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José
Martínez Aparicio, Padre Joseíco de nombre de guerra,
es una figura peculiar entre los murcianos. Su silueta, imbuido
en una inseparable sotana, montado en un ciclomotor y sorteando
el espeso tráfico murciano es enormemente familiar entre
sus paisanos, que le reconocen y detienen para saludarlo en un ceremonial
que puede ser interminable.
Alude continuamente a citas bíblicas, pero sabe ser divertido
y heterodoxo cuando piensa que es conveniente, y hasta cantar el
"Jacuna Matata" -vive y sé feliz- del Rey León
si se tercia. Atiende incansablemente cuantos problemas le plantean
sus feligreses y, tras nuestra extensa conversación en uno
de los bancos de su iglesia, se queda atendiendo, respetuoso y jovial,
las demandas de una cola de personas que se ha ido alargando frente
a nosotros hasta adquirir unas dimensiones de médico del
seguro.
Es el último "Hijo Predilecto de Murcia", hecho
del que se siente orgulloso pero sobre el que bromea diciendo que
"he pasado de padre a hijo".
Pregunta: ¿En qué
temas cree que hay que estar a Dios rogando y con el mazo dando?
Respuesta: En la problemática social. Hay que pedir
a Dios que ponga su mano prominente sobre los temas sociales. Hay
muchas cosas por las que luchar: por una mayor justicia, por una
mayor igualdad..., y respetar mucho los derechos del Hombre.
P:¿Cura o sacerdote?
R: Me gusta más cura. El cura es sacerdote y pastor.
Es el que cuida. Así me llaman todos, y a mí me gusta
que me lo digan, porque me recuerda mi misión de cuidador.
P: Si Dios viniese a la Universidad,
¿Lo haría como profesor, estudiante, P.A.S. o Vicerrector?
R: Dios dijo que no venía a que lo sirvieran, sino
a servir. Por tanto, yo creo que él se identificaría
más con un estudiante. Siempre iría a la base.
P: ¿En qué estamos
más dejados de la mano de Dios en esta Región?
R: Dios no nos abandona. Somos los hombres quienes lo hacemos,
pues Él puso las obras de los hombres en su propias manos.
No se trata del olvido de Dios, sino del descuido del hombre. El
hombre se olvida a veces de los hombres, de vivir en el espíritu
de servicio y de solidaridad.
P: ¿Quién es más
difícil que entre en el Reino de los cielos: un político,
un funcionario con el sueldo congelado o un parado?
R: Yo no puedo enjuiciar el Juicio de Dios, pero tanto
el político, como el parado, como el funcionario con el sueldo
congelado pueden acceder a él si luchan.
P: ¿Qué es lo más
curioso que ha bendecido?
R: Como estoy en el barrio de San Antón, he bendecido
a muchos animales, desde galápagos a poneys, pasando por
loros, perros, borriquillos... No me niego a bendecir prácticamente
nada, jardines, comercios, bares, todo aquello que ofrezca la posibilidad
de vivir en la amistad y el amor, es bonito, pero la verdadera bendición
la lleva el hombre.
P: ¿Se ha armado el Belén en alguna de sus
misas?
R: No. Sólo recuerdo de un borracho que una misa
comenzó a gritar "¡Abajo los curas!", pero
nada más.
P: Ha sido director del reformatorio
¿Es partidario de que los niños se acerquen a usted?
R: Por supuesto. Aquello me ayudó a madurar, y aprendí
mucho.
Recuerdo que un día, pasados los años, coincidí
en el sanatorio con uno de los niños que había tenido
en el reformatorio. Estaba esperando a que su mujer diera a luz,
y estaba muy nervioso; yo le pregunté si era el primero,
y él me contestó que no, pero que los hijos deberíamos
de ser padres antes de ser hijos, para saber lo que se sufre. Y
tenía razón: sólo la gente que no se siente
querida puede llegar a ser mala.
P: Don Quijote topó con
la Iglesia, pero ¿con qué problemas topa la iglesia
hoy en día?
R: Hay muchas cosas que la Iglesia no ve: no ve la carrera
de armamentos, la droga, el aborto...
P: ¿Cree que injusticias
flagrantes como el hambre en el mundo o lo ocurrido en Zaire y Ruanda
tienen algún tipo de arreglo, aunque sea celestial, o, como
diría un castizo, esto no lo arregla ni Dios?
R: No lo arregla ni Dios sin los hombres, pero con ellos
sí lo puede arreglar. El problema del mundo está en
nuestras manos. ¿Es qué no hay pan para todos? el
problema es que no lo repartimos.
Yo tengo la ilusión de crear un banco de alimentos en Murcia.
No hay derecho a que se destruya y se tire tanta fruta y otros alimentos
para restablecer el equilibrio económico mientras hay gente
que pasa hambre.
P:¿Cuenta también
para la Iglesia aquello de renovarse o morir?
R: La renovación es señal de vida. Incluso
las celulas de nuestro propio cuerpo van cambiando. El no remar
es retroceder, y la iglesia, o se renueva o se queda atrás.
P: ¿Qué tres cosas
pediría a los Magos de Oriente?
R: Para ser consecuente con todo lo que pienso, les pediría
espíritu de lucha, más esperanza y que haya entre
nosotros más amor, pero de ese amor que nace de la intimidad
con Dios, de la oración, porque hablando con Dios se entiende
la gente, y entendiéndonos con Dios amaríamos más.
Algo parecido, en suma, a lo que me comentó un día
un obispo chileno que tenía problemas con el régimen
de Pinochet. Pablo VI lo llamó y le dijo que tuviera en cuenta
siempre tres cosas: "Firmeza, prudencia y confianza en
Dios".
(Y me lo dice con un supuesto acento
italiano que reafirma la ilustre procedencia de la frase).
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