Ciudadano del mundo -P: El viaje ha sido para usted motivo de inspiración permanente. -R: Aprendí desde muy niño a tener curiosidad. En este sentido he tenido la suerte de que mis dos abuelos han sido también muy curiosos. Uno de ellos era pastor, el otro era Jesús Cano, el zurdo, que tenía una relación muy curiosa con África, ya que allí vendía fruta, llevándola desde el puerto de Cartagena. También traía pescado al pueblo. Me contaba unas historias muy exóticas. De alguna manera fue él quien inoculó en mí esa curiosidad del viaje que me ha acompañado durante toda mi vida. El viaje ha sido para mí uno de los resortes más importantes para entender esa enorme enciclopedia que es la vida. Me ha dado todo lo que soy. Si no fuese por el viaje, tú no estarías hoy aquí. El viaje es para mí una fuente de energía. -P: Y hablando de viajes, desde Madrid marchó usted a Roma, donde ya quedó instalado… -R: En Roma mi situación económica cambió considerablemente. Allí disfrutaba de dinero suficiente, pues la beca que me pasaba el ministerio consistía en 14.000 pesetas mensuales, lo cual era mucho dinero en aquella época. También me proporcionaron un estudio magnífico. Intenté integrarme en aquel país, aprendí la lengua y me introduje en sus entrañas, en su cultura, en su cine, en su teatro, en su arte… Los envíos anuales que debía hacer para corresponder a la beca eran muy importantes para mí. Copié un fresco de Masaccio, para lo que tuve que obtener permiso de la iglesia. Recuerdo que un americano me lo quiso comprar, pero me negué, pues debía enviarlo a España. Sin embargo, sí que fue a mi estudio y me compró cuatro dibujos, por los que me pagó 300 dólares, algo increible para mí. -P: La Italia de aquella época era muy diferente a España, eso produciría en usted una considerable impresión. -R: Fueron años impactantes, años de libertad. Roma fue un descubrimiento. Me dí cuenta de la oportunidad que tenía al alcance de la mano: la cultura italiana, la pintura del Renacimiento, la pintura romana, Pompeya… En el aspecto personal Roma también fue importantísima, allí empece a tejer toda clase de relaciones. En Roma me casé, he estado casado 29 años con una italiana, aunque ahora estoy divorciado. Ella dice que deshicimos la relación la porque la usamos demasiado, yo coincido con ella en eso. Cuando nos casamos nos fuimos a vivir a un pueblecito a 30 kilómetros de Roma, a orillas de un lago, Anguillara. Fue allí donde empecé mi trayectoria profesional.
Un pintor llamado Pedro Cano
-P: ¿Recuerda su primera exposición?
-R: Perfectamente, la hice en Beirut en 1973. No pude ir, lo hice todo a través de telégramas, pero vendí mucho y bien. Cuando me llegaron los cuadros que no había vendido, junto a una suma de dinero que entonces me parecía enorme, pensé que podría vivir de eso.
Tuve la suerte de que, muy pronto, una muy buena galería de Roma, la galería ‘Giulia', quisiese trabajar conmigo. Ellos son los que me han seguido durante muchos años, y han llevado cosas mías a muchos lugares del mundo.
-P: Como dice usted, es un privilegio trabajar en algo en lo que se disfruta…
-R: Nunca he visto el trabajo como una obligación. Nunca he dejado de sorprenderme por lo que hago, y lo hago con gusto. Lo que sí es cierto es que trabajo todos los días y lo hago durante muchas horas. Pero no lo siento como una obligación, casi nunca tengo encima mío a alguien esperando. Me gusta que las cosas salgan poco a poco, sin forzarlas.
-P: Yemen, Siria, Estados Unidos, Egipto Jordania, Italia, es usted un viajero empedernido ¿qué busca en sus viajes?
-R: Durante el viaje, la relación con los sitios resulta muy complicada. Sabes que sólo vas a estar allí horas o días, y tienes que capturar todo muy deprisa, darle un bocado a aquella realidad. La visión del viaje es repentina, casi de amor violento.
Muy distinto es cuando se permanece en un lugar. En Nueva York, por ejemplo, estuve cinco años. Sólo cuando llevaba allí mucho tiempo me di cuenta de que allí había algo arcaico: empece a descubrir los depósitos cilíndricos de agua, los tejados de las casas, a veces cubiertos de asfalto negro, una serie de claves que fueron invisibles para mí durante mucho tiempo.
De Roma y otras ciudades
-P: ¿Qué ciudades le han inspirado más?
Aparte del sitio donde he nacido, una de las ciudades que más me ha inspirado, ha sido Roma, un lugar que he usado y donde he vivido.
Una ciudad que me ha impresionado de forma singular es la isla de Patmos, que considero uno de los lugares más bonitos del mundo. Su silueta se parece a un caballito de mar. Me impresiona su atemporalidad, es como si se hubiera congelado el tiempo. Cuando llego allí no sé si estoy muerto o por nacer, es como si existiera otro universo flotando en el ambiente. Resulta difícil conjugar el arte y la vida de un modo tan rudo, tan bello, tan sofisticado… Allí tengo buenos amigos.
Italia es un país lleno de ciudades maravillosas. Palermo, por ejemplo, constituye un palimpsesto entre árabe y cristiano. Yo creo que en ningún lugar están reunidos oriente y occidente como en ella. También Nápoles es una ciudad maravillosa.
Otra ciudad que me gusta mucho es Nueva York. Visitar ahora Nueva York es como visitar Roma en tiempo de los Romanos, o Babilonia en su momento de esplendor. Nueva York es hoy la capital del mundo, con todo lo maravilloso y lo horrendo. Es una ciudad bonita en sí misma por lo que tiene de desafío a las alturas y todo ese mundo de contrastes que alberga.
-P: De alguna manera le gusta permanecer en una ciudad hasta que desentraña sus misterios.
-R: Hay dos tipos de viaje: el viaje epidérmico y el viaje del conocimiento. Este último sólo se llega cuando te relacionas de forma íntima y más prolongada.
-P: Pero hay veces que le ha surgido el flechazo de forma inmediata. La ciudad iraní de Bam, por ejemplo, le cautivó y le inspiró mucho, a pesar de que sólo estuvo un día en ella.
-R: Mucho. Imagínate la de cosas que podría haber hecho de haber estado en ella más tiempo.
-P: De alguna manera, cada entorno influye sobre usted, sobre su ánimo, sobre su inspiración, de una manera distinta…
-R: Sí, pero eso resulta normal. Cada sitio influye en tu forma de ser de modo diferente. Aunque yo, cuando me muevo, casi siempre lo hago hacia el sur y hacia el Oriente. De alguna forma, soy el fruto del lugar en el que he nacido, en el que se da una mezcla de lo árabe, lo cristiano y lo judío.
Me admira la enorme cultura de estos lugares. A veces las cosas están demasiado abandonadas, pero es fácil ver que el mundo nació por esas partes. El último viaje que hice a la zona fue a Libia, y resultó un viaje complicado porque yo no lo quería hacer en grupo. Pero los lugares son maravillosos: Apolonia posee un teatro en el que el agua entra dentro de la escena. Los contrastes son asombrosos: recuerdo que delante de esto había un enorme basurero con cosas quemándose.
-P: ¿Cuáles son sus pintores de referencia?
-R: Me gusta muchísimo la pintura italiana en general. Piero della Francesca es posiblemente el pintor que más me ha inspirado… Pero, aunque todo el primer renacimiento es muy atractivo para mí, la pintura que más me gusta es la romana: la pintura de la casa de Livia o los frescos de Pompeya… Ese material tiene algo muy especial para mí. Esa pintura romana era muy severa y, al mismo tiempo, muy naif , posee una tensión formal enorme y un placer muy grande en la elaboración del trabajo.
-P: ¿Conocía ya esa pintura cuando llegó a Roma?
-R: Me habían hablado de ella. Particularmente Antonio López. Pero realmente no la había visto nunca. Cuando vi la casa de Livia me impresionó mucho y me pareció que era eso lo que yo iba buscando. Se trata de una casa que está pintada entera como un jardín. Es algo soberbio.
-P: Ha comentado antes que puede desenvolverse en griego, pero me consta que usted domina varios idiomas…
-R: El italiano lo hablo y lo leo como el español. Hay libros que no sé si los he leído en un idioma o en otro. Me manejo en inglés, aunque no lo hablo bien. También un poco de griego, pero me resulta difícil
-P: Lo que sí que tiene facilidad es para expresar sus sentimientos con la pintura. ¿Qué intenta transmitir con sus obras?
-R: Cada momento conlleva una situación diferente. En estos momentos estoy trabajando en Italia con unos cuadros muy grandes que incorporan figuras de dos metros de espaldas. Intento desarrollar el tema de la identidad. Qué es para nosotros la gente que camina delante, a quienes no vemos el rostro, o, a la inversa: qué somos nosotros para ellos cuando sólo nos ven la espalda.
Mi exposición de clausuras, eran doce puertas cerradas, enclavadas, con las que reía expresar algo muy diferente a cuando dibujo una flor. Cada obra, cada momento, contiene un mensaje que se intenta transmitir.
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