La Biodiversidad imaginada
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La biodiversidad imaginada
 

 

Esta es una recreación de un paisaje virtual transformado desde la óptica de la biodiversidad, inspirada en un propuesta de Wilson (1992).

En él los tamaños relativos de cada uno de los seres vivos representados, se corresponden proporcionalmente con el número de especies científicamente conocidas en su grupo, aunque no se han considerado algunos organismos como los virus. Por ejemplo el más grande es un insecto, un escarabajo como no podía ser menos, que representa las 800.000 especies del grupo, y el más diminuto un ser humano, que abandera las escasas 4.000 especies de su grupo, los mamíferos.

La distribución cuantitativa es la siguiente:

       1 Artrópodos Insectos, 800.000
       2 Plantas superiores, 248.400
       3 Resto de artrópodos (arañas, ciempiés y cangrejos), 200.000
       4 Hongos, 69.000
       5 Moluscos (caracoles, almejas, calamares), 50.000
       6 Protozoos (organismos unicelulares), 30.800
       7 Algas, 26.900
       8 Peces, 19.056
       9 Platelmintos (gusanos planos), 12.200;
          Nemátodos (gusanos redondos), 12.000;
          Anélidos (lombrices), 12.000
      10 Aves, 9.040
      11 Cnidarios y ctenóforos
          (corales y medusas), 9.000
      12 Poríferos (esponjas), 5.000
      13 Reptiles, 6.300
      14 Equinodermos
          (estrellas y erizos de mar), 6.100
      15 Microorganismos procariotas
          (bacterias y cianobacterias), 4.800
      16 Anfibios, 4.200
      17 Mamíferos, 4.000

 


Diversidad biológica y biodiversidad

Desde la aparición de la vida en los océanos primitivos de nuestro planeta, comenzó a escenificarse sin solución de continuidad lo que podría describirse con algo de imaginación como el "teatro de la vida". Los distintos actores que han venido participando en el mismo representarían a las especies de seres vivos, que se adaptan a ambientes cambiantes (los múltiples escenarios de la obra teatral), en un contexto o trama que varía con el tiempo (el propio desarrollo de la obra es la evolución biológica). Con este símil puede entenderse el tratamiento que ha recibido el estudio de la diversidad biológica por la ciencia ecológica a lo largo de las últimas tres cuartas partes de este siglo: la ecología se ha interesado por la "dramaturgia" en su conjunto: las especies (y los especímenes o número de individuos que integran cada especie), sus interrelaciones y las relaciones de estos seres vivos con su medio.

Este interés por la diversidad de los seres vivos no es, por tanto, algo nuevo, pero sí ha cobrado en la actualidad un nuevo auge y expectación, y además también ha adquirido nuevos matices. Básicamente los ecólogos han tratado la diversidad biológica como expresión de la organización de los ecosistemas, mientras el término "biodiversidad", posterior al de diversidad biológica y popularizado a partir de los años ochenta, aún refiriéndose en esencia al mismo contenido conceptual, pese a sus distintas interpretaciones, ha quedado restringido frecuentemente al registro e inventario de las especies de seres vivos (el plantel de actores de las obras teatrales de cada tiempo).
Durante la celebración de la Cumbre de Río de Janeiro en 1992 y como consecuencia de la redacción del Convenio sobre la Diversidad Biológica, fue suficientemente debatido el concepto de "diversidad biológica", que acabó entendiéndose como la variabilidad de organismos vivos de cualquier fuente, incluidos los ecosistemas terrestres y marinos y otros ecosistemas acuáticos y los complejos ecológicos de los que forman parte; comprende la diversidad dentro de cada especie, entre las especies y de los ecosistemas.
El éxito del término "biodiversidad", la profusión de textos que ha protagonizado en los últimos años y la afortunada acogida que ha tenido tanto en el mundo conservacionista, como entre los políticos o entre distintos sectores sociales vinculados con el medio ambiente, incluyendo el económico y empresarial, ha conducido a una identificación cada vez más estrecha entre biodiversidad y diversidad biológica.


Sólo habría que buscar aquellas publicaciones cuyo contenido estuviese identificado por la palabra clave "biodiversidad" o utilizar cualquier buscador en Internet de sitios web dedicados a la "biodiversidad" o "biodiversity", para dimensionar en su justa medida la enorme implantación social de este concepto.

Diversidad dentro de cada especie (genética) Diversidad entre
especies
(taxonómica)
Diversidad de los
ecosistemas (ecológica)

 

 Reinos

 Bioregiones

 

 Filos

 Paisajes

 

 Familias

 Ecosistemas

 

 Géneros

 Hábitats

 

 Especies

 Nichos

 Poblaciones

 Poblaciones

 Poblaciones

 Individuos

 Individuos

 

 Cromosomas

 

 

 Genes

 

 

En este cuadro adaptado de Pascual (1997), se expresa que el principal objeto de estudio de la biodiversidad, entendida en su acepción más amplia, es la población (conjunto de individuos de una misma especie que viven en un mismo lugar determinado), porque sobre ella convergen tanto la diversidad genética, como la taxonómica o la ecológica.


Hacia la biodiversidad desconocida

Tradicionalmente, el principal vehículo para el conocimiento de la biodiversidad ha sido el constituido por la taxonomía y la sistemática biológica, es decir: la ordenación en un sistema jerarquizado de los distintos tipos de seres vivos en grupos o taxones y la clasificación de los mismos atendiendo a su origen filogenético.

Estas ciencias biológicas suelen ser, para quienes se adentran en su conocimiento, poco entendidas y no deseadas en exceso, bien por su carácter eminentemente descriptivo y compilatorio, o lo que es peor, por su tratamiento memorístico, cuando es necesario enfrentarse a su estudio. Esto debimos pensar más de un estudiante de biología promoción tras promoción en pleno baile mental de nombres latinos de especies, géneros, familias, órdenes, clases, y divisiones y filos.


La amplitud de visión de las cosas que permite el paso del tiempo, junto a las experiencias tanto vitales como las relacionadas con el desarrollo de una determinada actividad, acaban poniendo muchas de esas cosas en su sitio. Algo de eso debió sucederme en mi forma de entender la taxonomía y sistemática biológica, y la trascendencia que tienen en la comprensión de la importancia de la Biosfera y la necesidad de su conservación. Sólo a través de ellas y su relación directa con la historia filogenética de los seres vivos, hemos podido acercarnos al concepto de diversidad biológica o biodiversidad. Y parece que esto es cierto, que sólo nos hemos acercado, porque el 1.800.000 especies conocidas y descritas científicamente ­unido al grupo de especies fósiles, unas 300.000­, con gran probabilidad no representa más que la punta del gran "iceberg" de la biodiversidad. Además ese "iceberg" está construido no sólo con un buen número de especies distintas, sino también con la variabilidad genética y molecular intrínseca de las mismas y con otros valores propios de ellas, como los recursos que ofrecen al ser humano (aprovechamientos, oportunidades para la economía), actividades tradicionales sobre su uso y gestión o las implicaciones culturales y sociales relacionadas con la propia biodiversidad.


La biodiversidad catalogada (la punta del "iceberg") es la que conocemos, pero es algo más seguro que una mera intuición, el hecho de que la diversidad de vida en el planeta Tierra es muchísimo mayor que esa biodiversidad catalogada. Para colmo, no sólo desconocemos el número de especies que existen en el planeta, sino también el rango de las mismas: ¿sabemos realmente si el número de especies se corresponde con algún que otro millón, decenas de millones o quizá centenas de millones?


Que la biodiversidad es aún una gran desconocida parece una realidad irrefutable, pero no lo es menos la certeza de que al actualizar el catálogo de especies a lo largo de los últimos veinte años, en determinados grupos el ingreso de nuevas especies ha sido escaso o nulo; en cambio en otros se ha producido un espectacular incremento. Se deduce de aquí que la profundización en la investigación de determinados grupos de seres vivos no nos debe aportar ninguna sorpresa, por tratarse de grupos muy bien conocidos, estudiados y por tanto descritos y censados; en cambio en otros grupos, es de esperar que el número de especies incorporadas sea proporcional al grado de la investigación realizada sobre el mismo. Esta situación deja traslucir la verdadera limitación del conocimiento de la biodiversidad por el ser humano: su interés por ella y su capacidad de acceso, estudio e investigación.


Las aves han despertado la curiosidad del hombre desde antiguo y muchas personas se han interesado por la Naturaleza, precisamente a través de las aves. Se podría decir, exagerando con seguridad, que gran parte de los naturalistas de este siglo han sido realmente ornitólogos vocacionales y curiosamente en no pocos casos el asociacionismo ambiental y el movimiento ecologista emana precisamente del seno de grupos de observadores y estudiosos de las aves. Este interés puede que no haya surgido casualmente y sí en cambio se deba a la belleza de estos animales, a la facilidad con que pueden ser observados o a su superioridad respecto al ser humano en una capacidad ancestralmente anhelada: el vuelo. Por tanto, no es esperable que un número elevado de especies no conocidas pase a engrosar el catálogo de la avifauna, con 9.040 especies inventariadas hoy en día.


En cambio existen grupos en los que el número de especies se ha ido incrementando progresivamente conforme se ha avanzado en su conocimiento. Éste es el caso de los artrópodos, los insectos concretamente y muy particularmente los escarabajos. No debe resultarnos raro tampoco que la mayor parte de las especies vegetales sean plantas con flores, por la coevolución que insectos y fanerógamas han mantenido a lo largo de su historia biológica. Se conocen aproximadamente un millón de especies de animales invertebrados artrópodos, lo que demuestra el gran éxito evolutivo del grupo y su capacidad de colonización de los medios aéreo y acuático. Artrópodos son las arañas, los ciempiés, los cangrejos y los insectos; éstos últimos abarcan prácticamente 800.000 especies ­que muy posiblemente no constituyan más que el 10% de los insectos del planeta­, de las que unas 300.000 son escarabajos. Según esto, no nos debería causar extrañeza esa "inmoderada afición de Dios por los escarabajos" que tan irónica pero nada descabelladamente apuntara J.B.S. Haldane (1892-1964), al analizar objetivamente los resultados de lo que debió ser la creación divina.


Los escarabajos son animales relativamente pequeños, a menudo ínfimos, ocupan hábitats frecuentemente inaccesibles ­como la copa de los grandes árboles de las pluvisilvas tropicales­ y aunque también han despertado el interés y la curiosidad de muchos naturalistas, su caso no es comparable al de las aves. Teniendo en cuenta el ritmo al que se han ido incorporando nuevas especies a este grupo, cabría esperar que en los próximos años el número fuera creciendo progresivamente de una forma acelerada, tanto por los avances en la tecnología de la investigación científica como en las posibilidades de acceso a los hábitats de estos seres vivos. La estimación establece que la proporción actualmente conocida de artrópodos respecto a otras especies de seres vivos se queda bastante corta, ya que éstos deben constituir entre el 80 y el 90 % de todas las especies de organismos vivos. Les queda mucho trabajo por delante a los zoólogos en general y a los entomólogos en particular para que la biodiversidad catalogada comience a aproximarse a la diversidad de vida del planeta. Según parece, los botánicos han cumplido bastante bien su tarea y no se sospecha que vaya a aumentarse demasiado el catálogo de las 248.400 especies de plantas superiores conocidas.


Pues bien, si éste es el panorama que afecta a las especies visibles, conspicuas, que viven en ecosistemas relativamente bien estudiados, ¿qué decir de los seres microscópicos, los organismos unicelulares y las formas acelulares, virus, que existen en los distintos medios de nuestro planeta, e incluso de los recientemente debatidos nanobios?, ¿y de aquéllas otras que viven en medios tan "inaccesibles" como los océanos?


El reto para hacer aflorar a la superficie el "iceberg" de la biodiversidad está sobre los hombros de la comunidad científica internacional, pero el conjunto de la sociedad mundial tiene mucho que aportar en ese reto.


 

 

En el año 1992 tuvo lugar en Río de Janeiro la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo. En el seno de aquella cumbre fue debatido y vio la luz el Convenio sobre la Diversidad Biológica, que entró en vigor el 29 de diciembre de 1993, habiendo sido suscrito por España junto al resto de la Comunidad Europea el 21 de diciembre de ese mismo año. Desde entonces, el día 29 de diciembre es celebrado internacionalmente como el Día de la Diversidad Biológica.

El Convenio respondió a la demanda internacional de conservación de la biodiversidad (incluyendo los recursos genéticos, las especies y los ecosistemas), utilización racional de los recursos biológicos y reparto equitativo del beneficio generado por su uso. La biodiversidad empezaba a ser considerada como una cuestión no sólo ambiental, sino también económica, cultural y social.


Como consecuencia de la implantación del Convenio que fue firmado por más de 150 países, cada Parte Contratante ­países que ratificaron el mismo­, quedó comprometida al desarrollo de estrategias o planes que recogieran la problemática real de su territorio:


- Estrategia de la Comunidad Europea en materia de Biodiversidad. 1998.


- Estrategia Española para la Conservación y Uso Sostenible de la Diversidad Biológica.1999.


- Estrategia Navarra para la Conservación y el Uso Sostenible de la Diversidad Biológica y Plan de Acción (1999-2004). 1999.


En Andalucía se han venido desarrollando los trabajos preliminares para la redacción de la Estrategia Andaluza para la Conservación y Uso Sostenible de la Diversidad Biológica a instancias de la Consejería de Medio Ambiente, para continuar su maduración con fases posteriores de participación, debate y reflexión por áreas temáticas o mesas sectoriales, estando prevista la conclusión del proceso a lo largo del año 2000. Las finalidades de esta Estrategia Andaluza sobre Biodiversidad, así como de la Estrategia Andaluza de Educación Ambiental que ha comenzado a recorrer los primeros pasos de su elaboración muy recientemente, han sido consideradas en la "Agenda 21 Andalucía", que constituye la base del Pacto Andaluz por el Medio Ambiente y el Desarrollo Sostenible, cuyo refrendo en Andalucía tendrá lugar así mismo durante el año 2000.

 


¿La última extinción?

Está aceptado que la vida apareció en la Tierra hace 3.500 millones de años, pero tal vez fue hace 4.200 millones, ya que existen fósiles-reliquias de algas verde-azuladas de 3.500 millones de años de antigüedad, pero la ausencia de un registro fósil de la vida primitiva anterior no ha permitido concretar con más exactitud el momento del origen de las primeras formas vivas. En todo ese tiempo de historia de la vida en el planeta Tierra, la evolución de los seres vivos no ha sido precisamente regular y homogénea, sino que ha estado salpicada desordenadamente de grandes altibajos, de momentos de esplendor y de tremendos momentos catastróficos, todos ellos achacables a causas naturales, fundamentalmente geológicas, climáticas y cósmicas. Las "naturocatástrofes" dieron lugar a grandes "naturoextinciones" en las que desaparecieron de forma natural un número importante de especies que permitieron el origen y expansión de otras nuevas. Cinco han sido las "naturoextinciones" acaecidas en la historia natural, la primera hace 440 millones de años y la "penúltima" hace 65 millones de años, con la desaparición de los dinosaurios, dominantes en el periodo anterior, que favoreció la diversificación de los mamíferos.

Ésta de hace 65 millones de años la hemos señalado intencionadamente como "penúltima" porque ¿estará comenzando la que será la definitiva y última gran extinción, como auguran algunos autores? Se han aportado razonamientos, argumentos y alguna prueba que pretenden apoyar esta idea. Lo cierto es que existe una diferencia importante entre las cinco anteriores y ésta. Mientras aquéllas fueron extinciones que se debieron a causas con un origen en las entrañas de la propia Naturaleza, la que puede ser la sexta extinción tiene un origen bien distinto, en el que el hombre es el protagonista principal. Se trata más bien de una "antropoextinción" causada por la acción del hombre en la Tierra, cuya tasa de extinción podría llegar a ser 400 veces superior a la de nuestro pasado geológico reciente.


La actividad humana actual arrastra graves amenazas para la biodiversidad: destrucción de hábitats y desaparición de ecosistemas, sobreexplotación de especies y recursos naturales en general, contaminación del medio, cambio climático global e invasión por vía artificial de especies exóticas; amenazas que no sólo atentan contra la biodiversidad sino contra el propio significado de la evolución de los seres vivos: ¿podrá continuar el proceso de aparición de nuevas especies ­especiación­ como consecuencia de la selección natural y la especialización, ya que los areales naturales están cada vez más restringidos y las superficies naturales disponibles tal vez no tengan las dimensiones suficientes para permitir una especiación como la que hasta ahora hemos conocido?


Las medidas diseñadas y puestas en práctica en todo el mundo para contrarrestar la pérdida acelerada de biodiversidad, están concebidas sobre el presupuesto de la biodiversidad catalogada pero no sobre la biodiversidad imaginada.


La paradoja acerca de la conservación de la biodiversidad existe y adquiere una dimensión cada vez mayor. Las estrategias de conservación y uso sostenible de la biodiversidad basadas en la ordenación y gestión de los recursos naturales y conservación en los espacios naturales protegidos, con acciones de conservación "in situ" y/o "ex situ" que emplean distintas técnicas, algunas realmente innovadoras, así como la extensión de las prácticas de desarrollo sostenible y de participación ciudadana, constituyen el principal banco de recursos para la conservación de la biodiversidad, pero conforme se avanza en su conocimiento y conservación, prosigue el proceso irreversible de desaparición de especies. Las estimaciones apuntan a que sólo se podrá llegar a conocer el 60 % de la biodiversidad imaginada, pues el 40% desconocido, desaparecerá irremediablemente.


Esta visión antropocéntrica de la paradoja humana hacia la biodiversidad alcanza una complejidad mayor debido a distintos aspectos dispersos e influyentes: no sólo se estima ese 40 % de biodiversidad desconocida, sino que además desconocemos los servicios ecológicos y productos y recursos en suma, que ofrece tanto esta biodiversidad desconocida, como ­lo que es más grave­, la biodiversidad catalogada. Ignoramos el alcance de la influencia antrópica sobre los ecosistemas en aspectos no conocidos hasta ahora, como la introducción de especies foráneas ­y dispersión verdaderamente incontrolada en prácticamente todos los medios­ y su competencia ecológica con las especies autóctonas o la hibridación vegetal promovida por el hombre y , cómo no, la manipulación genética de los seres vivos para satisfacer distintas demandas humanas. La conservación de las poblaciones de determinadas especies requiere un conocimiento previo de sus requerimientos ecológicos que a menudo no está apenas contemplado en la planificación; por ejemplo la metamorfosis que sufren los insectos hace que las distintas fases por las que discurre la vida del animal tenga unas exigencias ecológicas muy diferentes entre sí, y para ello es fácil imaginarse la abismal diferencia existente entre el cuerpo de una larva y de una mariposa en que luego se convertirá y cuán distintos son los nichos que ocupan. O bien otro ejemplo podría ser la edad de la población. Una población constituida mayoritariamente por individuos adultos, como una masa arbórea antigua, en la que no se produce la renovación reproductiva y por tanto no hay un flujo de incorporación de individuos jóvenes a la misma, está indefectiblemente abocada a la extinción.


¿Asistimos entonces a la última extinción? Me quedaría con las respuestas emanadas por la convergencia de las teorías de Lovelock y de Wilson respectivamente. Lovelock en su teoría Gaia reflexiona sobre un futuro esperanzador para la madre Tierra, de modo que igual que las especies mantienen los ecosistemas de los que forman parte, el gran ecosistema, la Tierra, se mantendrá por la interacción del conjunto de sus ecosistemas. Por su parte Wilson, habla de la biofilia refiriéndose a esa vinculación emocional innata de los seres humanos con otros seres vivos y con la Naturaleza en general (cualquier niño pequeño expresa con sus lápices paisajes idealizados de naturaleza y vida: montañas, ríos, árboles, animales y nubes). El hombre necesita de la Naturaleza. ¿Y la Naturaleza?, ¿podría prescindir del hombre?


 
 

La Unión Mundial para la Naturaleza, UICN, que desde su fundación en 1948 agrupa a estados soberanos, agencias gubernamentales y organizaciones no gubernamentales, tiene editados unos interesantes documentos que han supuesto una referencia obligada en la planificación de la conservación del medio ambiente de buena parte de los países del mundo. Es el caso de la Estrategia Mundial para la Conservación (1980), elaborada conjuntamente con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y el documento Cuidar la Tierra (1991). O la Estrategia Global para la Biodiversidad (1992), con la colaboración del Instituto de Recursos Mundiales (WRI) y el PNUMA, y la Guía del Convenio sobre la Diversidad Biológica (1996).

 


Antonio Escámez Pastrana




 

 

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