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| Cantar
es muy difícil. Tocar la guitarra también lo es. Hay
que tener paciencia, y un estudio constante, no puedes dejar la
guitarra un tiempo. Pero el cante y el baile necesitan mucho forma
física. La prueba evidente es que, en el cante, cuando se
llega a una edad, hay que dejarlo. En la guitarra pasa al contrario,
se puede estar el tiempo que sea. Pero el cante requiere que uno
se cuide mucho. |
-P: ¿Sabría definir usted,
que está en el mundo del flamenco toda la vida, cuál
es la esencia del cante?
-R: Yo no sabría describirlo. Sólo te puedo
decir que es mi vida. Si me lo quitan me muero. Esto además
es algo que no se acaba de aprender nunca, por mucha edad que
se tenga. Siempre hay que estar estudiando. Es una carrera interminable.
Muchas veces pienso: Dios mío, ya tengo una edad, pero
me quitan esto y me muero.
-P: ¿Qué es lo que está
oculto detrás de ese cante desgarrador que es el flamenco?
-R: Yo digo que hay un misterio. Misterio y duende del
flamenco, que es el título de una película antigua
en la que yo intervine y que creo que lo define muy bien. Hoy,
por ejemplo, que tengo un recital, me encuentro bajo de forma,
y sin embargo, a lo mejor me siento allí, y me vengo arriba
y canto extraordinario ¿Ese es el duende? Será el
duende.
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-P: El cantaor nace o se hace?
-R: Se hace. Pero hay que nacer. Y al revés: se
nace, pero también hay que hacerse. Esto es una carrera,
hay que aprender. Los cantes de Levante, los cantes por seguiriya,
por soleá…, es necesario documentarse, tienes que aprender.
Pero también hay que nacer. Se tiene en las tripas. Tú
puedes ser muy técnico, pero darle tu motivo, dotarle de
vida, eso va con cada uno. Cada cual pone lo que puede. Lo que está
claro es que también hay que aprender.
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-P:
¿Se puede sentir el flamenco independientemente del punto
geográfico en el que uno haya nacido?.
-R: Eso por descontado. Mira, ahora mismo, uno de los cantaores
que más me llega a mí es Juan Barea que es de Burriana,
cerca de Castellón. Sin embargo, sale cantanto y canta por
seguiriyas, canta por soleá, canta por malagueñas,
y es un fenómeno.
Carmen Amaya, por ejemplo, no nació en Andalucía,
Pilar López es vasca, Vicente Escudero en Valladolid…
No hay reglas en eso, el que sale, sale. Lo mismo da que sea donde
sea. Que lo sienta y lo viva. Lo único que pasa es que en
Andalucía a lo mejor hay más.
Yo mismo, que he ido a Japón cuatro veces, he visto los ejemplos
que hay allí. Gente con una fe, con unas ganas de aprender
y con una afición tremenda. En todas las facetas: en el toque,
en el baile… En el cante es más difícil, pero
el baile y el toque lo estudian. Les falta esa salsita, pero lo
compensan con su ansia de aprender y su respeto. Yo le tengo mucha
cosa a ese país, el flamenco es que les gusta mucho.
-P: Usted que ha sido el mejor cantaor
que hemos tenido para baile ¿Qué es lo que recuerda
de los bailarines más grandes con los que ha cantado?
-R: A cantar para bailar, no le da la gente el mérito
que eso tiene. Es muy difícil cantar para bailar, pero no
está reconocido artísticamente. Lo ponen en un plano
secundario, pero no es así.
Yo he estado cantando muchos años para bailar. He tenido
la satisfacción de cantarle a Carmen Amaya, a Antonio, a
Rosario, a Pilar López…, le he cantado a los mejores.
Pero después venía esa cara amarga de que dijeran:
“Sí, pero canta pa bailar”.
Sin embargo, es muy difícil. Una prueba evidente es que cuando
me dieron margen, cogí en Córdoba el Premio Nacional
de Alegría y empecé a cantar sólo adelante
y ya me iba defendiendo.
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-P: Y cuál es la dificultad especial
que hay en cantar para bailar?
-R: Cuando cantas solo, tu argumento lo empleas para ti
mismo. Sin embargo, cuando cantas para bailar tienes que ir supeditado
a la bailaora o al bailaor, tienes que ir medido, detrás
de él. H ay que ir amarrado, porque la que manda es la que
manda.
Pero si lo haces solo, si te viene ese puntito de duende o de inspiración,
lo puedes hacer con tranquilidad, y eso es algo que, cantando para
bailar, no puedes. Cuando cantas para bailar y la bailaora o el
bailaor se sienten cómodos, entonces dicen: “El Chano
me viene bien”. |
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-P:
¿Con que bailaores ha estado usted más compenetrado?
-R: Yo he tenido muchos. Con Antonio estuve 17 años.
Di con él la vuelta al mundo varias veces. Fuimos, por ejemplo,
los primeros en ir a Rusia después de arreglarse las relaciones
entre los dos países. Pasé muy buenos momentos en
su compañía. Luego he cantado a Pilar López,
a Carmen Amaya…, pero co n el que más he estado fue
con Antonio.
Con todos ellos me sentí muy compenetrado. Recuerdo que a
Carmen Amaya, la primera vez que le canté fue en un homenaje
a Pastora Imperio, y no ensayamos. Yo le dije: “Carmen, vamos
a ensayar un poquito”, pero ella me dijo: “No importa,
Chano, tú sales haciendo tu letra y yo te miro después
y yo te pido para que entres por bulerías”. Y lo hicimos,
y salió bien. Nada más estar sentada tocando las palmas,
el público se vino abajo. Era genial, daba el corazón
bailando.
Y Antonio. Antonio era un acontecimiento donde iba. Llenaba los
teatros en todos sitios. El otro día veía por televisióhn
el teatro en el que dan los oscars y le dije a mi hijo: mira, en
ese teatro he trabajado yo. Yo he recibido muchas satisfacciones.
Lo he pasado muy bien, pero era muy responsable, ensayaba a mis
horas. Aunque los flamencos tenemos fama de ser muy anárquicos
en eso.
-P: Usted lleva muchos años
en el candelero, ¿Qué les pediría a la generación
de gente joven que viene detrás?.
-R: Yo les pido que no pierdan la esencia. El progreso
ha traído nuevos temas y argumentos. Y el flamenco, que es
muy amplio, da la posibilidad de investigar y hacer cosas nuevas.
Pero que no se queden solo en lo nuevo. No se puede perder lo clásico:
las seguiriyas, las soleares, las malagueñas… El flamenco
es muy rico en esas entonaciones |
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