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El curso homenaje que se le
ha tributado en la Universidad de Murcia le ha mantenido a pie
de obra –a pie de estrado, más bien- durante toda
una semana, en la que diversos especialistas han desgranado y
analizado el peculiar estilo y la temática de su producción
literaria. El final del homenaje ha coincidido con su elección
como ganador del I Premio de las Letras de la Región de
Murcia, un premio que muchos daban como cantado: “A pesar
de que me presentaban como favorito, yo no me quería hacer
demasiadas ilusiones”, asegura. En este caso, la alegría
ha sido no sólo para los admiradores de su literatura,
sino también para sus nietos: “Uno de mis nietos
me ha advertido que no me gaste todo el premio, ya que le había
prometido un regalo”.
Según Castillo Puche, en esto de los premios “Es
preciso tener una gran paciencia, porque se genera un nerviosismo
que a veces ha degenerado en grandes broncas”. Este no es,
desde luego, su caso, pues, según confiesa: “Si me
hubiese encontrado al poeta Sánchez Bautista –otro
de los candidatos que más sonaban para el premio-, lo primero
que habría hecho es darle un abrazo”.
Defensores y perseguidores
“Yo no he tenido nunca muchos defensores”, asegura
Castillo Puche, para añadir que “lo que sí
he tenido son perseguidores”. Es frecuente oír al
escritor ironizar sobre lo ambiguo del amor que le profesan sus
paisanos: “Soy un hombre controvertido. No estoy totalmente
de acuerdo conmigo mismo”, asegura, pero lo cierto es que
cuando pasea por las calles de Murcia es frecuente verle con un
nutrido grupo de admiradores. Se le tributan homenajes, se le
dedican calles, se le nombra hijo adoptivo, se le conceden premios…,
tiene muchas y poderosas razones, en fin, para sentirse profeta
en su tierra. “Ese cariño se consigue trillando.
Se ha de pasar muchas veces el rodillo sobre los hombres y los
libros para que la gente entienda cosas que antes no entendía”.
“En Yecla me quieren mucho, pero cuando era joven me expulsaron,
y eso es algo que no se puede olvidar”. “Durante 15
años tuve prohibido volver a mi pueblo por una sentencia
judicial”, asegura.
Afortunadamente aquello forma parte ya de la historia. Yecla,
la cuasi mítica Hécula de sus novelas, le reconoció
como hijo adoptivo y le dedicó una calle: “Yo quería
que fuese una calle pequeña, por la que no pudiesen circular
coches, y así se hizo: se puso mi nombre a una calle ajardinada,
que era muy querida por mí”. “El problema,
-comenta con la ironía que le caracteriza- es que un día,
al abrir el periódico, leí el siguiente titular
‘Crimen horroroso en la calle de José uis Castillo
Puche’: un médico sirio había degollado allí
a su esposa”
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Leer y romper papeles
Como decano de los escritores de la región, Castillo
Puche no duda sobre qué consejos dar a un joven universitario
que pretenda dedicarse a la literatura: “le instaría
a que se responsabilizara con su propia ilusión y que
leyera mucho”. |
Castillo
Puche durante la realización de la entrevista junto
al director de Campus.
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| “Para
prosperar un poco en las letras –añade- hay que
leer mucho, pero con cierto método que permita sacar
algunas claves y motivos. Además le diría que
tuvieran paciencia para tachar, corregir y romper papeles. Yo
he roto muchos”. |
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Es éste, el de los jóvenes y los
estudiantes, un sector que tiene muy presente el escritor a la
hora de escribir sus obras: “A mí me interesa mucho
lo que opinen los estudiantes. No se puede hacer una carrera literaria
si no es con la conquista de los estudiantes”.
Poesía desconocida
Aunque Castillo Puche es conocido casi en exclusiva por su faceta
de narrador, asegura que escribió muchos poemas, aunque
la mayoría los rompió –con gran enfado de
Julia, su esposa-. El caso es que “No eran de mi entera
satisfacción –asegura-. Nunca he visto un poema mío
que sea capaz de valer lo de otros poetas de mi misma generación”.
Y es que, como el novelista dice “yo tengo otros modos de
expresarme”.
No obstante, se resigna a la idea de que algún día
vean la luz: “Las mujeres –bromea- cuando sus maridos
están ya muy mal hacen lo que les da la gana, y seguro
que publicará los que más les guste”.
Y si su esposa asegura que poseen calidad, probablemente no le
falte razón, pues tuvo el privilegio de trabajar como ayudante
de cátedra, con el poeta Dámaso Alonso. “La
mía –asegura- es una mujer muy entendida en literatura”.
Hemingway, Picasso, Azorín, Baroja… Castillo Puche
tuvo ocasión, a lo largo de su vida, de relacionarse con
numerosas personalidades del mundo de la cultura: “Dámaso
Alonso era un hombre muy bueno –recuerda-, el más
bueno que he conocido”, afirma. “Su problema es que
todo su pensamiento giraba en torno al tema de Dios. Él
no creía totalmente en Dios, tenía sus dudas, y
pensaba que eso era una infamia”.
A un voto de la academia
En 1948 un jovencísimo Castillo Puche aun veinteañero
recibía la noticia de su Premio Nacional de Literatura,
“Me dieron una enorme alegría, es cierto”,
confiesa. Muchos años después, en 1982, con una
obra ya plenamente consolidada fue distinguido con su segundo
Premio Nacional. En esta ocasión se lo concedieron a su
novela ñalsdkfj.
A sus 82 años este guerrero de las letras no está
dispuesto a arrojar la toalla, y asegura que ya tiene prácticamente
preparada una nueva novela que se añadirá a su ya
extensa lista de títulos publicados. Y es que, como él
mismo se encarga de demostrar, morirá con la pluma puesta:
“Escribimos –dice- a la fuerza, por respeto a nosotros
mismos, por orgullo, por celo”.
Una biblioteca para
Yecla
Una vida de lecturas tan dilatada e intensa como la desarrollada
por Castillo Puche dan para mucho. Nada menos que 15.000 volúmenes
se apilan en los anaqueles de la biblioteca del escritor: “Son
libros de un reparto proporcional de temas y autores que la convierten
en una de las mejores bibliotecas que hay en estos momentos en
una casa particular”, asegura. Este es el montante al que
asciende la donación de este escritor a Yecla su pueblo,
“Con el compromiso, lógicamente –matiza- de
que se establezca una casa de la cultura digna”.
Dejar
de mirar las torres
Como intelectual y viajero infatigable que ha conocido a fondo muchos
países, Castillo Puche se siente sobrecogido por el panorama
que presenta el mundo de este recién nacido siglo XXI: “Yo
creo que habría que alejarse de esa nostalgia estéril
de estar siempre mirando las Torres Gemelas. Esas torres pertenecen
ya a un mundo de símbolos caídos, algo que se ha dado
ya muchas veces en la historia”. “Yo quisiera –añade-
que hubiese verdadera voluntad de paz, pero me parece que eso es
algo de lo que carecen los actuales mandatarios de Israel y Palestina.
Son odiosos, soberbios, infernales, no quieren la paz. Todo eso
está en consonancia con la catadura pésima de este
siglo”, asegura. |
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