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-¿Cómo fueron tus
inicios en lapintura?.
Empecé a pintar al darme cuenta de la existencia
de los colores. Asistía a las clases de dibujo con el escultor
Juan Solano, en la academia local de mi pueblo.
Tendría once o doce años.
Me lo imagino saliendo de su casa de la calle del Hoyo, con el caballete
a la espalda y la caja de pinturas en la mano, con sus pantalones
bombachos y sus zapatos gorila, de esos que al comparlos te regalaban
una pelotita de goma de color verde. Luego sus estudios en Murcia,
en Artes y Oficios, los primeros contactos con pintores de tu generación,
la acumulación continua de nuevas necesidades, los desengaños…
-Sí, sí, muchos desengaños.
Admiraba mucho a los pintores de mi generación, los veía
como si gfueran grandes genios. No sé, por lo menos con grandes
posibilidades. Pero era mentira, estaba equivocado. Rápidamente
comprobé que toda esa pintura, salvo alguna horrorosoa y
mínima excepción, era de una mediocridad absoluta,
total. Y Murcia una ciudad asfixiante. El acontecimiento más
importante era asistir a la exposición del premio Villacis,
figúrate.
La noche suelta sus murciélagos.
Murcia es una ciudad entre tinieblas. Y encima llueve con una lentitud
que irrita. “Algunas gotas de lluvia se quedan en el aire/suspendidas/sin
dejarse llover del todo”, dicen unos versos de Miguel Velasco,
amigo y poeta. Nos mojamos, Pepe, nos mojamos. Un café caliente
no es mala noticia. Entramos en un bar que quiere ser antiguo, con
mesas de mármol sobre las que se apoyan jóvenes poetas
que imitan a Cernuda o pintores que se creen estar en Nueva York
después de tres cubatas.
-Aquí está la mediocridad.
Mira a tu alrededor. ¿Qué ves? Aburrimiento, desidia,
impotencia. Y lo que es peor: envidia. Mucha envidia. Hay seres
nocivos y corrosivos en esta ciudad que fomentan la envidia e intentan
implantar, en la medida de lo posible, la absoluta mediocridad.
Pepe Lucas suelta a chorros sus
palabras. Su boca es una especie de manguera de bombero, y si no
te apartas te cala hasta los huesos. Son frases dichas de un tirón,
como escopetazos secos y previamente pensados. Se lo digo a Pepe
y ríe. Una rubia, con el pelo en punta y masivamente engomado,
se acerca a nuestra mesa y le da dos sonoros besos. “He aquí
al hombre invisible”, dice la rubia levantando los brazos.
“Tan pronto aparece como desaparece. No, no me puedo sentar.
Me esperan para ver a Woody Allen, chao”.
Año 1969. Pepe Lucas tenía
muy claro el camino a seguir. Murcia era ya una etapa quemada, sin
ningún interés. Necesitaba vivir entre pintura y entre
pintores. Imagino que un buen amigo le pondría un telegrama
con el siguiente texto: “La revolución del mayo francés
está a punto de llegar a Madrid. Coge las cosas y vente.
La paz ha terminado”. La ingenuidad del amigo quedó
demostrada. El mayo francés se atascó entre los telones
y las bambalinas del Odeón y no cruzó el puente de
Behovia.
-Mi meta siempre fue Madrid. Allí
estaban los pintores, las nuevas corrientes plásticas, los
muesos. Pero también estaban los escrtiotres, los poetas,
los cómicos, Visitaba el Círculo de Bellas Artes,
iba a San Fernando, a las tertulias del Gijón. Luego me dieron
una beca para viajar a Alemania y pude conocer el expresionismo
alemán, por el cual sentía una gran admiración.
A partir de ese momento configuré mi personalidad y me afiancé
en lo que buscaba.
Uno también frecuentó
el Gijón. Llegue de provincias, como tantos con pantalones
de poeta y camisa de cómico, dispuesto a comerme el mundo.
En el Gijón había pintores de un solo cuadro, novelistas
con el manuscrito de una novela de maquis que intentaban meter en
el bolsillo de la americana de Rafael Conte, jóvenes estudiantes
de periodismo que hacían corrillo con Cuco Cerecedo o con
Juby Bustamante, inocentes poetas que buscaban a Kavafis debajo
de las mesas.
-El Gijón es el sitio donde se han
visto frustrados centenares de aspirantes a la fama que creían
y siguen creyendo que ello se consigue teorizando y diciendo lo
que van a hacer, pintar o escribir, desde una mesa de café.
El arte y la vida es cruel y justa con los perdedores del tiempo.
El Gijón es el sitio idóneo para perderlo.
Achaparrado. Tiene Pepe Lucas
cierto aire de lanzador de peso o de picador después de un
soberano puyazo en todo lo alto a un cinqueño de Victorino.
No deja quietas las manos ni un momento. Juega con la cucharilla
del café haciéndola girar por el borde de la taza.
Sus ojos van y vienen, suben y bajan. Oye, Pepe, vamos a dejar un
poco atrás ciertas cosas y situarnos en el momento actual
de la pintura. Dicen que es muy intresante. No sé, tal vez
Broto, Ferrán Sicilia, Campano, Barceló…
-Sí, es interesante en tanto y en
cuanto hay un verdadero frenesí por la búsqueda de
nuevas formas de expresión. Pero eso da lugar también
a mucho mimetismo y a mucho personajillo epigonal. Yo tengo confianza
plena de que esa época de aparente confusionismo irá
aclarando lo que de valor tienen ciertas cosas y ciertas gentes
y fulminará todo lo mucho inútil que existe en el
campo del arte y de la pintura en concreto.
-¿Tú no crees que
la Administración se está volcando demasiado con algunos
pintores? ¿Es eso lo que debe hacer la Administración,
lo que no quiere decir en contra, apartados del poder, aún
cuando el poder que éste en el país donde viven se
base en una ideología?
-La Administración tiene que ayudar,
sin ningún tipo de reservas, a los artistas que, con buen
criterio, sean merecedores de ello y evitar el más mínimo
obsturccionistmo. Por otro lado, los artistas auténticos
y verdaderos tienen que estar apartados de la Administración,
lo que no quiere decir en contra, apartados del poder, aún
cuando el poder que éste en el país donde viven se
base en una ideología igual o paralela a la del artista.
El auténtico creador debe y tiene la obligación de
ser rigurosamente crítico con cuanto le roeda, y especialmente
con el poder.
-Pepe, Arco es una feria que lleva
muy poco camino recorrido pero que ya está siendo bombardeada
desde distintos ángulos
-Sí, siempre hay depredadores y
arribistas que están metidos estúpidamente en el mundo
del arte sin que la obra de arte ni el artista los haya llamado.
Mira, Arco es el termómetro que mide la inquietud creadora
de unos individuos y de unos pueblos, nadie la va a hunidr, y mucho
menos los propios artistas.
El hombre del bar está
echando serrín encima de un charco. A un jovencito con tupé
se le ha escapado el quinto cuba libre de las manos. En la mesa
de enfrente una joven con dientes de elefante teoriza sobre el cine
de Fassbinder. El gato negro del bar se acerca hacia nosotros, se
acurruca debajo de la mesa acostándose en el empeine del
zapato rojo de Pepe. Desde que conozco a Pepe me han chocado sus
zapatos intensamente rojos, pero no se lo digo. No me gusta hurgar
en las manías o en los secretos de la gente.
Hace tan sólo unos días tuvimos la suerte de escuchar
una conferencia que dio Antonio Saura. Entre las muchas cosas que
nos dijo, Saura habló de la expresión personal, del
comercio y de la comunicación del pintor con los demás.
Incluso estableció las prioridades de eos conceptos bajo
su punto devista.
-Yo vivo de la pintura y por lo tanto me
intresa que mis cuadros se vendan, naturalmente. La expresión
personal depende de uno y hay que volcarse sin reservas, sin falsedad.
Hay un espejo invisible en la vida de los creadores que delata implacablemente
la falsedad o la no autenticidad de los “artistas”.
El comercio depende de muchos factores. Primero la calidad –cuando
el comercio es auténtico- y el calado y la influencia en
la opinión pública depende de los “otros”.
Estos “otros” muchas veces son gente muy al margen de
la creación y ajenos al talante de ciertos creadores. No
puedo cotejar la comunicación con los demás. Es la
obra quien determina esta comunicación, en la medida que
ella lo hace posible.
Has hablado antes de confusionismo,
de mimetismo, de la existencia de demasiado personajillo epigonal.
Esto, digo yo, conlleva que el espectador se encuentre sumido en
un mar de dudas, se extravíe y no sepa qué pensar
ante la cantidad de ofertas que se le brindan. Abundan los críticos
que buscan el lucimiento personal y marginan las obras ¿Qué
papel juega la crítica en todo esto?
-Todo lo crítico es relativo. Hay
críticos que enriquecen al autor y a la obra de arte aportando
ellos literatura de la “buena” y descubriendo partes
inexplicables que el buen arte debe de tener. Enfrente se encuentra
el mal crítico de arte o vomitador de palabras estúpidas
que confunden a la afición. De cualquier forma el único
crítico fiable e implacable es el tiempo. Conviene decir,
no obstante, que existe una joven crítica en este país
actualmente muy preparada y clarificadora de errores y oscuridades
que sembraron ciertos críticos en décadas pasadas.
Mañana Pepe Lucas volverá
a encerrarse en su estudio de Madrid. Rodeado de colores, de cuadros
y de libros, hará una pausa para leer a Artaud, a Carpentier,
a Mallarmé. Se acerca a un cine para ver la última
película de Almodóvar o de Chávarri. Tal vez
decida quedarse y escuchar a Falla o un canto gregoriano, que le
apasione, siendo, como es, tan poco partidario de la iglesia.
-Sí, le tuve mucho miedo a las religiones,
porque de pequeño, intuitivamente, y de mayor muy conscientemente,
amé ciegamente la libertad y defiendo la mía con uñas
y dientes.
Dentro de pocos días
Pepe Lucas volverá a su tierra, a su pueblo. Llegará
con la maleta llena de pinturas y de versos. Cieza será la
ciudad de la luz y de la libertad. El viejo Paseo de los Mártieres
nunca más volverá a llamarse así y quedará
convertido en una larga cometa que el viento jamás podrá
arrebatarnos de los dedos.
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