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Manuel E. Patarroyo, descubridor de la vacuna contra la malaria:
           
     
     
 

“El cambio climático está modificando las condiciones de salud del mundo”

 
Pascual Vera
Fo tos: Luis Urbina
           
     

 

Cuando en 1993 donó la patente de la vacuna contra la malaria a la Organización Mundial de la Salud, el mundo entero vio en el colombiano Manuel Elkin Patarroyo a un nuevo Quijote, capaz de renunciar a una vida de comodidades –la patente le hubiera reportado muchos millones de dólares- para salvar muchas vidas, la de los más de tres millones de personas que mueren cada año víctimas de una de las enfermedades más mortales.

Los únicos que parecieron afectados –y afrontados- fueron los grandes laboratorios farmacológicos, que veían esfumarse así un negocio redondo.

Pero Patarroyo siempre tuvo claro que sus hallazgos irían encaminados a satisfacer las necesidades de sus congéneres. Su pasión por la investigación ha estado siempre ligada a una vocación ser útil a la humanidad. Y esa fue la mejor forma de demostrarlo.

Este médico nacido en Tolima –Colombia-, formado en su país y en universidades de Estados Unidos y Suecia, ha realizado una importante y vasta labor investigadora encaminada a paliar enfermedades como la fiebre reumática, tuberculosis, lepra, artritis…, pero ha sido con la malaria, con la que ha obtenido el avance más espectacular: la consecución, en 1984, de una vacuna sintética, un terreno en el que continúa trabajando, y que espera culminar, con una vacuna de gran efectividad –el 98 por cien- en el año 2009.

Muchos ven él al próximo premio Nobel, una distinción que probablemente ya habría conseguido de haber nacido en Estados Unidos. Pero él se encuentra feliz en su Colombia natal. Los premios, además –a él que ha sido distinguido con numerosas distinciones por su labor- le interesan poco. Lo suyo es –siempre lo fue- vocación de servicio universal.

       
     
       

-Pregunta: ¿Qué le parece la creación de la Unidad de Medicina Tropical en Murcia?

- Respuesta : Lo veo con muy buenos ojos. El cambio climático está afectando y modificando dramáticamente las condiciones de salud del mundo. Antes, el fenómeno del Niño se sucedía en la parte del Pacífico Sudamericano cada 25 años. Hoy en día está sucediendo cada tres años. Esto significa que al subir las mareas como consecuencia del calentamiento, en la costa del Pacífico americana -Colombia, Bolivia, Ecuador y Panamá- se producen enormes inundaciones. Esas inundaciones dejan charcas, y en ellas crecen los mosquitos vectores y transmisores de la malaria y del dengue.

Existe una asociación directa entre esas inundaciones y la aparición de muchas enfermedades tropicales como consecuencia de ese fenómeno de El Niño.

A su vez, como ha subido la marea en estos sitios, y el mundo es cerrado, obviamente ha bajado la marea en la otra parte del Pacífico. Existen sequías muy grandes en el África subsahariana y el sureste asiático, lo que acarrea otra enfermedad: la desnutrición, ya que las sequías hacen que no crezcan los cultivos, con lo que se generan hambrunas.

Por el contrario, cuando cambia el panorama, se producen inundaciones en el sureste asiático, con todos los tifones que estamos viendo ahora, lo que hace que haya sequías en el Perú y las consiguientes hambrunas.

El cambio climático está induciendo a unos problemas que van de Sur a Norte y de Norte a Sur.

No es de sorprender que la temperatura del agua ascienda en 5 grados en un período de 15 – 20 años inundaciones sistemáticas.

Es fundamental prever y adelantarse a estos problema. Por eso aplaudo la iniciativa de la Consejería de Sanidad por tomar la decisión de crear un instituto para que estemos preparados para los problemas que se puedan presentar.

En Murcia, quien ha tomado esa bandera ha sido el profesor de la Universidad de Murcia Manuel Segovia, y también Bartolomé Carrilero que trabajó 15 años en Camerún, y Miguel Navarro, que trabaja en enfermedades infecciosas.

     

-P: Su vacuna contra la malaria ha sido calificada de revolucionaria. ¿En qué sentido lo es?

-R: Es muy generoso este concepto. Pero es la primera vacuna químicamente hecha en la historia. Las otras son biológicas, producto del microbio entero, pero la nuestra está basada en el conocimiento químico de las partes importantes del microbio que usa para infectar, y la fabricación química de lo mismo. Este procedimiento posee muchas ventajas, entre otras cosas que se pueda fabricar una vacuna más o menos potente en función de las necesidades. Hoy día pueden hacerse vacunas a la medida, como en sastrería: son las llamadas Taylor Made , que se adaptan a las características genéticas de la gente.

-P: ¿Cuánto puede tardar aún la culminación de este segundo paso relacionado con los genes, cuando se tendrá el mapa de la proteómica?

-R: Se calcula que aún se tardará entre 20 y 30 años en tener un mapa completo del genoma humano y otros genomas. Pero yo soy optimista respecto a esto, porque también en el caso de la secuenciación del genoma humano se pensaba que no estaría listo hasta el 2005, y, sin embargo, el primer borrador se tuvo en febrero del 2001, y la secuencia completa del genoma humano se consiguió en el 2003.

Confío en que, al existir muchos científicos trabajando de forma intensa en este tema, tardemos menos de lo previsto en conocer lo más destacable de la proteómica del genoma humano.

-P ¿Cuáles son sus inquietudes en este tema desde el punto de vista ético?

-R: La ciencia siempre va por delante. Los avances científicos son imparables. Yo creo que son los propios científicos los que se ponen las reglas para no transgredir normas bioéticas esenciales.

A comienzos de los años 70, cuando comenzó el boom de la ingeniería genética, fueron los propios científicos los que se plantearon posibles peligros que podían tener estos posibles avances de la ciencia.

En esos años se produjo una conferencia muy importante en Estados Unidos. Allí se reunieron científicos, sociólogos, médicos, medios de comunicación, etc., y se plantearon poner ciertas constriciones a experimentos que se podían hacer. Se acordó poner determinados niveles de contención a ciertos experimentos, según fuesen sus características. Esto se cumplió a rajatabla, pero a medida que pasó el tiempo se vio que muchos de estos niveles eran excesivos, pues ciertos experimentos no constituían ningún peligro. Por esta razón, estos niveles se fueron rebajando a medida que se fue viendo que estos experimentos no rompían ninguna norma bioética esencial.

Así pues, son los propios científicos los que se ponen sus propios límites y se autolimitan. Ahora bien: es cierto que la ciencia avanza a pasos agigantados, razón por la que es preciso dotarnos de leyes adecuadas para los experimentos se hagan en las mejores condiciones desde el punto de vista bioético.

     
 

 

-P: ¿En qué estado se encuentra la vacuna contra la malaria descubierta por usted y su equipo?

-R: La primera vacuna, que desarrollamos hace 20 años, protegía sólo del 30 al 40 por ciento, pero nos sirvió para conocer el principio básico y poder desarrollarla.

En esencia, las vacunas utilizan todo el cuerpo del microbio, pero entonces la persona produce defensas contra todo. Lo que hemos encontrado es que esas defensas hay que dirigirlas contra ‘las manitas' del microbio. Al vacunar así se producen anticuerpos, se bloquea al microbio, que queda neutralizado.

En esencia, las vacunas nuevas que estamos desarrollando intentan una búsqueda de ‘manos', el resto de los órganos no es importante. El genoma del parásito de la malaria tiene 50 ‘manos' en una de las formas y otras tantas en la otra. Ahora tenemos reconocidas 50 de una forma y un buen número de la otra, que aspiramos a completarla entre 2007 y 2008.

Aspiramos a entregar una vacuna con el 98 por ciento de capacidad de protección a finales de 2008 o comienzos del 2009.

-P: ¿Qué cantidad de gente vive en zonas de riesgo de malaria?

-R: La población de riesgo que vive en áreas maláricas es de unos 2700 millones de personas. En 2004 hubo 500 millones de casos de malaria, de los que murieron 3 millones. Pero hace 15 años eran sólo 250 millones. Esto viene relacionado con el proceso de cambio climático al que he aludido.

Antes la enfermedad había retrocedido, pero ahora está avanzando, En España hubo malaria hasta los años 50. Ahora, sin embargo, está volviendo, es una de las enfermedades llamadas emergentes.

   
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‘Lo que uno descubre para la humanidad, debe ir a parar a la humanidad'

‘Construir ciencia en un país es como construir catedrales: lleva siglos'.

‘Soy un consentido en Colombia'

‘La malaria había retrocedido, pero ahora está avanzando'

 

   

-P: En función del desarrollo de cada país, ¿los habitantes de cada lugar son más proclives a padecer determinadas enfermedades?

-R: En esencia el desarrollo de cualquier enfermedad tiene tres componentes: el agente causal, las características del individuo y el medio ambiente que proporciona las posibilidades de que exista. No se puede encontrar malaria en Groenlandia, por ejemplo, y es muy poco probable que en Somalia haya gente con arteriosclerosis, porque no comen, y esa es una enfermedad asociada con el desarrollo.

 
 

-P: ¿La extremada pobreza de una sociedad supone una condición más fácil para contraer determinadas enfermedades?.

-R: Sí, pero con limitaciones. Las enfermedades se asocian más bien con la limpieza y con la sanidad ambiental.

 

-P: Usted se ha dedicado a la investigación de enfermedades infecciosas fundamentalmente ¿Sabemos qué es lo que hace que unos individuos sean más proclives que otros a padecer unas enfermedades que otros?

-R: Hay individuos que repiten infecciones malarias. Lo que hay que localizar es qué característica genética poseen esos individuos que se comportan como portadores. Es preciso ver cómo se puede modificar las características del parásito a través de vacunas e ingeniería genética para que no sigan siendo los portadores que le permite al mosquito transmitir a otros la enfermedad.

-P: El hecho de ceder su patente de la vacuna a la OMS le habrá reportado problemas con las multinacionales farmacéuticas.

-R: No les gustó, pero eso es una polémica en la que prefiero no entrar. Yo respeto las políticas de las multinacionales farmacéuticas, aunque ellos no respeten las mías. A la hora de la verdad quienes quedarán mal serán ellos.

-P: Lo que sí puede reportar su decisión son unos beneficios mucho mayores a las gentes expuestas a esa enfermedad.

-R: Desde chico he pensado que lo que uno descubre para la humanidad, debe ir a parar a la humanidad, y no a unos pocos adinerados. Yo me considero bien pagado con un buen salario que tengo de la Universidad Nacional de Colombia, con las invitaciones que me hacen mis amigos de otras universidades, con el cariño de la gente, con los reconocimientos…

No necesito adinerarme, que es algo muy distinto a enriquecerme, pues yo soy muy rico en cariño y reconocimientos. No doy abasto a visitar los lugares en los que me invitan.

-P: ¿Tenía ya pensada su decisión antes de descubrir la vacuna?

-R: Yo siempre lo tuve muy claro. Cuando descubrimos la vacuna, reuní a mi familia y les dije que si lo que queríamos era tener dinero, esa era la oportunidad de garantizar un futuro rico y adinerado, pero mi mujer se enfadó, y también mis hijos. Mi mujer me preguntó si estaba cambiando de manera de pensar, y mis hijos dijeron que estaba loco. Yo lo único que quería era saber lo que pensaban.

Cuando fui a ver a César Gaviria, el presidente de mi país, para decirle que iba a donar la patente, me dijo: ‘La vacuna existe porque tú existes. Es tuya y puedes hacer con ella lo que te plazca. Gracias por mencionar a Colombia'.

Cuando reuní a mi equipo para comentar esto, hubo alguien que se levantó y me dijo que habíamos estado trabajando toda la vida para eso y que no podía cambiar las reglas del juego.

Las cifras que se barajaban eran centenares de millones de dólares, pero estaba convencido de que si la vendía, nadie de los países en vías de desarrollo iba a tener acceso a ella. Hubo incluso uno de los representantes de los medios farmacéuticos que me dijo que acabase con esta imbecilidad, que mi vacuna valía 20 céntimos, y que para que una vacuna fuese seria debía venderse por encima de 25 dólares. Pero en África la inversión en salud es de 12 dólares al año para toda la salud. Nadie podría comprarla a ese precio en África.

-P: Decía Ramón y Cajal, que investigar en España es llorar. Usted que conoce la realidad colombiana y la española ¿qué es hoy investigar en Colombia y España?

-R: En esencia hay que entender es que estos países no tienen tradición en investigación científica. Eso lo comenzaron los franceses, los países anglosajones y los alemanes, y fue por cuestiones estrictamente religiosas. La Reforma Protestante provocó una apertura a la ciencia. Los países latinos no se involucraron en el desarrollo de la ciencia. El empuje a la ciencia en nuestros países es algo reciente, y construir ciencia es algo que ha de hacerse lentamente, paulatinamente. Un amigo mío decía que construir ciencia en un país es como construir catedrales: lleva siglos.

Afortunadamente España entendió esto hace dos o tres generaciones, y ha invertido mucho en la gente que hace investigación, eso ya esta dando resultados muy buenos. En España la ciencia no está a la altura de los países anglosajones, pero está próxima. En Colombia sin embargo, estamos mucho más atrasados, allí sí que es llorar, y llorar sentados, además.

-P: Si Patarroyo hubiese nacido en Estados Unidos, Alemania o Francia, ¿habría llegado más lejos? ¿estaría más reconocido internacionalmente?

-R: No sería cierto si dijese que no cuento con ventajas en mi país. Debo decir que soy un consentido en Colombia, y que cuento con más facilidades que nadie. Por ejemplo, yo he contado para mis investigaciones con 800 monos cada cuatro meses. He utilizado 32.000 monos a lo largo de todos estos años en los que he buscado la vacuna. Y eso no lo hubiese podido conseguir ni en Europa ni en Estados Unidos.

Además, vivo rodeado del cariño de los míos. En otros lugares el equipamiento en Europa puede llegar antes, pero en mi país vencen todas las dificultades para satisfacer mis necesidades. Recuerdo una anécdota de un envío que necesitaba urgentemente, que tenía que llevar 17 sellos de la aduana, y me llegó con el mismo sello puesto 17 veces, de otras tantas maneras distintas, para que pudiese pasar sin problemas y lo más rápidamente.

Si naciera de nuevo haría lo mismo y cometería los mismos errores, porque uno aprende más de los errores.

 

             
 

Unidad de Medicina Tropical de la Arrixaca: Contra las enfermedades tropicales

           
 

 

La Unidad de Medicina Tropical, inaugurada recientemente en la Arrixaca, está especializada en enfermedades consideradas hasta ahora exóticas, pero que el cambio climático podría hacer mucho más comunes. La Unidad intenta afrontar estas enfermedades y formar profesionales especializados en estas enfermedades.

‘La Unidad de Medicina Tropical –explica Manuel Segovia, jefe de la misma- nace con una triple vocación: por una parte se trata de una unidad eminentemente asistencial, para lo cual cuenta con expertos que han trabajado en lugares tropicales y tienen una gran experiencia en aquellas enfermedades, con la finalidad de poder mejorar la asistencia sanitaria a aquellas personas que traigan estas enfermedades o bien de los murcianos que viajen a lugares tropicales'.

‘También posee –continúa Segovia- una vocación docente para formar e informar a profesionales, e investigadora, para poder desarrollar planes de investigación'.

Con ello, en opinión del doctor Segovia, ‘Nos estamos preparando Todo para una posible eventualidad: si un día nos llegan estas enfermedades que hoy día las vemos muy lejos, esta situación nos pillará por sorpresa, y existirá un entrenamiento en las mismas'.

Al mismo tiempo también, nace con una voluntad de cooperación internancional con otros hospitales y centros de los trópicos. Uno de estos es el centro del profesor Patarroyo.

         
                                     
   
Patarroyo, visita el Rectorado de la UMU
         
     

Firma y dedicatoria en el libro de Honor de la Universidad de Murcia.

 

               
                 

Recibe la insignia universitaria de manos del rector, José A. Cobacho.

           
                                     
 
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