|
1. El ambiente musical
Los Maestros JOSE
PAGAN y GERARDO GOMBAU han compuesto, para ilustrar esta dramatización del
Quijote, una partitura de carácter original, salvo algunos números en los que
han buscado intencionadamente una reproducción o una inspiración concreta. Nos
referimos a la inserción de algunos temas del «Miserere», de Tomás Luis
Victoria, con que se ambienta la muerte de Alonso Quijano, el Bueno, y el tema
heroico, donde se sugiere «la más alta ocasión que vieron los siglos», y que
quiere ser algo de los antiguos toques del ejército español de la época de
Carlos III. Exceptuados estos pasajes, todos los demás motivos, incluso los que
sirven sólo para mutaciones de situación, y los de índole típica, como la
evocación pueblerina de la seguidilla manchega, se inspiran libremente en los
propios textos cervantinos. De esta manera los autores han venido a enriquecer
con una nueva aportación, la ya copiosa música del Quijote, en la que
descollaron, entre otros autores españoles, Falla, Esplá
y Rodrigo.
La orquesta moderna,
simple y esquematizada, dirigida por el Maestro PAGAN, sirve a la partitura y
al interés dramático, conservando la reminiscencia de la época.
2. La representación dramática.
En este disco
intervienen las siguientes voces:
COMENTARISTA........ ....... Francisco Cantalejo.
CERVANTES....................... Julio Goróstegui.
DON QUIJOTE..................... José María Escuer.
SANCHO PANZA................ José Franco.
VENTERO............................ José Blanch.
TOLOSA............................... María del Carmen García Reyes.
MOLINERA.......................... Alicia Altabella.
TERESA PANZA................. Asunción Mateos.
COMISARIO........................ Onofre Fraile.
GALEOTE............................ Anastasio Campoy.
CURA................................... Joaquín Escolá.
BARBERO........................... José Agüeras.
SOBRINA............................ Ana María Vidal.
CARRETERO...................... Serafín García Vázquez.
LABRADORA 1.ª ............... María del Carmen García Reyes.
LABRADORA 2:ª.............. Alicia Altabella.
LABRADORA 3.a............. Ana María Vidal.
Dirección dramática: Amparo Reyes. Duración: 46:48
CONTENIDO DEL DISCO
CARA A
l. El Hidalgo y sus primeras
aventuras
Introducción. La vela de las
armas. Molinos en la llanura
Discurso sobre la edad dorada.
Las líneas de puntos
indican la inserción de las ilustraciones musicales.
…………………………………………………....................................................
CERVANTES. - En un lugar de la
Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un
hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo
corredor...
COMENTARISTA. - Con estas palabras
comienza una de las más preclaras obras de la literatura universal. La
narración que inicia, las aventuras en que se mete el personaje a que se
refieren, han sido leídas por miles de hombres desde que las escribió la mano
cansada, de un español viejo, pobre, y golpeado sin misericordia por la vida.
El «Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha» es un mensaje para todos los
espíritus...
CERVANTES. - Es de saber que este
sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso, que eran los más del año, se
daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi
de todo punto el ejercicio de la caza y aun la administración de su hacienda...
COMENTARISTA. - He aquí un hidalgo
de aldea, digno, de vida parva, como todos los de su clase, sin una función
determinada, en la soledad del campo manchego. Apretado por lo cotidiano,
¿dónde encontrará el escape? Ya lo hemos visto: En los libros, en la
literatura. He ahí un factor esencial en el Quijote, la literatura, como modelo
de la vida. Por ello se ha dicho que Don Quijote es el prototipo de lector.
CERVANTES. -En resolución, él se
enfrascó tanto en su lectura que se le pasaban las noches leyendo de claro en
claro y los días de turbio en turbio, y así del poco dormir y del mucho leer se
le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio... Rematado ya, vino
a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fué el de hacerse caballero andante, e irse por todo el
mundo a buscar las aventuras.
COMENTARISTA. - Don Quijote ha
verificado la primera tramutación. En su mente las
incitaciones de los libros de caballería, las hazañas de ilustres peleadores, y
el romancero tejen un mundo en que las ventas se hacen castillos. Y surge la
parodia, en duro contraste.
VENTERO. - Si vuestra merced,
señor caballero, busca posada, amén de lecho (porque en esta posada no hay
ninguno), todo lo demás se hallará en ella en mucha abundancia.
DON QUIJOTE. - Para mí, señor
castellano, cualquiera cosa basta, porque «mis arreos son las armas, mi
descanso el pelear»...
VENTERO. - Según eso, las camas de
vuestra merced serán duras peñas, y su dormir siempre velar; y siendo así, bien
se puede apear, con seguridad de hallar en esta choza ocasión y ocasiones para
no dormir en todo un año, cuanto más en una noche. ..
DON QUIJOTE. - No me levantaré
jamás de donde estoy..., fasta que la vuestra cortesía me otorgue un don que
pedirle quiero... El don es que mañana me habéis de armar caballero, v esta
noche en la capilla de este vuestro castillo velaré las armas...
……………………………………………………………………………………………
VENTERO. - Mozuela, cíñele la
espada...
TOLOSA. - Dios haga a vuestra
merced muy venturoso caballero, y le dé ventura en lides.
DON QUIJOTE. - ¿Cómo
os llamáis, por saber con quién quedo obligado en tanto honor?
TOLOSA. - Me llaman la Tolosa, y soy hija de un remendón de Toledo.
DON QUIJOTE. - Por mi amor os
pido, señora, que os pongáis don y os llaméis doña Tolosa.
VENTERO. - Tú, cálzale la espuela.
DON QUIJOTE. - ¿Cómo os llamáis,
señora?
MOLINERA. - La Molinera.
DON QUIJOTE. - Lo mismo os digo,
que os pongáis don y os llaméis doña Molinera.
……………………………………………………………………………………………
CERVANTES. - La del alba sería
cuando Don Quijote salió de la venta tan contento, tan gallardo, tan alborozado
por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del
caballo.
……………………………………………………………………………………………
COMENTARISTA. - Don Quijote no
escarmentó con el mal fin de su primera salida. En su segunda buscó un buen
escudero, Sancho. Desde este momento la obra empezará a enriquecerse y aparecerán
dos perspectivas de la realidad entremezcladas, haciendo oscilar todo. Aquí
tenemos la primera.
En la llanura manchega, han
surgido unas extrañas formas. Eran molinos de viento, artificio muy nuevo
entonces. Pero Don Quijote los tramutará, en su continua
interpretación del mundo como escenario de libros de caballería. Serán
gigantes, y él, tramutándose a sí propio, con fe en
la fortaleza de su brazo, se lanzará sobre ellos.
DON QUIJOTE. - La ventura va
guiando nuestras cosas mejor de lo que acertábamos a desear; parque ves allí,
amigo Sancho Panza, dónde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes,
con quien pienso hacer batalla...
SANCHO. - ¿Qué gigantes?
DON QUIJOTE. - Aquellos que allí
ves...
SANCHO. - Mire vuestra merced que
aquellos que allí se parecen, no son gigantes, sino molinos de viento...
DON QUIJOTE. - Si tienes miedo,
quítate de ahí y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos
en fiera y desigual batalla...
DON QUIJOTE. - Non fuyades, cobardes y viles criaturas; que un solo caballero
es el que os acomete...
SANCHO. - ¡Que son molinos! ¡Que
son molinos!... ¡Válame Dios! ¡Qué caída! ¿No le dije a vuestra merced que
mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no lo podía
ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza?
……………………………………………………………………………………………
COMENTARISTA. - Don Quijote y
Sancho, adentrados por la montaña, recibirán amable acogida de los pastores. El
ambiente es de paz. La humildad no aparece toscamente. Al contrario todo será
digno. Y ahora no es el enloquecido aventurero quien habla, sino el buen
hidalgo, lector de los clásicos, quien, solemnemente, desarrollará un tema
esencial del humanismo, el de la edad dorada.
DON QUIJOTE. - Dichosa edad y
siglos dichosos aquellos a quienes los antiguos pusieron nombre de dorados, y
no porque en ellos el oro, que en nuestra edad de hierro tanto se estima, se
alcanzase en aquella venturosa, sin fatiga alguna, sino porque entonces los que
en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella
santa edad todas las cosas comunes. A nadie le era necesario para alcanzar su
ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las
robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado
fruto. Las claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica abundancia, sabrosas
y transparentes aguas les ofrecían. En las quiebras de las peñas y en lo hueco
de los árboles formaban su república las solícitas y discretas abejas,
ofreciendo a cualquiera mano sin interés alguno, la fértil cosecha de su
dulcísimo trabajo... Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia...
COMENTARISTA. -El tema pastoril es
esencial en Cervantes. Parece como si se expresase una plenitud de vida. Pero
no hay que olvidar que lo que se dice es esencialmente una nostalgia, un
contraste con la dura edad presente...
Cuando estamos bien
convencidos, Cervantes da un rápido cambio de enfoque, e introduce la
corrección irónica.
CERVANTES. - Toda esta larga
arenga - que se pudiera muy bien excusar -, dijo nuestro caballero, porque las
bellotas que le dieron, le trujeron a la memoria la
edad heroica, y antojósele hacer aquel inútil
razonamiento a los cabreros, que sin respondelle
palabra, embobados y suspensos, le estuvieron escuchando. Sancho asimismo
callaba y comía bellotas, y visitaba muy a menudo el segundo zaque, que porque se enfriase el vino, le tenían colgado de
un alcornoque...
……………………………………………………………………………………………
2
Desfacedor de fuerzas
El episodio de los galeotes.
CERVANTES. - Por el camino que
llevaban venían hasta doce hombres a pie, ensartados como cuentas, en una gran
cadena de hierro, por los cuellos, y todos con esposas a las manos...
……………………………………………………………………………………………
SANCHO. - Esta es cadena de
galeotes, gente forzada del rey, que va a galeras...
DON QUIJOTE. - ¿Cómo gente
forzada? ¿Es posible que el rey haga fuerza a ninguna gente?
SANCHO. - No digo eso, sino que es
gente que por sus delitos va condenada a servir al Rey en galeras, de por
fuerza.
DON QUIJOTE. - En resolución, como
quiera que ello sea, esta gente, aunque los llevan, van de por fuerza y no de
su voluntad.
SANCHO. - Así es.
DON QUIJOTE. - Pues de esa manera
aquí encaja la ejecución de mi oficio: desfacer
fuerzas y socorrer y acudir a los miserables.
SANCHO. - Advierta vuestra merced
que la justicia que es el mesmo Rey, no hace fuerza
ni agravio a semejante gente, sino que los castiga en pena de sus delitos.
COMENTARISTA. - Don Quijote va por
el camino, y en la cadena de galeotes ve tan sólo a unos hombres a los que se
lleva por fuerza. Su huída de la realidad, apoyada en las imágenes que de sí
mismo se ha ido forjando, le mueven a preguntas y reflexiones, de las que sólo
sacará en consecuencia que debe liberar a los oprimidos...
DON QUIJOTE. - De todo cuanto
habéis dicho, hermanos carísimos, he sacado en
limpio, que aunque os han castigado por vuestras culpas, las penas que vais a
padecer no os dan mucho gusto y que vais a ellas contra vuestra voluntad...
Pero porque sé que una de las partes de la prudencia es que lo que se puede
hacer por bien no se haga por mal, quiero rogar a estos señores guardianes y
comisarios sean servidos de desataros y dejaros ir en paz, porque me parece
duro caso hacer esclavos a los que Dios y naturaleza hizo libres...
COMISARIO. - ¡Donosa majadería!
¡Bueno está el donaire con que ha salido al cabo de rato! ¡Los forzados del Rey
quiere que le dejemos, como si tuviéramos autoridad para soltarlos, o él la
tuviera para mandárnoslo! Váyase vuestra merced, señor, norabuena
su camino adelante, y enderécese ese bacín que trae en la cabeza, y no ande
buscando tres pies al gato.
DON QUIJOTE.- ¡Vos sois el gato,
el rato y el bellaco!...
……………………………………………………………………………………………
CERVANTES. - Y diciendo y
haciendo, arremetió con él tan presto, que, sin que tuviese lugar de ponerse en
defensa, dió con él en el suelo, malherido de una
lanzada... Las demás guardas arremetieron a Don Quijote, que con mucho sosiego
los aguardaba, y sin duda lo pasara mal, si los galeotes, viendo la ocasión que
se les ofrecía de alcanzar la libertad, no la procuraran, procurando romper la
cadena donde venían ensartados...
DON QUIJOTE. -De gente bien nacida
es agradecer los beneficios que reciben y uno de los pecados que a Dios más
ofende es la ingratitud... Es mi voluntad que, cargados de esa cadena que quité
de vuestros cuellos, os pongáis en camino y vayáis a la ciudad del Toboso, y
allí os presentéis ante la señora Dulcinea...
GALEOTE. - Ya se contentará la
señora Dulcinea con alguna cantidad de avemarías y credos, que nosotros diremos
por la intención de vuestra merced, y esta es cosa que se podrá cumplir de
noche y de día, huyendo o reposando, en paz o en guerra; pero pensar que hemos
de volver a tomar nuestra cadena y a ponernos en camino de Toboso, es como
pedir peras al olmo...
DON QUIJOTE. -Pues ¡voto a tal...
que habéis de ir vos solo, rabo entre piernas, con toda la cadena a cuestas!...
CERVANTES. - Ginés de Pasamonte, que no era nada bien sufrido, estando ya
enterado de que Don Quijote no era muy cuerdo..., hizo del ojo a los
compañeros, y apartándose, comenzaron a llover tantas piedras sobre Don Quijote
que no se daba manos a cubrirse con la rodela...
DON QUIJOTE. - Siempre Sancho, lo
he oído decir, que el hacer bien a villanos es echar agua a la mar.
……………………………………………………………………………………………
COMENTARISTA. - Y pronto llega el
desengaño. El alma pura, de adolescente alocado de Don Quijote, se enfrenta
duramente con la más hosca y feroz forma de existencia, el mundo de la
picaresca, que aquí no es gracia o color local, sino contraste extremo para
mostrar cómo el acierto en la intención no basta. Dura, violenta, amarga
escena.
3.
Nostalgia de la España heroica
Discurso de las armas y las
letras. El remedio contra el Turco.
……………………………………………………………………………………………
COMENTARISTA. - Ahora, de nuevo,
Don Quijote no es el alocado imitador de fantásticas aventuras. A través de la
obra ha ido creciendo en hondura humana, en dignidad. Y aquí se hace eco de
todo el humanismo de las armas, de la afirmación de la nobleza de ese oficio,
al servicio de la paz. Las armas, además, han de servir a la justicia y a la
virtud, en suma, al mejoramiento del hombre.
DON QUIJOTE. - Verdaderamente, si
bien se considera, señores míos, grandes e inauditas cosas, ven los que
profesan la orden de la andante caballería... Quiténseme
delante los que dijeren que las letras hacen ventaja a las armas; que les diré
y sean quien se fueren, que no saben lo que dicen. Porque la razón que los
tales suelen decir y a lo que ellos más se atienen, es que los trabajos del
espíritu exceden a los del cuerpo, y que las armas sólo con el cuerpo se
ejercitan, como si fuere su ejercicio oficio de ganapanes, para el cual no es
menester más de buenas fuerzas, o como si en esto que llamamos armas los que
las profesamos, no se encerrasen los actos de la fortaleza, los cuales piden
para ejecutarlos mucho entendimiento, o como si no trabajase el ánimo del
guerrero que tiene a su cargo un ejército, o la defensa de una ciudad sitiada,
así con el espíritu como con el cuerpo. Si no, véase si se alcanza con las
fuerzas corporales a saber conjeturar el intento del enemigo, los designios,
las estratagemas, las dificultades, el prevenir los daños que se temen; que
todas estas cosas son acciones del entendimiento, en quien no tiene parte
alguna el cuerpo. Siendo, pues, así que las armas requieren espíritu, como las
letras, veamos ahora cuál de los dos espíritus, el del letrado o el del
guerrero, trabaja más... Es el fin y paradero de las letras, y no hablo ahora de
las divinas que tienen por blanco llevar y encaminar las almas al cielo, que a
un fin tan sin fin como éste, ninguno otro se le puede igualar. Hablo de las
letras humanas, que es su fin poner en su punto la justicia distributiva y dar
a cada uno lo que es suyo; entender y hacer que las buenas leyes se guarden.
Fin, por cierto, generoso y alto y digno de grande alabanza; pero no de tanta
como merece aquel a que las armas atienden, las cuales tienen por objeto y fin
la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida...
……………………………………………………………………………………………
COMENTARISTA. - Y ahora estamos de
nuevo en el hogar del hidalgo que reposa su cuerpo, pero que deja volar su
alma. De nuevo las armas. Frente al Estado moderno, a los ejércitos colectivos,
la afirmación del valor del caballero aventurero..., como en un sueño.
CURA. - Vienen nuevas de la Corte
de que el Turco baja con una poderosa armada. Dios sabe dónde descargará tan
gran nublado. Su Majestad ha hecho proveer las costas de Nápoles y Sicilia y la isla de Malta.
DON QUIJOTE. - Su Majestad ha
hecho como prudentísimo guerrero en proveer sus estados con tiempo, porque no
le halle desapercibido el enemigo; pero si tomara mi consejo, aconsejárale yo que usara de una prevención, de la cual su Majestad,
la hora de agora, debe estar muy ajeno de pensar en
ella.
BARBERO. - Veamos ese consejo, no
sea uno de los muchos advertimíentos impertinentes
que se suelen dar a los príncipes...
DON QUIJOTE. - ¡Cuerpo de tal!
¿Hay más sino mandar su Majestad por público pregón que se junten en la Corte
para un día señalado todos los caballeros andantes que vagan por España, que
aunque no viniesen sino media docena, tal podría venir entre ellos, que sólo
bastare a destruir toda la potestad del Turco ?...
SOBRINA. - ¡Ay! ¡Que me maten si
no quiere mi señor volver a ser caballero andante!
DON QUIJOTE. - Caballero andante
he de morir y baje o suba el Turco cuando él quisiere y cuán poderosamente
pudiere; que otra vez digo que Dios me entiende.
COMENTARISTA. - ¿Ese sueño no era
el ensueño hecho de recuerdos en Cervantes? ¿No afirmó con su valor propio, con
las heridas de su pobre carne enferma, la fuerza del espíritu ? ¿Aquel día,
como en Mühlberg, no fué
cada hombre un caballero? ¿No fué el triunfo del
esfuerzo bélico heroico en actos individuales? La más alta ocasión que vieron
los siglos aparece aquí como nostalgia en el alma de Cervantes, por boca de Don
Quijote.
……………………………………………………………………………………………
CARA B
1.
Un alarde de caracterización de
personajes
Sancho y Teresa.
……………………………………………………………………………………………
COMENTARISTA. - No puede
concebirse a Don Quijote sin Sancho. La narración irá enfrentando al caballero
con el escudero, o bien descubrirá en juego de matices y contrastes, la
cambiante personalidad de cada uno. Sancho no llega a quijotizarse,
como se ha dicho, sino más bien oscilará entre su fe utópica en Don Quijote, y
la busca de la seguridad. En este diálogo con su mujer, aparecerá en esa
oscilación, en la que la aspiración suprema, la ínsula, se contrasta con los
ideales burgueses de seguridad y pompa. ¡Qué vacilación entre la fe en Don
Quijote y su ideal de vida segura y lujosa para su familia! En este diálogo,
como en todos, resplandece el arte de Cervantes, en la caracterización de
personajes, en sus gestos y palabras.
TERESA. - ¿Qué traés,
Sancho amigo, que tan alegre venís?
SANCHO. - Mujer mía, si Dios
quisiera, bien me holgara yo de no estar tan contento como muestro.
TERESA. - No os entiendo, marido,
y no sé qué queréis decir con eso de que os holgáredes,
si Dios quisiera, de no estar contento, que magüer
tonta, no sé yo quien no recibe gusto de no tenerle.
SANCHO. - Mirad, Teresa, yo estoy
alegre, porque tengo determinado de volver a servir a mi señor Don Quijote, el
cual quiere la vez tercera salir a buscar las aventuras...
TERESA. - Mirad, Sancho: después
que os hicisteis miembro del caballero andante, habláis de tan rodeada manera
que no hay quien os entienda.
SANCHO. - Basta que me entienda
Dios, mujer, que El es el entendedor de todas las cosas, y quédese esto aquí; y
advertid, hermana, que os conviene tener cuenta estos tres días con el rucio,
de manera que esté para armas tomar..., porque no vamos a bodas, sino a rodear
el mundo y a tener dares y tomares con gigantes, con
endriagos y con vestiglos...
TERESA. - Bien creo yo, marido,
que los escuderos andantes no comen el pan de balde; y así quedaré rogando a
nuestro Señor os saque presto de tan mala ventura.
SANCHO. - Yo os digo, mujer, que
si no pensase antes de mucho tiempo verme gobernador de una ínsula, aquí me
caería muerto.
TERESA. - Eso no, marido mío: viva
la gallina aunque sea con su pepita: vivid vos y llévese el diablo cuantos
gobiernos hay en el mundo; sin gobierno salisteis del vientre de vuestra madre,
sin gobierno habéis vivido hasta ahora, y sin gobierno os iréis o os llevarán a
la sepultura, cuando Dios fuere servido.. . Pero mirad, Sancho: si por ventura
os viéredes con algún gobierno, no os olvidéis de mí
y de vuestros hijos...
SANCHO. - A buena fe que si Dios
me llega a tener algo qué de gobierno, que tengo de casar, mujer mía, a Mari Sancha tan altamente, que no la alcancen sino con llamarla señoría.
TERESA. - Eso no, Sancho; casadla
con su igual, que es lo más acertado.
SANCHO. - Calla, boba, después le vendrá el señorío y la gravedad como de
molde...
TERESA. - ¡Por cierto que sería
gentil cosa casar a nuestra María con un condazo, o con un caballerote que
cuando se le antojase la pusiese como nueva, llamándola de villana, hija de
destripaterrones y de la pelarrueca!
SANCHO. - Ven acá, bestia y mujer
de Barrabás: ¿por qué quieres tú ahora, sin qué ni para qué, estorbarme que no
case a mi hija con quien me dé nietos que se llamen señoría...? Y en esto no
hablemos más; que Sanchica ha de ser condesa, aunque
tu más me digas...
TERESA. - El día que la viese
condesa, haré cuenta que la entierro; pero otra vez os digo que hagáis lo que
os diere gusto; que con esta carga nacemos las mujeres, de estar obedientes a
sus maridos, aunque sean unos porros...
……………………………………………………………………………………………
2. La clave del caballero
El ensueño de Dulcinea.
COMENTARISTA. - Vamos a llegar al
momento esencial de la obra. Si quisiéramos buscar la clave del soberbio arco
que es el Quijote, aquí está. Por fin el caballero ha llegado al Toboso. Recordad
la búsqueda de los palacios de Dulcinea, que ya no es, ni siquiera en el
recuerdo, Aldonza Lorenzo. . . Recordad ese caminar
por las calladas calles campesinas al filo de la aurora, con el fondo de ruidos
humildes y cotidianos, y como contraste la voz del labrador cantando uno de los
romances que encendían a Don Quijote... Pero no había palacios, no hay
Dulcinea, y al otro día, Sancho tiene que ir a buscar a su propia invención.
No, no es tan fácil inventar, amigo Sancho. No se vuelve loco et que quiere,
sino el que puede. Si se transforma la realidad en otro mundo hay que saber
andar por él, y así te ves, hermano Sancho.
……………………………………………………………………………………………
CERVANTES. - Y en esto salieron de
la selva y descubrieron cerca a tres aldeanas. Tendió Don Quijote los ojos por
todo el camino del Toboso y como no vió sino a las
tres labradoras, turbóse todo, y preguntó a Sancho si
las había dejado fuera de la ciudad.
SANCHO. - ¿Cómo fuera de la
ciudad? ¿Por ventura tiene vuesa merced los ojos en
el colodrillo, que no ve que son éstas, las que aquí
vienen, resplandecientes como el mismo sol a medio día?
DON QUIJOTE.- Yo no veo, Sancho,
sino a tres labradoras sobre tres borricos.
SANCHO. - ¡Agora
me libre Dios del diablo! Y ¿es posible que tres hacaneas o como se llamen,
blancas como el campo de la nieve, le parezcan a vuesa
merced borricos? Acérquese que aquí llegan...
SANCHO. -Reina y princesa y
duquesa de la hermosura, vuestra altivez y grandeza sea servida de recibir en
su gracia y buen talante al cautivo caballero vuestro, que allí está hecho
piedra, mármol, todo turbado y sin pulsos, de verse ante vuestra magnífica
presencia...
LABRADORA 1.ª. - Apártense nora en tal, del camino, y déjennos pasar; que vamos de priesa.
SANCHO. - ¡Oh
princesa y señora universal del Toboso! ¿Cómo vuestro magnánimo corazón no se
enternece viendo arrodillado ante vuestra sublimada presencia a la columna y
sustento de la andante caballería?
LABRADORA 2.ª. - Mas ¡jo que te estrego, burra de mi
suegro! ¡Mirad con que se vienen los señoricos ahora
a hacer burlas de las aldeanas, como si aquí no supiésemos echar pullas como
ellos! Vayan su camino e déjennos hacer el nuestro, y serles ha sano.
DON QUIJOTE. - Levántate
Sancho..., y tú, oh término de la humana gentileza,
único remedio de este afligido corazón que te adora. Ya que el maligno
encantador me persigue y ha puesto nubes y cataratas en mis ojos..., no dejéis
de mirarme blanda v amorosamente...
LABRADORA 3.ª. - ¡Tomá qué, mi agüelo! ¡Amiguita
soy yo de oir resquebrajos! Apártense y déjennos ir y
agradecérselo hemos...
SANCHO. - ¡Vive Roque que es la
señora nuestra ama más ligera que un alcotán y que puede enseñar a subir a la
jineta al más diestro cordobés o mejicano... Y no le van en zaga sus doncellas,
que todas corren como el viento.
DON QUIJOTE. - Sancho, ¿qué te
parece cuán mal quisto soy de encantadores? Y mira hasta dónde se extiende su
malicia y la ojeriza que me tienen, pues me han querido privar del contento que
pudiera darme ver en su ser a mi señora...
SANCHO. - ¡Oh
canalla! ¡Oh
encantadores aciagos y mal intencionados, y quién os viera a todos ensartados
por las agallas; como sardinas en percha! Mucho sabéis, mucho podéis y mucho
mal hacéis... Aunque para decir verdad nunca yo ví su
fealdad, sino su hermosura, a la cual subía de punto y quilates un lunar que
tenía sobre el labio derecho a manera de bigote, con siete u ocho cabellos
rubios como hebras de oro y largos de más de un palmo.
DON QUIJOTE. - Y ¡que no viese yo
todo eso, Sancho! Ahora torno a decir, y diré mil veces, que soy el más
desdichado de los hombres.
COMENTARISTA. - Sí, el más
desdichado de los hombres. Porque en todas estas escenas, se ha invertido la
relación entre Don Quijote, contemplando el mundo transformado por sus
imaginaciones, y Sancho viendo las cosas en su habitual apariencia. Ni siquiera
estará convencido Don Quijote de que sea cosa de encantadores. Don Quijote es
el más desdichado de los hombres porque ha empezado a dudar... Algo muy querido
se le está yendo del alma. Y, sin embargo...
……………………………………………………………………………………………
3. La gran aventura verdadera
Leones en la Mancha.
COMENTARISTA. - Y sin embargo he
aquí la gran aventura, la aventura real. No hay encantos que valgan, ni hay el
modelo de la apacible existencia del Caballero del Verde Gabán. ¡Qué enorme
desdén se expresa aquí para la nueva forma de la vida burguesa, desde la
afirmación del heroísmo cervantino ya inactual!...
CERVANTES. - Llegó en esto, el
carro de las banderas, en el cual no venía otra gente que el carretero, en las
mulas, y un hombre sentado en la delantera. Púsose
Don Quijote delante...
DON QUIJOTE. - ¿A dónde vais,
hermanos? ¿Qué carro es este, qué lleváis en él y qué banderas son aquestas?
CARRETERO. - El carro es mío; lo
que va en él son dos bravos leones enjaulados, que el General de Orán envía a
la Corte, presentados a Su Majestad; las banderas son del Rey nuestro señor, en
señal de que aquí va cosa suya.
DON QUIJOTE. - Y ¿son grandes los
leones?
CARRETERO. -Tan grandes que no han
pasado mayores, ni tan grandes, de Africa a España
jamás; y yo soy el leonero y he pasado otros; pero como éstos, ningunos. Van
hambrientos porque no han comido hoy; y así vuesa
merced se desvíe, que es menester llegar presto donde les demos de comer.
DON QUIJOTE. - ¿Leoncitos a mí? ¿A
mí leoncitos y a tales horas? Pues ¡por Dios que han de ver esos señores que
acá los envian si soy yo hombre que se espanta de
leones! Apeaos, buen hombre, y pues sois el leonero, abrid esas jaulas y
echadme esas bestias fuera, que en mitad desta campaña
les daré a conocer quién es Don Quijote de la Mancha, a despecho y pesar de los
encantadores que a mí los envían. . . ¡Voto a tal, don bellaco, que si no abrís
luego, luego, las jaulas, que con esta lanza os he de coser en el carro!...
CERVANTES. - ¡Oh
fuerte y sobre todo encarecimiento animoso Don Quijote de la Mancha, espejo
donde se pueden mirar Iodos los valientes del mundo!... ¿Con qué palabras
contaré esta tan espantosa hazaña, con qué razones la haré creíble a dos siglos
venideros, o qué alabanzas habrá que no te convengan y cuadren, aunque sean
hipérboles sobre todos los hipérboles?...
CERVANTES. - Visto el leonero ya
puesto en postura a Don Quijote... abrió de par en par la primera jaula, donde
estaba el león, el cual pareció de grandeza extraordinaria y de espantable y
fea catadura. Lo primero que hizo fué revolverse en
la jaula donde venía echado y tender la garra, y desperezarse todo; abrió luego
la boca y bostezó muy despacio, y con casi dos palmos de lengua que sacó fuera
se despolvoreó los ojos y se lavó el rostro; hecho esto, sacó la cabeza fuera
de la jaula y miró a todas partes con los ojos hechos brasas, vista y ademán
para poner espanto a la misma temeridad. Sólo Don Quijote lo miraba
atentamente, deseando que saltase ya del carro y viniese con él a las manos,
entre las cuales pensaba hacerle pedazos.
Hasta aquí llegó el
extremo de su jamás vista locura. Pero el generoso león, más comedido que
arrogante, no haciendo caso de niñerías ni de bravatas, después de haber mirado
a una y otra parte, volvió las espaldas y enseñó sus traseras partes a Don
Quijote, y con gran flema y remanso se volvió a echar en la jaula.
DON QUIJOTE. - Bien podrán los
encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible.
……………………………………………………………………………………………
4.
Ideas justas sobre el buen
gobierno
Consejos de Don Quijote a Sancho
COMENTARISTA. - Sí, de pronto la
fe en sí mismo se afirmó. Había algo que había sucedido tal como debiera
suceder. A pesar de nuevos fracasos, a través de las burlas, también a Sancho
le llega su prueba de ilusión, la ínsula. Y ahora Don Quijote será el caballero
sabedor de leyes, con ideas justas sobre el buen gobierno.
DON QUIJOTE. - Primeramente, ¡oh hijo!, has de temer a Dios, porque en el temerle está la
sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada. Lo segundo has de poner los
ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil
conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte...
Haz gala, Sancho, de
la humildad de tu linaje y no te desprecies de decir que vienes de labradores;
porque viendo que no te corres, ninguno se pondrá a correrte; y préciate más de
ser humilde virtuoso que pecador soberbio... Procura descubrir la verdad por
entre las promesas y dádivas del rico como por entre los sollozos e
importunidades del pobre...
También, Sancho, no
has de mezclar en tus pláticas la muchedumbre de refranes que sueles.
SANCHO. - Eso Dios lo puede
remediar, porque sé más refranes que un libro, y vienénseme
tantos juntos a la boca cuando hablo, que riñen por salir unos con otros; pero
la lengua va arrojando los primeros que encuentra, aunque no vengan a pelo. Mas
yo tendré cuenta de aquí adelante de decir los que convengan a la gravedad de
mí cargo; que en casa llena, presto se guisa la cena; y quien destaja, no
baraja; y a buen salvo está el que repica; y el dar y el tener seso ha
menester.
DON QUIJOTE. - ¡Oh maldito seas, Sancho! ¡Sesenta mil satanases
te lleven a ti y a tus refranes! Yo te aseguro que estos refranes te han de
llevar un día a la horca; por ellos te han de quitar el gobierno tus
vasallos...
SANCHO. -Señor, si por ser
gobernador me ha de llevar el diablo, más quiero ir Sancho al cielo que
gobernador al infierno.
DON QUIJOTE. - Por Dios, Sancho, que
por sólo estas últimas razones que has dicho, juzgo que mereces ser gobernador
de mil ínsulas: buen natural tienes, sin el cual no hay ciencia que valga.
……………………………………………………………………………………………
5. El desengaño de Sancho
COMENTARISTA. - Pero al buen Sancho
también le llegará el desengaño... Y ante él reaccionará con estoica dignidad,
con la sobria aceptación de que tampoco a él le podrá romper nada su eje
diamantino, su propio ser afirmado en el desengaño.
……………………………………………………………………………………………
VOCES. - ¡Victoria! ¡Victoria!
Voz. - ¡Los enemigos van de
vencida!
OTRA VOZ. - ¡Ea,
señor gobernador, levántese vuesa merced, y venga a
gozar del vencimiento y a repartir los despojos que se han tomado a los
enemigos por el valor de ese invencible brazo!
SANCHO. - Levántenme. . .
El enemigo que yo hubiere vencido
quiero que me le claven en la frente. Yo no quiero repartir despojos de
enemigos, sino pedir y suplicar a algún amigo, si es que le tengo, que me dé un
trago de vino, que me seco, y me enjugue este sudor...
¿Que hora es?
Voz. - Señor; está amaneciendo.
SANCHO. - Abrid camino, señores
míos, y dejadme volver a mi antigua libertad... Vuesas
mercedes se queden con Dios v digan al Duque, mi señor, que desnudo nací,
desnudo me hallo: no pierdo ni gano; quiero decir que sin blanca entré en este
gobierno y sin ella salgo, bien al revés de como suelen salir los gobernadores
de otras ínsulas...
……………………………………………………………………………………………
6. Muerte de Alonso Quijano, el Bueno
COMENTARISTA. - Los
desengaños han ido dejando caer lo velos de la verdad. Ya para nada le sirve al
caballero fingir si propio personaje. Ya está solo, ya acepta la dura lección
de se él mismo.
……………………………………………………………………………………………
CERVANTES. - Como las cosas
humanas no sean eternas, yendo siempre en declinación de sus principios hasta
llegar a su último fin, especialmente las vidas de los hombres, y como la de
Don Quijote no tuviese privilegio del cielo para deterner
el curso de la suya, llegó su fin y acabamiento cuando él menos lo pensaba.
DON QUIJOTE. - ¡Bendito sea el
poderoso Dios que tanto bien me ha hecho! Sus misericordias no tienen límite,
ni las abrevian ni impiden los pecados de los hombres.
……………………………………………………………………………………………
SOBRINA. -¿Qué es lo que vuesa merced dice, señor? ¿Tenemos algo de nuevo? ¿Qué
misericordias son éstas o qué pecados de los hombres?
DON
QUIJOTE. - Las misericordias, sobrina, son las que en este instante ha usado
Dios conmigo. Yo tengo ya juicio libre y claro, sin las sombras caliginosas de
la ignorancia... Yo me siento, sobrina, a punto de muerte. Querría hacerla de
tal modo que diese a entender que no había sido mi vida tan mala, que dejase
renombre de loco; que puesto que lo he sido, no querría confirmar esta verdad
en mi muerte. Llámame a mis buenos amigos el Cura, al bachiller Sansón Carrasco
y a maese Nicolás, el barbero, que quiero confesarme y hacer testamento...
……………………………………………………………………………………………
SANCHO. - ¡Ay! No se muera vuesa merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos
años; porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse
morir, sin más ni más... Mire, no sea perezoso, sino levántese de esa cama y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos
concertado; quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora Dulcinea desencantada...
DON QUIJOTE. - Señores, ya en los
nidos de antaño no hay pájaros hogaño. Yo fui loco, ya soy cuerdo: fui Don
Quijote de la Mancha y soy ahora Alonso Quijano, el Bueno.
SANCHO. - Señor, señor...
COMENTARISTA. - Y ahora los que
estamos solos somos nosotros. Sí, todos los que nos reíamos tanto. Ahora ya
todo ha pasado, estamos tranquilos. ¿Quién predicará el amor, el humanismo de
las armas, la paz entre los hombres, el amor a Dulcinea? Sí, estamos solos... Y
sin embargo, ¿no sentís dentro de vosotros cómo Don Quijote está ahí? ¿Le
entendimos? No sabemos. Pero la vida, que es ensueño y fracaso, aparece con más
fuerza, con más realidad. Sí, Don Quijote nos acompaña ya. Y esta es la mejor
victoria del caballero de la Triste Figura...
NOTAS CERVANTINAS
POR
MANUEL MUÑOZ CORTÉS
Estas
notas no tienen más intención que servir
de
complemento a la audición del disco, y
de
invitación a una lectura de la obra de Cervantes.
LA EPOCA DE CERVANTES
Cervantes
vive en una de las épocas más dramáticas de la Historia de Europa. Su vida, en
cierto modo, está encadenada a los sucesos que van desde los días triunfales de
Lepanto, a la amargura de la Invencible, al comienzo
de la decadencia. El año de su nacimiento es el de la batalla de Mühlberg, que representa la apoteosis de Carlos I. España
va a tomar la iniciativa histórica, al servicio de la defensa del orden de la
Cristiandad. La infancia de Cervantes coincidirá con la abdicación de Carlos I,
y su retirada a Yuste (1557-1559). La guerra con Francia, después de la
victoria de San Quintín, acabará en la tregua de la paz de Cateau-Cambresis. Vendrá a España la dulce Isabel de Valois,
Isabel de la Paz. Pero Felipe II habrá de atender a la sublevación de los
moriscos en las Alpujarras (1568-1570) y a la lucha
contra el Turco. Después de largas negociaciones que crean la Liga Santa, la
victoria de Lepanto (7 de octubre de 1571)
representará una ocasión no aprovechada por las disidencias de los aliados.
España había sido también la que propugnó el Concilio de Trento, celebrado de
1545 a 1570, y cuya doctrina ejercerá un importante influjo en la estética de
Cervantes. Platón cede su lugar a Aristóteles.
En
1580, Felipe II entra en Portugal para recoger la corona, que hereda por haber
muerto el Rey Don Sebastián en la batalla de Alcazarquivir.
Cervantes acaba de regresar del cautiverio. De 1585 a 1589 surge de nuevo la
guerra con Francia. Y en 1588 la Armada se pierde frente a las costas inglesas.
En 1598 muere Felipe 11. Se hará la paz con Francia. La corte (en Madrid, en
Valladolid, en Madrid otra vez) de Felipe III tendrá un nuevo estilo. La
economía está en crisis. El papel de España en Europa empieza a decaer, y el
desengaño se apodera de muchos españoles. Quizá se refleje en la obra de
Cervantes este desengaño y la nostalgia de los ideales de la época que vivió.
LA CONSTRUCCION DE LA BIOGRAFIA
Puede
decirse que la construcción de la biografía cervantina entraña dos aspectos: el
erudito y el interpretativo; el primero, en cuanto aportación y esclarecimiento
de datos, y el interpretativo con referencia a los aspectos personales del gran
novelista: Su educación, cultura, carácter, ideas literarias, etc.Los primeros biógrafos no ofrecieron muchos datos de
interés. La primera época de la biografía cervantina está representada por Lord
Carteret, Mayans y Siscar, Vicente de los Ríos, Quintana, Pellicer y, sobre
todo, D. Martín Fernández de Navarrete.
El
descubrimiento de documentos importantes, por José María Asensio y Toledo,
Fernández Guerra, Pérez Pastor, Rodríguez Marín, Astrana
Marín y Alonso Cortés, ha permitido precisar muchas cuestiones. De las
biografías usuales hay que citar las de Antonio Espina, Ramón de García-Sol,
Sebastián Juan Arbó, y las más extensas de Miguel
Herrero García y de Astrana Marín. A pesar de los
esfuerzos de estos beneméritos investigadores quedan puntos oscuros, tan
importantes como la causa del viaje a Italia, los años anteriores a Lepanto, y el asunto de su hija, Isabel de Saavedra. Pero,
aparte de esto, tenemos ya una imagen clara de la biografía de Cervantes, que
vamos a sintetizar seguidamente.
FAMILIA Y JUVENTUD
Nace
Cervantes a mediados del siglo XVI. España está empeñada en los mayores
esfuerzos de su historia. Nace un mundo nuevo, mientras la vieja Europa se
desgarra en su unidad religiosa. La Iglesia levanta, frente a la herejía, el
soberbio edificio intelectual del Concilio de Trento, que imprimirá un sello a
toda la vida espiritual.
En un
hogar hidalgo y pobre, y cuyos habitantes son, además, un poco fantaseadores,
nace en 1547 Miguel de Cervantes, hijo del cirujano Rodrigo. Nada hace variar
la casi certeza de que naciera en Alcalá, donde fué
bautizado. La familia era de buen linaje. El abuelo ocupó cargos de cierta
importancia. La niñez de Cervantes va a transcurrir en viajes por ciudades muy
distintas, por la varia tierra española. La vida de Cervantes tendrá un signo
viajero, y ello se reflejará en sus obras. También la pobreza y los enredos con
la justicia serán malos compañeros. En Valladolid, aún niño, ve cómo su padre
es encarcelado por deudas. Cruzará casi toda España, y quizá, al pasar por la
Mancha, sus ojos infantiles verán con asombro los molinos de viento, artificio
recién implantado en España por entonces. Está en Córdoba hacia 1553, y según
algunos biógrafos, realiza allí estudios. En Sevilla en 1564. Desde niño, nos
dirá luego, tuvo afición a la lectura y al teatro. También en esa época se
cree, aunque sin pruebas claras, que estudió con los jesuítas,
los grandes educadores de nuestros autores clásicos.
El
signo viajero prosigue en la vida de Miguel. En 1569 Cervantes está con su
familia en Madrid. Pasa entonces por un momento de relativa prosperidad; será
alumno de un humanista de nota: el Maestro Juan López de Hoyos. Son momentos de
calma también en la política. La paz de Cateau-Cambresis y el matrimonio de Felipe II con Isabel de
Valois, la dulce Isabel de la Paz, dan alientos a la preparación de una empresa
que culminará en Lepanto.
LOS PRIMEROS ESTUDIOS
Como
hemos visto, nada hay que pruebe, de manera firme, que Cervantes hubiera
realizado estudios en Córdoba o Sevilla. Cuando vuelve a Madrid ya ha pasado de
la adolescencia. Por otra parte, los asuntos de su padre van mejorando.
Cervantes va a asistir al estudio de un notable humanista, el Maestro López de
Hoyos. No sabemos en qué consistieron las enseñanzas que recibió. Ciertamente
que la cultura de Cervantes no es ese enciclopédico saber que le atribuyeron,
sobre todo en el siglo XIX, muchos admiradores. Pero tampoco se puede admitir
la exageración contraria, la idea de un Cervantes «ingenio lego». Su cultura es
una honda afición al saber como curiosidad, como pasión vital, como ordenación
de la vida. Recuérdese la frase: “Como soy aficionado a leer, aunque sean los
papeles rotos de la calle” (Don Quijote, Capítulo 9). La cultura de Cervantes
se irá haciendo con la vida. Sin embargo, en los años madrileños hay algo
importante: la revelación de su vocación literaria. Sus primeras obras son
poesías de circunstancias, un soneto, que no publicó, a Isabel de Valois, la
dulce Isabel de la Paz, y su contribución a las exequias de la misma reina. En
esos años tendrá amistad con algunos poetas: Pedro de Padilla, López
Maldonado...
CERVANTES EN ITALIA. LEPANTO
No
sabemos con seguridad la causa del viaje de Cervantes a Italia. Se ha hablado
de que fué en el séquito del Cardenal Julio Acquaviva. También de que huyó por causa de una pendencia.
De todas maneras, parece que hacia 1568 sentó plaza de soldado.
Quizá
importan menos las circunstancias de su viaje a Italia que las definitivas
consecuencias que tuvieron para su obra. Italia será para él, como para muchos
españoles, de entonces y de ahora, fuente de vida y fuente de poesía y de
saber. Insistentemente recordará en su obra, en numerosos pasajes, la belleza
de las ciudades, la alegría del vivir, la dulzura del cielo. Cervantes conocerá
y gustará las letras italianas, en un momento en que estaba viva la discusión
sobre la esencia y fines de la poesía. Pero no seguirá el camino de las letras,
o de los empleos áulicos. Se alistará en los Tercios, siguiendo una llamada que
perdurará en su vida, en forma de nostalgia de lo heroico. Es la ocasión en que
se prepara la Liga Santa. Los esfuerzos de España culminarán en la más alta
ocasión que vieron los siglos: Lepanto. El 7 de
octubre de 1571, Cervantes está embarcado en la galera Marquesa; aquel día yace
enfermo, pero al oír el estruendo de la preparación del combate, sube a
cubierta y pide un puesto, con estas palabras que han sido conservadas en las
declaraciones de testigos:
«Señores, en
todas las ocasiones que hasta hoy en día se han ofrecido de guerra a su
Majestad, y se me ha mandado, he servido muy bien, como buen soldado, y ansí agora no haré menos, aunque
esté enfermo e con calentura. Más vale pelear en servicio de Dios e de su
Majestad e morir por ellos que no bajarme so cubierta. »
Y
peleó como bueno. Recibió dos heridas: una le estropeó el brazo izquierdo. Vio
los increíbles heroísmos de la jornada, presenció la alegría de la victoria,
recibió los plácemes de sus jefes, y después, en el
hospital de Mesina, la felicitación personal de Don
Juan de Austria. En los años posteriores obtiene auxilios y vuelve a alistarse.
Nuevas acciones de guerra: Corfú, Navarino,
La Goleta. Todas las peripecias de la lucha mediterránea, teñidas con un
sentido de cruzada, se reflejarán en su obra. Y en 1575, cuando regresa a
España, con cartas de Don Juan de Austria, la galera Sol es cautivada, el 20 de
septiembre.
EL CAUTIVERIO. - EL TEMA EN SUS OBRAS
La
cautividad de Cervantes fue uno de los episodios decisivos de su vida, un
brusco cambio en el que se le esfuman todas las ilusiones de lograr los puestos
ganados con su coraje. Allí fué, sometido a las más
duras pruebas que pueden calibrar el valor y la reciedumbre de una persona.
Estas experiencias, el cautiverio, la amenaza de horrendos suplicios, tan
acosadoras para la integridad moral de los hombres, forjarán más duramente su
alma de caballero español y cristiano. No se hundirá en la resignación nihilista,
tendrá trato cortés con caballeros y escritores, compañeros de desgracia,
intentará en varias ocasiones la fuga, y cuando fracase, hará recaer sobre sí
el peso del castigo. Su vocación literaria no tendrá ahora los alegres acordes
de la melodía italiana, y sus versos serán religiosos. Dirigirá una epístola a
Mateo Vázquez, Secretario de Felipe II, excitando a España a la conquista de
Argel.
El
tema del cautiverio resonará en toda la obra de Cervantes. Además de la novela
del cautivo, en los capítulos 39, 40 y 41 de la primera parte del Quijote, hay el episodio de las galeras
y el de la hija de Ricote en la segunda. También en El amante liberal y en La
Española Inglesa se advierten reflejos autobiográficos. En sus cuatro
comedias El gallardo español, El trato de Argel, La gran sultana y Los baños
de Argel aparece el mundo de los cautivos, y también a ese tema, o a la
lucha, se debían de referir sus comedias perdidas El trato de Constantinopla y La
batalla naval (ésta sólo a Lepanto). De ellas,
unas, como Los tratos de Argel,
tienen un valor de cuadro anecdótico. Los
baños de Argel es un reflejo exacto de sucesos vividos por Cervantes. La gran sultana doña Catalina tiene un
carácter burlesco.
En
todos estos momentos de su creación literaria, Cervantes va a proyectar sus
experiencias. De las novelas ejemplares, la que se ha señalado como más
autobiográfica es La Española Inglesa.
De todos los pasajes que reflejan la vida del autor, el más importante es aquel
en que se cuenta cómo el bajel en que navega Recaredo
es hecho preso por dos naves turcas en un pasaje que especifica que era «el
llamado de Las tres Marías en la costa de Francia». También
hay alusiones cariñosas a los Trinitarios, y a Fray
Juan Gil, aun sin nombrarlo.
La
novela del cautivo, intercalada en el episodio de Gardenio
y Dorotea, no está tan separada del contexto general de la obra como cree la
crítica. Ciertamente que responde su aparición al uso de los novelistas de la
época de intercalar narraciones distintas en género y estilo a las del cuerpo
de la obra en que aparecen. En ella se funden los recuerdos autobiográficos de
Cervantes con la trama de una novela sentimental de frontera. Episodios
semejantes son la Historia del
Abencerraje y la Hermosa Jarifa, en La
Diana, de Montemayor; y la de Ozmin y Daraja, en el Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán.
Esta
variación en una obra, y especialmente en el Quijote, corresponde a una función de la manera narrativa de la
época: El distraer, el servir a la curiosidad por conocer vidas ajenas, reales
o inventadas. Dentro de la novela del cautivo, además del elemento sentimental
hay otro, característico de lo que se llama novela bizantina, y que Cervantes,
narrador genial en todos los géneros, cultivó con el Persiles.
Ese elemento es el reconocimiento de personajes. Y precisamente en la narración
del cautivo hay referencias a personajes, que resultan ser parientes de los que
escuchan la narración, y al final hay una anagnorisis o reconocimiento,
cuando se encuentran el cautivo y su hermano.
Pero
hay que insistir en que no es un episodio puramente de relleno. Se encuentra a
continuación del «discurso de las letras y las armas», y al aparecer después de
la nostalgia que siente Don Quijote, y del heroísmo que propugna, muestra cómo
ese heroísmo era real, y real porque lo cultivaban personas como el cautivo.
¿No podemos ver en esa novela, tan intensamente autobiográfica, una especie de
sublimación, de ensueño, en que Cervantes inventara
un buen fin, para lo que en él fué duro y con
fracaso, es decir, sus intentos de huída?
Cervantes
va a reflejar episodios reales de Lepanto: la presa
de la nave capitana de la orden de San Juan de Malta; y otros episodios de la
larga lucha mediterránea: Navarino, la presa, por Don
Álvaro de Bazán, de la galera La Loba, en donde murió, a manos de los forzados, un hijo de Barbarroja, la pérdida de la Goleta. Cervantes mezclará
personajes históricos con otros novelísticos. También parece haber leído alguna
crónica de los sucesos que narra. Intercala en la novela dos sonetos que están
en la línea de sus poesías del cautiverio.
Se ha
supuesto que la novela del cautivo se escribió antes de que Cervantes comenzara
a redactar el Quijote. Pero de todas
maneras tiene esa relación que hemos dicho con la obra. Introducir, además, la
historia real en la narración es un procedimiento de dar carácter de veracidad
a toda la novela.
LA VIDA DE CERVANTES DESPUES DEL CAUTIVERIO
El
rescate de Cervantes fué largo y laborioso. En varias
ocasiones, su familia hubo de pedir dinero a réditos; la madre se fingió viuda
en algunas de sus gestiones. Al fin fué rescatado en
1579 por los frailes trinitarios. Anteriormente lo había sido su hermano
Rodrigo.
Comienza
ahora el tercer período de la vida de Cervantes, el período de amarguras y
desengaños, siempre recibidos con una firme fe en sí mismo. Encuentra a su
familia en la miseria, hay muchos enredos, se deben grandes cantidades tomadas
para pagar el rescate de los hermanos. En España las cosas tampoco van bien.
Cervantes ve cómo la generación de Mühlberg y Lepanto va desapareciendo de la vida pública. Don Juan de
Austria, enviado a Flandes, había muerto. La política española tiene nuevas
preocupaciones. Muerto el rey Don Sebastián de Portugal, el 4 de agosto de
1578, en la rota de Alcazarquivir, el rey Felipe II
exhibe sus indudables derechos sucesorios, y después de una breve lucha de
sumisión de los rebeldes, se dirige a Lisboa. Cervantes se encuentra
desambientado. La enorme rapidez de los hechos, y el presente que acucia, hacen
olvidar los grandes días de Lepanto. Tiene la
intención de llegar al Rey, para suplicar la sucesión de una «merced», es
decir, un empleo o dádiva, y para ello pide, a antiguos compañeros de prisión,
que declaren en una «información», en la que resalta su conducta heroica en el
cautiverio. Vuelve a la amistad de literatos. Ya sus aspiraciones no serán
guerreras, sino literarias o administrativas, Tiene trato con Pedro de Padilla,
con Pedro Laínez, con Gabriel López Maldonado, con
Luis Gálvez de Montalvo.
En
busca de la corte, en 1581, Cervantes penetra en Portugal. En su vida viajera
la dulzura y lo pintoresco de la tierra lusitana formarán un nuevo tema delicado, que se unirá
al bello e intenso de Italia. En Los
trabajos de Persiles y Segismunda,
especial-mente, describirá las ciudades y campos portugueses con amor y
nostalgia. En Portugal encontrará a su hermano Rodrigo, alférez del tercio de
Don Lope de Figueroa (el valeroso y jurador Don Lope, de El alcalde de Zalamea). Este tercio se
cubrirá de gloria en las Terceras, victoria triste, pues fué
sobre cristianos. Pero para Cervantes han terminado las armas. El llevará,
durante toda la vida, como una de sus cicatrices, la perdida ilusión de su
carrera militar, y fiel al espíritu de la generación de Mühlberg,
desarrollará, en toda su obra, la idea del humanismo de las armas, de las
virtudes militares al servicio de la paz cristiana.
Su
solicitud en la corte logró una misión política y de información, que en 1581
le llevó a Orán, a Mostagán, a recorrer de nuevo la
costa africana, y a renovar sus recuerdos. Las experiencias de este viaje,
fundidas con las anteriores, dejaron huella en su obra, en El gallardo español y El
trato de Argel. Vuelto a Lisboa, da cuenta de su misión, pero no obtiene
ninguna otra, y torna a Madrid. La vocación literaria, tan fuerte como la
militar, es ahora lo que anima su vida. Ya hemos citado a los poetas con
quienes tuvo amistad. En 1584, se casa con Doña Catalina de Salazar y Palacios,
vecina de Esquivias. En esos años Miguel escribe
incesantemente. En los nacientes corrales se ven sus obras. En 1585 aparece La Galatea.
Podría extrañar que, cargado con tantos recuerdos de hechos reales y gloriosos,
su primera obra extensa fuera una égloga pastoril, una ensoñada narración de
pastores que desarrollan las teorías del amor platónico. Pero Cervantes seguía
una moda, muy en boga, y tenía con La Galatea ocasión de exponer los conocimientos y el saber
de años de lectura y meditación. En esos años, realizó numerosos viajes a Esquivias y algunos a Sevilla. De nuevo hubo de pasar por
las rutas de su infancia. Cervantes se va a poner así en contacto con los
caminos y paisajes de la Mancha.
Pero
la mala suerte, y el fantasma de la pobreza, siguen persiguiendo, como siempre,
a Miguel. En 1587 marcha a Sevilla, donde tiene que aceptar un puesto mediocre,
de mala fama. Una nueva Armada se prepara. Cervantes, en la preparación, no
será el gallardo soldado vestido de «papagayo» que espera anhelante el momento
de la lucha. Será un comisario que irá por los pueblos andaluces, extrayendo
cereales, aceite, luchando con los concejos, sometido a excomunión cuando toma
bienes de la Iglesia, míseramente pagado. Y aun será alcanzado en sus cuentas,
y sufrirá prisión larga en dos ocasiones. En una de ellas, en Sevilla (unos
creen que hacia 1602, otros que en 1598), debió de escribir el Quijote. La
leyenda de que fué en Argamasilla, donde se engendró
el ingenioso hidalgo, está desechada.
Aun
en medio de tales fortunas y malandanzas, su vocación de escritor se mantiene
firme. Hará contrato para escribir comedias, y sobre todo la vida sevillana
penetrará en él, convirtiéndose en materia poética. En 1598 muere Felipe II, y
Cervantes, poeta de tono heroico, trazará un inmortal soneto satírico al túmulo
del Rey. En 1590 había pedido pasar a Indias, esperanza de tantos españoles,
pero no obtuvo ninguno de los puestos que solicitaba.
En
1604, la corte estaba en Valladolid. Vuelve allí Cervantes con su familia, y
comienza una época aún más triste y oscura. Reúne a sus hermanas, a una sobrina
y a Isabel, hija suya, tenida antes de su matrimonio, según unos, hija no
legítima de su hermana Magdalena, según otros biógrafos. Un oscuro asunto, la
muerte del caballero navarro Don Gaspar de Ezpeleta, lleva de nuevo a la cárcel
a Miguel. En medio de esta vida turbia y zarandeada, su espíritu engendra las
más preclaras obras. En 1605 aparece la primera parte de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Tiene grandes
éxitos, pero le amargan injustas sátiras y el latrocinio de un autor, que, con
el nombre de Avellaneda, le plagia, y, además, le insulta ferozmente. Vuelve a
Madrid. Como maduros frutos, van saliendo, en 1613, las Novelas ejemplares y el Teatro,
en 1615 la segunda parte del Quijote.
En 1616, su mano temblorosa, casi en la agonía, escribirá, en el prólogo del Persiles y Segismunda,
esta emocionante despedida:
«Adiós gracias,
adiós donaires, adiós regocijados amigos, que yo me voy muriendo.»
Hasta
el final de su vida mantiene Cervantes el amor por la belleza, la pasión del
corazón humano, la dignidad en los momentos graves, el humor en las miserias,
la fe en su propio talento. Muchos golpes hubo de sufrir, muchas ilusiones se
le escaparon, pero, como Don Quijote, pudo repetir constantemente «Yo sé quien
soy».
LA LITERATURA ESPAÑOLA EN TIEMPOS DE CERVANTES
La
literatura española en el siglo XVI puede dividirse, desde el punto de vista
cronológico, en tres períodos, que, naturalmente, no están delimitados de
manera absoluta. A principios de siglo surge una generación de escritores
agrupados en torno a la corte de los Reyes Católicos. Hay una continuación de
las tendencias de fines de la Edad Media, fundidas con las que trae la
penetración del humanismo. En segundo lugar, la generación del Emperador; por
último, la época de Felipe II. Cervantes heredará toda la ideología literaria y
espiritual de la generación de Carlos V. Pero su obra se cuajará en la época de
Felipe II. Así, aun cuando sus grandes obras se publiquen en el siglo XVII, en
el reinado de Felipe III, él permanecerá ya extraño a las generaciones de Lope
y Góngora.
La
poesía lírica en la época de Cervantes va a continuar, intensificando las
tendencias de la generación de Garcilaso de la Vega.
El gran lírico toledano estará presente en las lecturas y en la imitación. Los
poetas de su generación irán desapareciendo: Hernando de Acuña (1520-1580?),
Gutierre de Cetina (1520-1547). Un continuador del gran toledano, Francisco de
Figueroa (1536-1617), se unirá a la generación siguiente. Los garcilasistas van a fijar los metros italianos, y desarrollarán
intensamente los temas petrarquistas; pero cultivarán también los metros y
temas heredados de los cancioneros medievales, que fueron los predilectos del
grupo llamado «tradicionalista». Cristóbal de Castillejo, su principal
representante, muere en 1580. En cierto modo sigue esta tendencia Gregorio
Silvestre (1520-1569). Otro poeta de la misma dirección es Diego Hurtado de
Mendoza (1503-1575).
Existe
un grupo poético con el que Cervantes tuvo mucho trato literario y buena
amistad: el que formaban Gabriel López Maldonado, que publicó su Cancionero en 1586, Pedro Liñán de Riaza y Pedro de Padilla, cuyo Tesoro de varia poesía (1580) se alaba
en el Quijote.
La
influencia de Horacio y la contención en la forma son características de Fray Luis de León (1527-1591), y de los Argensola
(Lupercio Leonardo - 1559-1613 -, y Bartolomé -
1562-1631). Muy distinto es el arte de los andaluces Fernando de Herrera
(1534-1597), Baltasar del Alcázar (1530-1606) y de los que ya enlazan con la
generación de Góngora, como Arguijo (1567-1583),
Jáuregui (1583) y Francisco de Rioja (1583-1659). De la épica culta hay que
citar a Barahona de Soto (1547-1595) y a Alonso de Ercilla (1533-1594). Hay que
tener en cuenta también el desarrollo de los romances viejos en Romanceros y
colecciones, y el surgimiento, a principio del XVII, de la moda de los romances
artísticos. El Romancero general se
publica entre 1600 y 1604.
El
teatro va a ofrecer una continuación de los temas medievales. Las corrientes
renacentistas pretenderán una resurrección de la dramaturgia clásica, en
traducciones o imitaciones de Plauto y Terencio, y
con temas de desmesura y horror, de tradición senequista. Penetrarán los temas
novelescos italianos. Surgirá una corriente nacional, que va a llevar al teatro
metros y temas de épica histórica tradicional.
El
intento de una tragedia, de estética clasicista, está representado por Jerónimo
Bermúdez (1530-1599), Cristóbal de Virués
(1550-1609), Lupercio Leonardo de Argensola
y por el mismo Cervantes, con la Numancia. La pintura de pasiones y caracteres predomina
sobre la trama de la acción.
Lope
de Rueda (muerto en 1565), con doble personalidad de actor y autor, va a
sobresalir por la maestría en el diálogo, superior a la concepción dramática de
sus obras. Tiene comedias de imitación o influencia novelesca italiana: obras
pastoriles, y entremeses y pasos, con gran riqueza de tipos populares. Juan de
la Cueva (1543-1610) va a seguir la línea clasicista en temas trágicos, pero
sobre todo creará el teatro de tema nacional, con obras sobre los infantes de
Lara o Bernardo el Carpio.
La
novela ofrece continuaciones de los libros de caballerías (véase más abajo),
libros de entretenimiento anecdóticos, como El
Patrañuelo, de Timoneda;
gran desarrollo de la novela pastoril, con la Diana, de Jorge de Montemayor
(1520-1561), y su continuación por Gil Polo. Luis Gálvez de Montalvo
(1546?-1591 ?) escribe El Pastor de Filida. La picaresca, iniciada por el Lazarillo de Tormes
(1554), se interrumpe en el reinado de Felipe II, y vuelve a resurgir con el Guzmán de Alfarache
(1599), de Mateo Alemán (1547-1614) y con Vicente Espinel (1550-1624).
También
es muy importante, en esta época, la novela morisca, representada por la Historia del Abencerraje y la Hermosa Jarifa
(1565), y por la Historia de los bandos
de Zegríes y Abencerrajes o Guerras Civiles de Granada, de Ginés Pérez de Hita (1544-1619).
La
novela sentimental y de aventuras, a cuyo género pertenece el Persiles, fué muy leída en el siglo XVI; penetra con obras muy
antiguas, la Historia de los amores de Leucipe y Clitofonte, de
Aquiles Tacio, y, sobre todo, la Historia de los leales amantes Theágenes y Cariclea, de Heliodoro. Novelas nacionales de este
género son la Historia de los amores de
Clareo y Florisea (Venecia, 1552), de Alonso
Núñez de Reinoso, y la Selva de Aventuras,
de Hierónimo de Contreras (Barcelona, 1565).
En la
literatura de ideas hay que tener en cuenta que la época de Felipe II va a
representar una reacción contra el humanismo erasmiano de la época de Carlos V.
Es el período en que se desarrolla la mística, con Santa Teresa y San Juan de
la Cruz, y la ascética, cuyo principal representante es Fray
Luis de Granada. Cervantes será lector de los humanistas de la época del
Emperador.
LOS LIBROS DE CABALLERIAS
Insistentemente
se ha subrayado el papel que la lectura tiene en el Quijote. Se ha llegado a decir que el hidalgo manchego es el lector
esencial. Dos géneros novelescos van a sobresalir en la gran obra: los libros
de caballerías y las novelas pastoriles. Junto a los libros de caballerías
habría que anotar las crónicas e historias de caballeros reales, y también el
romancero.
Cuando
Cervantes redacta el Quijote, los libros de caballerías constituían un género
sin nuevas producciones. Este género había nacido en la Edad Media, fundiéndose
en ellos varias tradiciones épicas, que constituyen ciclos o partes. Toda la
historia poética del Rey Arturo y sus caballeros, o la de otros héroes de la
Bretaña, como Tristán, Lanzarote, etc., se funde en
la llamada «Materia de Bretaña». El poeta francés Chrétien
de Troyes es quien va a dar forma a estas
tradiciones. Hay también la evolución de la épica carolingía,
que tomará un carácter especial en Italia, con los Orlandos.
En España, la literatura caballeresca penetra en el siglo XIII, en forma de
traducciones o con obras originales, como El
caballero Cifar. Hay dos grandes novelas
caballerescas en la Península: El Amadís de Gaula y Tirant lo Blanch.
Ambas constituyen muy bellas obras de arte, y Cervantes, por boca del barbero o
del cura que queman los libros de caballería, no deja de brindarles las
merecidas alabanzas. El Amadís aparece como modelo
que Don Quijote imitará en varias ocasiones.
El Amadís, atribuido
a Garci Ordóñez de Montalvo, quizá traductor del
original portugués, tuvo una descendencia abundante, en la que los autores
exageran los rasgos y llegan al absurdo o al ridículo. Fueron estos libros
decadentes los que provocaron la burla de Cervantes, que no deja de distinguir
entre los libros estimables y los que hay que quemar, en el capítulo VI de la
primera parte del Quijote. Así, el
Cura juzga dignos del fuego Las Sergas de
Esplandián, del mismo Garci
Ordóñez de Montalvo, y El Amadís de Grecia, parodiados en varias ocasiones.
También se condenan Don Olivarte de Laura,
publicado en 1564, por el humanista Antonio de Torquemada,
de quien también se critica duramente su obra Jardín de flores. Otros libros condenados son Don Florisante de Hircania,
publicado en 1556 por Melchor Ortega, y Don
Belianis de Grecia, editado hacia 1547, y que se
dice estar escrito por el sabio Fristón, uno de los
encantadores que hacen fracasar a Don Quijote, según invención del Cura, y no
desechado del todo en el escrutinio.
Otro
linaje de libros lo constituyen los Palmerines. Son
esencialmente el Palmerín de Oliva, publicado en 1580, condenado
por los escrudiñadores, y el Palmerín de Inglaterra, muy alabado. El Florismarte de Hircania, que también para en el
fuego, fué publicado en 1556, por Melchor Ortega.
Todos
estos libros, y otros muchos, cuya relación se haría larga, eran muy leídos en
el siglo XVI. Cervantes había sido lector gustoso de ellos, lo mismo que otros
egregios españoles, como San Ignacio, Santa Teresa y los conquistadores de
Indias. Precisamente, nombres de América, como California o Patagonia,
se sacan de algunos de esos libros. Pero también este mismo entusiasmo provocó
varias críticas por parte de humanistas y clérigos e incluso prohibiciones de
que se publicaran o pasaran a Indias.
En el
Quijote se muestra, precisamente,
cómo no era sólo el ingenioso hidalgo quien se entusiasmaba con los libros de
caballerías. En el capítulo primero se da cuenta de las discusiones que
mantenía el buen hidalgo Quijada, o Quesada, con el cura de su pueblo. Después,
en la venta en que se encuentran los protagonistas de la historia de Dorotea y Cardenio (que tiene un ataque de locura por una discusión
sobre un personaje de un libro de caballerías con Don Quijote), el ventero
habla del gusto con que él y los segadores leen tales libros; y en varias ocasiones
surgirá la discusión con el canónigo de Toledo, o con el clérigo capellán de
los Duques en la segunda parte.
Como
veremos al tratar de la parodia caballeresca, Cervantes no va a negar
absolutamente el valor de los buenos libros de caballería, sino sólo las
fantasías y locuras de los que fueron al fuego en la casa del enloquecido
hidalgo.
CERVANTES POETA
La
poesía de Cervantes es la parte menos importante de su obra, pero no merece el
juicio absolutamente adverso de la mayoría de los críticos. Son conocidos los
tercetos del propio autor:
Yo que siempre
trabajo y me desvelo
por parecer que
tengo de poeta
la gracia que no
quiso darme et cielo.
Revelan
quizá un desengaño paralelo al sufrido con el teatro. Pero Cervantes, en 1568,
al dejar España, había comenzado sus actividades de poeta, y había sido muy
alabado por Luis Gálvez de Montalvo. Perteneció a un grupo de poetas
interesantes, aunque no de gran importancia, a una generación intermedia entre
la de Herrera y Fray Luis, y los grandes poetas barrocos.
Es poeta desigual, con mucho gusto y gran sentido poético, pero parece como si
no alcanzara a lograr la forma. Quizá su maravilloso sentido para la prosa y
sus unidades rítmicas, le impidió habituarse a ciertos versos como el
endecasílabo. Cultivó tanto las formas tradicionales como las italianas.
Sus
obras se pueden clasificar en obras sueltas y poesías intercaladas en otras
obras. Entre las primeras descuellan la Epístola
a Mateo Vázquez, escrita en el destierro, y el Viaje al Parnaso, de carácter crítico-literario. En la poesía
burlesca se alabó mucho el célebre soneto al túmulo de Felipe II en la catedral
de Sevilla: «Vive Dios que me espanta tal grandeza.»
La
mayoría de las poesías intercaladas están en La Galatea, de tema amoroso, platónico y
con gran riqueza de formas. El Canto de Caíiope tiene la intención de alabar a los escritores
del círculo de Cervantes. En el Quijote
sobresale la «canción desesperada», de Grisóstomo,
que algunos críticos creen escrita muy anteriormente a la redacción de la
novela. También son bellos los citados sonetos que lee el Cautivo. En La Gitanilla hay, asimismo, bellas
poesías de tono popular.
Los
versos humorísticos del Quijote
revelan una gracia extraordinaria, tanto los que se suponen escritos por los
«académicos de Argamasilla» como la canción de Merlín. Unos y otros enlazan con
una tradición de versos burlescos, representada, por ejemplo, por las Rimas de Tomé de Burguillos, de Lope de
Vega.
CERVANTES, DRAMATURGO
Podemos
distinguir dos partes en la producción dramática de Cervantes. Ya hemos
indicado cómo, al volver del cautiverio, y abandonadas las esperanzas de una
carrera fructífera en la administración, comienza a escribir obras teatrales de
distinto tema, pero dentro de la dirección prelopista
que tendía a la creación de una tragedia clásica nacional. Hacia 1585, su
afición infantil a la carátula aflora con gran fuerza. El nos dirá:
“Se vieron en los teatros de Madrid representar Los tratos de Argel que yo compuse, La destrucción de Numancia
y La batalla naval, donde me atrevía
a reducir las comedias a tres jornadas de cinco que tenían; mostré, o por mejor
decir, fuí el primero que representó las
imaginaciones y los pensamientos escondidos, sacando figuras morales al teatro,
con general y gustoso aplauso de los oyentes; compuse, en este tiempo, hasta
veinte comedias o treinta, que todas ellas se recitaron, sin que se les
ofreciese ofrenda de pepinos ni de otra cepa”.
E
inmediatamente añadirá, con cierto desdén:
«Tuve otras cosas de qué ocuparme, dejé las plumas y las
comedias, y entró luego el monstruo de Naturaleza, el gran Lope de Vega y alzóse con la monarquía cómica, avasalló y puso debajo de
su jurisdicción a todos los farsantes.»
De
esta primera época sólo se conservan El
trato de Argel, sucesión de cuadros de cautiverio, y El cerco de Numancia o La Numancia,
tragedia de gran sentido nacional, muy alabada por los románticos alemanes y
por Schopenhauer. La Numancia fué
representada en Zaragoza, durante el cerco francés en la guerra de la independencia
y enardeció el ánimo de los defensores.
Cervantes
representa en esta época una concepción dramática que busca, ante todo, la
pintura de las pasiones. Posteriormente se adaptó a las nuevas ideas cómicas,
en sus Ocho comedias, que no se
representaron. Las publicó en 1613, junto con los entremeses. Estas comedias
pueden clasificarse de esta forma:
Terna
del cautiverio: El gallardo español, Los baños de Argel, La gran sultana. Temas caballerescos: La casa de los celos, El laberinto de amor. Comedias lopescas: La
entretenida. Comedia de Santos: El
rufián dichoso. Comedia picaresca: Pedro
de Urdemalas.
Las
comedias de Cervantes no logran la riqueza de traza e intriga de las de Lope.
Quizá esta capacidad, fundamentalmente novelesca, fué
desarrollada por Cervantes en sus obras narrativas. Sobresalen, en cambio, la
caracterización de los personajes y la extraordinaria capacidad de reflejar
situaciones reales, sea el mundo de Argel en versión trágica, Los baños de Argel; o alegre y cómica, La gran sultana. La tendencia
autobiográfica de Cervantes le llevó no solamente a reflejar sus experiencias,
sino también a presentarse como personaje.
Así,
las comedias cervantinas se enlazan directamente con el teatro prelopista, sobre todo por la técnica dominante de escenas
yuxtapuestas y con el teatro europeo del siglo XVI por la preferencia que da a
la pintura de personajes y de sus pasiones, sobre la intriga.
LOS ENTREMESES DE CERVANTES
Los
Entremeses se publican conjuntamente con las Comedías en 1615. La preocupación
teórica se advierte en la parte del prólogo que se refiere a estas obras, no
representadas en vida del autor:
«Ví no ser tan malas ni tan
malos que no mereciesen salir de las tinieblas del ingenio de aquel autor a la
luz de otros autores menos escrupulosos y más entendidos..., el verso es el
mismo que piden las comedias, que han de ser, de los estilos, el ínfimo... el
lenguaje de los entremeses es propio de las figuras que en ellos se
introducen.»
Cervantes
va a trazar unos cuadros llenos de vida, con gran fuerza irónica y humana
comprensión para todas las facetas vitales que muestran. El tema matrimonial
aparece en El Juez de los Divorcios y
en El Rufián Viudo. Lo aldeano, que
tanta importancia alcanzará en el Quijote,
es el ambiente de La elección de los
alcaldes de Daganzo. La guarda cuidadosa - muy representado por teatros escolares - es
una graciosa disputa amorosa entre un sacristán y un soldado fanfarrón. El vizcaíno fingido, basado en la
comicidad del lenguaje, con sintaxis propia de los vascos desconocedores del
castellano, recuerda al vencido por Don Quijote en el capítulo 1X de la primera
parte. El Retablo de las Maravillas,
quizá esté inspirado en un cuento del Conde Lucanor o
en una versión tradicional del mismo. La
Cueva de Salamanca, y, sobre todo, El
viejo celoso, van a plantear de nuevo el tema matrimonial, muy ásperamente
tratado en el último.
Los
tipos cómicos de estos entremeses son los habituales en los pasos de Lope de
Rueda y en las obras entremesísticas populares.
Pertenecen, en cierto modo, al género europeo de la farsa, con la pintura viva,
casi de baile, de los personajes, el recurso de los palos, etc., y el juego
cómico de prevaricaciones idiomáticas, rústicas o regionales. En el Quijote habrá una penetración del modo entremesístico, con la vivacidad coloquial y algunos
recursos cómicos.
LAS IDEAS DE CERVANTES SOBRE EL TEATRO
Podemos
observar, como característica esencial del príncipe de nuestros ingenios, una
gran preocupación por los problemas estéticos que se agitaban en su época. No fué Cervantes ciertamente el monstruo de sabiduría que le
suponen unos, ni el «ingenio lego» que creen otros. Leyó libros esenciales y
otras veces las ideas de su tiempo penetraban a través de obras de segunda
mano. Todo estaba un poco en el ambiente.
En
cuanto al teatro, ya hemos visto que, como en la poesía, no alcanzó una
plenitud comparable a su novela, aunque los Entremeses
sean una creación definitiva. Pero le preocupó la fundamentación de su teatro
en las ideas de su época. Hay así una evolución de las ideas cervantinas sobre
el teatro, que se observa comparando lo que dice por boca del canónigo de
Toledo y del Cura, en el capítulo XLVIII de la primera parte, y la estructura
de las Comedias, así como la
declaración que hace en el segundo acto de El
rufián dichoso y en el prólogo de 1615 a las Comedias y Entremeses.
En el
capítulo XLVIII, expone el fin de la comedia y lanza un ataque durísimo contra
las disparatadas, que no respetan los principios de unidad de tiempo y lugar o
la adecuación de figuras y caracteres. Anteriormente alabó obras de Argensola y su propia Numancia, que pertenecen a la
dirección de la tragedia nacional; pero también alabará otras de Lope, (La ingratitud vengada), del Canónigo Tárrega (La enemiga
favorable), o de Gaspar de Aguilar (El
mercader amante), que representan la corriente creadora de la comedia. A
pesar de ese elogio a una obra de Lope, la larga diatriba parece que fué interpretada por el mismo Fénix como un ataque personal
contra sus obras, ya que en la primera de las cartas del gran dramaturgo que
han llegado a nosotros, habla de una «cosa, más odiosa que mis comedias a
Cervantes». Esto indica que las censuras cervantinas estaban quizá también en
sus conversaciones.
En el
citado fragmento de El Rufián dichoso
dirá, sin embargo, por boca de la Comedia (personaje alegórico):
«Los tiempos mudan las cosas
y perficionan las artes
y añadir a lo inventado
no es dificultad notable.
Buena fuí pasados tiempos
y en estos si los mirares
no soy mala, aunque desdigo
de aquellos preceptos graves
que me dieron y dejaron
en sus obras admirables
Séneca, Terencio y Plauto
y otros griegos que tú sabes.
He dejado, parte dellos
y he también guardado parte,
porque lo quiere así el uso
que no se sujeta al arte.
Ya represento, mil cosas
no en relación, como antes,
sino en hechos, y así es fuerza
que haya de mudar lugares;
que como acontecen ellas
en muy diferentes partes,
voime allí donde
acontecen
disculpa del disparate.
Ya la comedia es un mapa
donde no un dedo distante
verás a Londres y Roma,
a Valladolid y Gante.
Muy poco importa al oyente
que yo en un mundo me pase
desde Alemania a Guinea
sin del teatro mudarme
el pensamiento es ligero,
bien pueden acompañarme
con él do quiera que fuere,
sin perderme ni cansarse.»
Pueden
compararse estas estrofas con las irritadas palabras en que el Cura apoya las
palabras del Canónigo, en el capítulo citado de la primera parte del Quijote.
LA GALATEA Y EL PERSILES
La
primera y la última obra escritas por Cervantes encierran mucho de común. La
primera (1585) es una novela pastoril, escrita en plena moda del género, con un
doble propósito: Conseguir un rápido éxito literario y económico y fortalecer
sus relaciones con escritores y señores contemporáneos, que aparecen con
nombres de personajes de la obra. El argumento, sin complicaciones, presenta a
dos pastores: Elicio y Erastro,
enamorados de Galatea, que no corresponde a ninguno.
Se entrecruzan los lamentos y coloquios de los pastores, desarrollando temas de
la erótica platónica, con otras historias, algunas de ellas de carácter
novelesco italiano. Cervantes muestra un gran conocimiento de los temas
renacentistas de exaltación de la naturaleza como «mayordoma de Dios», de la
tradición platónica representada sobre todo por los Diálogos de amor, de León Hebreo y de la novela pastoril, española
e italiana. Cuando murió aún pensaba en la segunda parte de su obra.
«Los
trabajos de Persiles y Segismunda»
se publicaron póstumamente en 1617. La dedicatoria al Conde de Lemos fué lo último que escribió Cervantes, cuatro días antes de
morir. Es una novela de aventuras, con el desarrollo tanto en una geografía
fantástica, como en el mundo mediterráneo. Los protagonistas, Persiles y Segismunda,
disfrazados con los nombres de Periandro y Auristela, y fingiéndose hermanos, emprenderán una larga
peregrinación, que terminará en Roma. Se trata de una fusión de lecturas y
recuerdos. La prosa es bellísima, y, a pesar de lo artificioso del asunto, el
entrecruzamiento de episodios confiere interés y atractivo a la obra, cuyo
carácter es intensamente religioso.
LAS NOVELAS EJEMPLARES
En
1613 aparecen las Novelas ejemplares. En el prólogo Cervantes reclama la
paternidad de este género narrativo:
«Yo soy el primero que ha novelado en lengua castellana,
que las muchas novelas que en ella andan impresas, todas son traducidas de
lenguas extranjeras y éstas son mías propias, no imitadas ni hurtadas. »
La
crítica ha subrayado unánimemente la veracidad de estas afirmaciones. Cervantes
crea la novela española, como Lope creó la comedia nacional. Aunque tome la
estructura y recursos de las novelas italianas, que debió leer con gran gusto e
interés, se diferencia mucho de estos posibles modelos. Los temas son menos
duros y violentos, hay intención moralizadora y descuellan el predominio de
finales y episodios felices, el sentido del humor y los tonos alegres.
Cervantes desarrolla extraordinariamente el diálogo y crea personajes
individuales en hondo realismo de almas y con gran riqueza de intimidad profunda.
De ahí el gran valor de estas narraciones, en las que Goethe
encontraba «un verdadero tesoro de deleite y de enseñanzas».
Las
doce novelas contienen un tema casi común, que es el amatorio. Se exceptúan El licenciado Vidriera y El coloquio de los perros, que entran en
la corriente de apotegmas y crítica social, propia de los humanistas.
El amante liberal, desarrolla una
historia de desdenes amorosos en el cuadro del cautiverio y de la lucha en el
Mediterráneo.
Es
obra de imaginación y deleite, y exhibe a la vez que un fino retrato de la
protagonista Leonisa, gran sensibilidad del mundo
marítimo.
La gitanilla es la historia
del súbito enamoramiento de un caballero mozo, por una muchachilla gitana, de
gran belleza y honestidad. Todo está tratado con tendencia idealizadora
delicadísima que dulcifica la dureza de la vida de los gitanos.
La española inglesa se escribe,
según parece, en un momento de treguas en la lucha de Inglaterra y España, y
refleja comprensión para los valores humanos de los personajes. También aparece
en ella el tema del cautiverio.
Las dos doncellas revelan carácter
italianizante. Dos muchachas, vestidas de hombre, siguen a los hombres que
aman, hasta que se casan con ellos.
De
tipo parecido son La fuerza de la sangre
y La Señora Cornelia.
Rinconete y Cortadillo es célebre por la pintura del ambiente
picaresco de Sevilla. La descripción del patio de Monipodio resulta
extraordinaria. La habitual dureza de la novela picaresca no aparece aquí.
Todas las circunstancias se ennoblecen.
La ilustre fregona quizá sea la más
llena de vida, de gracia y de alegría. Un caballero, atraído por la belleza de
la criada de un mesón, se queda en él disfrazado de criado. Después de
graciosísimas incidencias, se descubre que la bellísima criada era de sangre noble.
Dos
novelas tratan del tema del matrimonio, con tintas un poco ásperas: El casamiento engañoso y El celoso extremeño. El licenciado Vidriera, presenta un tipo
de loco que da respuestas cuerdas, y El
coloquio de los perros es un juicio de la sociedad por boca de Cipión y Berganza, perros del
hospital de la Resurrección, con gran riqueza de tipos.
Aparte
de estas novelas, Cervantes intercala narraciones breves en obras extensas. Ya
en La Galatea
se insertan dos episodios de novela breve: el de Lisandro y Leonida,
y el de Timbrio y Silerio,
que muestran varios elementos novelísticos, tienen asunto propio y abundancia
de peripecias, la acción se localiza en un punto determinado y remata
completamente.
En el
Quijote, aparte de la novela del
cautivo y la de El curioso impertinente,
hay también la narración del soldado picaresco Don Vicente de la Roca y de
Leonora, engañada por aquél.
En un
manuscrito donde aparecen copiadas varias novelas ejemplares, figura también La tía fingida, narración de la vida libre
de una señora y de una sobrina suya. La crítica se divide en la atribución a
Cervantes. Bartolomé José Gallardo, Cejador, Apraiz y
otros estudiosos creen en la paternidad cervantina. Adolfo de Castro y Bello,
opinan que pudiera atribuirse a Avellaneda. Otros críticos, como Icaza y
Rodríguez Marín niegan que sea de Cervantes.
LA GÉNESIS DEL QUIJOTE.
MODELOS LITERARIOS Y MODELOS VIVOS
El
nacimiento de una obra genial constituye siempre un misterio. Cervantes era
novelista por naturaleza, tenía el incentivo de una gran curiosidad vital,
amplia comprensión para todos los hombres, larga experiencia y cultura
literaria vitalizadora de todo lo que leía.
Por
eso había de declarar, con ironía indudable, que su libro no era de erudición.
Hablando consigo mismo dirá:
«Y, pues vuestra escritura no mira a más que a deshacer la
autoridad y cabida que en el mundo y vulgo tienen los libros de caballerías, no
hay para qué andéis mendigando sentencias de filósofos, consejos de la Divina
Escritura, fábulas de poetas, creaciones de retóricos, milagros de santos, sino
procurar que a la llana, con palabras significantes, honestas y bien colocadas,
salga vuestra creación y período sonoro y festivo, pintando en todo lo que alcanzáredes y fuese posible vuestra intención, dando a
entender vuestros conceptos sin intrincarlos y escurecerlos.»
Tenemos,
por tanto, una intención declarada por el autor y que ha sido recibida por la
crítica, muchas veces, sin analizar. Pero, naturalmente, el Quijote es algo más que sátira o
parodia. En la figura del hidalgo se han buscado algunos modelos vivos. Se ha
hablado de un Don Alonso Quijada, vecino de Esquivias
y también de un caballero, Martín de Quijano, contador de galeras reales...
Como
precedentes literarios se ha visto 1a posible influencia de un anónimo Entremés de los romances, impreso en
1611, pero escrito hacia 1591, en el que un pobre labrador, Bartolo,
enloquecido por lecturas del Romancero quiere convertirse en héroe
caballeresco. Bartolo se cree el Tarfe
de los romances moriscos y desafía a un zagal, el cual se apodera de la lanza
de aquél, lo apalea y lo deja molido en el suelo. Bartolo,
como hará después Don Quijote, evocará los romances del Marqués de Mantua. Pero, como dice Menéndez Pidal,
Cervantes en estos momentos en que parece seguir al anónimo autor del Entremés se muestra con una gran fuerza
cómica que supera a la posible fuente. También se ha hablado de influencia de
un hidalgo cómico, personaje del Pigmaleón y del Don Duardos, de Gil Vicente, el hidalgo Camilote. Tanto la
épica culta, sobre todo el Orlando
furioso, como la épica cómica de Pulci, pueden
ser incitaciones literarias de la gran obra.
Se ha
dicho asimismo que Cervantes concibió inicialmente el Quijote como una novela breve, al estilo de las novelas ejemplares.
La crítica se divide en este punto, apoyándose en el hecho de la composición
algo precipitada de la primera parte. Sin embargo, la mayoría de los estudiosos
opinan que Cervantes planeó aquélla, y a medida que iba saliendo de su pluma,
introducía nuevos elementos, y, sobre todo, enriquecía la figura del personaje
central.
LA COMPOSICION
El
Quijote consta de dos partes, entre las cuales se advierten grandes
diferencias. Ya hemos hablado de la opinión que atribuye su génesis a una idea
satírica desarrollada en forma de novela, que como otras de Cervantes, tiene
gran desarrollo del diálogo. También se ha atribuído
a esta causa la falta de unidad en la composición de la primera parte, aunque
otros autores vean por el contrario en ella un plan perfectamente realizado.
Podríamos decir que en la primera parte, la figura de Don Quijote se va creando
en el encuentro con el mundo en toda su variedad. Es un libro de camino. Cada
episodio puede verse no aisladamente, sino en relación con los que le rodean.
Incluso las narraciones intercaladas, como la del Cautivo o la novela
«italiana» del Curioso impertinente, pueden estimarse elementos de contraste.
La del Cautivo, según hemos visto, para dar un aire de realidad y veracidad al
heroísmo en la lucha con el turco, frente a la fantasmagoría tejida en la
imaginación de Don Quijote y las burlas y veras de los que le rodean (toda la
historia de la princesa Micomicona), y, además, para
presentarse el mismo Cervantes. La novela del Curioso impertinente sirve también para dar realidad al relato y,
además, para contrastar el final trágico de quienes se burlan del amor y
ofenden al matrimonio, con los personajes de la historia de Dorotea, cuyas
peripecias terminan en feliz y cristiana coyunda.
El Quijote de 1615 tiene otra estructura.
Es mucho menos movido, no hay en él narraciones intercaladas y los episodios se
agrupan en lugares determinados. Pero, sobre todo, en esta parte, Cervantes
exhibe a un Don Quijote al que los demás van a convencer de su autenticidad. Y
esto hace que varíe mucho la relación de los personajes y el ritmo de la
narración. La segunda parte parece estar planeada con más orden, más centrada
en el problema de la propia fe del caballero en su figura. Además, mientras en
la primera parte hay unos libros o romances con función de modelo, en la
segunda, la presencia constante de la propia historia de Don Quijote y la
falsificación de esa figura, según se afirma, por el de Avellaneda, crean otro
mundo, mucho más íntimo; que el de la primera. Hay también mayor cohesión entre
los episodios, según puede verse en toda la historia del morisco Ricote.
PUBLICACION DE LA PRIMERA PARTE
El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la
Mancha se imprime en 1605. Aparece dedicado al Duque de Béjar,
quien no correspondió a la dedicatoria por la que su nombre se unió a una obra
inmortal. El impresor fué Juan de la Cuesta y el
privilegio real lleva la fecha de 1604. Por una carta de Lope de Vega, entre
otros testimonios, se ha supuesto una edición de 1604. Hubo enseguida otra en
el mismo año de 1605, en la que se corrigió la ausencia del relato de cómo fué robado el asno de Sancho. La redacción fué anterior, y, apoyándose en las palabras de Cervantes de
que la obra inmortal se engendró en una cárcel, se ha creído que fué en la prisión de Sevilla hacia 1598, cuando empezó el
gran escritor su obra. Otros hablan de 1602.
Cervantes
debió comenzar pronto la segunda parte. Se ha supuesto que cuando estaba
escribiendo el capítulo LIX se enteró de la publicación de un «segundo tomo»,
donde Alonso Fernández de Avellaneda, no solamente le robaba sus personajes,
sino le insultaba con crueldad. El Quijote,
de Avellaneda, es una obra muy distinta en intención y en estilo, y, sobre
todo, en la concepción del mundo. La personalidad real de Avellaneda constituye
un problema aún no resuelto. Se han dado muchos nombres, sin que pueda probarse
que correspondan en realidad a1 autor. Se ha hablado así de Lope de Vega, Tirso
de Molina y Guillén de Castro, sin que tengan fundamento tales opiniones. Han
sido también traídos a colación Liñán de Riaza y
Mateo Luján de Saavedra entre otros. Incluso se ha creído que el autor pudo ser
un eclesiástico, como el dominico Fray Alonso
Fernández, o el agustino Cristóbal de Fonseca. Asimismo se ha pensado en el Dr.
Blanco de Paz.
Otro
problema que plantea el Quijote de
Avellaneda es su presencia ante el mismo Cervantes. No solamente se perciben
paralelismos entre las dos primeras partes, sino también entre las segundas. Se
ha dicho así que Cervantes tomó algunos episodios de Avellaneda para
contrastarlos. El Quijote apócrifo
sería, en este sentido, fuente de inspiración por contraste. Así se altera la
ruta de Don Quijote, se introduce a Don Álvaro Tarfe,
personaje de Avellaneda y se utiliza para declarar la falsedad de la historia
de su imitador. Hay otras semejanzas, como la lucha de Sancho con Tomás Cecial,
parecida a la que sostiene el Sancho de Avellaneda con el caballero negro del
gigante Tajayunques. También se asemejan el episodio
del retablo de Ginés de Pasamontes y el engaño
sufrido por el Don Quijote de Avellaneda, viendo una comedia de Lope. Otros
críticos creen que Avellaneda debió tener conocimiento de esos episodios
parecidos y que fué él quien imitó.
EL ROMANCERO Y EL QUIJOTE
Junto
a los libros de caballería, el Romancero aparece como constante inspirador del
Quijote. La presencia del Romancero tiene dos aspectos. En la génesis de la
obra figura; como hemos dicho, la parodia caballeresca sobre romances, tal como
sucedía en la sátira popular. Cervantes, precisamente por el respeto y el amor
que tiene al auténtico mundo épico, va a abandonar, desde los primeros
capítulos de su obra, la parodia romancesca. Don Quijote, a partir de la
segunda salida, no se cree ya un personaje de romance, y, salvo algún caso
aislado (por ejemplo, cuando dice «Mis arreos son las armas; mi descanso el
pelear»), las alusiones romancísticas no se aplican ya al mismo Don Quijote.
Pero el romancero estará presente. Así, en el episodio de Cardenio,
se advierte una correspondencia entre la figura del despechado amante que se
adentra por una montaña y un romance de Juan del Encina («¿Quién te trajo,
caballero?»). En la segunda parte, los romances darán amenidad a la frase con
alusiones poéticas. Estas alusiones las emplea con frecuencia Sancho, quien
exclama en una ocasión: «Aquí morirás, traidor, enemigo de Doña Sancha», o «Mensajeros sois amigo»; o rememora al Conde Dirlos, a Calainos o a Lanzarote.
Recuérdese cómo en 1a maravillosa escena, en que Don Quijote y Sancho entran,
quebrando casi el día, en el Toboso, oyen cantar a un labrador el célebre
romance de la rota de Roncesvalles.
En la
segunda parte, todo el episodio del Retablo de Maese Pedro y el de la Cueva de
Montesinos se inspiran en los romances de Gaiferos y
en los carolingios.
La
diferencia es bien clara entre estas situaciones y la del capítulo V de la
primera parte. Según hemos dicho, y desarrollaremos después, la parodia
caballeresca en este capítulo se relaciona claramente con un Entremés de los
Romances. Cervantes, por otra parte, llama a los romances de Valdovinos y del Marqués de Mantua,
«historia sabida de los niños, no ignorada de los mozos, celebrada y aun creída
de los viejos y con todo esto, no más verdadera que los milagros de Mahoma».
Aquí se ve una actitud crítica, expresada en toda la serie de reproches que el
labrador dirige a Don Quijote. Este, en el mismo capítulo, no solamente vive en
su imaginación los romances carolingios, sino que pasa súbitamente a creerse
personaje de una novela morisca: la del Abencerraje
y la hermosa Jarifa, incluida en el libro IV de la Diana, de Jorge de Montemayor.
Es
interesante subrayar, al comienzo del capítulo V, la frase: «Viendo, pues, que
en efeto, no podía menearse, acordó de acogerse a su
ordinario remedio, que era pensar en algún paso de sus libros, y trújole su locura a la memoria aquel de Valdovinos...»
La literatura aquí es no solamente incitación, sino engañosa seguridad. No se
pasa de una realidad imaginaria a la auténtica, sino se busca un nuevo escape,
un remedio.
LA PARODIA CABALLERESCA
Junto
a la utilización de los romances, encontramos en el Quijote la constante
imitación paródica de los ritos, costumbres estilo, etc., de toda la literatura
caballeresca. En el capítulo III Don Quijote recibe la orden de caballería de
manos de un ventero socarrón, ante unas mozas del partido. La parodia está en
la gesticulación caricaturesca, en el lenguaje que imita grotescamente el
altisonante estilo de los libros de caballerías. Se ha subrayado cómo Don
Quijote recibió lo que en las Partidas se llama «caballería por escarnio», y el
lector de la época sabía que Don Quijote no podía ser armado caballero, por
loco y por pobre. El modo de poner de relieve la situación de Don Quijote es el
contraste grotesco entre el mundo de formas imaginado en la mente del
enloquecido hidalgo y la realidad, interpretada por el novelista de la manera
más soez. Es el mundo picaresco el que aparece aquí en violento claroscuro. Y
así el ventero enumerará todos los lugares de la geografía picaresca, evocados
en otra ocasión en el Quijote.
La
parodia aparece por el deseo y la necesidad voluntariosa de Don Quijote de
conformar su vida, pero sobre todo sus gestos y acciones exteriores, a los
modelos, entremezclados, de los caballeros andantes y aventureros. Así, sus encuentros
y aventuras dependen de la transformación que Don Quijote realiza de sí mismo y
de los otros, para acomodar todo el mundo a sus esquemas. Ya hemos hablado de
la vela de las armas. Anteriormente, Don Quijote, se ha dado nombre a sí y a su
caballo, y ha creado en su imaginación una dama. A través de toda la primera
parte habrá una necesidad de afirmarse como caballero. Luego veremos qué
sentido tiene, en esta perspectiva, lo pastoril. Pero para comprender en toda
su significación estas acciones paródicas hay que ver, después insistiremos en
ello, la existencia de unos valores auténticos, que Cervantes no niega. Don
Quijote tendrá como constante mote «enderezar entuertos y remediar agravios».
Esto forma uno de los motivos constantes de la obra. Don Quijote transformará a
los molinos en gigantes, por metáfora vivida, basándose en la extraña grandeza
de esos artificios, que evocan la malvada grandeza de los gigantes, símbolos
del mal. Don Quijote siente la necesidad de acorrer a los agraviados, y así emprende
la defensa de Andrés; quiere librar a los oprimidos y liberta a los galeotes...
La
parodia caballeresca tiene ese primer sentido de acomodación a lo que disponen
las reglas de caballería. Precisamente en el capítulo XXV de la primera parte,
dice Don Quijote a Sancho: «Y entiende con todos tus cinco sentidos que todo
cuanto yo he hecho, hago e hiciere, va muy puesto en razón y muy conforme a las
reglas de caballería, que las sé mejor que cuantos caballeros las profesaron en
el mundo.»
La
parodia puede ser grotesca, pero Cervantes afirmará los verdaderos valores de
la caballería, mostrando cómo forman la contextura moral de Don Quijote, que
acierta en los fines, pero se equivoca en los medios, ya que al afirmarse como
restaurador de la caballería, desatina y rompe la firmeza de sus propias
convicciones de hidalgo cristiano, con un buen saber de cosas humanas y
divinas.
En el
capítulo XXV, habrá una parodia del amor caballeresco, de las locuras de
enamorados, de las cartas a la dama... Don Quijote entremezclará sus recuerdos
e incluso fantaseará algo. Aquí obra un poco siguiendo aquella su primera
intención de escribir un libro de caballería. Pero lo escribe con su propia
vida.
LO PASTORIL EN EL QUIJOTE
Ya
hemos resaltado cómo Cervantes conservó la afición, nacida con su carrera
literaria, por los temas pastoriles. Los episodios de este tipo son varios en
el Quijote. Hay en él un fondo
general. El Quijote es un libro de
campo abierto y de camino, y por ello se registran múltiples encuentros con
pastores. El primero ocurre cuando Don Quijote, después de la victoria sobre el
vizcaíno, siente crecer la fe en sí mismo. Por eso no transformará en su
imaginación la majada de los pastores, sino que tomará el dormir a la
intemperie como un «acto posesorio que facilitaba la prueba de su caballería».
Por eso el discurso de la edad dorada, que surge en él por la incitación de las
rústicas bellotas, tendrá el valor de proclamación de su programa de humanismo
de las armas, de defensa de la paz; y el sosiego que encuentra en los pastores
es imagen del orden ensoñado. El episodio de Marcela y de la muerte desastrada
de Grisóstomo, subrayará lo artificioso del mundo
pastoril en contraste con los pastores reales. Pero al mismo tiempo apoyará esa
afirmación de la libertad en la naturaleza, que es la que sostendrá Marcela
frente a los amigos de Grisóstomo, libertad que éste
y los enamorados de la gentil muchacha quieren sojuzgar con sus amorosos
afanes. Los dos discursos, el del caballero y el de la muchacha de buena
posición, que «se anda vestida de pastora por esos andurriales» (como desde el
plano realista la caracteriza uno de los pastores), se complementan.
En
otras ocasiones aparecerá también el mundo pastoril, ya en el episodio de
Eugenio, o en el encuentro, en la segunda parte con el grupo de jóvenes que
representan una égloga de Garcilaso. Y siempre habrá
el contraste con la realidad baja, sea en el episodio de las jacas galicanas o
en el de los toros que atropellan al caballero.
LO PICARESCO
El
mundo picaresco aparece también repetidamente en el Quijote. En primer lugar, como hemos visto, al servicio de la
parodia y el contraste, en el capítulo V. Después surge una nueva forma de
contraste, en el capítulo de los galeotes, donde, además, se revela como una
proclamación de los valores de la vida picaresca y del estoicismo ante las
adversidades. El juego oscilante de las perspectivas hace que Don Quijote
transforme a los galeotes en cautivos. Después se informará de lo que son, y
cuando quiere convertirlos de nuevo en cautivos liberados, le apedrean y tiene
que reflexionar en el desagradecimiento de los que son viles y no merecen el
esfuerzo del caballero.
En la
segunda parte, la figura picaresca de Maese Pedro, que no es sino el mismo
Ginés de Pasamonte, en vez de servir para el
desengaño, como en la primera parte, contribuirá a esa afirmación en el propio
ser fantaseado del caballero, que es lo que hacen todos los personajes de esa
segunda parte.
LAS FIGURAS ESENCIALES
El
don esencial de Cervantes es la inventiva, la imaginación que tramuta la realidad, la vida, el saber, en poesía. Todo
ello a través de los personajes. Esta es la virtud más animada del novelista,
inventar vidas que, aun respondiendo a formas sociales de la época, tienen cada
una su radical individualidad. Son personas, no figuras muertas. Todo el saber,
de humanidades, de letras, que Cervantes había contrastado duramente con la
vida, aparecerá en función de la actividad de cada personaje. No se pueden
aislar ni las ideas ni los valores del Quijote de su contexto.
Don
Quijote... ¿Quién es Don Quijote? Ya lo sabemos, un hidalgo de aldea, en una
soledad tremenda, con nostalgia de los años de heroísmo (¿no es la misma
nostalgia de Cervantes, cansado, encarcelado, no por el turco, sino por la
administración, hundido en un miserable oficio?) El hidalgo lee los libros de
caballería, quiere escribir uno, pero no, le es más urgente vivir las
aventuras. Y enloquece.
Un
loco como personaje... Es la época en que la libre manera de razonar del
Renacimiento, tomará para su sátira las razones sin razón de los locos. Erasmo
de Rotterdam escribirá su Elogio de la locura. Cervantes diseñará el tipo del loco razonador
en apotegmas en El licenciado Vidriera,
pero en el Quijote presentará a los
locos graciosos de los cuentecillos, en contraste con
la gran locura de su protagonista.
Don
Quijote va a afirmarse en locura como expresión de su voluntad, con un
propósito de realizar un noble sueño, la restauración de la caballería. Ya
hemos visto el predominio de la parodia grotesca en los episodios de la primera
salida. Pero Cervantes va a desplegar este personaje de una manera ahondadora. No seguirá presentándolo como muñeco. Poco a
poco, iremos viendo que su locura no es solamente la alteración de lo que ve,
sino que es locura de un hidalgo discreto, leído, y sobre todo enseñador de
nobles ideales, al servicio de los que pone unos medios fingidos. Por ello
fracasa, y el fracaso se nos presenta con los maravillosos matices de humor que
conoce el lector de la obra inmortal.
A lo
largo de su peregrinación vamos a ver que, entre aventura y aventura, el
caballero razona, y un motivo constante y esencial será la advertencia, por
parte de todos los personajes, de esta doble personalidad.
Don
Quijote afirmará constantemente su voluntad de servicio a los ideales más
nobles. Pero cuando quiere realizar tan nobles fines, no piensa en la necesidad
de adecuar los medios reales, no los puros gestos, las figuras externas. Don
Quijote olvida la relación real con los demás, se aísla en un mundo en el que
los demás dependen de él, en un voluntarismo que llega a la soberbia.
Realmente
sucede así. Don Quijote no solamente se inventa a sí mismo, no solamente va a
convertirse en una parodia de su realidad de hidalgo ensoñador con nobles
impulsos refrenados por la soledad y la pobreza de su ambiente; también va a
inventar a los demás. La poetización de su mundo es continua, y de los hombres
y mujeres con que se encuentra, unos le opondrán violentamente su realidad
personal y otros jugarán con él en una continua burla. El verdadero juego
humorístico en el Quijote es el
contraste y el choque, a veces brutal, con apaleamientos, entre la falsificada
imagen que Don Quijote tiene de sí mismo y la imagen que los demás tienen del
hidalgo Alonso Quijano, o Quesada, o Quijada. Y tampoco esta imagen es
absolutamente verdadera. Don Quijote no tiene ni razón ni razones en la primera
parte, pero conforme avanza la obra, Cervantes nos irá mostrando, con su
maravillosa comprensión del corazón humano, cómo también Don Quijote tiene su
verdad, que no es ni la de él, ni la de los otros. Cervantes, primer novelista
moderno, no se pone a favor de Don Quijote, ni de los demás personajes. Ninguno
de ellos tendrá razón en absoluto, tendrá sus razones, tan sólo. Así, cuando el
malhumorado clérigo, capellán de los duques le dice que no pierda el tiempo y
que se vaya a su casa, Don Quijote le contestará magníficamente:
«
¿Por ventura es asunto vano o es tiempo mal gastado el que se gasta en vagar
por el mundo, no buscando los regalos dél, sino las
asperezas por donde los buenos suben al asiento de la inmortalidad? Si me
tuvieran por tonto los caballeros, los magníficos, los generosos, los altamente
nacidos, tuviéralo por afrenta irreparable; pero de
que me tengan por sandio los estudiantes que nunca entraron ni pisaron las
sendas de la caballería, no se me da un ardite; caballero soy, caballero he de
morir, si place al Altísimo. Unos van por el ancho campo de la ambición
soberana; otros por el de la adulación soberbia; otros por el de la hipocresía
engañosa y algunos por el de la verdadera religión, pero yo, inclinado de mi
estrella, voy por la angosta senda de la caballería andante, por cuyo ejercicio
desprecio la hacienda, pero no la honra.
Yo he
satisfecho agravios, enderezado entuertos, castigado insolencias, vencido
gigantes y atropellado vestiglos; yo soy enamorado, no más porque es forzoso
que los caballeros andantes lo sean; y siéndolo no soy de los enamorados
viciosos, sino de los platónicos continentes.
Mis
intenciones siempre las enderezo a buenos fines, que son de hacer bien a todos
y mal a ninguno: si el que esto entiende, si el que esto obra, si el que desto trata merece ser llamado bobo,
díganle vuestras grandezas, duque y duquesa excelentes.»
El
lector se queda desconcertado con los matices sutiles de este párrafo. Don
Quijote defiende la caballería, con razones claras. Pero de pronto su locura le
lleva a afirmar que ha realizado hazañas que el lector sabe que han sido
grotescos fracasos y enseguida se vuelve a afirmar la bondad de los propósitos.
Este
contraste de Don Quijote con la realidad es, ante todo, ya lo hemos dicho,
contraste con otras vidas. Y el primero que contrasta la invención y la
realidad de Don Quijote es Sancho,
Sancho,
Sancho bueno, compañero hermano de Don Quijote, al que engaña, del que espera
sobre todos los beneficios, pero al que declarará que quiere más que a la
lumbre de sus ojos, unido al caballero en pareja, sobre la que se proyecta
alternadamente la lente penetrante de la descripción, del contraste en gestos,
en palabras, en valor o cobardía, en locura o sensatez. Sancho no llega a quijotizarse. Penetrará en el mundo de Don Quijote o se
separará de él. Es un rústico, pero su rusticidad aparecerá llena de discreción
y su bondad resplandecerá siempre. Todo será para él situación concreta y junto
a la aspiración de Don Quijote, que es Dulcinea, él soñará en la ínsula. Sus
ideales de vida serán, sin embargo, el mundo del caballero del Verde Gabán o el
del Labrador rico. Y a través de toda la obra hay una vacilación entre su fe en
Don Quijote y su imagen deseada de la seguridad burguesa. En el diálogo que
tiene con su mujer, para preparar la tercera salida, se observan las actitudes
cambiantes.
LOS DIALOGOS DE DON QUIJOTE Y SANCHO
Al
comentar las Novelas ejemplares
dijimos cómo Cervantes había desarrollado extraordinariamente el elemento del
diálogo en las obras narrativas. El arte del diálogo señorea todo el Quijote. Y la caracterización de los
personajes se establece en mucho por el diálogo. Las fórmulas renacentistas se
entrecruzan con las coloquiales observadas en la realidad. Hay un cambiante
ritmo de aproximación e intimidad entre el caballero y el escudero, con súbitas
manías de superioridad por parte de Don Quijote, con sosegada corrección de
prevaricaciones idiomáticas o con estallidos de indignación cuando Sancho abusa
de los refranes. Don Quijote otras veces admira el buen seso, la natural
discreción de su escudero y llega a competir con él en ser refranista. Sancho
habla siempre con respeto, unas veces con temor, otras con irónica burla.
Sancho oirá los consejos de su señor, .y no dejará de tenerlos en cuenta cuando
llega a lo que soñaba, a gobernador.
SANCHO GOBERNADOR
Sí,
nada menos que eso. El mismo Sancho no lo puede creer y también desconfían los
amigos del pueblo. Sancho, por su fe en Don Quijote, recibe también su parte de
burla. Pero Sancho no es un pobre tonto. Su buen sentido natural va a resolver
las situaciones de una manera directa y humana. Y cuando llegue el desengaño,
reaccionará con una dignidad que llenará de admiración a todos.
LOS PAISAJES Y LOS HOMBRES
El
Quijote es un libro de camino, un libro andariego. El alma viajera de Cervantes
refleja sus propias andanzas. Ciertamente que la localización inicial es incierta.
Se trata de un pueblo manchego. Aparecerán estos pueblos de labradores, con
corrales y caserones.
El
paisaje se hace serrano en la segunda salida. Aparecen las espesuras de Sierra
Morena, en donde Don Quijote, al hacer penitencia de amores, se encuentra con
casos reales de locura de amor. Después, en la tercera salida será la ruta
hacia el mar. Ya hemos dicho cómo Cervantes varía el itinerario de Don Quijote,
no haciéndole ir a Zaragoza, para separarse de la imitación hecha por
Avellaneda. Aragón, Cataluña, Barcelona, serán las etapas finales. Y el seco
hidalgo castellano será vencido a orillas del mar. Del mar, nostalgia de
Cervantes.
España
toda está presente en el Quijote. Y sus hombres. Desde los pastores a los
duques... ¡qué riqueza de personajes! Y en la presencia de los hombres en el
Quijote, cada uno de ellos tiene su propia vida, en un entrecruzamiento con la
del hidalgo, pero con autonomía. Todas las clases sociales, con sus
características, con sus problemas, aparecen en el Quijote estampa maravillosa
de la España de finales del XVI.
LOS DISCURSOS
Esta
sociedad, estaba, como toda la sociedad europea, en un momento de crisis. De un
lado la nueva ordenación económica, de otro la sustitución del orden
estamental, por otra organización. Dos veces Cervantes, por boca de Don
Quijote, va a expresar sus ideas esenciales. El discurso de la edad de oro, y
el discurso de las letras y las armas, van a ser dos momentos en que Don
Quijote mostrará qué razón es la suya para obrar como obra. Los dos discursos
se complementan. Se traza en el primero, esencialmente, una imagen ideal de la
humanidad en paz, la convivencia en un orden armónico. A ese orden han de
servir las armas, en cuyo servicio se desarrollan todas las potencias más
nobles del hombre. Es lo que se ha llamado el humanismo de las armas.
Cervantes, así, en los comienzos de la crisis del mundo moderno, va a defender,
no una restauración medievalizante, sino una síntesis
restauradora de lo que el Estado moderno iba a deshacer.
LA DERROTA DE DON QUIJOTE
El
vencimiento de Don Quijote, y la vuelta a la aldea, son los capítulos más
serenos de toda la obra. Le viene la derrota a Don Quijote cuando está en un
momento de fe en sí mismo. No importa que haya quedado arrinconado en los
episodios del rescate de la hija de Ricote. Ha penetrado en la sociedad de
Barcelona, no ha realizado ningún desatino, y, como en toda la segunda parte,
son los demás los que le dan la ocasión de que se afirme en su propia fe. Pero,
de pronto, surge el Caballero de la Blanca Luna y en el desafío, por el mismo
azar que le había hecho vencedor contra el Caballero de los Espejos, es ahora
derrotado, y lleno de pena, tiene que emprender el camino de regreso. En estos
capítulos aún hay sol en las bardas, hay la promesa del desencantamiento de
Dulcinea, hay la pasajera ilusión pastoril, y hay -eso lo va presagiando poco a
poco-, el abandono de todo el mundo que él y los demás habían creado. Su vuelta
a la razón, es también la vuelta de la vida. Afirmará que todo era locura, pero
su ímpetu, que le sostuvo tantas veces, ya no le sirve, ni tiene por qué
servirle. Y la muerte en paz, nos deja, la tristeza de su fracaso, pero la
afirmación de su triunfo.
EL ESTILO DE CERVANTES
La
complejidad de la obra cervantina se refleja en los cambiantes estilos que se
observan. Cervantes va a ser el gran prosista de nuestra Edad de Oro, y el
Quijote, libro síntesis de la cultura del siglo XVI, va a desarrollar los
elementos que están en toda la lengua literaria fijada en esa centuria y a
preparar las posibilidades de la prosa barroca.
La
prosa cervantina se desarrolla en el estilo pastoril en La Galatea, con impregnación, más que
imitación, del ritmo de la prosa italiana de Boccaccio.
Esto se observará también en el Quijote.
Estilo de antítesis, más abundante en el episodio de Dorotea y en la narración
del Curioso impertinente que en otros momentos. También, en la prosa
cervantina, hay que subrayar el epíteto abundante y el ritmo variable, pero
siempre con preocupación de ordenar la frase, de manera semejante al período
ajustado a lo que se llamó el «cursus». En otras
ocasiones, los períodos tienen un tono oratorio, tal en los discursos de Don
Quijote, o en algunos momentos de indignación del caballero.
Sobresalen
la riqueza y la variedad del coloquio. En el Quijote tenemos llevada a su perfección esta forma estilística de
la novela moderna. Hay coloquios en los que resuena la estructura del coloquio
culto de los humanistas y otros en los que se advierte la penetración de la
conversación viva y popular.
El
mismo carácter paródico de la obra introduce varias imitaciones del estilo de
los libros de caballerías; y los motivos esenciales de contraste, se fijan en
fórmulas repetidas. Desde el punto de vista sintáctico hay que notar la
abundancia de las oraciones condicionales irreales y de las concesivas. En cada
momento todos estos elementos se ponen al servicio de la situación especial.
Por ello, y, repetimos, por ser el Quijote
un libro, donde está fundida toda la literatura narrativa anterior, la expresión
estilística es varia, cambiante, llenas de increíbles y bellísimos matices.
LA FAMA
El
gran triunfo de Don Quijote es su vida en la posteridad. El Ingenioso Hidalgo ha sido un libro constante en su éxito, es un
mensaje para todos los espíritus. El gran filósofo Jacques Chevalier,
después de enumerar una serie de grandes obras, la Ilíada, la Divina Comedia,
las tragedias de Shakespeare, el Fausto,
dice que cada una de ellas va dirigida a lectores determinados, no son como
esta gran obra, que es accesible para todos. Cada lector, sea niño a sea
adulto, hombre del pueblo o sabio, encuentra en el gran libro una fuente de
deleite, de alegría o de meditación.
Desde
su aparición en 1605 ha sido elogiado y comentado, ha inspirado otras obras
literarias, ha sido tema para pintores y músicos; ha sido llevado al cine. Y
sobre todo será el modelo imitado por los autores que crean la gran novela
moderna e influirá, de manera decisiva, en Inglaterra sobre Dickens,
a través de Fielding y Smolett;
en Francia sobre Balzac y Flaubert; en Rusia sobre Turguenev y Dostoyewski.
Puede
decirse que no hay libro más comentado que el Quijote. Sus interpretaciones han sido muy diversas y se pueden
sintetizar así:
Primero
como obra de valor cómico. Así se vió esencialmente
en su época, así aparece hoy, cuando es leída por niños o por personas
sencillas. Sin embargo, aun en esta interpretación, hay una gran simpatía por
Don Quijote. Los dos personajes inmortales, durante el siglo XVII, van a
aparecer como máscaras cómicas en los regocijos populares.
A
partir del Romanticismo se exalta la figura de Don Quijote. La ironía aparece
así fundida con el dolor. Son, sobre todo, los románticos alemanes los que
crearán la contraposición de Don Quijote, como representación del espíritu, de
lo ideal, y de Sancho, como expresión de lo material. Esta interpretación ha
pasado al dominio corriente. Los nombres de los personajes se han hecho nombres
comunes. Es también, en cierto modo, la interpretación de Unamuno.
El Quijote tendría un humor
melancólico. Según Maeztu, es un libro que expresa la
decadencia española.
Durante
el siglo XIX se buscaron también explicaciones bastante disparatadas: el Quijote sería un libro con clave, en
contra de Felipe II. Hoy todo esto está abandonado.
La
crítica actual ve, ante todo, en el Quijote
la expresión artística de hondos problemas espirituales de la época de
Cervantes.
Muestra
también de qué manera es una extraordinaria obra de arte y estudia sus formas
de estilo y su arquitectura.
Todas
estas actitudes son posibles, por la riqueza increíble de aspectos, por la
cambiante fuerza de su estilo, por el hondo mensaje humano. El Quijote, amigo y compañero, tiene
regocijo y enseñanza, es una imagen honda de la vida humana. Por eso su lectura
trae siempre un gozo que nunca cesa, fuente que siempre mana, que siempre
penetra y nos transforma, nos hace gozar y nos enseña. Sí; Cervantes, como dijo
Rubén, es un buen compañero.
|