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Un siglo después de su nacimiento,
Alberti sigue estando vivo. Vivo en el recuerdo de quienes lo conocieron,
vivo entre los muchísimos lectores con que contó el
creador de Marinero en tierra y tantas otras inolvidables creaciones.
Y vivo entre quienes, siendo niños, aprendimos a amar la
poesía en aquellas composiciones rítmicas bellísimas
que recitábamos en el colegio y quedaban prendidas a nuestra
existencia para siempre.
Aitana Alberti, hija del poeta, lleva la palabra de su padre, en
el corazón y en su propia voz, a través de un recital
que el propio Rafael Alberti compuso y recitó en los años
40 por toda Argentina, junto al músico murciano Paco Aguilar,
exiliado, como él de España.
Invitación a un viaje sonoro, que tal es su título,
intentaba reflejar la historia lírica del laúd desde
su llegada a la península ibérica a través
de distintas adaptaciones musicales y versiones para laúd
y piano, precedidas por textos de Alberti. Sesenta años después,
ha sido la propia hija de Alberti la que, rescatando los cuadernos
del poeta y las partituras originales del músico murciano,
se ha encargado de volver a propagar la inagotable voz del autor
de La arboleda perdida por todo el mundo. El pasado 9 de abril,
la Universidad de Murcia acogía esta Invitación a
un viaje sonoro, y la palabra eterna de Alberti volvía a
sonar, tan vital como siempre.
Oyendo a Aitana Alberti declamar los versos de su padre, mientras
Efraín Amador saca todo el sentimiento que contiene su laúd,
y Doris Oropesa llena invade de música con el piano la estancia
en la que ensayan, es imposible sustraerse al espíritu de
Rafael Alberti. La propia voz de Aitana, adquiere el tono y las
connotaciones que imprimía el poeta a sus propias creaciones
en los recitales. Sin duda, la sangre que corre por sus venas, emparenta
su espíritu con el de su progenitor, aunque también
puede que sean los ecos de unas palabras tan intensas que se resisten
a ser declamadas de forma diferente a cómo fueron creadas.
Es esta intensidad la que para Aitana Alberti hace que la obra de
su padre permanezca tan vigente entre nosotros como el primer día:
“Yo pienso que la poesía de Alberti es intemporal.
Seguramente debería usar la palabra inmortal, aunque la considero
un poco pretenciosa”.
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-Pregunta:
¿Que aspectos destacaría usted de la obra de su padre?
-Respuesta: Uno de los aspectos que destacaría
es la amplitud y la variedad. Mi padre es un poeta con una obra
vastísima, y no sólo de poesía, también
fue dramaturgo, memorialista, cronista periodístico y, por
supuesto, pintor. La pintura fue su primera vocación, algo
que él recuperó en los años 40 en Argentina.
En este terreno fue un gran experimentador. Al llegar a Italia se
dedicó a investigar las técnicas del grabado, algo
que le interesaba muchísimo. Tiene una obra gráfica
considerable, incluso con premios internacionales. Podríamos
decir que Rafael Alberti es muchos Alberti.
En el terreno de la poesía, como ocurrió con Picasso,
podríamos decir que fue también muchos Alberti, porque
como aquel experimentó con la plástica, éste
lo hizo con la palabra, hasta el punto de que poco tienen que ver
entre sí las obras de las distintas épocas de Picasso,
y lo mismo ocurre con Alberti: si se lee una obra como Marinero
en tierra y otra como Retornos de lo vivo lejano, da la impresión
de que el autor son dos poetas distintos.
Esa riqueza, ese saber estar ante los estilos diferentes de la poesía,
el poder hacer una poesía totalmente libre, moderna, pero
también una poesía absolutamente clásica, respetando
los cánones, con su métrica, con su rima, con su ritmo,
es todo eso lo que confiere una extraordinaria variedad a su obra.
En definitiva, Alberti es un gran experimentador.
-P: ¿Cree que su obra continúa estando vigente
hoy, muchos años después de que escribiera la mayoría
de sus creaciones más recordadas?
-R: Estoy convencida de que sí.
Dos libros tan distintos como Marinero en tierra, escrito en la
juventud, u otro como Baladas y canciones del Paraná, escrito
ya en la madurez, y que es para mi gusto el gran libro de la nostalgia,
del destierro, en el que se retoman las canciones y el lenguaje
aparentemente sencillo –esa difícil sencillez de que
gustaba Juan Ramón Jiménez-, son absolutamente intemporales,
vigorosos. Se trata de un poesía muy viva.
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-P: Alberti fue un poeta absolutamente comprometido con su tiempo,
que defendió sus ideas en unos momentos difíciles
de la historia de España. En estos momentos tan convulsos
que vivimos hoy ¿Cree que cobra una especial vigencia esa
poesía suya?
-R: Cualquiera que se adentre en su poesía,
encontrará que su obra es de una gran contemporaneidad.
En estos momentos, releyendo escritos de mi padre realizados durante
la Guerra Civil, me he dado cuenta de la gran vigencia que tienen
esos poemas. Me viene al recuerdo ese poema tan maravilloso cantado
por Paco Ibáñez, Galope –A galopar, a galopar,
hasta enterrarlos en el mar-, se trata de un poema que posee en
estos momentos una fuerza extraordinaria y que se podría
haber recitado en cualquier manifestación contra la guerra
en Irak. Su validez es hoy absoluta.
Aquella poesía llamada de urgencia, o de guerra, que respondía
a un momento histórico muy preciso, se puede sacar del contexto
de la guerra civil, porque puede ser utilizada en otros muchos momentos
de la historia.
-P: Invitación a un viaje sonoro es un recital creado
por su padre hace ya sesenta años ¿Ha sido esta vigencia
de su obra lo que le ha impulsado a volver a este recital después
de transcurrido tanto tiempo?
-R: Invitación a un viaje sonoro es una
cantata creada por el murciano Paco Aguilar y mi padre, cuando ambos
estaban en el exilio en Argentina.
El cuarteto Aguilar estaba compuesto por cuatro hermanos, y tuvo
un gran éxito en los años 20 y 30, haciendo giras
mundiales con un éxito extraordinario. En los años
40 se exiliaron en Argentina, y Paco fue el único que continuó
la labor musical, ya como solista de laúd.
Mi padre escribió los poemas que componen Invitación
a un viaje sonoro para acompañar la música que Paco
había elegido.
En 1966, estando en Roma, mi padre me regaló el cuaderno
que leía durante los recitales. Según me contó,
lo interpretaron en más de 80 ciudades y pueblos del Río
de la Plata, en Uruguay y Argentina.
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Recital privado para Manuel de Falla
-P: ¿Alguno de esos recitales tuvo para su padre
una especial relevancia?
-R: Hubo uno muy especial. Cuando fueron a la
ciudad argentina de Córdoba, Manuel de Falla estaba viviendo
su exilio en el pueblo de Altagracia, muy próximo a esa capital,
pero no se podía desplazar debido a su delicado estado de
salud. Mi padre, Paco Aguilar, y el pianista Donato Colachelli,
fueron a Los Espinillos, la casa en la que vivía Falla, y
ofrecieron un recital a Falla, a su hermano y a un reducido número
de personas.
Fue algo muy emotivo. Mi padre me contó que Falla se excusó
ante ellos porque su piano no tenía la sonoridad que requería
un espectáculo de esa envergadura.
Existen incluso fotos de aquella ocasión, que yo conservo
porque las hizo un joven fotógrafo que aún vive y
que tuvo la delicadeza de enviármelas. Falla vestía
con un poncho de vicuña y escuchó el recital con emoción.
Para mi padre aquello fue totalmente inolvidable, porque además
se trataba de los últimos momentos del músico, que
murió poco después.
-P: ¿Hasta cuando se ofreció este recital?
-R: Paco Aguilar murió muy joven, y aquello
acabó con la representación. Mucho más tarde,
a comienzos de los 80, estando mi padre ya en España, lo
retomó con un caurteto de laúdes y eliminó
el piano.
Efraín Amador y Doris Oropesa hemos decidido hacerlo con
el formato original: laúd y piano. Este recital lo comenzamos
en 1999 y, desde entonces, lo hemos hecho en muchos lugares de América
y de España.
-P: ¿Tuvo su padre alguna otra vinculación con la
música?
-R: Sí. En 1949, escribió el Salmo
de alegría para el nuevo estado de Israel. En aquellos momentos,
recién creado el estado de Israel, se suponía que
iba a estar dividido entre el pueblo palestino y el israelí,
que llegaría de todas partes del mundo a este nuevo territorio.
Un músico argentino hebreo, Jacobo Fischer, escribió
un salmo musical para esta obra, que se estrenó en Argentina
ese año de 1949.
Pero la obra de Alberti está muy relacionada con la música:
se han musicalizado muchas cosas suyas. Se equivocó la paloma,
en fin, muchas cosas, pero proyectos en el que se involucrara de
forma directa con el compositor, solo esos: Salmo de la alegría
e Invitación a un viaje sonoro.
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La España imaginada y la real
-P: ¿Qué sensaciones evoca al pensar en su
padre?
-R: Figúrate. Son muchísimas sensaciones.
Depende de las circunstancias. Como dijo Federico García
Lorca en una ocasión en que le entrevistaron, yo también
puedo decir que tuve una infancia muy larga y muy feliz. Pero es
cierto que para mis padres, el lugar en el que vivíamos no
era su tierra, y esto marcaba.
-P: Usted nació fuera de España ¿Cómo
vivió esa situación de ser hija de exiliados y vivir
en un exilio, fuera de un país teóricamente suyo pero
que usted ni siquiera conocía?
-R: Yo nací en Argentina, y crecí
sin conocer España hasta mucho más tarde. Sí
que tenía, sin embargo, una imagen imaginada de España,
que era no sólo la imagen que mis padres me transmitían,
sino también la que me ofrecían todos los exiliados
que se reunían en mi casa: escritores, pintores, gente anónima…,
todos tenían su visión de España y de su guerra.
Las vivencias de esas personas las fui incorporando a mi imaginario
personal de este país. Por otro lado, como amiga de los hijos
de esos exiliados, que tampoco habían conocido España,
comentábamos cosas. Llegamos a tener dos Españas dentro
de nosotros: la que todos recordaban y transmitían, y también
la España imaginaria de estos niños que tenían
mi edad. Ambas se unieron dentro de estos jóvenes para crear
algo que luego, andando lo años, pudimos comparar con la
España real, lo que encontramos aquí al visitar el
país por primera vez, siendo ya adultos.
-P: ¿Y se correspondían aquella España imaginada
y la España real?
-R: En algunas cosas sí, pero en otras,
en absoluto. Hay que tener en cuenta que yo vine a España
en 1965, en pleno franquismo.
Los recuerdos que me había transmitido mi padre eran anteriores
a la Guerra Civil. Ese Cádiz, ese Puerto de Santa María,
de principios de siglo que retrata en La arboleda perdida, no existían.
Sí que encontré, sin embargo, personas de las que
me había hablado, amigos de mi padre, y eso fue muy emocionante.
Hubo, no obstante, sitios que me impresionaron, aunque no formaran
parte de las vivencias y los recuerdos de mis padres, sino que se
trataba de lugares que yo había asimilado de mis encuentros
con la literatura, como por ejemplo Barcelona.
También hubo un lugar que encontré bastante igual
a los recuerdos que me habían transmitido: los sitios de
Mallorca que visitaron mis padres siendo jóvenes. Valldemosa,
Soller…, lugares donde mis padres estuvieron juntos en lo
que constituyó su primer viajes como pareja.
Ellos habían salido en barco desde Alicante, rumbo a Mallorca,
y fue entonces cuando vieron por primera vez la sierra Aitana, de
la que yo llevo el nombre. Esos paisajes sí me dieron la
impresión de que eran los mismos que mis padres me habían
hablado.
Fue precisamente estando ellos en Ibiza cuando se produjo el golpe
del general Franco del 18 de julio.
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-P: Su madre,
María Teresa León, fue también escritora ¿Qué
nos puede decir de ella?
-R: María Teresa León fue tan importante
en la vida de Rafael Alberti que es imposible desligar su obra de
la figura de mi madre. Su presencia fue definitiva, no sólo
como su compañera del día a día, sino por el
peso que tuvo como fiel de nuestra familia. Ella organizaba la vida
y nos cuidaba.
A pesar de que la familia de mi padre es muy extensa, en Argentina
éramos solamente tres, María Teresa León era
la que organizaba, la que nos cuidaba, la que tenía sentido
del orden, de la casa… Teníamos unos recursos muy escasos,
y ella supo crear un entorno propicio para que mi padre pudiera
crear. Era ella la que ingresaba el dinero del día a día
a través de sus artículos periodísticos y colaboraciones
en la radio.
-P: Este año se celebra el centenario de su nacimiento.
-R: Es cierto. Mi madre nació el 31 de
octubre de 1903.
Este año se publicarán varias obras suyas, entre ellas
Memorias de la melancolía, un libro de memorias que está
considerado uno de los mejores sobre la generación del 27.
Ella es una grandísima escritora a la que hay que colocar
en el lugar que se merece, y eso es lo que vamos a intentar este
año 2003.
Efrain Amador, Doris Oropesa y el poeta cubano Álex Pauside
nos hemos unido para crear otro recital, con textos de mi madre.
Mi madre no fue poeta, fue prosista, pero la suya es una prosa tan
lírica que es fácil extraer ciertos fragmentos y convertirlos
en verdaderos poemas. El recital se titula El mundo poético
de María Teresa León, donde se destaca esta cualidad
de su prosa.
Yo tomé tres biografías noveladas escritas por ella:
de Doña Jimena Díaz de Vivar, otra de Cervantes y
una tercera de Gustavo Adolfo Bécquer, así como algún
poema de mi padre, de Juan Ramón Jiménez y del propio
Bécquer, y creamos este recital, que lleva una música
espléndida de las diferentes épocas históricas
en las que se ambienta.
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