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El alimoche de Canarias, el guirre, como le
llamaban antiguamente los guanches y hoy lo siguen
llamando los canarios, el único buitre presente en el
Archipiélago y en toda la región macaronésica, es
morfológica y genéticamente diferente a cualquier otra
población homóloga del mundo. Ésta es la conclusión a la
que ha llegado un equipo de investigadores de la
Estación Biológica de Doñana (CSIC) tras dos años de
trabajo. Esos mismos estudios han determinado que la
población canaria de guirres se encuentra al borde la
extinción (sobreviven menos de 130 ejemplares)
principalmente debido a la mortalidad causada por
tendidos eléctricos de ENDESA y venenos, así como por la
contaminación derivada de la ingestión de plomos de
caza. Ante esta situación tan negativa, la subespecie
aparecerá con la categoría más alarmante de todas, En
Peligro Crítico (CR), en la nueva Lista Roja de las Aves
de España que actualmente está elaborando SEO/BirdLife a
instancias del Ministerio de Medio Ambiente. En el
presente artículo se resumen las conclusiones obtenidas
de las investigaciones llevadas a cabo sobre el alimoche
canario. Estos resultados (descripción de la subespecie
y ecología y conservación de la población) se encuentran
actualmente en prensa en dos prestigiosas revistas
científicas internacionales: Journal of Raptor Research
(1) y Biological Conservation (2).
LOS PROBLEMAS DEL GUIRRE EN
CANARIAS Fuerteventura, el último reducto de
la especie
El guirre o alimoche es el ave más
grande de las Islas Canarias. En el continente europeo
tiene un comportamiento migrador, pero en Canarias y
otros archipiélagos como Baleares o Cabo Verde la
población es sedentaria. En el pasado, el guirre fue un
ave muy fácil de ver en toda Canarias, hasta el punto de
considerarse la rapaz diurna más abundante del
Archipiélago. A partir de los años 50 del siglo XX entró
en un pronunciado declive en la mayor parte de las
islas. Para explicar dicha crisis poblacional se
sugirieron un conjunto de factores relacionados con los
radicales cambios registrados a partir de esas fechas en
Canarias. Entre ellos se han citado: acelerada
industrialización, amplio desarrollo turístico y
modificación del hábitat, aumento de la población,
reducción de la cabaña ganadera, empleo de pesticidas
(principalmente y de una manera masiva en la lucha
contra las plagas de langosta, Schistocerca gregaria),
electrificación rural con tendidos de diseño peligroso
para las aves, utilización de venenos y un largo
etcétera (3).
A partir de los años 80, con la extinción de la
especie en Tenerife y Gran Canaria, el guirre quedó
confinado a Fuerteventura, Lanzarote e islotes del
archipiélago Chinijo. En éstas áreas, la tendencia es
igualmente regresiva.
Convenio entre el Cabildo y la Estación
Biológica de Doñana Cuando todo apuntaba a
que el guirre iba a extinguirse inevitablemente de
Canarias, de la misma manera que unas décadas antes
había desaparecido su singularísima población de milano
real (Milvus milvus), comenzaron a cambiar las cosas.
Coincidiendo con la recepción de competencias en materia
de Medio Ambiente, el Cabildo Insular de Fuerteventura
encargó en 1998 un censo de la especie. Transcurridos 11
años desde la primera cuantificación de sus poblaciones,
el resultado no podía ser más desalentador. Las 26-31
parejas de 1987 habían quedado reducidas a 20-21, lo que
venía a representar un descenso del 35 % (4).
Además de censos y otros estudios, los
responsables insulares pusieron en macha el que sigue
siendo el primer y único comedero para aves carroñeras
de todo el Archipiélago. Es bien sabido cómo la
existencia de fuentes predecibles de alimento resulta
muy importante a la hora de aumentar la supervivencia,
especialmente juvenil, de las rapaces. Pero en el caso
del guirre, la escasez de comida no parecía, en
principio, su principal o único problema. Las razones
para explicar el rápido hundimiento poblacional en todas
las islas debían de ser muchas y complejas.
Con el fin de abordar en su integridad la
problemática del guirre en la isla, el Cabildo Insular
de Fuerteventura suscribió un convenio con la Estación
Biológica de Doñana, vigente entre 1999 y 2001, que ha
permitido obtener una primera visión en profundidad
sobre la singularidad de la población majorera de
guirres, y sobre los problemas de conservación que están
determinando el grado de amenaza que actualmente sufre.
Guirres y alimoches son
diferentes Para poder dar respuesta a las
preguntas que se planteaban ha sido necesario capturar
un cierto número de guirres que han sido medidos,
pesados, fotografiados y extraído una pequeña muestra de
sangre. Igualmente se procedió a su marcado con anillas
metálicas convencionales, así como plásticas con código
alfanumérico de lectura vertical, que permiten la
identificación del ave con telescopio a distancias de
hasta 300 metros. En todos los casos se han utilizado
las técnicas más apropiadas para su captura, manejo y
seguimiento, tal como se viene haciendo desde 1985 en la
Península, donde se han manejado más de 600 individuos
de alimoche sin que se haya observado algún efecto
negativo.
Varias han resultado ser las diferencias físicas
detectadas entre los ejemplares canarios y los europeos.
Así, el tamaño corporal de los guirres de Fuerteventura
ha resultado ser sensiblemente mayor al de los alimoches
peninsulares y euroasiáticos. En todas las medidas
consideradas los guirres mostraron valores
significativamente mayores. Las diferencias fueron muy
acusadas en longitud alar y caudal: 3.9%, 8.4%,
respectivamente. En cuanto a las estructuras relativas
al manejo del alimento (patas, pico), éstas son también
apreciables aunque menores: 2.3% el tarso, 1.9% la
distancia pico-cúlmen y 2.5% la distancia pico-cera. La
más destacable de todas ellas estriba en el peso: los
guirres son un 18.4% más pesados que los alimoches
peninsulares. En general, un incremento de tamaño de los
guirres podría haberse visto favorecido por el hecho de
que en las islas no existen carroñeros competidores de
mayor tamaño. Los procesos de gigantismo en islas están
bien documentados y se han asociado a menudo a factores
como el que comentamos de ausencia de especies
dominantes.
Los resultados de los análisis genéticos,
llevados a cabo sobre ADN mitocondrial y microsatélites,
demuestran que la población canaria de alimoches se
separa muy claramente de las poblaciones ibérica y
africana. Éstas, por su parte, son mucho más afines
entre sí, y muestran similitudes con otras poblaciones
euroasiáticas. En Canarias se encuentran haplotipos
exclusivos, imposibles de hallar en otras poblaciones.
Por otra parte, la población canaria de alimoches posee
una baja diversidad genética, que puede ser producto de
un proceso de colonización basado en escasos individuos
(efecto fundador) o bien el resultado de un cuello de
botella reciente derivado del proceso de
rarificación.
Todos los resultados arriba señalados sugieren
que la población de guirres de Fuerteventura es cerrada.
El control de los dormideros comunales durante los
últimos años revela igualmente variaciones estacionales
que pueden ser perfectamente explicables desde una
aproximación demográfica por la propia dinámica de la
población isleña, que tendería a concentrarse en
invierno en un dormidero principal y a residir en sus
territorios de cría durante la primavera. Por otra
parte, de todos los pollos anillados hasta el momento
ninguno ha abandonado la isla en los últimos años, tal
como revelan los controles en dormideros y comederos.
Ocasionalmente, la población de guirres de Fuerteventura
podría recibir ocasionalmente inmigración desde el
continente africano, pero implicaría a individuos
europeos en migración y/o invernada, no saharianos,
donde su población puede darse en estos momentos por
extinguida. No es raro que aves de presa no nidificantes
en Fuerteventura como milanos negros, águilas calzadas o
aguiluchos, puedan observarse en la isla en épocas de
migración. No obstante, esta presencia de alimoches
europeos sería esporádica o a lo sumo restringida al
periodo invernal, y en todo caso los individuos nunca se
quedarían en Canarias como nidificantes dada su fuerte y
conocida filopatría (tendencia a criar cerca de los
lugares donde nacieron). No cabe descartar, sin embargo,
que existan movimientos de individuos entre las cercanas
islas de Lanzarote y Fuerteventura.
Como resumen de todo lo expuesto, puede
afirmarse que la población de guirres de las Islas
Canarias, limitada hoy a Fuerteventura y a escasos
individuos en Lanzarote, presenta rasgos de singularidad
morfológica y genética muy notables, lo que ha llevado a
su descripción como una nueva subespecie (1), denominada
Neophron percnopterus majorensis en homenaje a la isla
de Fuerteventura, la antigua Maxorata indígena, último
reducto de este amenazado taxón que originariamente
ocupaba todas las islas. Unido a ello, el aislamiento
ecológico de la población canaria respecto a las
continentales africanas y europeas confiere a la
población canaria una importancia muy notable dentro de
la conservación de los alimoches a nivel mundial. Una
creciente corriente científica y conservacionista tiende
más a considerar como unidad crítica de conservación a
una población en concreto que a toda la especie en
general. Las poblaciones locales son las que están
sometidas a cambios y presiones ambientales definidos,
es allí donde surgen las adaptaciones y gracias a las
que se mantiene la diversidad genética. Por otra parte,
la función ecológica de cada población puede ser
extremadamente distinta. En el caso del guirre en
Canarias esta función sería la de la cúspide de la
cadena trófica, al ser el único carroñero de gran tamaño
existente en el archipiélago.
Control de la población, demografía y
factores limitantes La población de guirres
de Fuerteventura parece haber decrecido durante las
últimas dos décadas. Su éxito reproductor resulta además
netamente inferior al detectado en poblaciones de
alimoche europeas (ver Tabla 1). Puede comprobarse cómo
en Fuerteventura hay una menor proporción de parejas que
inicia la reproducción y, además, una mayor proporción
de las que ponen huevos acaban fracasando.
Se está investigando cuáles pueden ser las
causas de la bajísima tasa de natalidad de los guirres
de Fuerteventura. Consideramos poco probable que la
distribución y éxito reproductor del guirre venga
condicionada por la escasez de hábitat adecuado y la
influencia humana, incluidas molestias a nidificantes,
dado que la especie ha desaparecido de zonas que no han
sufrido cambios aparentes. Por otra parte, a falta de
análisis más detallados, el éxito reproductor no está
relacionado con la humanización del medio, aunque no hay
duda de que se han producido algunos fracasos asociados
a molestias. Debido a este extremo, se considera
necesario arbitrar medidas para que las áreas de cría
queden libres de tráfico de vehículos y de
personas.
Tampoco creemos que la falta de recursos
tróficos sea un factor limitante. La alimentación del
guirre en Fuerteventura depende casi exclusivamente de
las carroñas de ganado doméstico (muy mayoritariamente
cabras), cuyo número se ha disparado en los últimos
años, y de los cadáveres de pequeños vertebrados como
conejo, ardilla terrestre, erizos y algunas aves
(especialmente paloma) (5). Más determinantes pueden ser
otros factores como la competencia interespecífica (con
ratoneros y cuervos) por los lugares de cría, el alto
grado de endogamia que puede soportar la población y la
contaminación por metales pesados. Estos aspectos son
objeto de trabajos de investigación en la
actualidad.
La información existente sobre supervivencia
indica que se puede estar produciendo un fenómeno de
mortalidad invertida. Habitualmente, las grandes aves de
presa presentan unas muy bajas tasas de mortalidad
adulta (inferior al 5% anual) y una altísima mortalidad
preadulta (superior al 90%). No obstante, esta tendencia
puede verse alterada cuando las poblaciones se
encuentran muy por debajo de la capacidad del medio y no
son perseguidas; en ese caso, la supervivencia preadulta
puede incrementarse y la tasa de crecimiento poblacional
se coloca por encima de lo que es esperable.
Aparentemente, en Fuerteventura y para el caso
del guirre podría estar produciéndose una baja
mortalidad juvenil apoyada en circunstancias como las
arriba comentadas, mientras que la mortalidad adulta
podría ser superior a la esperada. Los guirres
juveniles, muy dependientes de los comederos y fuentes
predecibles de alimento, podrían sufrir menos los
efectos de venenos y tóxicos que los adultos, que se
alimentarían más de pequeñas presas. Por la misma razón,
la intoxicación por plomo puede incidir más en las aves
adultas que en las jóvenes, al proceder este metal de
los perdigones alojados en presas de caza perdidas y ser
capaz de ir acumulándose a lo largo de los años.
Respecto a la dinámica poblacional, la baja natalidad y
la aparentemente alta mortalidad adulta de la población
de guirres de Fuerteventura podría verse compensada, al
menos parcialmente, por la gran supervivencia preadulta
que sugieren nuestros datos, si bien es evidente que se
necesita más información al respecto. Por ejemplo, no
puede descartarse que se produzcan ocasionalmente
episodios de mortalidad “catastrófica” que alteren
totalmente los patrones arriba señalados. Esto es
especialmente plausible en el caso de las
electrocuciones, pues es sabido cómo varios individuos
pueden morir de una sola descarga. El elevado número de
ejemplares que hemos localizado en un único tendido, 17
en dos años, apunta hacia esta dirección. En
consecuencia, las optimistas tasas de supervivencia
arriba estimadas podrían ser en realidad menores, si se
tiene en cuenta la probable ocurrencia esporádica de
accidentes de esta naturaleza.
Tendidos eléctricos, principal causa de
muerte Los accidentes en tendidos eléctricos
son un problema de primordial importancia para la
conservación del guirre en la isla de Fuerteventura. En
dos años se han localizado 17 ejemplares electrocutados
en la misma zona, su dormidero principal, lo que
representa la muerte de más del 15 por ciento de toda la
población canaria. Esta cifra sería equivalente y
proporcional, por ejemplo, a que murieran en líneas
eléctricas de la Península 250 buitres negros o 4.000
buitres leonados. Pero el número real puede ser mucho
mayor, pues tan sólo se ha revisado una pequeña parte de
los tendidos de la isla. Evidentemente, ninguna compañía
eléctrica asumiría unos costes ambientales de esta
envergadura, pero durante dos años UNELCO, filial
canaria de ENDESA, no ha tomado cartas en el asunto, a
pesar de que conocía el problema desde que en 1993 se
localizaran los primeros guirres electrocutados en el
área de Corralejo (6). Durante el periodo de estudio se
ha comprobado cómo los tendidos de esta compañía no sólo
matan guirres sino que además afectan a hubaras,
alcaravanes, ortegas, cuervos y otras especies y
subespecies endémicas de Canarias. La mayor parte de las
compañías eléctricas europeas y norteamericanas hace ya
muchos años que han puesto en marcha medidas en sus
tendidos que reducen considerablemente estas
mortalidades de especies protegidas. La propia ENDESA lo
hace en la Península, pero hasta el momento se negaba a
aplicar los mismos procedimientos en Canarias.
Finalmente, las presiones de los grupos
conservacionistas y de la propia opinión pública parecen
haber logrado un cambio de actitud, hasta conseguir que
se empiecen a dar los primeros pasos para modificar las
líneas más peligrosas. Queda todavía pendiente la
realización de un estudio que permita localizar los
principales puntos negros, así como la aprobación de un
presupuesto que asuma los costos de estas
actuaciones.
El problema de los
venenos Los venenos también están matando a
los guirres canarios. En los últimos cuatro años se han
localizado 7 ejemplares muertos por esta causa, 5 de
ellos adultos, 3 de los cuales murieron en el propio
nido. Aldicarb, metomilo y carbofuranos, pesticidas
utilizados en el cultivo del tomate, e incluso la ilegal
estricnina, han sido los tóxicos detectados. El último
caso ha sido la muerte en la primavera de 2001 de un
pollo nacido en 1998 que portaba un emisor de
radiotracking, en un nido donde uno de sus progenitores
murió igualmente envenenado al año siguiente. Sólo la
ayuda prestada por un helicóptero de la Guardia Civil
permitió su localización, pues había sido enterrado por
el infractor para intentar ocultar el
cadáver.
El miedo provocado tras la detención por el
SEPRONA de un ganadero, acusado de colocar venenos, ha
reducido esta práctica en la isla, aunque el problema
está todavía lejos de desaparecer. Nadie quiere acabar
con los guirres, pero sí con los ratoneros y cuervos
(subespecies endémicas canarias), a los que se acusa de
matar los cabritos recién nacidos, y con los perros
asilvestrados, culpables de ataques a rebaños. El
pequeño buitre es así la víctima inocente de esta guerra
silenciosa.
Los contaminantes: el problema del
plomo Las muestras de sangre extraídas a los
guirres fueron analizadas para constatar la presencia de
contaminantes como pesticidas organoclorados, PCBs,
metales pesados (plomo, cadmio, zinc y cobre) y
arsénico. Los resultados mostraron valores claramente
inferiores a los que indican intoxicación en todos ellos
a excepción del plomo. En este caso, el 11% de los
individuos presentaba niveles de exposición anormal
superiores a las 200 ppb, que pueden ser considerados
como intoxicación subclínica.
En rapaces, la intoxicación por plomo más
frecuente es la derivada del consumo de presas heridas o
muertas por cazadores. Los perdigones son ingeridos por
la rapaz y se van disolviendo en el pH ácido del
estómago (1-1.4). El examen de egagrópilas mediante
rayos X mostró la presencia de perdigones en una
fracción significativa: de 190 egagrópilas examinadas en
enero de 2000, el 5.3% presentaba perdigones o
esquirlas, y el 1.3% de 234 en noviembre de
2000.
Los principales efectos de la intoxicación por
plomo están asociados con el sistema nervioso, la
sangre, el riñón, el hígado y el aparato digestivo,
pudiendo actuar también como agente cancerígeno y
afectar a la reproducción, llegando en algunos casos a
ocasionar la muerte.
La solución más inmediata a este alarmante
problema pasa por sustituir el plomo en los perdigones
por otros materiales no tóxicos, como el bismuto.
FUTURO DEL GUIRRE
CANARIO Durante años, el desconocimiento
prácticamente total de la situación del guirre en
Canarias impidió la identificación real de sus
problemas. Hasta la ejecución del presente estudio, su
retroceso demográfico en Fuerteventura y extinción en
otras islas se prestaba a las especulaciones mas
peregrinas, que luego, con una aproximación científica
seria, se han revelado falsas. Afirmaciones como que no
se estaban extinguiendo, sino que estaban emigrado al
Sáhara, o que mueren de hambre al haber ahora menos
cabras que antes y con llevarles comida aumentaría su
número, carecen de todo fundamento.
Afortunadamente, se empieza a contar ya con
información de calidad que está permitiendo identificar
la naturaleza de los problemas del guirre. En los
próximos dos años, las líneas de trabajo iniciadas se
reforzarán gracias a un convenio suscrito entre la
Estación Biológica de Doñana y la Viceconsejería de
Medio Ambiente del Gobierno de Canarias, a desarrollar
entre 2001 y 2003, que permitirá continuar con el
programa de investigaciones. Es de esperar, por tanto,
que en un plazo medio terminemos de responder a la
mayoría de las preguntas que la conservación de este
endemismo canario planteaba. No obstante, sabemos ya lo
suficiente para poder empezar a actuar.
Paralelamente, en el 2001 se ha solicitado a la
Unión Europea su participación económica en un ambicioso
proyecto de conservación de la especie, a través de los
fondos Life-Naturaleza. Promovido por la Fundación
Canaria Instituto de Investigación y Ciencia de Puerto
del Rosario, en él participan como socios la Consejería
de Medio Ambiente, Ordenación del Territorio y Aguas del
Cabildo Insular de Fuerteventura y el Gobierno de
Canarias a través de la Consejería de Ordenación del
Territorio y Medio Ambiente. Este Life permitirá abrir
unas nuevas expectativas al oscuro panorama del guirre.
Por un lado, se redactará un Plan de Conservación y
protegerán zonas vitales de la isla para su
supervivencia. Pero la mayor parte de los recursos irá
destinada a actuaciones concretas tales como la
modificación de los tendidos eléctricos peligrosos, de
tal manera que no provoquen más muertes evitables en la
frágil avifauna majorera, el cambio de las municiones de
escopeta por perdigones sin plomo, la instalación y
mejora de comederos, el aumento de la vigilancia en
nidos y campañas de educación ambiental.
Con la colaboración de todos, instituciones y
ciudadanos, podremos lograr que el negro futuro del
guirre empiece a aclararse. Que el ave sagrada de los
antiguos majoreros siga surcando majestuosa el cielo de
Fuerteventura muchos siglos más, para disfrute, orgullo
y satisfacción de nuestros descendientes. Y que con el
tiempo, esta población isleña superviviente permita la
vuelta de la especie a las otras islas del archipiélago
canario, de donde nunca debió desaparecer.
AGRADECIMIENTOS A la
Consejería de Medio Ambiente del Cabildo Insular por
financiar la mayor parte de los estudios. Al Instituto
de Investigación y Ciencia de Puerto del Rosario
(INIPRO) y especialmente Eduardo Blasco, el Ayuntamiento
de Pájara de la mano de Toni Gallardo, la Guardia Civil,
a través del SEPRONA y de la Unidad de Helicópteros de
la Zona de Canarias, Francisco García, José Hernández,
Yohama Enríquez, Carlos Alba, Eduardo Castilla, María
Asunción Delgado, Gorgonio Rodríguez y Gema Mosquera.
Con el equipo de trabajo de la E.B.D. ha colaborado José
A. Sánchez-Zapata.
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