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Es un poeta que pinta, que se asoma al mar de Punta Vela y saca
su gran ojo de pez para recobrar los azules desde Cope a Tiñoso,
los azules cobalto, prusia, añiles y marinos; los azules
mediterráneos, seguros, claros, sentidos del pintor del corazón
del Segura, donde los meandros del río juegan con la huerta,
en los azules de las casas solariegas de azulete popular y los vivos
verdes vegetales.
Se amontona si habla de los amigos. Y cuando habla pinta, dibuja,
te dibuja, seguro de la función de su mirada, de la imagen
creciente. Pintor de los raíles y los cielos, de los metales,
de los gigantes bidones de agua clara, de las murallas, de los paseos
públicos; pintor de la poesía y de los trenes que
vienen a Chamartín a verlo pintar en la Capilla ferroviaria.
Cuánta alegría en los murales de José Lucas.
La luz abierta a la memoria, descubierta en lo oscuro, asaltada
por la luz y los claros colores que pintaran los grandes maestros
españoles de la pintura.
Su cabeza aventada, su mirada cierta, y una ventaja –haber
nacido en el color del urbanismo antiguo de su tierra, de las casas
de colores ya desvencijadas, del olor agridulce y los pálidos
blanquizares del secano, vivos y resurgentes, que se han tenido
en aquella mirada lúcida y profética de José
Lucas. Pintor de Quevedo y Dámaso Alonso, de Góngora
y Alberti, de las Venus descendidas a las sedas cremosas y de los
Bacos bodegueros indomables que secuden en primavera los entierros
de la sardina.
¡Oh, cuánto júbilo el color en José Lucas!
Como si de una fiesta se tratara han salido a la luz todos los colores
posibles e imposibles, creíbles e increíbles, un tren
de colores viajando hacia Madrid, desde Castellón, desde
Cieza, desde Mazarrón. Vienen de Murcia, de Lorca, de Cartagena,
desde los paseos urbanos, desde el parlamento regional, desde los
mares y las florestas, desde los ojos chispeantes y la emoción
consentida, desde la poesía luminosa. Han salido todos los
colores en dirección a Madrid, Y José Lucas les ha
señalado su lugar en el barro de las paredes. Y aquel lugar
que era sólo una estación se ha convertido en Museo
para que millones de ojos, millones de miradas de todo el mundo
puedan sentir la pintura luminosa y poética de las vegetales
policromías del Mediterráneo español.
¡Oh, la luz segura, súbita, purísima, instantánea;
aurora boreal de la sacudida cromática; la luz quimera y
ensueño, la luz color, poesía, emoción traslúcida,
oscuridad luminosa, precipitación desmedida, bosque de espuma!.
Luz y color en, José Lucas, donde vino a detenerse el amarillo
trigo y el rojo presuroso. Luz y color en José Lucas. ¡Oh,
el color en el hierro y el cemento, en el vidrio y en la calle,
y en los railes de la Capilla Chamartín.
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