-P: Usted se ha dedicado a la investigación de enfermedades infecciosas fundamentalmente ¿Sabemos qué es lo que hace que unos individuos sean más proclives que otros a padecer unas enfermedades que otros? -R: Hay individuos que repiten infecciones malarias. Lo que hay que localizar es qué característica genética poseen esos individuos que se comportan como portadores. Es preciso ver cómo se puede modificar las características del parásito a través de vacunas e ingeniería genética para que no sigan siendo los portadores que le permite al mosquito transmitir a otros la enfermedad. -P: El hecho de ceder su patente de la vacuna a la OMS le habrá reportado problemas con las multinacionales farmacéuticas. -R: No les gustó, pero eso es una polémica en la que prefiero no entrar. Yo respeto las políticas de las multinacionales farmacéuticas, aunque ellos no respeten las mías. A la hora de la verdad quienes quedarán mal serán ellos. -P: Lo que sí puede reportar su decisión son unos beneficios mucho mayores a las gentes expuestas a esa enfermedad. -R: Desde chico he pensado que lo que uno descubre para la humanidad, debe ir a parar a la humanidad, y no a unos pocos adinerados. Yo me considero bien pagado con un buen salario que tengo de la Universidad Nacional de Colombia, con las invitaciones que me hacen mis amigos de otras universidades, con el cariño de la gente, con los reconocimientos… No necesito adinerarme, que es algo muy distinto a enriquecerme, pues yo soy muy rico en cariño y reconocimientos. No doy abasto a visitar los lugares en los que me invitan. -P: ¿Tenía ya pensada su decisión antes de descubrir la vacuna? -R: Yo siempre lo tuve muy claro. Cuando descubrimos la vacuna, reuní a mi familia y les dije que si lo que queríamos era tener dinero, esa era la oportunidad de garantizar un futuro rico y adinerado, pero mi mujer se enfadó, y también mis hijos. Mi mujer me preguntó si estaba cambiando de manera de pensar, y mis hijos dijeron que estaba loco. Yo lo único que quería era saber lo que pensaban. Cuando fui a ver a César Gaviria, el presidente de mi país, para decirle que iba a donar la patente, me dijo: ‘La vacuna existe porque tú existes. Es tuya y puedes hacer con ella lo que te plazca. Gracias por mencionar a Colombia'. Cuando reuní a mi equipo para comentar esto, hubo alguien que se levantó y me dijo que habíamos estado trabajando toda la vida para eso y que no podía cambiar las reglas del juego. Las cifras que se barajaban eran centenares de millones de dólares, pero estaba convencido de que si la vendía, nadie de los países en vías de desarrollo iba a tener acceso a ella. Hubo incluso uno de los representantes de los medios farmacéuticos que me dijo que acabase con esta imbecilidad, que mi vacuna valía 20 céntimos, y que para que una vacuna fuese seria debía venderse por encima de 25 dólares. Pero en África la inversión en salud es de 12 dólares al año para toda la salud. Nadie podría comprarla a ese precio en África. -P: Decía Ramón y Cajal, que investigar en España es llorar. Usted que conoce la realidad colombiana y la española ¿qué es hoy investigar en Colombia y España? -R: En esencia hay que entender es que estos países no tienen tradición en investigación científica. Eso lo comenzaron los franceses, los países anglosajones y los alemanes, y fue por cuestiones estrictamente religiosas. La Reforma Protestante provocó una apertura a la ciencia. Los países latinos no se involucraron en el desarrollo de la ciencia. El empuje a la ciencia en nuestros países es algo reciente, y construir ciencia es algo que ha de hacerse lentamente, paulatinamente. Un amigo mío decía que construir ciencia en un país es como construir catedrales: lleva siglos. Afortunadamente España entendió esto hace dos o tres generaciones, y ha invertido mucho en la gente que hace investigación, eso ya esta dando resultados muy buenos. En España la ciencia no está a la altura de los países anglosajones, pero está próxima. En Colombia sin embargo, estamos mucho más atrasados, allí sí que es llorar, y llorar sentados, además. -P: Si Patarroyo hubiese nacido en Estados Unidos, Alemania o Francia, ¿habría llegado más lejos? ¿estaría más reconocido internacionalmente? -R: No sería cierto si dijese que no cuento con ventajas en mi país. Debo decir que soy un consentido en Colombia, y que cuento con más facilidades que nadie. Por ejemplo, yo he contado para mis investigaciones con 800 monos cada cuatro meses. He utilizado 32.000 monos a lo largo de todos estos años en los que he buscado la vacuna. Y eso no lo hubiese podido conseguir ni en Europa ni en Estados Unidos. Además, vivo rodeado del cariño de los míos. En otros lugares el equipamiento en Europa puede llegar antes, pero en mi país vencen todas las dificultades para satisfacer mis necesidades. Recuerdo una anécdota de un envío que necesitaba urgentemente, que tenía que llevar 17 sellos de la aduana, y me llegó con el mismo sello puesto 17 veces, de otras tantas maneras distintas, para que pudiese pasar sin problemas y lo más rápidamente. Si naciera de nuevo haría lo mismo y cometería los mismos errores, porque uno aprende más de los errores. |