Bendicta tú en las mugeres. Y bendicta tu madre. Y bendito el fruto de tu vientre Iesu”, y “Salve, Reyna de misericordia. Dulçor de vida. Esperanza nuestra, Salve...”.

 

¿Tendrá la Conferencia Episcopal agallas para jubilar esa antigualla venerabilísima, adaptándola al lenguaje del siglo XXI? O bien podría reemplazarse por una expresión más corriente, al estilo de hola, o bien incluso podría sustituirse por las originales voces latinas, tan sonoras, Ave y Salve, como en italiano (“Ave, Maria, piena di grazia”) o en el sobredicho texto castellano de 1496. ¡Qué ocasión se perdió, a raíz del Concilio Vaticano II, para modernizar el lenguaje aquí, al igual que se hizo en el Padrenuestro!