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ETIMOLOGÍA MITOLÓGICA

El nombre de las proteínas procede del griego "proteios" = primario, y hace alusión al dios griego Proteo, hijo del Océano y guardián de los rebaños de focas de Posidón. Proteo tenía el don de la profecía, e iban a consultarlo todos los que querían saber el futuro; pero antes de emitir sus dichos había que apoderarse de él y sujetarlo, cosa nada fácil, porque Proteo adoptaba las formas más diversas y caprichosas: un dragón, un león o cualquier otro animal. Sólo cuando los visitantes no tenían miedo, Proteo se convertía en sí mismo y escrutaba para ellos el porvenir.

La importancia de las proteínas ya fue sospechada por los investigadores en 1839. Esta denominación fue casi profética ya que, a partir de esta fecha, los investigadores han ido revelando que las proteínas están dotadas de múltiples formas y funciones distintas (como Proteo) y están implicadas en todos los procesos metabólicos de las células.

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