Todos colocados

Articulo aparecido en EL PAIS SEMANAL 30/7/00 p. 106 (se han omitido los acentos; perdon). Este articulo puede verse en formato pdf

Todos colocados
Por Antonio Muñoz Molina

Dice Fernando Fernan-Gomez que cuando el era joven lo importante en la vida era colocarse en algo, conseguir una colocacion. De niño yo escuchaba a mis mayores hablar de las colocaciones como prebendas venturosas que podian salvarlo a uno de las asperezas y las incertidumbres del trabajo manual. Si uno se ganaba un jornal recogiendo aceituna o martilleando desde el amanecer en una herreria no habia conseguido una colocacion. Una colocacion era un puesto en una oficina, con las manos limpias y a salvo de la intemperie, sobre todo si ese puesto traia consigo lo que en mi casa llamaban, entre envidiosa y admirativamente, "una paga del Gobierno". Las colocaciones con paga del Gobierno eran las mejores de todas, porque ademas de no requerir gran esfuerzo fisico duraban toda la vida. Lo malo de esas pagas vitalicias era que para obtenerlas hacia falta tener estudios, palabra esta que se pronunciaba con reverencia, casi con temor. Quien tenia estudios de maestro, de medico, de ingeniero podia conseguir una colocacion que le diera rango y prosperidad en la vida, pero cuando yo era niño la gente de mi familia, de mi clase y mi barrio, dejaba la escuela a los ll o a los 12 años, para trabajar en el campo, en un taller o una tienda de algo.
Sin un padre que ya tuviera una colocacion no era posible adquirir estudios, y sin estudios no habia colocacion. A lo largo de los años sesenta, con desvelos y becas, algunos logramos salir de aquella noria, y nos parecio que rozabamos la esperanza segura de una colocacion cuando ingresamos en la universidad. Para nuestros padres y nuestros abuelos la universidad habia sido siempre una cosa tan indescifrable y remota como un monasterio tibetano. Si acaso, alcanzaban a intuir que de alli procedian aquellos seres solemnes que les amedrentaban: abogados, notarios, medicos. Pero nosotros no queriamos ser ni abogados, ni notarios, ni medicos, y eso les desconcertaba mas, porque ignoraban la existencia de otras carreras. (Con que respeto temeroso decian tambien esa palabra, carrera). ¿Como explicarles en que consistia estudiar una cosa de sonido tan raro como Filosofia y Letras?
Quienes llegamos con mentalidad sacrificada de becarios a las facultades de Letras en los amenes valleinclanescos de la dictadura descubrimos con gran sorpresa que alli apenas se estudiaba, o bien que las asignaturas no trataban de aquello que parecian tratar, o que habia que ponerse continuamente huelga en solidaridad con los ]lamados penenes, que venian ser como el proletariado revolucionario que iba a cambiar de arriba abajo aquella obsoleta institucion. Nuestros padres nos habian dicho siempre que el saber no ocupaba lugar, y en la universidad nos dabamos cuenta de la verdad de esa sentencia. El saber no ocupaba ningun lugar en nuestras clases, dedicadas unanimemente al adoctrinamiento en una jerga medio estructuralista y medio althusseriana que convertia la historia o la literatura o el arte en un jarabe indigesto de palabrerias identicas. Pero es que ademas muy pocas veces habia clase, porque todos nos solidarizabamos, de grado o por fuerza, con las reivindicaciones de aquellos profesores no numerarios que luchaban contra la tirania de los catedraticos, que querian acabar con el anacronismo de las oposiciones y con los puestos funcionariales para toda la vida. Justo cuando nos parecia que ibamos a poder colocarnos resultaba que aquellos rebeldes buscaban la abolicion de la colocaciones...
Gracias a aquella lucha heroica no aprendimos casi nada de los saberes que impresionaban tanto a nuestros padres, y cuando salimos de la universidad, igual de ignorantes que habiamos entrado en ella, nos llevamos la ingrata sorpresa de que no quedaban colocaciones para nosotros. Los que si parece que se colocaron para siempre fueron nuestros revolucionarios profesores, que acabaron con los privilegios de los catedraticos mediante el provechoso sistema de hacerse todos ellos catedraticos, aunque, eso si, prescindiendo de los molestos formalismos burgueses de un sistema de oposiciones libres en el que alguno de ellos hubiera quedado suspendido.
Pero esta visto que nunca faltan los aguafiestas ni los resentidos: un grupo de profesores abochornados por el amiguismo y los chanchullos que convierten al gremio universitario en una cofradia de favores mutuos ha formado una Plataforma para la Mejora de la Calidad de la Enseñanza. No es muy probable que vayan a mejorar nada, pero por lo menos tienen el merito de dar la cara y el nombre y decir en voz alta lo que otros murmuran en el sigilo del anonimato. Aunque quiza yo escribo, como se dice ahora, desde el rencor: habiendo tal abundancia de catedras en las universidades espanolas, me ha faltado el talento y la destreza para colocarme vitaliciamente en una de ellas. Bien es verdad que mi amigo Emilio Lledo, que lee a Kant y a Hegel en aleman y a Aristoteles en griego y ya era catedratico en Berlin, tampoco pudo colocarse de catedratico en la Complutense.


CCOO afirmaba poco antes en sus "Primeras conclusiones del debate sobre APORTACIONES AL "INFORME UNIVERSIDAD 2OOO" (Informe Bricall) como miembro del Patronato del mismo (27 de Junio de 2000):

...... diversos sectores exageran las críticas para desacreditar el actual modelo de "autonomía colegiada". Así, a mediados de los 90, al hilo de reiteradas denuncias sobre la supuesta "endogamia" universitaria, sectores conservadores de la FACU y afines reclamaban volver al modelo burocrático, por lo menos en aspectos tales como la selección el profesorado.......

......... consideramos una perversión del sistema la elaboración de rankings, o el fomento de la competencia entre universidades.
Algunos comentarios al Informe Bricall

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