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Respeto para los intérpretes
Beatriz López Ewert y Alicia de la Calle Ortega (miembros AIIC)
23/03/2007
Como intérpretes y en representación de la Asociación
Internacional de Intérpretes de
Conferencias (AIIC) quisiéramos expresar nuestra solidaridad con los
profesionales encargados de la interpretación del macrojuicio del 11-M que
actualmente se está celebrando en la Casa de Campo de Madrid. Dichos compañeros
están realizando un trabajo ímprobo en condiciones sumamente difíciles.
La profesión del intérprete (que no la del traductor que traduce
por escrito) es una gran desconocida del público en general y desgraciadamente
también de otros muchos profesionales y medios.
Desgraciadamente, muchas veces sólo se repara en nosotros cuando
las cosas salen mal como el jueves 15 de febrero, durante el macrojuicio del
11-M. ¿Qué salió mal? Para empezar, el Ministerio de Justicia invirtió un
altísimo presupuesto en una instalación de interpretación simultánea
completamente inadecuada (por supuesto sin consultar a ningún intérprete), lo
cual prácticamente hizo imposible la labor de los intérpretes por toda una
serie de motivos técnicos. A pesar de todo y teniendo en cuenta lo
trascendental de este juicio, nuestros compañeros, haciendo gala de una gran
responsabilidad profesional, decidieron seguir adelante.
Por otro lado, el presidente del Tribunal aún no ha encontrado el
momento de entrevistarse con los intérpretes más allá de breves intercambios de
palabras antes del juicio y la reprimenda -en público y en privado- del jueves
15 de febrero. Además, los intérpretes sólo tuvieron acceso a una parte de la
documentación, la de dominio público. Los intérpretes tenemos que entender lo
que se dice para así poder transmitirlo a quien nos escucha; somos un verdadero
puente cultural; por eso es tan importante que podamos informarnos y estudiar
la documentación relativa a las reuniones en las que trabajamos con la
suficiente antelación. ¡Qué decir entonces de un juicio tan trascendental como
éste!
El artículo 24 de nuestra Constitución consagra el derecho de
todas las personas a un proceso público y con todas las garantías. Entre ellas
está la asistencia de un intérprete si fuera necesario. Creo que no hace falta
añadir mucho más.
En nombre de una profesión que en su versión moderna nació
precisamente
con los Juicios de Nuremberg que fueron posibles gracias a la
brillante labor de los intérpretes nos permitimos solicitar un poco de respeto
por unos profesionales que están haciendo todo lo posible para que esa garantía
constitucional no quede en papel mojado.
©
Diario EL PAÍS S.L.
© *Prisacom S.A. http://www.prisacom.com
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