REVISTA ELECTRÓNICA DE ESTUDIOS FILOLÓGICOS


UNA VOZ HISPANA DE FILIPINAS: EDWIN AGUSTÍN LOZADA

Gallo Andrea

(Università “Ca’ Foscari” Venecia-Universidad de Valladolid)

 

RESUMEN 

                 El tema de este trabajo es la figura de un poeta hispanofilipino de hoy: Edwin Agustín Lozada (1956). Después de una breve introducción sobre la historia de Filipinas y su herencia hispánica, el texto se dedica a analizar la producción poética de Lozada en español: las colecciónes Sueños anónimos y Bosquejos. Este autor es representativo de la situación de la literatura hispanofilipina contemporánea. Se transcribe una entrevista al autor.

Palabras clave: Edwin Agustín Lozada, Literatura filipina, Sueños anónimos, Bosquejos.


ABSTRACT 

An Hispanic voice from the Philippines: Edwin Agustín Lozada 

This piece of writing is devoted to the figure of a modern Hispanic-Philippine poet: Edwin Agustín Lozada. After a very short introduction about the history of the Philippines and their Spanish heritage, it carries out an analysis of Lozada’s works in Spanish: Sueños anónimos and Bosquejos. This author typically represents the situation of Spanish Filipino Literature today. 

Key words: Edwin Agustín Lozada, Philippine Literature, Spanish Filipino Literature, Literatura hispanofilipina, Sueños Anónimos, Bosquejos.


                   

         En 1931 Toti Dal Monte (Mogliano Veneto 1893 – Venezia 1975) viajó, con gran éxito, a Rusia, Asia y Australia para una tournée artística. En sus memorias recordaba su breve y calurosa estancia en Manila con estas pocas, pero reveladoras, palabras: «C’è ancora un po’ di Spagna quaggiù: nei modi nella cortesia, nel parlare» (Toti Dal Monte, 1985, p. 197). Toti Dal Monte es hoy para nosotros un testigo precioso de lo fuerte que todavía en aquel período era la presencia de la cultura hispánica en el Pacífico y de que aún permanecían importantes rasgos hispánicos nel parlare. Efectivamente, Filipinas sólo treinta años antes había dejado de ser colonia española. Lo fue durante 377 años. La guerra hispano-americana de 1898 terminó con el yugo colonial ibérico al que sustituyó el dominio de los Estados Unidos. Esta nueva potencia colonial en seguida empezó una rápida y capilar penetración lingüística. Por esta razón hoy en día el idioma oficial de Filipinas es, al lado del filipino y de los muchos idiomas nativos (tagalo, ilocano, cebuano etc.), el inglés. Sin embargo los casi 400 años de presencia española han dado origen a una sociedad nueva, que no sería equivocado definir como mestiza; mestiza en la «raza» nacida de las uniones entre españoles e indígenas, mestiza en la cultura, en los hábitos, en los sabores y olores de la cocina, mestiza en la arquitectura, en la música, en la religión y en las tradiciones, y, por supuesto, mestiza también en la lengua. España ha dotado a ese mosaico de islas y pueblos que será bautizado con el nombre de Filipinas, de una religión y de una lengua, es decir de una identidad común: identidad que, en el pasado, el archipiélago ha utilizado para autodefinirse y relacionarse con el mundo exterior. Este país ha heredado y reinterpretado el idioma, las formas, los modelos culturales de España. Aunque Filipinas siempre ha evidenciado una situación de poliglotismo (se siguen hablando más de cien entre idiomas y dialectos) fue en torno al español – que hacia finales del siglo XIX, época de difusión máxima, era hablado por no más de un octavo de la población total de la colonia – que se ha construdido la identidad filipina moderna. Espejo de esta identidad fue la literatura. Y efectivamente una literatura hispanofilipina [1] nació a partir de la colonización y tras una fase áurea – cuyo mayor representante fue José Rizal y Mercado (1861-1896) – ha sobrevivido hasta nosotros. Fue el español la lengua que las élites filipinas individuaron como vehículo para expresar su propia identidad en conflicto con los otros, muy diferentes, pueblos asiáticos que los rodeaban; el español, en el siglo XIX, sirvió para expresar ese deseo de autonomía, que pronto se convirtió en reclamo de la independencia; y en fin, fue expresada en español la reacción de oposición a la invasión político-cultural norteamericana consiguiente a la guerra de 1898, de la misma manera que, hoy en día, algunos intelectuales siguen expresando –en español– la reivindicación de su propia filiación hispana como integrante esencial de la identidad del pueblo y nación filipinos. 

         Sin duda hoy en día las letras hispánicas en Filipinas han decaído de manera alarmante. No se habla ya como antes el español en esta nación[2], de manera que don Enrique Fernández Lumba, difunto secretario de la Academia Filipina, ya pudo decir hace años que su literatura «es una reliquia»[3], aunque igualmente es verdad que existen unos intelectuales que siguen escribiendo en español. El español sigue siendo hablado por una minoría culta o, en formas criollas, por minorías poco o nada importantes desde el punto de vista de la política cultural; además, la enseñanza se imparte en inglés o en filipino[4] de manera que los hispanohablantes no tienen ocasión de reforzar su idioma con los estudios. El gran problema del escritor filipino es la falta de un público nacional y en consecuencia la falta de un público extranjero, hasta en los países hispanos. Así la escritura en español sobrevive como tentativa de revitalizar, o por lo menos, de no dejar morir por completo, una lengua y una tradición que para muchos filipinos sigue siendo patrimonio de identidad. Por esta razón las publicaciones son esporádicas y muchas veces publicadas en el extranjero o sólo en Internet. Los géneros cultivados son el ensayo breve, el artículo periodístico, el cuento, la poesía. Los temas más frecuentes son la vida y la realidad filipinas expresadas de manera al mismo tiempo realista y nostálgica, o a veces idílica o «costumbrista». Un tema común es el sentimiento melancólico de las raíces hispánicas perdidas, el recurso a España, a su mística de la patria, a su tradición, su historia, su herencia para expresar con fuerza la voluntad de afirmar el auténtico origen filipino.

Se pueden señalar tres fases dentro de las letras hispánicas del siglo XX en Filipinas: la edad de oro que termina hacia los años 30-40, la segunda mitad del siglo hasta 1986, fase de decadencia, cuando la enseñanza en inglés da sus frutos, alejando al español de toda forma de comunicación, y la época presente cuya fecha símbolo es a partir de 1986, año de la abrogación de la oficialidad del español, cuando se asiste a la muerte lenta del español en Filipinas y a la imposibilidad, por clara voluntad política, de restaurarlo. En esta última fase la producción literaria se hace tan esporádica, tan escasa que las publicaciones tienen caracter episódico y de mera curiosidad sin resonancia en un público vasto y capaz de condicionar la producción literaria y la vida cultural del país. Un claro signo de la pérdida de fuerza de esta literatura es la falta del género príncipe de nuestra época: la novela. Faltan novelas, buenas o malas, publicadas en español por filipinos, hecho que contrasta con la gran producción de novelas filipinas en inglés.

A pesar de todo, hoy en día hay filipinos que eligen la lengua de Cervantes como vehículo de comunicación literaria, y ésto es síntoma de una significativa vitalidad y fuerte capacidad expresiva que este idioma todavía guarda, revelando así que el español sigue siendo percibido como algo filipino, no extranjero; y uno de estos escritores es Edwin Agustín Lozada.

         Edwin Agustín Lozada nació en 1958 en San Fernando (La Unión, Filipinas). Empezó a publicar en español en 2001, en esta lengua ha editado Sueños anónimos – Anonymous Dreams y Bosquejos. A los diez años se trasladó con la familia a San Francisco donde sigue viviendo y trabajando. Estudió idiomas (español, francés y griego moderno) en la Lowell High School de San Francisco y, en la San Francisco State University, se licenció en español, cursó estudios de música y obtuvo también el certificado de aptitud pedagógica. En 1980-81 estudió en la Universidad Complutense de Madrid.

En el verano del 2000, con otros profesores de español, participó en el programa Fulbright-Hayes en Chile, donde compuso el libro de poesía Copihue incluido en Sueños anónimos. Actualmente enseña lengua y literatura española y es el jefe del departamento de lenguas extranjeras en la Woodside High School en California.

Sueños anónimos[5] se publicó gracias a una beca de la San Francisco Arts Commission concedida al autor en marzo 2001: este libro, primera publicación de Lozada en lengua española, recoge poemas escritos entre 1980 y 2000. Se trata de un texto escrito en español y completamente traducido al inglés por el mismo autor. El libro se compone de cinco secciones «Vuelos», «Suite», «Dos canciones», «Revelaciones» y «Copihue», más un apéndice que es la reedición de Mi último adiós, testamento espiritual en versos del poeta nacional filipino José Rizal, cuyo texto es introducido y traducido al inglés por Edwin Agustín Lozada. El libro ha sido presentado en el Instituto Cervantes de Manila el 19 marzo 2002. Variado en los metros, Sueños anónimos ve la prevalencia del verso libre con alguna concesión a la tradición del soneto («El mantón», p.145), a las cuartinas («Versos», p. 61) y a las rimas. Diferentes las influencias, las citaciones, ahora explícitas a Pablo Neruda, a Gabriela Mistral, a los clásicos hispanofilipinos, in primis Rizal; a veces no directas pero igualmente evidentes en las sugestiones lorquianas de nocturnos alumbrados por la luna, en las referencias a Machado, en el sentimiento de amor inspirado por Juan Ramón Jimenez, incluso hasta algún lejano eco becqueriano. Sin embargo, como es típico de esta cultura, genéticamente hispánica, pero de un hispanismo sincrético, de frontera, estos versos son una vez más un ejemplo evidente de cómo el influjo literario español e hispanoamericano es, en los autores filipinos de la segunda mitad del siglo XX, algo aprendido y yuxtapuesto a la poderosa influencia de la civilización anglosajona, que, tras la invasión estadounidense, constituye la base de la educación escolástica, y por lo tanto literaria, del archipiélago desde hace más de un siglo.

Escrito prevalentemente en segunda persona, Sueños anónimos es un canzoniere dell’Amor perduto, que a momentos sería más correcto definir dell’Amor mancato, un amor discreto hecho de delicadas miradas, de caricias no dadas. El Yo del poeta se dirige a un inaferrable Tú imprecisamente caracterizado; un Tú que a trechos se confunde con el Yo poético; un Tú que representa el alter ego de este Yo poético; un Tú destinatario de un monólogo interior, de una autoreflexión sobre la psicología amorosa, sobre los efectos del amor en el alma, sobre el sentido de la vida. El amor cantado por Lozada es un regreso de la memoria a los días felices, días de gozo inconsciente; días cuya plenitud se alcanza sólo a posteriori, con la ausencia de la persona querida, ausencia que revela el valor del bien perdido, «ahora entiendo/ ahora que es tarde/ ahora veo» («Monólogo», p.13). Después de todo, el amor es algo inalcanzable, «eres intocable… eres deseo prohibido» («Fuga», p. 47), el amor se expresa a través de la voluntaria fuga de una deseada felicidad que no tiene consistencia ni siquiera en el sueño, «temo que no sientas lo que sientes por mí en sueños» («Muros», p. 67), porque el amor, así como el objeto de amor, es y sigue siendo «un enigma» cuyo nombre desconocido flota «en la nada de mi sombra» («Equivocación», p. 65). Esta imposibilidad de «saber» limita el conocimiento de sí, «nadie sabe dónde estoy» («Adivinanza», p. 63): no es posible conocerse, no hay remedio a la ignorancia de sí; y onírica, además de melancólica y nostálgica, parece ser toda la experiencia amorosa porque la vida es un «barco» cargado de «sueños anónimos» del cual se ignoran la ruta y ese «Tú», meta suspirada, que nunca se revelará porque «escondido entre las sombras», así todo «se escapa» y el único refugio es el pasado, el recuerdo de la infancia («Visiones», p. 45). El pecado de amor es el excesivo, irrefrenable deseo que desencadena la codicia, la voluntad de posesión del otro; cada uno al contrario, como isla separada del resto del mundo, pertenece sólo a su «destino», a sus «ilusiones», a sus «sueños», y el verdadero amor es el simple don de una sonrisa de la persona amada («Solitario», p. 77). Algunas imágenes recurren con frecuencia en los versos de Lozada: la noche «misteriosa» («El hechizo», p. 53) lugar del sueño, la luna ahora shakespearianamente «traicionera» («Demasiado pronto», p. 131), ahora plácida reina del cielo, testigo ausente de la desilusión de amor y muda  vestal de los eventos de las historia, «y de súbito/ vuelve a aparecer la luna/ y con su luz serena/ te sentimos  cerca…», luna que personifica también al poeta mártir Rizal, farol y guía de su pueblo «te fuiste/ para ser luna en la noche» («Demasiado pronto», p. 133). En la poesía de Lozada domina a trechos una concisión, un gusto por el fragmento, por la figuración de nocturnos que recuerda las atmósferas de la lírica de Safo y esa descripción de la fisiología de amor a la que, por primera, la poetisa griega ha dado voz: «yo te miré/ y sentí/ una inundación/ de temblores placenteros/ dentro de/ mi corazón sacudido» («Secreto», p. 87).

Un segundo topos es la lluvia, «implacable» en su «arrogancia» monzónica («Preludio», p. 23), o sensual «perla de cálida lluvia tropical» que «cae en tus labios» («A la deriva», p. 93), lluvia que, junto a la vegetación lozana de los trópicos, es símbolo de la Madre Tierra: reina la sensualidad prepotente de la naturaleza que se enlaza con el deseo de amor y la búsqueda del sentido de la vida. Aunque el tema de amor prevalece, otros se alternan, aparecen en estos versos: la personal experiencia cotidiana, la fe religiosa, y la historia nacional filipina cantada en particular en la cuarta sección «Revelaciones» («30 de diciembre de 1896 [a José Rizal]», «Demasiado pronto», «El mantón», p. 117). La histórica figura del poeta nacional José Rizal encarna el amor por el propio país. Rizal, padre de la patria y monumento de la literatura española de las islas, es un modelo literario y civil inolvidable para todos los filipinos, y a él como escritor hace referencia el hispanógrafo Lozada, no tanto para celebrar su figura, sino con la clara intención de consolidar un vínculo con la herencia española que en un pasado no tan lejano ha fundado la identidad del pueblo filipino y que la historia reciente ha tratado vergonzosamente de borrar. Al tema de la historia se liga también el de la fe cristiana que, si por un lado representa una sincera exigencia interior del poeta, por el otro es fundamento de ese «hecho diferencial» que el filipinista Luis Mariñas Otero reconoce como elemento «formador, diferenciador e incorporado a una comunidad como parte consustancial con la misma» (Mariñas Otero, 1973, p. 8) y que ha creado la identidad nacional. Javier Galván, director del Instituto Cervantes de Manila, ha definido este libro de «calidad indiscutible» por «su sensibilidad, y dominio del lenguaje» (Agustín Lozada, 2002). 

         El segundo libro de Lozada es Bosquejos. Del libro existen dos diferentes ediciones: la primera, publicada sólo en 300 ejemplares, es la versión original en castellano; la segunda es una edición bilingüe español-inglés que lleva el doble título de Bosquejos/Sketches, aparecida en febrero 2003.  En estos últimos versos se refleja su amor e interés por el folklore, una manifestación más de la búsqueda de la cultura hispana. En efecto, el deseo de valorizar esta cultura ha sido motivo de empeño en la danza flamenca y filipina, por esta razón colaboró con el grupo Rosa Montoya Bailes Flamencos de San Francisco,  y desempeñó el cargo de codirector del Bayanihan Cultural Organization.

Si la primera obra recogía poemas escritos a lo largo de muchos años, Bosquejos presenta una mayor homogeneidad de temas, lenguaje y metro; la colección propone veintisiete líricas repartidas en siete secciones: «Y así nació la poesía», «Búsquedas», «Canciones flamencas», «Paisajes», «Antes y después», «A mi abuela», «Bosquejos»[6]. Este libro puede definirse un himno a la ciencia sagrada de la poesía; poesía que, más que artificio del ingenio humano, es ante todo la Naturaleza misma, Naturaleza que es Divina Revelación de la Belleza.  Abre la colección la lírica «Y así nació la poesía», evidente eco del himno de San Juan Evangelista al Logos que introduce el cuarto Evanangelio: «la víspera del primer día/ de la creación del universo/ Dios soñó la poesía» (p.11); Dios, por «gozo incontenible», por «generosidad» dio origen a la palabra poética que es profecía anunciada por aquel profeta que es el poeta «profeta de los corazones» (p.15). De la poesía, como complemento se originan las demás artes: danza, música, pintura, que juntas forman una sola cosa, una sagrada ciencia divina cuyo sacerdote es el Artista. Hay en este libro un ritmo métrico y narrativo que imita los versos sapienciales y gnómicos de la Biblia. Y el tema de la Poesía, construido sobre la identidad arte-poesía-sueño es el hilo conductor de toda la colección. Escribe Anabel Sánchez, directora del Spanish Resource Center del Consulado general de España en Los Angeles: «En esta joya poética, Edwin Agustín Lozada entona un canto a la poesía a la que personifica, da vida, hace penetrar el alma, presenta como omnipresente y escondida en cada rincón de la vida» (Agustín Lozada, 2002).

En lo que sigue a la primera parte «Y así nació la poesía» aparecen los espectáculos enigmáticos de la naturaleza, comprensibles y evidentes sólo para quien desea prestarles atención («Búquedas», p.27); las atmósferas andaluzas y lorquianas animan «Canciones flamencas» (p.43); una paradisíaca «isla olvidada/ virgen y pura» representa a la patria filipina rica de «orquídeas/ gemas exóticas que parpadean sagradas fuentes de sangre/ que dan vida a otro mundo» («La isla», en «Paisajes», p.57); el dolor, provocado por el odio humano, y el gozo que nace de una sonrisa donada al mundo, son protagonistas en «Antes y después»; las visiones alucinadas de «un ejército/ de mil hormigas hambrientas» («Ad insaniam», p.81), el resplandor de un campo que «se despierta» («Por el campo», p.87) a los rayos dorados de los girasoles, los recuerdos de amor que resisten «para siempre» («Para siempre», p.93) pueblan la última sección «Bosquejos». Todo parece bien amalgamado gracias a la penúltima sección «A mi abuela, Margarita Lomboy Sobrepeña»: la abuela cuenta a sus nietos un cuento de juegos  de duendes, de sabor exótico, tropical. Margarita concluye su cuento recordando a los niños que: «si miráis con vuestros corazones/ veréis las cosas invisibles» («A mi abuela, Margarita Lomboy Sobrepeña», p.75). Éste es el sentido de la poesía y del arte en una vida que a veces resulta dura: «yo guardaré tus palabras/ al lado de mis ensueños,/ porque a menudo me salvan/ cuando vienen los tormentos» » («A mi abuela, Margarita Lomboy Sobrepeña», p.77).

Este nuevo libro confirma la vocación poética y literaria de Edwin Agustín Lozada y permite al crítico y escritor filipino Guillermo Gómez Rivera decir que en Lozada se revela «una continuidad de la misma tradición literaria al que pertenecen nuestros Rizal y Recto y todo lo que hizo grande a nuestra patria, Filipinas» (Agustín Lozada, E. 2002).

En lo años 70 el embajador español en Manila y filipinista Luis Mariñas Otero citaba los nombres de muchos escritores, ensayistas, periodistas, lingüistas hispanohablantes[7]; sin embargo, ninguno de ellos ha llegado ser un nuevo «Rizal», es decir ninguno ha alcanzado la atención y la capacidad de condensar el sentir de su pueblo en su obra en español.

         Sin embargo, la obra de Lozada, como la de otros autores actuales[8] demuestra que hoy en día el español sigue siendo lengua viva y creativa en Filipinas. Estos escritores recuerdan al mundo que Filipinas fue y es también hoy un país hispánico y, en segundo lugar, que hay autores que siguen utilizando el español como forma de comunicación para describir su mundo interior y su realidad autóctona. La falta de un público, nacional o internacional, sólo ha limitado pero no impedido la producción en español que, para una minoría, sigue siendo la «lengua del corazón», lengua materna de los orígenes, de los recuerdos, de un pasado glorioso que es parte de la historia de cada filipino; es esta lengua de las raíces la que permite la relación con todo un pasado psicológicamente borrado por la invasión cultural de los Estados Unidos pero latentemente enraizado en el alma filipina, un patrimonio todavía vivo y rico que no puede ser excluido del futuro de Filipinas ni de la riqueza de la realidad hispánica. A este propósito no hay mejores palabras que las del diplomático Luis Mariñas Otero, el cual en 1973 escribía:

 

Las letras castellanas, hoy en la lejana y fraterna Filipinas, están en crisis, tal vez irreversible, el entusiasmo de quienes las cultivan en las islas debe estimular en los hispanoparlantes de otras latitudes y otros continentes el apoyo decidido, tantos años ausente, a los que aislados en tierras de Oriente, mantienen encendida la llama de la cultura común.

 

 

A continuación se transcribe una entrevista que se hizo en Madrid el pasado abril a Lozada. En ella, el autor da a ver su pesimiso y amargura por el actual abandono que la lengua española sufre por parte de las autoridades.

 

·        ¿Por qué escribe? ¿Para sí mismo, para un público? ¿Cuál es el valor que usted da a la escritura?

 

Escribo porque se me salen ideas, sensaciones, sentimientos, sonidos,
colores, palabras, versos, imágenes, y todo a su tiempo, no cuando quiero. No me importa el éxito. Si resulta que alguien se inspira por algún trabajo mío, eso me da gusto. Cuando se escribe y se publica algo, adquiere su propia vida y aunque se pierda y se olvide tu obra, una vez nacida, seguirá respirando en algún rincón del universo.

 

·        ¿Por qué escribe poesía en una época en la que la novela parece ser el único género que permite una comunicación eficaz con el público?

 

La eficacia no es siempre lo que más cuenta. A veces una palabra, una mirada, una melodía flotando en el aire podría comunicar algo con mucha eficacia.

 

·        Usted ha recibido una educación anglosajona en inglés y vive en los Estados Unidos desde siempre ¿Por qué escribe en español?

 

Llegué a los Estados Unidos a los diez años, pero con una identidad filipina ya bastante establecida. Escribo en español para contribuir a la literatura hispanofilipina.

 

·        ¿Cuáles son sus modelos culturales y literarios? ¿En su formación y educación literaria cuenta más lo angloaméricano o lo hispánico?

 

Me han influido muchas culturas. Respecto a modelos literarios, la literatura hispana ha tenido un papel importante en mi creación poética.

 

·        En su poesía la experiencia autobiográfica parece tener un papel relevante ¿por qué? ¿Es la poesía una manera de comunicar a los demás el propio mundo interior o una forma para describir la realidad?

 

Mediante lo que escribo me revelo al lector, pero el «yo» no es siempre mi yo interior sino a veces el «yo» de otros que me han inspirado.

 

·        ¿Por qué en su obra su país de origen no aparece casi nunca con sus contradicciones actuales, las de un país del tercer mundo, sino que Filipinas aparece como el lugar del recuerdo, del corazón más que un país real?

 

El recuerdo forma parte de la realidad. El presente continuamente sigue convirtiéndose en recuerdo que guardamos en el corazón. Aunque he vivido lejos de mi país natal, siempre lo he llevado por dentro a lo largo de los años. Me enfoco en la inspiración del momento.

 

·        ¿Vivir fuera de Filipinas es una necesidad, un azar de la vida, o un exilio voluntario?

 

Mi familia emigró a los Estados Unidos para buscar mejores oportunidades. Mi abuelo materno llegó a EEUU durante los años veinte.

 

·        ¿Cómo ve el futuro de Filipinas?

 

Duro. Los pobres siguen siendo pobres y los ricos siguen siendo ricos. Es difícil que el país se deshaga de la corrupción de la cual padece. Filipinas tiene que definirse y enfrentarse con su verdadera identidad para seguir adelante. Los dirigentes tienen que recordar la razón primordial de la revolución  a finales del siglo XIX: la justicia para todos.

 

·        ¿Y el futuro de las relaciones entre Filipinas y los Estados Unidos? ¿Es una relación equilibrada o sigue siendo una relación neo- colonial?

Sigue siendo una relación neo-colonial. En cuanto al futuro, todo depende de lo que verdaderamente quieran los filipinos.

 

·        ¿Cuál piensas que será el futuro del español en Filipinas? ¿Y cuál debería ser el papel de España, y de Hispanoamérica en la defensa del idioma?

 

Creo que podría haber un renacimiento del español en las islas y con la ayuda y presencia de los países hispanohablantes, esto se podría realizar.

 

·        ¿Cuál es el papel y el futuro de instituciones como la Academia de la lengua o la fundación Zóbel[9]?

 

Si no aumenta el número de filipinos que estudian, hablan y se expresan en castellano, la Academia Filipina de la lengua y el Premio Zóbel dejarán de tener su sentido y todas estas instituciones serán relegadas al pasado.

 

·        ¿Cuál es el papel del intelectual en Filipinas y, más específicamente, del intelectual de habla hispana?

 

Tiene que fomentar entre los demás el interés por la lengua española y corregir la mala propaganda contra esta lengua que ya se había convertido en algo filipino.

 

·        ¿Sus futuros proyectos artísticos?

 

Estoy trabajando en otra colección de poesía. Ya veremos.

 

 

Bibliografía

 

MARIÑAS OTERO, L. La literatura filipina en castellano. Madrid: Editora Nacional, 1974.

DAL MONTE, T. Una voce nel mondo. Milano: Longanesi, 1985.

QUILIS, A. La lengua española en cuatro mundos. Madrid: Mapfre, 1992.

ALMARIO, V.S. Tradisyon at Wikang Filipino. Quezon City: Sentro ng Wikang Filipino, unibersidad ng Pilipinas, 1997.

ORTIZ ARMENGOL P. Letras en Filipinas. Madrid: Ediciones Polifemo, 1999.

COLOMÉ Y PUJOL, D. La caución más fuerte. Manila: Instituto Cervantes, 2000.

AGUSTÍN LOZADA, E. Sueños anónimos – Anonymous Dreams. San Francisco: Carayan Press, 2001.

_________________ Bosquejos. San Francisco: Carayan Press, 2002.

 

FERNÁNDEZ, A. Un poco de realidad: ¿desaparecerá el idioma español en Filipinas? Revista filipina 1998/99, Tomo II, n° 3, http://revista.carayanpress.com  [Junio 2006].

FAROLÁN ROMERO, E. Revista filipina 1999, Tomo III, n° 1, http://revista.carayanpress.com  [Junio 2006].

 

 



[1] Existen en Filipinas numerosas literaturas, según la lengua,  que a menudo funcionan y han funcionado como sectores separadaos. Por lo tanto sería errado utilizar el simple adjetivo de nacionalidad sin referirse a la lengua.  Utilizo el termino «hispanofilipino» porque me parece más claro y eficaz que las perífrasis «literatura filipina en castellano» o «en español» o el término  «filhispano» (tambien «fil-hispano»), acreditado pero ambiguo por su asonancia con «filohispano». Además «hispanofilipino» se pone en evidente relación con «hispanoamericano».

[2] El español fue lengua oficial de Filipinas hasta 1986 cuando la nueva constitución promulgada por la presidenta Corazón Aquino suprimió su oficialidad así como la docencia regular de este idioma en los colegios filipinos: «Corazón Aquino decidió enmendar la Constitución aboliendo la oficialidad del idioma español»; véase Fernández, A. 1998/99 (Bibliografía).

[3] Cit. por Edmundo Farolán Romero; véase Farolán Romero, E. 1999 (Bibliografía).  

[4] El filipino, llamado también pilipino, es una lengua creada en los años 30 por una comisión de lingüistas para servir de lengua nacional y ser enseñada en las escuelas. Es una lengua híbrida creada a partir del tagalo (idioma malayo de Manila y de parte de la isla de Luzón) pero con elementos, principalmente de vocabulario, de otras lenguas habladas en el archipiélago, como el visaya. Véase en Bibliografía. Almario, V. S. 1997.

[5] Todas las citaciones que siguen (títulos, versos, números de página) se refieren a: Agustín Lozada, E.  2001  (Bibliografía).

[6] Todas las citaciones que siguen (títulos, versos, números de página) se refieren a: Agustín Lozada, E. 2002 (Bibliografía).

[7] Entre ellos a: Luciano de la Rosa, Sixto Orosa, José Bantung, Francisco Palisoc, Edardo Solís, Florencio Magno, César Mata, Vicente Padriga, Miguel y Rafael Ripoll, Antonio Serrano, Enrique Fernández Lumba, Francisco Zaragoza y Carrillo, Guillermo Gómez Rivera, Federico Licsi Espino, Angel Estrada, Eliodoro Ballesteros, Mariano Loyola, José Figueroa, Plectro Alejandrino, Mariano de los Reyes, Ernesto Dezcallar, Rodolfo Gonzáles Monasterio, Conchita Huerta, Nilda Guerrero de Barranco, Rosario Clemente Zulueta, Araceli Pons, Leonor Agrava, Felisa Apóstol, Mercedes M. López, Rosario Lam, Elvira Curameng Armas, Esperanza Lazaro de Baxter; véase Mariñas Otero, L. 1974 (Bibliografía).

[8] Edmundo Farolán Romero, Elizabeth Medina, Paulina Constancia, Marra Lanot, Wystan de la Peña. 

[9] Institución cultural filipina creada en 1922 por don Enrique Zobel de Ayala. Otorga el premio homónimo, el galardón filipino más prestigioso para las letras hispánicas. Actualmente el premio, por falta de escritores, ha sido entregado a estudiosos que se han ocupado de fomentar el estudio y la difusión de la lengua española en Filipinas.