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Fernando Argenta, director de ‘Clásicos Populares':

‘En este mundo de prisas, más que la música, reivindicaría el silencio'

 
Pascual Vera
 
fotos: Luis Urbina
       
     
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Solo una imprudente alopecia instalada impunemente en el craneo de Fernando Argenta delata una cierta edad que no transmiten sus palabras ni sus gestos. Tampoco sus ojos, pequeños y vivarachos, que traspasan el cristal de sus gafas transmitiendo el buen humor que evidencian persistentemente sus palabras.

Su capacidad como comunicador quedó fuera de toda duda cuando, hace ya 35 años consiguió unir dos conceptos aparentemente antitéticos –clásico y popular- en una fórmula por la que nadie hubiera apostado en aquellos años 70, pero que hoy está tan afianzada que nadie imagina Radio Nacional sin sus ‘Clásicos Populares'.

Gracias a él, a esa manera suya tan peculiar de entender y transmitir la música clásica ajena a esa rigidez que habitualmente se le ha presupuesto, la buena música ha irrumpido en centenares de miles de hogares que, de otra forma, no hubiesen escuchado una sola nota de Mozart o de Bach –el Viejo Peluca para todos por mor de Argenta-.

Argenta es un enamorado de la música que asegura que, Brahms, Paul Anka y hasta la música del Cola Cao pueden convivir en armonía –‘hay tiempo para todo'-. Un melómano de los pies a la cabeza que reivindica el silencio y para quien el Chiqui Chiqui constituye una magnífica broma en un tinglado ajeno totalmente a la música llamado Eurovisión.

Hijo de uno de los mejores compositores de su tiempo –Ataúlfo Argenta, el músico mejor pagado de su tiempo junto a Rostropovich y Paganini- y miembro de aquel grupo inefable de los 60 llamado Megatón Ye yé , el creador de Clásicos Populares y El conciertazo , Fernando Argenta, estuvo en la Universidad de Murcia el pasado día 24 de abril invitado por el Área de Artes Escénicas, Música y Cine del Servicio de Actividades Culturales.

Con su peculiar estilo, disertó en el Paraninfo sobre Verdi y sus óperas, ante un público incondicional. Antes habló para Campus sobre los cambios operados en la sensibilidad musical de los españoles en las últimas décadas; sobre el rock y Beethoven; sobre el Cola Cao y la capacidad evocadora de la música; sobre la compatibilidad entre el fútbol y la buena música; de la incompatibilidad entre Eurovisión y la buena música, del festival de Orquestas de Jóvenes, de las nuevas tecnologías… de lo divino y –sobre todo- de lo humano. Y aun le dio tiempo para reivindicar el silencio. Todo un personaje.

 

   
 

 

-Pregunta: Clásico y popular ¿No parece una contradicción?

-Respuesta: No debería de serlo. No es incompatible ser popular y amante de la música clásica. Si se trata de conceptos incompatibles quiere decir que estamos fallando en algo. La cultura no ha sido nunca mayoritaria, pero en estos tiempos, en los que casi todo el mundo tiene sus necesidades primarias cubiertas, todos deberían tener acceso a la cultura.

-P: Hoy nadie duda de que la música clásica puede ser amena y hasta divertida, pero ¿qué pensaron sus jefes cuando planteó hace más de tres décadas hacer un programa sobre música clásica desenfadado y dirigido al gran público?

-R: Sonaba extraño. Incluso a mí me sorprendió que durase más de un año. El programa nació casi como un espacio de relleno, no tenía intenciones de ser un programa con entidad propia. Querían hacer un espacio que actuase como un puente musical entre las noticias de las 9 y Radio Gaceta de los deportes, con el fin de que los que esperaban las noticias deportivas pudieran tener un pequeño remanso de paz durante esos veinte minutos. El objetivo es que aquellas grandes orquestas que se estilaban tanto interpretasen canciones ligeras de los Beatles y otros grupos. Pero a mí se me ocurrió que lo mejor eran las grandes orquestas tipo Sinfónica de Chicago o la Filarmónica de Viena.

Presenté un proyecto que fue aprobado. Inmediatamente surgieron una avalancha de críticas negativas por parte de los puristas, que veían esto casi como algo subversivo. Ten en cuenta que acababa de morir Franco y todo se miraba con sospecha, intentando ver quien se desviaba del camino trazado. El hecho de que alguien comenzara a llamar a Beethoven el Sordo Genial o a Bach el Viejo Peluca, produjo la sensación de que todo iba a degenerar rápidamente: ¡Hasta la música clásica¡ Tuve presiones, incluso la mujer de algún ministro escribió alguna carta en contra. Pero, al mismo tiempo, también se produjo una corriente de simpatía por parte de mucha gente que en su vida había escuchado música clásica. Se sorprendían de aquel lenguaje que entendían sin haber sospechado que pudiera ser así. Las anécdotas les enganchaban lo suficiente como para que a continuación aceptaran escuchar música de Mozart, y descubrían que no era el horror que habían sospechado siempre. Así que aguantamos un día, y otro día, y otro día, y así hasta ahora, que han pasado más de 30 años.

 
 

-P: ¿Ha cambiado la sensibilidad musical de los españoles en todo este tiempo?

-R: Sólo hace falta salir a cualquier municipio para comprobar que se están construyendo auditorios. Y no sólo en grandes ciudades: también en pueblos pequeños. Hay orquestas en muchísimos sitios, los conservatorios están llenos… Ahora ya no es tan raro ver a un niño con un violín por la calle, antes era insólito, ese niño era un niño raro, casi sospechoso. Todo el mundo puede percibir esto. Se venden muchos discos de música clásica, y no sólo en las tiendas de música, también en los kioscos. Si alguien hubiera estado fuera de España estos últimos 30 años, no hubiera reconocido este panorama.

-P: De Megatón Ye yé a la música del Bach ¿No parece un salto demasiado grande?

-R: (Risas). Yo podría decirte ahora aquello de que me alegro de que me hagas esa pregunta, porque esa es una de las grandes cosas por las que he luchado. No existe ninguna incompatibilidad. o hay por qué estar en un solo campo, ni en la música ni en nada.

 
 

Te puede gustar la música clásica y el pop, o el rock, o el jazz. Parece que si te gusta el heavy , ya no te puede gustar el rap … Hay que tener el campo del gusto más abierto. Yo estoy ya anticuado, pero a mí me gusta el rock. Me gustan músicos como Bruce Springteen, Eric Clapton, los Stones…

-P: Hay momentos para todo.

-R: Efectivamente. Cuando yo digo que me gusta el fútbol la gente se echa manos a la cabeza, pero yo creo que tenemos que disfrutar de lo que está a nuestro alrededor. Como en la gastronomía: los buenos sabores están para disfrutarlos, todo lo bueno, obviamente, porque también hay mucha chapuza.

 

-P: Ha dicho en alguna ocasión que, por ser hijo de quien es, y por su afición, lo normal es que usted hubiese sido director de orquesta ¿Cree que hubiera hecho más por la música desde esa profesión, o es posible que el mundo de la música se haya beneficiado del hecho de poder tener a Fernando Argenta ejerciendo la excepcional labor de divulgación musical que viene haciendo desde hace cerca de 40 años?

-R: Mi padre desde luego que hubiese hecho más, porque él fue un director genial. Pero yo hubiese sido un director normal.

Sin lugar a dudas he podido hacer más por la música desde la divulgación.

 

-P: ¿Hay que tener unas cualidades especiales para disfrutar de la buena música?

-R: No, en absoluto. Tan sólo hay que tener sensibilidad suficiente y el gusto abierto. Hay gente que no soporta ciertos sabores porque no han educado su paladar a ciertas mezclas. Con la música pasa lo mismo: si no te han educado desde pequeño a escuchar música de Beethoven, de Mozart, de Brahms, después vas a tener callo en el oído. Hay que educar el oído desde pequeño.

-P: Machín, Ray Charles, Elvis Presley, Los Beatles, Paul Anka, la canción del Cola Cao… ¿Hay alguna otra manifestación que posea un poder evocador más fuerte que la música?

-R: Yo creo que no. Una canción te puede retrotraer de una manera muy fuerte a un tiempo pasado. Eso no sucede del mismo modo con otras manifestaciones. La música es absolutamente evocadora.

Para disfrutar de la música sólo hay que tener la sensibilidad suficiente.

 
   

El pitido del teléfono me parece horroroso, y Mozart no lo suaviza.

 

-P: ¿Qué puede aportar la música, la buena música, en este mundo tan tecnificado, hecho de prisas, globalización y mensajes de móvil?

-R: En este mundo de prisas, más que la música reivindicaría el silencio. Hace falta silencio para reflexionar, para pensar, para tranquilizarnos. Y después la música. La música es excelente para evadirnos en este mundo frenético y asustante.

Estamos en un momento preocupante, hay gente que pasa hambre, falta agua… El ser humano no puede crecer incesantemente, habrá que parar en algún momento, de otra forma destruiremos nuestro propio entorno. Los recursos son finitos.

La música te puede evadir de todas estas cuestiones, y hacer que te encuentres de pronto con otro mundo.

-P: ¿Qué le parece cuando oye una melodía de Tchaikovsky o de Mozart en un móvil?

-Igual que cuando oigo el Aserejé . El pitido del teléfono me parece horroroso, y Mozart no lo suaviza.

 

-P: ¿El fenómeno del Chiquilicuatre es sintomático de una falta de educación musical o es que quizás el mundo de Eurovisión y el de la música de verdad son compartimentos estancos?

-R: El Chiqui Chiqui no es música. Es una broma. Y a mí me parece una broma maravillosa, porque se toman a broma lo que no se puede tomar en serio: Eurovisión. Y el Chiqui Chiqui es la demostración palpable de esto. Desde ese punto de vista me parece bien. No está hecho en serio, si estuviera hecho en serio me parecería algo horroroso, como ocurrió con Macarena, que era un fenómeno para forrarse.

 

-P: Cine y música ¿hay un uso o un abuso de la música en el cine?

-R: Yo creo que hay un uso, y en general bueno. Muchos compositores clásicos han hecho música de cine Prokofiev, Rostropovich, pero también hay músicos casi exclusivos de cine que son muy buenos. Dignifican esa profesión y han conseguido algo muy curioso, que chavales que serían incapaces de degustar la música en un concierto, se metan a ver una película de acción con un sonido de gran orquesta y que les entusiasme.

-P: ¿Conoce el Festival de Orquestas de Jóvenes de Murcia? ¿Qué opinión tiene de esta manifestación?

-R: Lo conozco sólo de oídas, pero lo que conozco me parece maravilloso. Tiene prestigio. El hecho de reunir a una serie de jóvenes de muchos países y que toquen en cualquier lugar de la ciudad, no puede parecerme otra cosa más que estupendo.

 

 

 

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