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Virginia Palomar[1]
(Universidad
Pontificia de Comillas)
Vivimos en un mundo en el que el
rápido desarrollo tecnológico en general, así como el desarrollo concreto de
nuevos campos e industrias, ha dado lugar a ciclos de innovación cada vez más
cortos y a un crecimiento exponencial de conocimientos, lo que lleva consigo la
necesidad de su rápida y eficaz comunicación.
La terminología desempeña un papel
decisivo en la comunicación técnica y científica. La transferencia de
conocimientos y de tecnología sólo puede llevarse a cabo si se entiende con
exactitud el lenguaje en el que se efectúa dicha transferencia.
Por este motivo, la normalización
siempre ha sido una herramienta imprescindible para facilitar el intercambio de
bienes y servicios y asegurar que dichos bienes y servicios satisfacen los
requisitos establecidos en dichas normas. En este sentido, el contar con una
terminología clara y uniforme es fundamental para alcanzar este objetivo. Por
ello nos encontramos ante la necesidad de homogeneizar y armonizar el
vocabulario científico y técnico con el fin de evitar cualquier ambigüedad
posible en el uso del lenguaje en el ámbito de la normalización.
Esta necesidad se consigue en los
Comités Técnicos de Normalización de AENOR (AEN/CTN) donde se elaboran las
Normas UNE por consenso entre todas las partes interesadas, basándose en los
resultados de la experiencia y el desarrollo tecnológico. Tras la aprobación
por AENOR, como organismo reconocido por su actividad normalizadora,
quedan disponibles al público.
AENOR: Asociación Española de Normalización y Certificación www.aenor.es
AENOR, Asociación Española de
Normalización y Certificación, que este año celebra el vigésimo aniversario de
su creación, es la única entidad aprobada para desarrollar las tareas de
normalización en España, tal y como se establece en el Real Decreto 2200/1995
de 28 de diciembre que aprobaba el Reglamento de la Infraestructura para la
Calidad y la Seguridad Industrial en España.
AENOR es una entidad dedicada al
desarrollo de la normalización y la certificación en todos los sectores
industriales y de servicios. Tiene como propósito contribuir a mejorar la
calidad y la competitividad de las empresas, así como proteger el medio
ambiente.
Su presencia en los foros
internacionales, europeos y americanos garantiza la participación de nuestro
país en el desarrollo de la normalización y el reconocimiento internacional de
la certificación de AENOR.
¿Qué es una norma?
-
Especificación técnica
-
De carácter voluntario
-
Accesible al público
-
Elaborada por consenso de las partes
interesadas
-
En un organismo reconocido
-
Basada en la experiencia y el desarrollo
tecnológico
El cuerpo de términos de que
dispone una lengua está íntimamente relacionado con el grado de desarrollo de
la sociedad en su conjunto y, por tanto, el número de términos utilizados en la
lengua general responde a las necesidades generadas por esta sociedad, y en
particular, por los sectores específicos de actividad generadores de
conocimiento. Hoy día la ciencia y la técnica se imponen cada vez más en la
vida cotidiana mediante el consumo de productos con alto contenido técnico y la
divulgación de los conocimientos tecnológicos. Es importante destacar que el
volumen de recursos destinados a mantener y potenciar la terminología redunda
en un incremento del conocimiento.
El uso de términos concretos y
consensuados por todos los agentes que los utilizan dentro de un sector
favorece que la comunicación dentro de éste sea fluida y exacta, ahorrando en
muchas ocasiones recursos a la hora de transmitir la comunicación de forma
eficaz. Lograr una terminología común en un sector requiere el esfuerzo de
muchos, ya que el uso repetido de un término o conjunto de términos en un
contexto determinado acaba imponiéndose en numerosos casos. Por ello, las
universidades, los traductores, los organismos de normalización, las empresas,
la Administración y los centros de investigación, entre otros colectivos, deben
cuidar especialmente la terminología científico-técnica que emplean, ya que
pueden influir enormemente en el uso generalizado de la misma.
Una terminología común facilita y fomenta la
comunicación, fomenta los intercambios comerciales y culturales y facilita la
transferencia de tecnología. Se trata, por tanto, de un esfuerzo de muchos que
repercute en ventajas para todos.
En áreas como las tecnologías de la información,
muchos de los términos utilizados proceden de la lengua inglesa. Hoy en día
todos utilizamos la palabra “software” para designar el “soporte lógico” debido
al uso extendido de dicho anglicismo. Resultaría extraño traducir el término
software ya que daría lugar a confusión en la mayoría de los casos. En los
documentos normativos de contenido técnico específico, como por ejemplo
aquellos incluidos dentro del sector de las nuevas tecnologías, cabría pensar
que traducir estos documentos podría inducir a error. Además, tenemos tendencia
a pensar que estos documentos normativos sólo los utilizan técnicos de empresas
multinacionales muy familiarizados con la terminología en lengua inglesa.
No obstante, la realidad dista mucho de ser así. Es
importante tener en cuenta que muchos de estos documentos normativos tan
específicos no son directamente aplicados por las grandes empresas sino por las
pequeñas y medianas empresas, proveedoras de componentes, por ejemplo, de estas
grandes empresas. En este sentido, AENOR, en su compromiso de impulsar la
difusión de la normalización en todos los sectores de la sociedad, se esfuerza
por elaborar y adoptar la versión española de los documentos normativos para
así abarcar, por ejemplo, las necesidades de estas pequeñas y medianas empresas.
Al trasladar al español el contenido de las normas,
AENOR favorece que las empresas españolas puedan beneficiarse de las ventajas
de la normalización. Las normas contribuyen a la productividad, facilitan la
comunicación y agilizan el mercado. Además, la normalización rentabiliza las
inversiones en equipos e instalaciones, repercute en la reducción de costes y
facilita la transferencia tecnológica.
En el seno de AENOR, cada Comité Técnico de
Normalización utiliza una terminología específica dentro de su campo de
actividad. Recientemente, AENOR ha creado un nuevo Comité Técnico de
Normalización en el ámbito de la terminología, AEN/CTN 191. En este comité de
carácter general, se revisan todas las normas UNE horizontales de
vocabulario científico-técnico que están en vigor y se elaboran nuevas normas
en dicho sector. Además, este nuevo Comité Técnico normaliza los principios, métodos y
aplicaciones relativos a la terminología. Otra de las funciones principales del
nuevo Comité Técnico de Normalización es hacer el seguimiento de las
actividades realizadas en los comités técnicos a nivel europeo e internacional
para así adoptar como normas nacionales las normas internacionales de
vocabulario adoptadas por ISO e IEC (Organización Internacional de
Normalización www.iso.org y Comisión
Electrotécnica Internacional www.iec.ch, respectivamente). En este nuevo comité se
pretende establecer una estrecha relación de colaboración con los demás Comités
Técnicos de Normalización interesados, que en numerosos casos cuentan ya con un
grupo de trabajo responsable de la elaboración de glosarios y vocabularios
técnicos específicos.
Un solo término puede incidir enormemente
en el desarrollo de una actividad. La elección de un término u otro puede tener
tremendas repercusiones dependiendo de cómo se haya definido el término en
cuestión. Todas las Normas UNE, independientemente del sector al que
pertenezcan, cuenta con un capítulo en el que se definen los términos más
relevantes de dicho documento normativo. Los términos incluidos en este
apartado de la norma han de definirse con muchísima atención, ya que podrían
ser decisivos para que un fabricante cumpla o no con la norma. Hay casos en los
que un documento normativo se apoya en una reglamentación por lo que el uso
incorrecto de la terminología puede tener connotaciones incluso legales. Por
ejemplo, las definiciones de los términos “llave”, “grifo” y “válvula”, si no
se definen correctamente en la Norma UNE correspondiente, pueden provocar que
un fabricante incurra en una ilegalidad
derivada de la utilización de un objeto no contemplado en las
definiciones de la propia norma.
Gran parte de los documentos normativos elaborados
en AENOR proceden de los esfuerzos aunados por los Organismos de Normalización
Internacionales (ISO e IEC) o Europeos (CEN, CENELEC, ETSI) para desarrollar
normas de referencia. En estos casos, dichas normas se traducen al castellano
antes de adoptarlas como normas nacionales. Los Comités Técnicos de
Normalización, responsables asimismo del seguimiento de las actividades
realizadas en los comités internacionales con los que comparten sector pero no
alcance geográfico, son en numerosas ocasiones los encargados de trasladar a la
lengua española el material científico y tecnológico procedente de otras
lenguas; inglés y francés mayoritariamente. Además, AENOR cuenta con un equipo
de traductores externos especializados en cada campo de actividad.
El personal técnico de AENOR verifica de forma
exhaustiva el fondo y la forma de todos los documentos normativos traducidos,
siempre en comunicación con los vocales del CTN correspondiente, quienes deben
expresar su aprobación. Dichos documentos, tras ser aprobados por AENOR, se
editan estando disponibles al público.
Desde AENOR, se proporciona además la traducción de
otros documentos de gran importancia a los organismos internacionales y
regionales. Éste es el caso, por ejemplo, de las Directivas ISO/IEC Parte 1 y
de las Reglas Internas CEN/CLC Parte 2. Las Directivas ISO/IEC Parte 1 recogen
los procedimientos para los trabajos técnicos en ambas organizaciones, la
Organización Internacional de Normalización (ISO) y la Comisión Electrotécnica
Internacional (IEC); mientras que las Reglas Internas CEN/CLC Parte 2 recogen
las reglas comunes para los trabajos de normalización de CEN www.cenorm.be, Comité Europeo de
Normalización, y CENELEC www.cenelec.org,
Comité Europeo de Normalización Electrotécnica.
Es importante tener en cuenta que hay veces en las
que cada lengua tiene una forma determinada de expresar una misma realidad.
Analicemos el siguiente ejemplo:
-
Objetos
perdidos
-
Lost and found
-
Objets trouvés
En el primer caso tenemos la forma con la que se
designa en español el lugar al que recurrimos con la esperanza de encontrar
algo que hemos perdido. Es curioso como, al designar el mismo lugar en inglés
(perdidos y encontrados), se demuestra un cambio de actitud que refleja un
mayor optimismo. Aún más curiosa resulta la forma de referirse al mismo lugar
en francés (objetos encontrados), ya que expresa una actitud aún más positiva
enfatizando el hecho de se ha encontrado algo. Este ejemplo pone de manifiesto
que cada lengua se expresa desde una perspectiva determinada por lo que, al
traducir un documento normativo, hay que contemplar la naturalidad del lenguaje
y, en el caso del español, evitar las numerosas oraciones pasivas tan
características de la lengua inglesa.
Otro ejemplo de esta diferencia de perspectiva en el
lenguaje se puede observar en los vagones del tren donde nos encontramos con la
siguiente advertencia:
-
Prohibido
abrir la puerta en marcha
-
Ne pas ouvrir avant
l’arrêt du train
En la frase en castellano se hace referencia al
hecho de que no se debe abrir la puerta mientras en el tren está avanzando;
mientras que en francés se hace hincapié en que no se debe abrir la puerta
antes de que el tren se haya detenido. En ambos casos el mensaje es el mismo,
pero cada lengua expresa la misma realidad desde un punto de vista distinto.
Lo mismo ocurre en situaciones más informales, como
pueda ser una cena en la que alguien sirve una bebida a otra persona:
-
Tú dirás
-
Say when
En español, con sólo esas dos palabras está
implícita la frase “dime cuánto quieres que te sirva”, “dime hasta donde
quieres que te llene la copa”. Por otro lado, en inglés, se utiliza otra
expresión también muy corta que literalmente significa “di cuando” que una vez
más comunica el mismo mensaje pero expresándolo de manera diferente.
***
Las lenguas vivas evolucionan constantemente, de tal
manera que es necesario estar en continuo contacto con ellas para ir
actualizando el vocabulario y adaptarse a los neologismos, extranjerismos y
demás novedades dentro de cada idioma. Existe un fenómeno muy curioso por el
que se toman prestadas palabras de otras lenguas, adaptando la grafía a la de
la lengua a la que se incorporan en muchos de los casos las cuales, debido a la
evolución de estas palabras en la lengua de acogida, varían su significado si
bien mantiene algún tipo de relación con su significado original.
Éste es el caso de la palabra mitin que, según el diccionario de la Real Academia Española,
significa reunión donde el público
escucha los discursos de algún personaje de relevancia política y social. Esta palabra procede del inglés
“meeting” cuya traducción es simplemente reunión, sin hacer referencia a
discursos de ningún personaje de relevancia política ni social. En este caso,
la voz inglesa meeting ha incluso castellanizado su grafía y ha sido
reconocida por la Real Academia Española.
Algo similar ocurre con la palabra christmas.
En castellano la utilizamos para designar una tarjeta ilustrada de
felicitación navideña (definición tomada del diccionario de la RAE)
mientras que dicho término en inglés se traduciría por Navidad en
español, sin hacer referencia a tarjetas de ningún tipo.
Pero no todos los extranjerismos que sufren alteraciones
proceden de la lengua inglesa. Hay otros casos de interés procedentes de otras
lenguas. En francés, la palabra “bureau” es polisémica y por tanto se podría traducir al castellano de
distintas maneras: oficina, despacho, junta (directiva) y mesa de despacho,
entre otras. No obstante, en nuestra lengua utilizamos el término buró,
castellanizando la grafía, para referirnos a un mueble para escribir, a
manera de cómoda, que tiene una parte más alta que el tablero, provista
frecuentemente de cajones o casillas; se cierra levantando el tablero o, si
este es fijo, mediante una cubierta de tablillas paralelas articuladas
(diccionario de la RAE). En este caso vemos que el uso en castellano es similar
a una de las acepciones de la voz francesa “bureau”,
si bien esta última es mucho más general que el significado que tiene buró
en castellano.
Es curioso ver como una palabra que en italiano se utiliza
tanto para saludar como para despedirse de alguien, en español la utilizamos
únicamente como sinónimo de hasta luego o adiós. Éste es el caso
de la voz italiana “ciao”, que nosotros empleamos
adaptando la grafía a la española, chao, limitando su significado de
forma notable pudiendo incluso confundir a una persona cuya lengua materna es
la italiana.
***
No podemos olvidarnos tampoco de los llamados falsos
amigos, que son aquellas palabras de dos idiomas que se asemejan mucho en
la manera en que se escriben pero que, a pesar de eso, tienen un significado
distinto. Quisiera destacar unos cuantos ejemplos de falsos amigos entre la
lengua inglesa y la española, así como entre la francesa y la española.
Tomemos por ejemplo la palabra “deception”
en inglés. Su significado,
engaño, difiere enormemente del vocablo español decepción (disappointment) a pesar de su enorme semejanza a primera
vista. Lo mismo ocurre con la palabra “library”
(biblioteca), cuyo significado no coincide con el de su falso amigo librería
(bookshop). Imaginemos la ambigüedad que se podría
producir si confundiéramos la palabra inglesa “preservative”
(conservante) por su aparente traducción, preservativo (condom).
Entre nuestra lengua y la francesa también podemos encontrar
ejemplos de los temidos falsos amigos. En francés, la palabra “décade” hace alusión a un periodo de diez días. Algo muy
distinto de lo que nosotros llamamos década (décennie),
que se refiere a un periodo de diez años. Algo similar ocurre con el verbo
francés “demander”, que en español podría traducirse
por pedir o preguntar, muy distinto del verbo español demandar (poursuivre). Un alto
grado de confusión se podría producir si confundiéramos la palabra “équipage” (tripulación) por su aparente traducción, equipaje
(bagages).
Los falsos amigos existen en muchas combinaciones de idiomas.
Cuanto más próximas sean dos lenguas a primera vista, mayor será el riesgo de
encontrar falsos amigos.
Volviendo al ámbito de la normalización, podemos
observar que el proceso de adopción de normas es muy complejo ya que
intervienen numerosos factores, entre ellos la traducción de normas europeas e
internacionales. Sin duda, el principio fundamental de la traducción es no
incurrir en errores conceptuales ni dar lugar a ambigüedades. Para ello es
necesario definir los conceptos de manera minuciosa. Hay conceptos que, aunque
a primera vista no parecen muy dispares, en realidad sí lo son. Es el caso del
“aparato móvil” o “portable appliance”
(aparato previsto para ser desplazado durante su
funcionamiento, o un aparato que no esté instalado en un lugar fijo, cuya masa
sea inferior a 18 kg), y del “aparato portátil” o “hand-held appliance”
(aparato móvil previsto para ser asido con la mano, en uso normal).
Una traducción desafortunada puede tener
consecuencias de diversa consideración. Las repercusiones pueden ser de tipo
legal, como se muestra en el siguiente ejemplo. En la versión original de una
norma internacional sobre maquinaria de elevación y transporte, se hacía
referencia a “industrial trucks”. En un principio, se
optó por traducir este concepto como “camiones industriales” pero después se
decidió que la traducción más adecuada no era ésa sino “carretillas de
manutención”. La elección de uno u otro equivalente en español tenía una gran
importancia ya que, en el primer caso, la norma se regía dentro del Reglamento
de Homologación de Vehículos, mientras que en el segundo, aplicaba la Directiva
de Máquinas.
En otros
casos, una traducción puede incidir negativamente en la opinión generalizada de
un producto o equipo. Así sucedió al trasladar al español el contenido de una
norma dentro del sector de la industria marítima. En este documento normativo
se hacía alusión a “small craft”,
que primeramente se tradujo al castellano como “embarcación menor”. Esta
decisión no fue muy acertada debido a que tenía connotaciones peyorativas que
presuponían que la embarcación en cuestión era de menor importancia o menor
calidad. Finalmente se eligió “embarcación pequeña” como equivalente en español
de “small craft” ya que la
principal diferencia con respecto al resto de embarcaciones era la eslora.
Al realizar la traducción de un texto determinado,
especialmente cuando se trata de un documento de carácter científico-técnico,
no es suficiente consultar diccionarios especializados, ya que, por muy
completos que sean, no siempre dan una respuesta adecuada a todas las dudas que
le pueden surgir al traductor. En muchos casos, lo más útil es recurrir a
varios textos paralelos que tratan temas similares en la lengua a la que se ha
de traducir el texto original. Los textos paralelos proporcionan al traductor
la documentación temática necesaria que le facilitará la comprensión de los
significados. También le aportan la documentación lingüística que le permitirá
elaborar un documento fiel al original y satisfactorio para el receptor,
mediante la extracción de la terminología y la fraseología idóneas.
A pesar de que el español no es
lengua oficial de los Organismos de Normalización Internacionales y Europeos,
la participación de expertos cuya lengua es el español es cada vez mayor. Esto
ha provocado que el español sea aceptado como idioma de trabajo en grupos
específicos. Este incremento del uso del español ha derivado en la necesidad de
que se busque consensuar la traducción
correspondiente en castellano.
La lengua española tiene una importancia añadida
debido a que la comunidad de hispanohablantes en el mundo asciende a casi 400
millones de personas. Conseguir homogeneizar la terminología técnica utilizada
en los 21 países en los que el español es lengua oficial resulta inmensamente
difícil. Con el fin de alcanzar una terminología común en determinados
documentos ampliamente conocidos como son las normas de gestión de la
calidad (serie UNE-EN ISO 9000) y de
gestión ambiental (serie UNE-EN ISO 14000), se constituyeron en 1999 dos
órganos técnicos cuya secretaría en ambos casos desempeña AENOR. Dichos órganos
internacionales, denominados ISO/TC 176 STTG (Spanish
Translation Task Group) e ISO/TC 207 STTF (Spanish
Translation Task Force), respectivamente, están formados principalmente por
delegados de los países que tienen el español por lengua oficial o co-oficial y realizan una única versión en castellano
equivalente a las series de normas mencionadas anteriormente. Además de estos
grupos, se creó un órgano técnico ISO/CASCO STWG (Spanish
Translation Working Group), cuya actividad principal consiste en traducir al
español la serie de normas relativas a la evaluación de la conformidad, ISO/IEC
17000. La secretaría de este órgano técnico también la desempeña AENOR. La
actividad desarrollada dentro de estos grupos hizo posible que la Organización
Internacional de Normalización (ISO) editara la serie de normas ISO 9000:2000
en inglés, francés y español simultáneamente.
AENOR desempeña también la
Secretaría del Comité Técnico de Terminología (CT 150) de COPANT (Comisión
Panamericana de Normas Técnicas). El CT 150 tiene por objetivo armonizar las
diferencias de interpretación y uso del español, así como favorecer las
relaciones y los intercambios científicos y técnicos entre los países de habla
hispana.
El hecho de compartir la teminología
científico-técnica facilita enormemente los intercambios comerciales con los
países hispanoamericanos. Lograr un lenguaje común fomenta la comunicación y por
tanto favorece la relación y los acuerdos entre España y el continente
latinoamericano. En este sentido, AENOR está diseñando un principio de acuerdo
de cooperación con la Asociación Mercosur de
Normalización (AMN) para el intercambio de información, así como para
contribuir a la reducción de las barreras técnicas al comercio.
A menudo, alcanzar posturas comunes en relación con
los términos y el vocabulario empleado resulta extremadamente difícil ya que se
trata de expresiones fuertemente enraizadas en una región o país determinados.
Éste fue el caso al acordar una terminología común para la versión española de
“quality management”, como
parte del título de la serie de Normas ISO 9000:2000. Algunos países
latinoamericanos pujaban por “administración
de la calidad”, mientras que España y otros países hispanoparlantes
preferían “gestión de la calidad”. En
esta ocasión se decidió de forma consensuada que la traducción elegida fuera
ésta última. La misma problemática surgió al traducir “complaints
handling” ya que algunos países latinoamericanos propusieron trasladar al español dicho
concepto como “manejo de reclamos”. España y otros países hispanoamericanos se mostraron en desacuerdo
y, finalmente, se acordó traducir “complaints handling” como “tratamiento de quejas”. En el caso de la
traducción de “autmotive industry”
hubo que buscar una traducción alternativa a las dos opciones propuestas
(“industria automotriz” e “industria de automoción”) ya que no se llegaba a un
consenso. Al final se propuso la utilización de “industria del automóvil” ya
que no se incluían ni las motocicletas ni los camiones.
No obstante, no
siempre es posible lograr el consenso deseado entre los miembros. En los
casos en los que no se alcance una terminología común, es recomendable elaborar
una base de datos o un anexo a la norma donde se recojan las distintas
variantes posibles. En España, por ejemplo, dentro del sector de aparamenta y accesorios de baja tensión, el término
“clavija” se define como accesorio provisto de espigas diseñadas para
introducirse en los alvéolos de una base y provisto también de piezas para la
conexión eléctrica y retención mecánica del cable flexible. Este mismo concepto
en algunos países hispanoamericanos no se conoce con el término “clavija” sino
que, en su lugar, emplean el vocablo “ficha”, término incomprensible en España
en este contexto.
Es importante resaltar que, en todos los ejemplos
anteriormente descritos, no existía duda alguna en cuanto al concepto definido
sino en cuanto a qué término emplear para designar cada concepto.
Desde hace cuatro años, AENOR
desempeña la Secretaría del Comité Técnico de Terminología (TC 1) de la
Comisión Electrotécnica Internacional (IEC), organización que celebra en
septiembre del presente año el centenario de su creación. El TC 1, fundado en
1911, es el comité más antiguo de IEC. Dicho comité tiene carácter horizontal y
realiza labores de definición y normalización de la terminología electrotécnica
con el fin de establecer un lenguaje común entre técnicos de diferentes países
y culturas. Para ello, el TC 1 elabora
las distintas Partes que componen el Vocabulario Electrotécnico Internacional
(VEI) en colaboración con los comités especializados en los temas tratados en
cada Parte. Éstas forman la serie de Normas IEC 60050, que a nivel español se
adoptan como la serie de Normas UNE 21302. A comienzos de 2006, IEC publicó la
sexta edición del Diccionario Multilingüe, última versión del VEI en CD-ROM.
El objetivo del VEI es normalizar
y coordinar los términos científicos y técnicos en el ámbito de la
electrotecnia. Por ello, el VEI se ha convertido en herramienta de consulta
indispensable para aquellos que elaboran los documentos normativos, para
fabricantes y usuarios del sector electrotécnico, traductores técnicos,
autoridades legisladoras, en laboratorios y universidades.
El VEI contiene alrededor de 20
000 términos con sus definiciones correspondientes en inglés y francés así como
sus respectivas equivalencias en numerosos idiomas, entre los que se incluye el
español. Dichos términos se agrupan en distintas Partes. Hasta la fecha, se han
publicado alrededor de 80 Partes, todas ellas distribuidas en las siguientes
categorías:
Conceptos generales
Materiales
Medida, regulación y cálculo
Equipos eléctricos
Equipos electrónicos
Generación, transmisión y
distribución de la energía
Telecomunicaciones
Aplicaciones específicas
Existe también una versión en línea del VEI de acceso libre en la
página web de IEC (http://std.iec.ch/iec60050)
cuya última versión dispone por primera vez de un sistema de búsqueda en
español, lo que supone un gran apoyo a nuestra lengua. De esta manera, al
introducir un término en español, inglés, francés o alemán, este sistema
permite acceder a sus equivalentes en los otros tres idiomas. Asimismo ofrece
definiciones en inglés y francés en la categoría de conceptos generales.
AENOR apuesta por una terminología
científico-técnica común. También hace hincapié en la homogeneización de la
terminología en español tanto dentro como fuera de nuestro país, ya que el
hecho de que compartamos nuestra lengua con los países del continente
hispanoamericano refuerza el vínculo existente entre España e Hispanoamérica.
Desde AENOR, además, se otorga gran importancia al hecho de que todas las
normas estén disponibles en castellano y al proceso de traducción de las
mismas.
En este sector, como en cualquier
otro, observamos que la traducción supone un reto constante, lo que la
convierte en una disciplina apasionante. El buen traductor podría pasar por el
propio autor, haciendo todo lo posible por ser fiel al texto emitido en cuanto
al contenido y a la forma.
Por otro lado, es importante tener
en cuenta el propósito del hablante. El uso que hacemos de la lengua no siempre
tiene la misma intención ya que, en ocasiones, solamente buscamos una reacción
en nuestro receptor. Por ejemplo, nos encontramos en un autobús y alguien nos
pregunta: “¿Te bajas en la próxima?” ¿A nuestro interlocutor realmente le
interesa saber en qué parada nos bajamos? ¿O simplemente quiere que le dejemos
pasar para facilitarle la salida en caso de que nuestro recorrido en el autobús
aún no haya terminado?
FRASIE, M. (2003): “La
comunicabilidad en el aprendizaje de las lenguas y en traducción: conceptos de
superioridad e inferioridad”, Mosaico
- Revista para la Promoción y Apoyo a la enseñanza del Español.
HARTMAN, R.K. (1981): Contrastive Textology
and Comparative Discourse Analysis in Applied Linguistics, Julius Gross,
PALOMAR, V., Actas del II Congreso: “El español, lengua
de traducción”, celebrado el 20 y 21 de mayo de 2004 en Toledo.
PINKLER, S. (1995): The Language Instinct, Penguin Books.
Serie de Normas UNE-EN
ISO 9000 de Gestión de la calidad.
Diccionario multilingüe (2002): Vocabulario Electrotécnico Internacional
(VEI) en versión CD-ROM.
Gran Diccionario Oxford español-inglés, inglés-español. (2004) 3ª Edición en
CD-ROM, Oxford University Press.
Grand Dictionnaire Larousse español-francés, français-espagnol. (1996) Larousse-Bordas.
Diccionario de la Real Academia Española en línea (www.rae.es)
[1] Virginia PALOMAR es Licenciada en
Traducción e Interpretación (inglés, francés y alemán) por la Universidad
Pontificia de Comillas de Madrid y cuenta con un Máster
en Interpretación y Traducción por la
Universidad de Bradford, Reino Unido. Realizó prácticas en los servicios de
interpretación en la sede de la ONU en Viena y es intérprete jurado de lengua
inglesa.
Anteriormente trabajó en AENOR, desde donde desempeñaba la
Secretaría del Comité Técnico de Terminología de la Comisión Electrotécnica
Internacional (IEC/TC1) desarrollando funciones de coordinación, organización
de reuniones internacionales, apoyo técnico en la elaboración de las normas que
componen el Vocabulario Electrotécnico Internacional y promoción del español en
el ámbito de la normalización electrotécnica internacional.
En la actualidad ejerce de traductora e intérprete de
conferencias independiente y trabaja con entidades de todos los sectores entre
las que destacan la Universidad de Murcia y AENOR.
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