-Pregunta: Don Santiago,
revisando su biografía he visto que nació usted
el mismo año en que se inauguró la Universidad de
Murcia, en 1915. Después de haber conocido estas instalaciones
y me imagino que las de otras muchas ¿Cree que las universidades
actuales se parecen a aquellas otras que seguramente usted conoció
en su juventud?
-Respuesta: No, no se parecen. En este tema ha habido
un desarrollo y un progreso indudable. En mis tiempos la universidad
era sólo para una minoría de gente poderosa. La
gente corriente no tenía acceso a ella. Yo mismo no pude
ir por falta de medios. Afortunadamente, con el tiempo las cosas
han cambiado, aunque todavía no hemos llegado a dedicar
a las universidades, y en general a la enseñanza, todos
los recursos que debería poner el estado. En ese terreno,
todavía hay un déficit, y éste puede agravarse
todavía más ahora.
-P: ¿Cree usted que el proyecto
del Gobierno de implantar nuevamente la reválida repercutirá
positiva o negativamente en la enseñanza?
-R: Yo creo que hay una tendencia a que la enseñanza
pública se convierta en la enseñanza de los pobres
y de los inmigrantes, y a favorecer la enseñanza privada.
En toda la política del Gobierno existe una orientación
a reducir la enseñanza pública y a favorecer la
enseñanza privada, y a mí me parece esencial el
peso de la enseñanza pública en la sociedad.
-P: Han transcurrido 25 años
desde que comenzó el proceso democrático y ya parece
que hubiesen transcurrido varios siglos. ¿No produce un
cierto vértigo la velocidad a la que han transcurrido tantos
acontecimientos de la historia reciente de España?
-R: Le parecen varios siglos a usted, que es joven, a
mí no me lo parece. (risas).
En cualquier caso, lo que ha habido en este país es un
cambio fundamental en todos los órdenes, pero sobre todo
en lo referente a la tolerancia, a la convivencia política…
En mi juventud, un político de izquierdas no se hablaba
con un político de derechas, cuando esto ocurría,
ambos se desacreditaban. Hoy, sin embargo, puede haber polémica,
enfrentamientos verbales importantes, diferencias, pero hay una
convivencia y un respeto en lo personal que antes no se estilaba.
En ese sentido el cambio ha sido impresionante.
-P: ¿Qué cree usted que
se producirá antes, que usted deje de fumar o que el P.
P. Pierda las elecciones?
-R: Pues mire usted, al paso que van las cosas no soy
demasiado optimista.
(aquí, don Santiago deja escapar unas volutas de humo involuntarias,
producto de una risa sardónica).
-P: ¿Respecto al tabaco o al P. P.?
-R: Ni en lo uno ni en lo otro. En lo de fumar lo veo
más claro: fumaré hasta el último día,
pero el cambio de gobierno lo veo menos claro.
-P: ¿Piensa que en estos momentos
tiene España la mejor oposición posible?
-R: Sinceramente, no. Estoy convencido de que hay una
crisis de partidos, y más concretamente de la izquierda,
cuyo pensamiento político no es tan claro como en la derecha.
-P: ¿A qué políticos
españoles cree usted que tratará mejor la historia?
-R: Depende de quién domine en el futuro. La historia
la escriben los que ganan. La historia de este siglo pasado está
muy manipulada, para mucha gente la Guerra Civil fue una cosa
de locos, que no se comprende. Pero yo pienso que los que defendimos
la República ante una sublevación militar teníamos
históricamente razón.
-P: ¿Están los republicanos
de ayer satisfechos con la monarquía de hoy?
-R: La monarquía de hoy ha sido absolutamente
necesaria e inevitable por una razón muy simple: la oposición
democrática nunca fue capaz de derribar al franquismo.
Si no hubiera habido un acuerdo entre los reformistas del régimen
y la oposición democrática, el cambio político
habría venido mucho después. Como Juan Carlos era
el impulsor del movimiento reformista del franquismo –algo
que hemos sabido después-, la monarquía era inevitable.
Tuvimos una oportunidad, que aprovechamos, para que la monarquía
no fuera lo que fue en el pasado y que inscribiera un principio
republicano, procedente de la Revolución Francesa, que
hace que esta monarquía sea habitable: el principio de
la Soberanía Popular. El rey ya no es el soberano por la
gracia de Dios, es el pueblo. Con una república, habría
habido un presidente que se llamaría Adolfo Suárez,
otro que se llamaría Felipe González y otro que
se llama José María Aznar. Los problemas de fondo
que tiene hoy España no son distintos a los que tiene la
República Francesa, por ejemplo.
Yo soy republicano, pero pienso que mientras no sucedan otras
cosas, una monarquía parlamentaria como la que existe en
España es una monarquía habitable.
-P: ¿No tiene usted cierto complejo
de manual de texto, cuando todo el mundo dice que es usted un
capítulo muy importante de la Historia de España?
-R: (Risas). No tengo ese concepto. A mí me preguntan
algunas veces qué espero que la historia diga de mí,
y la verdad es que en eso soy muy escéptico, no creo que
la historia me recuerde mucho. Me recordarán mis hijos,
mis nietos, algún amigo que sobreviva, pero no tengo ninguna
preocupación por la inmortalidad.
-P: ¿Piensa usted que la Constitución
habría tenido las mismas características en caso
de haberse hecho hoy?
-R: Sería peor. Si las mismas fuerzas
políticas que hicieron la Constitución la hicieran
hoy, España no sería un estado social de Derecho.
En la Constitución no existirían una serie de derechos
que existen, como la posibilidad de confiscar, por interés
público, propiedades privadas. Hoy la Constitución
habría empezado diciendo que el mercado es el eje y que
lo demás es superfluo, y el estado sería lo más
reducido posible. En la Constitución hay incluso la posibilidad
de una posible planificación de la economía, algo
que hoy la izquierda sería incapaz de defender.
Existen algunos temas, no obstante, en los que debería
entrar la Constitución, como en el capítulo de las
autonomías, pero la misma constitución ya contempla
cómo podrían cambiarse los artículos.