-P: ¿Cómo le surgió ese interés por la obra de Manet?
-R: Desde hace algún tiempo, un poco en la estela de Picasso, hago un doble de mi pintura favorita. En este caso he realizado variaciones sobre un tema de Manet, concretamente de la obra ‘Desayuno sobre la hierba'. Se trata de un cuadro que me ha interesado siempre, tanto por la pintura en sí como por el momento en que lo pintó.
-P: ¿Cuál ha sido el resultado de ese trabajo de reflexión?
-R: He desarrollado una serie de 120 piezas. Estoy muy contento de la serie. Ha sido el resultado de un esfuerzo tremendo, desarrollado durante dos años. La serie aun daba para más, pero en pintura hay que saber cuando las series están terminadas para uno mismo. Si alguien me pidiera más obras sobre la serie, no podría hacerla, no me queda nada que decir sobre el tema.
El trabajo poseía muchos alicientes, no sólo porque me obligaba a repasar la pintura de aquel momento, sino también porque me ha obligado a revisar las nuevas tendencias.
-P: El collage esta muy presente en su obra, pero en esta serie posee una especial importancia.
-R: De alguna forma, yo estoy comprometido con el collage , pero en esta ocasión mi incursión en esta técnica ha sido más atrevida. He trabajado con materiales como papel solo o tela. También he incluido otros tipos de materiales, como la madera, el hierro, aluminio, planchas de cinc que yo he recuperado de antiguas máquinas...
También he realizado cosas nuevas en otro de los aspectos que más me interesan: el color. He hecho piezas con colores que he manejado poco en los últimos años, como son los azules, los verdes y los amarillos.
-P:¿Qué vió en la obra de Manet para trabajar sobre ella durante dos años?
-R: Yo creo que la obra fue una auténtica osadía, sobre todo si tenemos en cuenta el tiempo en el que se pintó. Ya había otros desnudos importantes, pero éste estaba enmarcado en un ambiente original: los personajes, Eduard y Ferdinand, están vestidos, mientras la mujer que permanece desnuda está posando. Es como si Manet hubiese querido representar la dualidad entre el artista y el personaje que mira. Predomina en el cuadro la intención del voyeur. El cuadro es una invasión, un intento de desequilibrar el ambiente. Manet nos muestra un paisaje bucólico y tiene el atrevimiento de poner en él una figura desnuda.
Me atrae el sentido de la profundidad que tiene el cuadro. Una profundidad tratada a la manera de Velázquez y de los grandes pintores del renacimiento italiano. Si miramos el cuadro con atención veremos otras personas y otros elementos que pasan desapercibidos en un primer vistazo.
-P: Y una vez concluida esta serie ¿Esta trabajando en algún nuevo proyecto?
-R: En una nueva serie para la que ya hice varios dibujos primarios hace años. Se llamará ‘El primer día'. Es un trabajo sobre la creación del universo. Los protagonistas principales serán las plantas y algunos animales. También la huella del hombre.
-P: ¿Cómo definiría Belzunce su pintura?
-R: Yo siempre he estado alrededor de un expresionismo realista. Soy un pintor que dibujo bien, y eso me ha facilitado las cosas. Uno de los problemas que tienen muchos pintores es, precisamente, su dificultad para dibujar. Eso les obliga a basarse en la mancha para realizar su obra, pero a mí me gusta introducir figuras en mis cuadros, siempre lo he hecho.
En mi obra siempre hay una búsqueda, no soy un pintor que se quede en un estilo. Estoy muy lejos de esos pintores que hacen siempre la misma obra, con una trayectoria rígida, y que acaban siendo conocidos por un determinado tipo de pintura. Yo prefiero en cada ocasión romper con lo anterior. Cada exposición mía es nueva. Pienso que el artista no debe estar instalado en la comodidad de un estilo inamovible o en el hecho de que a la gente le guste esa clase de pintura para así poder venderla. Yo hago lo que me gusta en cada momento.
-P: ¿Qué es lo que se plantea cuando se enfrenta a un lienzo en blanco? ¿Acude a él con una idea preconcebida?
-R: No. Yo empiezo siempre por la mancha. En pintura es muy importante no atosigar al cuadro. Cuando entro al estudio por las mañanas y miro el cuadro, siento como éste me mira y él mismo me va diciendo las pausas. El lienzo en blanco no constituye ningún problema para mí. Todo lo contrario, siento como una felicidad plena el hecho de pintar todos los días. Ese es el modo en el que se saca una obra adelante: con el trabajo constante. Todo eso de las musas es una tontería, hay que estar al pie del cañón, el cuadro necesita que lo vayas tocando y viendo. Es algo tuyo que está naciendo. Si lo dejas, se muere.
-P: De alguna manera, conjuga su faceta de creador con la de artesano, con la de obrero.
-R: Es que yo creo que los artistas solo se diferencian de otros trabajadores en su obra, pero no en cuanto a la dedicación en sí. Yo trabajo en el estudio durante diez o doce horas diarias, y no me importa, porque se trata de mi vida, de aquello con lo que disfruto. No me importa perderme muchas cosas que ocurren en el exterior.
-P: Y hablando del exterior ¿piensa que el artista debe ser una persona comprometida con su propio tiempo o permanecer con su obra al margen de lo que ocurre en el mundo?
-R: Por supuesto. Dentro de mi pintura he pasado por momentos de denuncias concretas, aunque ahora pienso de otro modo. No obstante, pienso que la obra del artista es su manera de comprometerse con el mundo frente a la debacle que nos rodea.
-P: Y en ese sentido, ¿qué piensa que es más productivo para la obra de un artista, un mundo tan convulso y lleno de desequilibrios como el que nos encontramos o un planeta más tranquilo?.
-R: Los estudios de los artistas son los refugios en los que uno se parapeta. En mi estudio me siento protegido del exterior, y actúo de la única manera que sé: con los pinceles. Me interesa lo que ocurre en el exterior, pero soy mucho menos radical que era antes.
-P: ¿Qué es lo que lleva a que un pintor se consagre y que otros, a veces con tanta valía o más, no lo hagan?
-R: La suerte es fundamental en un artista. Se puede estar pintando durante mucho tiempo y que no ocurra nada, o de repente que se cruce en tu camino un galerista importante. Por supuesto, es definitivo la pintura, pero no lo único. En un momento de tu vida te puedes plantear como meta la fama, el hecho de que tu pintura alcance rango de universal pero, cuando avanzas, lo único que te interesa es pintar. En estos momentos de mi carrera, con tanta obra a mi espalda, lo único que me importa es dedicar mi tiempo a seguir pintando.