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Pedro Antonio Lillo Carpio nació en Murcia (1945), se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad de Murcia y se doctoró en la misma facultad en 1979, con una excelente tesis doctoral dirigida por la profesora Ana María Muñoz Amilibia sobre el poblamiento ibérico en Murcia. Dicho estudio supuso una completa renovación de los planteamientos globales sobre la arqueología ibérica en nuestra Región. En 1984 obtiene una plaza de profesor adjunto de Arqueología en oposiciones de rango nacional eligiendo la Universidad de Murcia para su incorporación.
El Dr. Lillo Carpio ha sido, sobre todo, un arqueólogo de campo con importantes programas de investigación en paradigmáticos yacimientos del solar regional. Así, un primer gran proyecto fueron sus excavaciones sistemáticas (1977-1985) en el poblado ibérico fortificado de Los Molinicos (Moratalla). En dicho asentamiento pudo documentar los modos de vida, economía, urbanismo o el sistema defensivo del poblado, reducido en dimensiones, pero de estratégica situación y clave como ejemplo del poblamiento ibérico en la comarca del noroeste. Las precisiones cronológicas del hábitat aportadas por el profesor Lillo Carpio, han servido para fijar muchos aspectos de la cultura material ibérica, en un periodo temporal concreto que podemos situar entre el ibérico antiguo e inicios de la fase plena de dicha sociedad, ya que la destrucción del oppidum se produjo hacia mediados del siglo IV anterior a Jesucristo.
En 1990 inició un ambicioso proyecto de investigación en el gran santuario ibérico de Nuestra Señora de La Luz (Verdolay). Este importante santuario no había vuelto a ser objeto de excavaciones sistemáticas desde los trabajos que el profesor Mergelina Luna habia llevado a cabo a comienzos de los años veinte del siglo pasado. Solamente una pequeña excavación de salvamento, fue hecha por Manuel Jorge Aragoneses en la década de los sesenta, motivada por la construcción de un edificio por parte de la organización Sindical encima de una parte del complejo religioso ibérico. Con estos antecedentes el Dr. Pedro Antonio Lillo emprende la excavación integral del yacimiento, ejecutando los trabajos sobre el conjunto del área sagrada entre 1990 y 2002. En efecto tras una serie de sondeos en las zonas perimetrales del santuario donde obtuvo magníficos resultados en el conocimiento del ritual religioso, así como del tipo de ofrendas y enmarque cronológico. Los trabajos se centraron en la exploración, excavación y documentación del santuario propiamente dicho. Durante estas actuaciones pudo definirse por completo la entidad del templo, de pequeñas dimensiones, enclavado en lo alto del cerro que alberga el recinto sagrado, y la compleja monumentalización, que transforma el paisaje del centro religioso indígena en una gran construcción aterrazada más de carácter internacional y sabor itálico. Este programa debió hacerse rápidamente tras la finalización de la segunda guerra púnica en los últimos años del siglo III anterior a Cristo. También corroboró, en consonancia con lo ya visto en la cercana necrópolis del Cabecico del Tesoro, cómo el santuario vive activo la romanización del territorio a lo largo de la práctica totalidad del siglo II antes de Jesucristo, hasta un momento impreciso en los últimos años de esta centuria, época en la que el centro religioso es destruido.
Estas investigaciones, unidas a otros trabajos realizados tanto en poblados como Santa Catalina del Monte (Verdolay) (1976), Cobatillas (Santomera) (1976-1977) o Coimbra del Barranco Ancho (Jumilla) (1977-1979) o grandes necrópolis como la de El Cigarralejo (Mula) con D. Emeterio Cuadrado Diaz o el Prado y Coimbra en Jumilla convirtieron al profesor Pedro Antonio Lillo Carpio en una de las máximas autoridades sobre la cultura ibérica en Murcia.
Pedro A. Lillo mantuvo también otras líneas de investigación dedicadas al conocimiento de la tecnología en el mundo antiguo, que completaba con estudios de etnología comparada para comprender mejor los distintos procesos técnico-científicos que han llevado al hombre al progreso. Tuvo igualmente una faceta artística, amplia y variada, a la que dedicaba gran parte de su tiempo libre. En este aspecto lo mismo realizaba dibujos técnicos que caricaturas o retratos de sus amigos y familiares, pirograbados, pequeñas tallas en madera o piedra o incluso óleos. Todo ello hecho con rapidez, y generalmente para regalarlo a sus amigos o compañeros de la facultad con una generosidad y un detalle encomiable. Un resumen de todos estos trabajos fue recogido por el Museo de la Universidad de Murcia en una muestra que se exhibió en su Sala de Exposiciones Temporales el pasado mes de enero, que tuvo una acogida excelente entre la comunidad universitaria.
Al margen de su dedicación docente e investigativa, Pedro Antonio Lillo tuvo un especial protagonismo en la consecución de un Museo para la Universidad de Murcia. En efecto hacia finales de los años ochenta y ante el gran cambio que estaba experimentando la Universidad de Murcia con la expansión del campus de Espinardo y el traslado de las antiguas facultades a nuevos edificios en Espinardo, propuso la creación de un Museo donde conservar, catalogar y exhibir muchos de los bienes patrimoniales de la Universidad , sobre todo de carácter técnico, científico y cultural algunos de los cuales se estaban perdiendo o quedando en mal estado por los traslados de ubicación, o simplemente por haberse anticuado. Todavía tuvieron que pasar casi diez años para que la Universidad de Murcia retomara la propuesta del profesor Lillo Carpio, de modo que el año 2000 se comenzaron los trabajos de buscar un inmueble para Museo para, de inmediato, iniciar la campaña de recuperación de objetos para el nuevo centro. El inmueble rehabilitado como Museo de la Universidad de Murcia ha sido un magnífico pabellón en el antiguo cuartel de artillería, que fue inaugurado por el Excmo. y Magnífico Rector de la Universidad de Murcia en julio de 2003.
El trabajo del profesor Lillo Carpio para formar las colecciones y llevar adelante el proyecto puede calificarse de titánico y gracias a su esfuerzo a día de hoy la Universidad cuenta con un excelente Museo que dispone de dos salas de exposición permanente y una magnífica sala temporal que realiza un gran número de actividades culturales, y lo que es más importante, cuenta con una colección estable de algo más de tres mil objetos que son historia viva de lo que ha sido y representa la Universidad de Murcia.
Pedro A. Lillo Carpio falleció el pasado mes de octubre tras una desgraciada enfermedad, sin embargo, su recuerdo y su ejemplo permanecerán entre nosotros y el Museo por él promovido lleva su nombre desde el pasado mes de enero en un gesto de reconocimiento a su trabajo que tuvo la Universidad de Murcia.
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