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TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO DEL TABAQUISMO

Como sabrás, aparte del tratamiento psicológico-conductual básico, puesto que el tabaquismo es un problema conductual que exige un cambio de conducta, existen otra serie de terapias complementarias y/o alternativas que pueden facilitar el proceso.

Entre éstas quizás la más conocida sea la intervención farmacológica, que últimamente cuenta con muchísimos estudios empíricos que aportan información objetiva sobre los mecanismos de actuación, grados de eficacia, combinaciones y dosis más adecuadas a cada caso, etc.

La información que te aportamos aquí sobre los actuales tratamientos farmacológicos, no deja de ser consideraciones generales. Si te planteas usar alguno de ellos, debes tener presente ante todo que son fármacos, por tanto seguir el consejo de un profesional es lo más inteligente (consulta a tu médico o farmacéutico), sobre todo si tenemos en cuenta que los tratamientos deben ajustarse, tanto en la modalidad elegida como en la dosis suministrada, a cada caso particular, para asegurarnos un grado máximo de eficacia.

Los tratamientos de primera línea se dividen en dos bloques:

El uso de estos fármacos es especialmente adecuado para fumadores en fase de preparación para la acción, siempre y cuando no se cumpla ninguno de los criterios de contraindicación (más adelante se detallan), puesto que los estudios indican que duplican las probabilidades de éxito y reducen en distintos grados los síntomas del Síndrome de Abstinencia.

Aunque más adelante volveremos sobre las contraindicaciones, conviene señalar ya que no se recomienda su uso para fumadores de menos de 10 cigarrillos diarios (puesto que la dependencia nicotínica sería mínima y la dosis suministrada por estos productos sería excesiva) tampoco se aconseja para menores de 15-16 años, para la población que cumpla cualquiera de las contraindicaciones, y en especial, no deben usarse durante el embarazo y lactancia.

La característica común de estos tratamientos, y lo que asegura a la vez la seguridad en su uso, es que la Nicotina se administra por una vía diferente a la habitual, y que se suministra en cantidades suficientes para reducir el síndrome de abstinencia, pero insuficientes para crear dependencia.

En concreto, administrar la nicotina por vía diferente, además de ser mucho menos o nada adictiva, facilita la extinción de los condicionamientos, pues permiten enfrentarnos con más garantía de éxito a los estímulos que suelen ligarse al consumo. Además de esta importante ventaja, parece demostrado que tanto la TSN como el Bupropión reducen en alguna medida la ganancia de peso asociada al abandono del consumo.

Ambas modalidades han probado empíricamente su eficacia en diversos estudios comparativos con grupos placebo, es decir, son efectivos por sí solos, aunque un tratamiento completo de deshabituación debe incluir una intervención psicológica-conductual , donde los fármacos serían facilitadores del cambio de conducta, pero no lo ocasionan.

Son tratamientos seguros y eficaces con pocas contraindicaciones de consideración, y efectos secundarios en su mayoría leves y subsanables.