principal

 
     
     
barra
   
       
      ¿HAY FUTURO PARA LA CIENCIA EN LA UNIVERSIDAD?

José Sebastián Carrión García

Catedrático de Evolución Vegetal, UMU

 

 
         
   

 

De no ser por nuestro tradicional arraigo geográfico, la universidad española estaría ya huérfana de sus mejores investigadores. Eventualmente, se observa una migración orientada al CSIC o a centros de investigación extranjeros. Y es que la ciencia universitaria es como una especie animal al borde de la extinción.

Ya es paradójico que la Universidad, concebida para operar en un estrato más profundo y anterior al cambio social, ande poniendo ladrillos en el mercado de la imagen y sólo se deje tambalear por la presión eventual de los corporativismos o por los imperativos caprichosos de la administración general. Tal vez sea porque ahora las agendas no se dirigen tanto a la formación de intelectuales, como a la participación en homenajes, aniversarios, festivales, concursos, inauguraciones, adjudicación de obras, programas televisivos y homenajes. Bajo la obsesión cenital por los indicadores estadísticos y el exhibicionismo mediático, la ciencia básica encuentra demasiados obstáculos para desarrollarse en un marco de creatividad.

Como no podía ser de otra manera, la universidad es el resultado de los accidentes históricos que la han traído hasta nuestros días. Entre las contingencias de mayor calado pongamos muchos años de clientelismo electoralista. Nada que deba resultar extraño en estas orillas del Mare Nostrum . Lo que pasa es que la cultura del acomodo al cargo académico o del salto aventajado a la política regional genera dinámicas de grupo y expectativas que tienen poco que ver con el progreso científico-tecnológico. Pero tiene que ver, y mucho, con las descompensaciones en la estructura humana que sustenta la producción del conocimiento científico. De entrada, ¿cuál es el oficio del profesor universitario?, ¿tal vez una extraña cohabitación de docente, técnico, solicitante de proyectos, consultor, administrador, editor, redactor y asambleísta?

Se requieren vocaciones y liderazgo científico. Pero en un entorno impredecible hasta para los oligarcas, el primer contacto de la milicia con sus formadores está lejos de ser embriagador. Y el liderazgo implica dedicación exclusiva para lidiar contra normativas rígidas y reglamentistas hasta la desesperación. La ironía es que hay personal de gestión en abundancia, pero mayormente sito en servicios generales y vicerrectorados de investigación, o sea lejos de los laboratorios donde se producen las ideas, los datos y las publicaciones. Decía Plutarco que la peor forma de justicia es la justicia simulada.

Y así hemos llegado a un pesimismo brutal entre la clase científica. Porque parecía que un cambio era posible a base de energizar los estándares propios. Al final, son muchedumbre los que sienten que perdieron lo mejor de sus vidas tratando de darle brillo a un zapato envejecido. Y pasados los años, no encuentran relevo mientras se menean impávidos en el centro de una tela de araña confeccionada con hebras de burocracia pegajosa. Y los grupos emergentes, asumiendo que no podrán superar cierto impasse de pequeñez consentida, por la inexistencia de políticas que atiendan al riesgo y la diversidad. Y las mentes más inquietas en dialéctica permanente –y lacerante- con el sistema. Porque lo general es cierta ambivalencia afectiva: los cambios se desean, pero no son nunca aceptados sin sospecha, temor, o incluso indignación. Y se teme tanto a los excesos que concluimos en el peor de todos: no cometer ninguno.

Se plantean dos destinos polarizantes. Uno facilitará el desarrollo de la intelectualidad y una mentalidad más empresarial, estimulará la rendición de cuentas, la mejora en los procesos selectivos y el reconocimiento de la carrera investigadora. O sea, la remediación quirúrgica de una burocracia envilecida que olvidó la razón de su existencia. El otro escenario supone el mantenimiento del modus vivendi , incluyendo pasarse todo el día negociando y hablando de reformas para no practicar ni una. Puede que ésta universidad tenga cierto futuro como facturadora de títulos. O ni eso.

Aún si lo pareciera, este artículo no pretendía ser una oda de la derrota. Rascad la piel de un escéptico –decía Daniel D´Arc- y casi siempre hallaréis debajo los nervios doloridos de un sentimental. En realidad, este artículo es un grito. Vaya por todos aquellos compañeros para los que la Universidad era un templo y ahora contemplan iracundos la agitación de los mercaderes. O por aquellos para los que fue un sueño y ahora despiertan en la desesperanza, aplastados por esta ola de incapacidad entre aquellos que trazan nuestro destino colectivo. Quizá sea el momento de recordar el itinerario de nuestro viaje, abandonar los camarotes y tomar el timón para salvar el barco. Porque como dijo el anciano, ¿alguien es capaz de abandonar un edificio en cuya construcción gastó toda su vida, aunque ese edificio sea su propia prisión?

 

 

 

 

 
   
     
 
barra

 

contactar

 
     
 
inactivo
         
Portada | Regresar al Menú de Sección | Imprimir |

escudo UMU

© Universidad de Murcia, 2003 
Comunicación y Proyección Universtitaria
Vicerrectorado de Información, Comunicación e Innovación
Avda. Teniente Flomesta nº5 30003 -Murcia. Telef. 34-968 363624 /25
inactivo inactivo