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-Pregunta: Mis primeros recuerdos de
la obra de Manolo Belzunce se remontan a los años 70, cuando
usted exponía en salas como Chys. Desde entonces han pasado
muchos años, sus manos han llenado de ese contenido tan
personal muchos lienzos. ¿Qué recuerda de aquellos
inicios?
-Respuesta: En Murcia no había muchas
galerías en mis comienzos. Existía solamente la
galería Chys, que es una de las pioneras; la Belox, que
dirigía la que era esposa de José María Parraga
y Zero. En ellas exponían los artistas más consagrados,
pero lo que comenzábamos debíamos hacerlo en lugares
como la Asociación de la Prensa o en Círculos culturales.
Los comienzos fueron duros, pero mi generación dejó
patente que éramos artistas y defendimos nuestra pintura
frente a las viejas glorias ya consagradas. Lo que ocurrió
es que muchos tuvimos que afrontar el hecho de irnos de Murcia
y emprender una carrera fuera. Ese fue mi caso, y también
el de Alfonso Albacete, o el de Cacho, que ya venía a su
vez desde fuera.
-P: ¿Cuál fue tu periplo?
-R: Primero me fui a Las Palmas y trabajé
en publicidad. Después me marche al extranjero, estuve
en París, Bruselas, Holanda…, aprendiendo cosas con
la carpeta debajo del brazo. Tras un período de dos años
me instalé en Barcelona y allí ya me quedé
durante 22 años. Fue en Barcelona donde me formé.
En esa etapa ya comencé a exponer de forma regular.
-P: ¿Consideras que fue positivo
para tu carrera el hecho de formarte fuera, de tener que salir
a flote en una tierra extraña? ¿Influyó de
alguna manera en tu obra?
-R: Indudablemente. No obstante, es necesario
que, de alguna manera, las ganas de ser artista se lleven dentro.
Con respecto a mi formación, lo cierto es que Barcelona,
al ser una ciudad muy cercana a la frontera, daba la posibilidad
de conectar con mucha gente.
A mí no me ha gustato nunca la ciudad, prefiero el campo
o la huerta. En las ciudades me ahogo, así que me instalé
en Sant Cugat del Vallés, conseguí diversas becas
para formarme en distintos lugares.
-P: Y ahora una retrospectiva. ¿Qué
has seleccionado?
-R: He incluido cuadros desde mi etapa de Sant Cugat
del Vallés, en los 80. Pienso que he logrado reunir una
exposición completa de los últimos 20 años
de mi obra. Se incluye prácticamente una obra de cada año.
Con la selección intento mostrar el recorrido que he tenido
como artista.
Se trata de obras muy potentes, de un tamaño importante,
y pienso que será una exposición interesante.
-P: ¿Cómo ha sido la labor
de recopilación? ¿La has realizado personalmente?
-R: Hay varias piezas que he tenido que solicitar a diversas
entidades, y también a amigos. También incluyo un
cuadro que expondré en una futura muestra sobre variaciones
sobre temas de Manet. Una de las piezas, que yo quería
personalmente que estuviera en la exposición, la he traido
desde Francia.
-P: ¿Qué artistas son
los que más han influido en ti?
-R: A mí me gusta toda la historia del arte pero,
quitando a los grandes clásicos, me quedo con los contemporáneos
de principios de siglo, Picasso, Juan Gris, Matisse, los surrealistas…
De hecho incorporo muchos de sus elementos en distintas obras
mías.
-P: ¿Cómo definiría
Belzunce su pintura?
-R: Yo siempre he estado alrededor de un expresionismo
realista. Soy un pintor que dibujo bien, y esto me ha facilitado
las cosas. Uno de los problemas que tienen muchos pintores es
precisamente ese, su dificultad para dibujar. Eso les obliga a
basarse en la mancha para realizar su obra, pero a mí me
gusta introducir figuras en mis cuadros, siempre lo he hecho.
En mi obra siempre hay una búsqueda, no soy un pintor que
se quede en un estilo. Estoy muy lejos de esos pintores que hacen
siempre la misma obra, con una trayectoria muy definida y que
acaban siendo conocidos por un determinado tipo de pintura. Yo
prefiero romper con lo anterior. Cada exposición mía
es nueva. Pienso que el artista no debe estar instalado en la
comodidad de un estilo inamovible o en el hecho de que a la gente
le guste esa clase de pintura para así poder venderla.
Yo, en cada momento, hago lo que me gusta.
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-P:
¿Qué es lo que te planteas cuando te enfrentas
a un lienzo en blanco? ¿Acudes a él con una
idea preconcebida?
-R: No. Yo empiezo siempre por la mancha. En pintura
es muy importante: no atosigar al cuadro. Cuando entro al
estudio por las mañanas y miro el cuadro, siento como
éste me mira y él mismo me va diciendo las pausas.
El lienzo en blanco no constituye ningún problema para
mí. Todo lo contrario, yo siento como una felicidad
plena el hecho de pintar todos los días. Ese es el
modo en el que se saca una obra adelante, con el trabajo constante.
Todo eso de las musas es una tontería, hay que estar
al pie del cañón, el cuadro necesita que lo
vayas tocando y viendo. Es algo tuyo que está naciendo.
Si lo dejas, se muere.
-P: De alguna manera, conjugas tu
faceta de creador con la de artesano, con la de obrero.
-R: Es que yo creo que los artistas solo se diferencian
de otros trabajadores en su propia obra, pero no en cuanto
a la dedicación en sí. Yo trabajo en el estudio
durante diez o doce horas diarias, y no me importa, porque
se trata de mi vida, de aquello con lo que disfruto. No me
importa perderme muchas cosas que ocurren en el exterior.
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-P: y hablando
del exterior ¿tú piensas que el artista, el pintor
en este caso, debe ser una persona comprometida con su propio tiempo
o permanecer con su obra al margen de lo que ocurre en el mundo?
-R: Por supuesto. Yo he tenido períodos más
claros en los que definía mi postura ideológica con
más claridad. Por ejemplo, en Barcelona, hice una exposición
alrededor del mito de Supermán, intentaba hacer una confrontación
directa con las ideas de la izquierda, la protesta social, la lucha
por las libertades… Pienso que la obra del artista es su manera
de comprometerse con el mundo frente a la debacle que nos rodea.
Dentro de mi pintura he pasado por momentos de denuncias concretas,
aunque ahora pienso de otro modo.
-P: Y en ese sentido, ¿qué
piensas que es más productivo para la obra de un artista,
un mundo tan convulso y lleno de desequilibrios como el que nos
encontramos o un planeta más tranquilo?.
-R: Los estudios de los artistas son los refugios en los
que uno se parapeta. En mi estudio me siento protegido del exterior,
y actúo de la única manera que sé: con los
pinceles. Yo entiendo el estudio como algo vivo, muy diferente a
otros que he visto en casas de amigos pintores, con sitios muy ordenados,
con apenas algún cuadro. Me interesa lo que ocurre en el
exterior, pero soy mucho menos radical que era antes.
De todos modos en mi pintura es difícil encontrar rastro
de una mayor tranquilidad o intranquilidad. |
-P: ¿Qué
es lo que lleva a que un pintor se consagre y otros, a veces con
tanta valía o más no lo hagan?
-R: Yo creo que existe un porcentaje muy importante de
suerte. La suerte es fundamental en un artista. Se puede estar pintando
durante mucho tiempo y que no ocurra nada, o de repente que se cruce
en tu camino un galerista importante. Por supuesto, es definitivo
la pintura, pero no lo único. En un momento de tu vida te
puedes plantear como meta la fama, el hecho de que tu pintura alcance
alguna vez rango de universal pero, cuando avanzas, lo único
que te interesa es pintar. En estos momentos de mi carrera, con
tanta obra a mi espalda, lo único que me importa es dedicar
mi tiempo a seguir pintando.
-P: ¿Es fácil vivir de la
pintura en estos momentos?
-R: Si hablamos del mercado murciano, aquí los artistas
que trabajan venden a un grupo reducido de clientes, siempre los
mismos. En ese sentido está saturado. Pero muchos tenemos
nuestras galerías fuera, exponemos en otros lugares. Mi generación
ha sufrido mucho las consecuencias de no salir de esta tierra, quienes
no han salido lo han pasado mal.
-P: ¿Las instituciones deberían
intervenir más en este sentido?
-R: Las instituciones deben ser conscientes de que su labor
es importante para promocionar a los artistas. Hemos tenido administradores
que no han sabido defender nuestra cultura ni a nuestros artistas.
Ahora, después 25 o 30 años seguimos en lo mismo.
Sí que existen algunas galerías que se preocupan de
sacar fuera a nuestros artistas, pero este debería ser también
un problema de nuestra administración. La ayuda desde la
administración puede contribuir a difundir su obra, a revalorizarla…
y en ese sentido no la hemos tenido.
En mi generación había pintores como Garza, Silva,
Albacete, Barnuevo, Matínez Mengual.
También hay que reconocer que existen iniciativas interesantes.
A mí particularmente me ha ayudado mucho las colaboraciones
que he realizado con la editorial Ahora como La divina comedia,
una obra desconocida sobre Balzac. Eso ha revitalizado el mundo
de la serigrafía y del libro, que considero que estaba bastante
parado. |
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