P. ¿Qué opina del fenómeno “blog”?
R. Yo soy muy partidario, creo que es una oportunidad y un gran riesgo para el periodista en el sentido de que nos hace más vulnerables, más transparentes, más cercanos al ciudadano, y eso nos traslada más exigencias. Tengo una fe enorme en que las nuevas tecnologías, nos están ayudando a redescubrir el buen periodismo, sin esas nuevas herramientas el periodismo tendría graves riesgos de agotamiento.
P. ¿Y qué le parecen los comentarios que le hacen en su blog?
R. En los comentarios hay de todo, es decir, hay comentarios interesantes y otros que son desahogos. Yo creo que en la blogosfera habrá que ir jerarquizando las categorías.
P. ¿Entonces, a veces no merece la pena?
R. Es un estímulo a la humildad y a la prudencia. Pero el hemisferio de la blogosfera es muy abierto, muy plural, y también muy arbitrario a veces. Yo lo encuentro interesante.
El valor de la libertad
P. ¿Deberían defender vigorosamente los medios de comunicación nuestro modo de entender el mundo en Occidente, o deberían autocensurarse en pro de la llamada “Alianza de Civilizaciones”?
R. Cualquier autocensura es siempre una rendición. Los valores de libertad que Europa tiene hay que cuidarlos más. Nuestra vida ciudadana, nuestra Constitución, vecindad, la igualdad de todos los hombres y mujeres, la tolerancia, la igualdad de oportunidades..., son valores en los cuáles no se puede retroceder. La “Alianza de Civilizaciones” no debe ser reductora, porque precisamente en el respeto a los demás está también el respeto a lo propio. Con la polémica de las caricaturas a Mahoma ha habido un debate interesante.
P. Pero parece ser que no se quedó muy claro
R. Yo estoy en el sector que defiende el más amplio espacio a la libertad de crítica, incluso de crítica dura, porque la reducción de ese espacio es reducción de libertades.
P. El derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen, son en mi opinión conceptos culturales bastante relativos. En la actual sociedad de la información, ¿no se debería tender de forma progresiva a primar el derecho a la información veraz, frente a estos otros derechos en el fondo tan subjetivos?
R. Nuestra Constitución lo ha definido muy bien, yo creo que tanto el artículo 18 como el 20 definen esos derechos. El derecho a la libertad de información y a la libertad de crítica están limitados y están claramente mejorados por el respeto al honor. Porque si el derecho a la crítica significa la destrucción de la propia imagen, de la identidad, del honor de las personas, no merece la pena. Son dos derechos no divisibles, secantes, a veces contradictorios, con una definición puede que imprecisa, pero si uno prevalece sobre el otro significa que se debilitan ambos. Yo creo que el derecho al honor de las personas es inalienable.
Periodismo y derecho al honor
P. ¿No se utiliza a veces el honor como herramienta para evitar la crítica?
R. Hay un principio ético que dice que no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti, y luego hay un árbitro que son los tribunales. Tenemos leyes positivas, eficaces y claras. Hay una lex artis en la profesión y una capacidad de autorregulación para decir lo que está bien y lo que está mal. Lo cual no quiere decir sancionar al que lo hace mal, pero entre bomberos no nos pisemos la manguera.
P. Pero no obstante, el concepto de honor varía en el tiempo, también las costumbres. En el siglo XVIII cualquier fruslería daba lugar a que la gente se retara en duelo.
R. En el siglo XIX y en el XX también ha habido gente que se retaba en duelo. En el edificio de la Asociación de la Prensa de Madrid, en la Plaza del Callao, había una sala para aprender a batirse. Avanzado el siglo XX, por los años veintitantos hubo el último duelo a sable, que fue bastante ridículo, por cierto. Después de eso se organizó en la propia Asociación un sistema para dirimir los conflictos sin tener que recurrir al sable, es decir, que la civilización avanza.
Pero el honor y el derecho a la información yo insisto mucho en que son dos derechos del mismo rango que hay que hacerles convivir. Ambos conviven como dos hermanos, a veces con conflictos, pero que tienen que convivir en armonía, como el aceite y el vinagre en la buena ensalada, que van mezclados, pero que si pierdes uno o pierdes otro, el aderezo se estropea.
P. Informaciones y opiniones vertidas en radio son consideradas por un sector de la opinión pública merecedoras de censura, ¿por qué no genera la misma crispación y demanda de censura las opiniones o informaciones de la misma naturaleza expresadas en forma escrita?
R. Las informaciones y las opiniones no son lo mismo. La búsqueda de la información veraz, proporcionada a un relato coherente, se complementa con la creación de un espacio para el foro de opinión. Los medios tienen que recoger todas las opiniones y no todas las opiniones son iguales. Ahora estamos en una corriente interesante en el mundo más avanzado y donde más tiempo ha habido libertad de opinión. Se pretende ver como se acota la incitación al odio, la incitación a la violencia, pues hay que corregirla. Los propios editores deben ser capaces de corregir las incitaciones al odio y a la violencia por sus propios medios, la propia profesión debe rechazarla y también la propia ciudadanía. Ahora el respeto a la libertad tiene que ser muy amplio, en el ejercicio de la libertad hay excesos, pero a veces esos excesos son menos contraproducentes que crear un espacio de censura. La censura es siempre el origen de nueva censura, por eso el espacio de libertad debe ser muy amplio.
P. Cuando un libro no nos interesa no lo solemos leer, ¿se debería tener la misma actitud ante la radio u otros medios de comunicación social?
R. Las radios no son obligatorias, uno puede no oír una radio, no leer un periódico, y no pasa nada. Luego el margen del derecho de uno a defender su honor está en los tribunales. Hay mucha gente que se defiende y muchos jueces que condenan.
P. Suelo escuchar el excelente y divertido programa de radio La brújula de la economía en el que participa. ¿Son ustedes conscientes de estar creando una corriente de opinión?
R. No nos lo planteamos así, es un programa de divulgación, es un programa de análisis, tratamos de que sea riguroso y al mimo tiempo entretenido. Tenemos distintas sensibilidades los que estamos allí y tratamos de hacer dos cosas: tener respeto los unos por los otros y no hablar al mismo tiempo.
P. ¿Por qué tienen tan mala prensa el Capitalismo y la Globalización?
R. No creo que tengan tan mala prensa, Schumpeter, que era muy listo, escribió en 1945 Capitalismo, Socialismo, y Democracia , y en el comienzo del prólogo decía: “no veo futuro al Capitalismo, el Socialismo está triunfando. Sin embargo hay una capacidad de regeneración y adaptación en el Capitalismo que a lo mejor le hace sobrevivir”. Efectivamente, eso que llamamos Capitalismo, que a veces se entiende muy confusamente, podemos interpretarlo como la lógica de una economía de mercado y de respeto a valores individuales está más vigente que nunca. Y la lógica de la economía de mercado, la mano invisible de Adam Smith no es un fin en sí mismo, es un instrumento para organizar mejor la Sociedad. Yo creo que estamos en economías más complejas, pero que en aquellas donde prima la libertad (y la libertad necesita leyes, y la libertad necesita corrección de asimetrías, y necesita normas), en esas economías, en esas sociedades se vive mejor.
P. ¿Liberalismo o Socialismo?
R. No son antitéticos, Fernando de los Ríos decía que era socialista a fuer de liberal, y en esa expresión hay mucho fundamento. Luego, desde el sector liberal, Hayek nos prevenía de cualquier forma de socialismo, el socialismo que él temía no era el socialismo o algunas formas de socialismo de hoy. Yo creo que detrás de esos conceptos hay que rascar y profundizar mucho.
P. ¿Sería necesario crear una palabra que definiera nuestro sistema económico actual?
Bueno, hay muchos elementos entrelazados. Yo no creo en esas mezclas superadoras, creo que la raíz del liberalismo clásico es una raíz que caracteriza a nuestra civilización. Pienso que Adam Smith por ejemplo está más vigente que nunca. Lo que ocurre es que Adam Smith vivió y escribió en una sociedad preindustrial, me gustaría verlo viviendo y escribiendo hoy, y lo que diría…… |