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Margarita Salas, investigadora y doctora honoris causa por la Universidad de Murcia:

 
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"Somos una mezcla de nuestra genética y de nuestro ambiente"
     

Pascual Vera

Lección magistral en el solemne acto de investidura como Doctora Honoris Causa por la Universidad de Murcia.  
           
             
       

( sigue )

-P: ¿Qué supone para usted esta investidura por la Universidad de Murcia?
-R:
Para mí es siempre un honor y una gran satisfacción. Recibir un doctorado honoris causa, es un privilegio siempre, y con la Universidad de Murcia me unen vínculos. He estado varias veces en ella, conozco a varios profesores de aquí y tengo discípulas de esta universidad.

-P: ¿Cuáles considera usted que han sido sus principales aportaciones a la ciencia?
-R:
Una la hice en Nueva York, en el laboratorio de Severo Ochoa. Se trata del descubrimiento de dos proteínas que se necesitan para iniciar la síntesis de proteínas en bacterias. A mi vuelta a España, en el laboratorio de Madrid, descubrimos una proteína distinta, que está unida a los extremos del ácido nucléico del virus con el que trabajamos.
Esta proteina ha resultado ser muy importante porque es iniciadora de la replicación del ácido nucleico viral, ya que supuso el descubrimiento de un nuevo mecanismo de la iniciación de la replicación de los ácidos nucleicos.
De todas formas, nosotros hacemos investigación básica, pero de ella ha surgido una aplicación de tecnología muy importante, y es que el enzima que duplica al ácido nucleico viral, la DNA polimerasa, que induce el virus cuando infecta a la bacteria, tiene unas propiedades muy adecuadas para su uso en biotecnología, y se está usando ya con mucho éxito para amplificar DNA en cantidades muy importantes.

-P: Usted se formó con Severo Ochoa en Estados Unidos ¿Cómo recuerda esa etapa?
-R:
Fue la mejor etapa de mi vida investigadora. Ya había hecho el doctorado, con lo cual ya había aprendido procedimientos básicos de la actividad investigadora.
Se trabajaba mucho y duro, pero el ambiente era fabuloso. Estuve en Nueva York en 1964, cuando la investigación en España era muy limitada y con muy pocos medios. Mi situación a mi llegada a Nueva York desde Madrid era como la del paleto del pueblo que llega a la capital.
Aprendí mucho, trabajé mucho y me fue bien. Y no sólo desde el punto de vista científico, sino también cultural, porque Nueva York es una ciudad fantástica. Para mí fueron los tres mejores años, tanto en lo científico como en lo personal.

-P: ¿Qué piensa usted que debe España a Estados Unidos, un país en el que desembarcaron algunos de nuestros más preclaros científicos?
-R:
Estados Unidos siempre ha sido un país muy generoso y muy abierto. Severo Ochoa llegó allí en 1940 y le recibieron con los brazos abiertos. Cuando llega alguien que puede dar algo en su trabajo, Estados Unidos los acoge a todos.
Muchos investigadores españoles nos hemos formado en una fase posdoctoral en Estados Unidos. Yo creo que la aportación de Estados Unidos a la formación de españoles, sobre todo en el terreno de Biología Molecular, ha sido muy importante.

-P: Parece que la ciencia posee un aspecto vocacional muy importante ¿Tantos sinsabores proporciona el quehacer de un científico?
-R
: Sí, yo creo que es importante la vocación, porque la vida del investigador no es una vida fácil, es una vida dura y de mucho trabajo, y si uno no tiene ilusión y vocación es complicado.
Cuando vienen estudiantes a pedirme hacer la tesis doctoral en mi laboratorio, lo primero que les pregunto es si están dispuestos a dar el 100% de su trabajo. De otra manera, si esto no gusta, si no lo vives a tope, no vale la pena entrar en ello.

-P: No me resisto a finalizar con una pregunta tan metafísica como científica: usted que ha penetrado en lo más íntimo de las personas ¿Qué piensa que somos realmente los seres humanos?
-R
: Lo que yo creo, ya lo dijeron gente tan importante como los premios Nobel Severo Ochoa y Arthur corben, que recibieron el premio Nobel conjuntamente en 1959, es que somos química. Evidentemente están nuestros genes, y después están todas las señales que nos vienen, las señales ambientales que recibimos. Cada ambiente influye sobre un individuo desde el punto de vista social, cultural, etc., pero también las señales que cada genoma recibe del ambiente son importantes para controlar ese genoma.
Es decir, dos gemelos univitelinos, que son clónicos, que poseen una secuencia genómica exactamente idéntica, nunca serán iguales, porque las señales que reciben del ambiente modificarán la expresión de sus genes, porque lo que cuenta no es sólo los genes que recibimos, sino como se expresan, como y cuando se expresan.
Lo que somos al final, es una mezcla de nuestra genética y de nuestro ambiente.

                   
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"la vida del investigador no es una vida fácil, es una vida dura y de mucho trabajo, y si uno no tiene ilusión y vocación es complicado."

 
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