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‘Murcia frutal’, nuevo libro auspiciado por Amigos de la Lectura

   
     
 

Ana Martín

       
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La huerta de Murcia, protagonista de una obra de Martínez Cerezo

“En los años de mi despertar a la vida, Murcia era una ciudad
sitiada, amablemente sitiada por lo vegetal. Los árboles frutales
se introducían en Murcia por los cuatro puntos cardinales.
Por el arco de la Aurora se asomaban al Teatro de Romea
(los árboles frutales siempre han sido muy amigos de funciones).
Por la Avenida de Alfonso X el Sabio se metían hasta la Trapería.
En la Plaza de las Cadenas y en las de Belluga, los naranjos cantaban
cantigas bordes (que aquí la bordería también es arte mayor).
En aquella Murcia, el fruto cantaba en los aparadores
y en los talleres donde los artistas pintaban frutages al óleo.
El fruto canta en el huerto. Y se canta en la calle”.

Antonio Martínez Cerezo
Murcia Frutal, Mágico enredo vegetal (fragmento)

 

     

 

Por segunda Primavera consecutiva, la Asociación de Amigos de la Lectura impulsa la edición de un libro que tiene a Murcia, su tierra y sus frutos, como protagonista. Si el pasado año fue ‘Murcia floral’, con ilustraciones del pintor Antonio Martínez Mengual, en esta ocasión se trata de ‘Murcia frutal’, ilustrado por otro gran pintor de nuestra tierra, José Antonio Molina Sánchez. Ambos volumenes han sido editados por la empresa murciana Pictografía y están escritos por Antonio Martínez Cerezo, que, según Mariano Sánchez Gil, presidente de la Asociación de Amigos de la Lectura, ha sabido exponer “el alma de la tierra, los bancales, las plantas, los árboles”.


En palabras de Sánchez Gil, la obra constituye unas “Páginas jugosas, carnales, nos proyectan limoneros, naranjos, higueras, melocotoneros, manzanos, perales, albaricoqueros, parras o vides con esos racimos que Molina sensibiliza…, toda esa cosecha frutal hecha carne, pecho nutriente, ambrosía y vida”.
En la presentación del libro, que tuvo lugar en el Colegio Mayor Azarbe el pasado jueves 8 de mayo, el vicerrector de Extensión Cultural y Proyección Universitaria, Conrado Navalón, subrayó que en “el volumen concurren tres circunstancias que la hacen una obra extraordinaria: su cuidada edición, sus ilustraciones y sus textos”.
Antonio Martínez Cerezo, autor de los textos, destacó su deuda hacia Murcia y subrayó sus raíces, hundidas a medio camino entre la ciudad y la huerta: “Todo lo que soy se lo debo a Murcia. Yo pertenezco a dos culturas: la ciudadana y la huertana. En esto coincido con Molina Sánchez, que es un murciano de ciudad pero que siempre ha tirado hacia la tierra, hacia la tierra murciana, hacia la huerta. Después de que la autovía derribara su viejo huerto familiar, él se construyó otro, éste ya no heredado, sino hecho por él, tormo a tormo, bancal a bancal, caballón a caballón, árbol a árbol”.

 

 

Ciudad de mil oficios
“En cierto modo, a mí me ocurrió algo parecido: yo nací en el mismo centro de Murcia, en el callejón de albudeiteros, esquina con la plaza del Romea. Allí aprendí a querer la ciudad, una ciudad que distaba mucho de ser la que es hoy. Era una ciudad donde había mil oficios en cada esquina, y esto para mí fue de una enseñanza tremenda, aprendí a ver como se hacían los toneles, como trabajaban los arpilleros…”. “Contrastando con todo esto, me encuentro con que toda mi familia son de la huerta de Murcia. Recuerdo que mis abuelos, mis tíos, eran los que venían de la huerta a traernos los productos de allí, y eran ellos los que me llevaban, siendo niño, a conocer los alrededores, la huerta”.

La ciudad entonces se dejaba invadir por la huerta –“ahora es lo contrario, es la ciudad la que invade la huerta”-, “Aquella huerta exuberante la podíamos ver a lo largo de nuestros paseos”. “Todo esto era muy hermoso, pero hoy se ha perdido el sentido de que Murcia es una ciudad floral y frutal, que es lo que he querido reflejar en los dos libros que he publicado”.

Muchas Murcias
La imprenta Pictografía es la editora del libro ‘Murcia frutal’. Antonio Martínez Cerezo tuvo palabras de agradecimiento para la imprenta: “Joaquín Caravaca es gerente de una empresa que nace de la ilusión. Yo le comenté un día: ‘¿Joaquín, por qué no haces como en la filosofía humanística y devuelves a la ciudad, en forma de cultura, un poco de lo que ella te ha dado? Joaquín recogió la idea y quedamos en hacer libros sobre Murcia”.
El planteamiento del que parte Martínez Cerezo en sus obras sobre Murcia es el de una ciudad multiforme: “Murcia es un diamante que posee muchas facetas”. Asegura que no existe una Murcia, sino que hay tantas como queramos imaginar. Existe, efectivamente, la Murcia floral y la Murcia frutal, pero también existe la Murcia de la costa, o la Murcia seca, un libro que habrá que escribir algún día “y habrá de hacerse con sangre en las manos, porque se trata de una Murcia que nos duele a todos, la Murcia que se rompe, la Murcia que se desalina, la Murcia a la que no llega el agua, la Murcia que está dispuesta a dar ciento por uno, pero a la que le falta el elemento principal”.

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La vida en un pañuelo
Para Martínez Cerezo, “En la huerta de Murcia existe un momento, el de la floración, en que todo explota, se ilumina”. Posteriormente llega la frutación, “un proceso que no se hace hacia fuera, sino hacia adentro. Se trata de un fenómeno callado, sin tanta atracción, que no provoca en nosotros ese aturdimiento de colores y de olores que suscita la floración”. Es este fenómeno el que Martínez Cerezo ha intentado plasmar en su libro: “Existen tierras de frutación única. En Murcia, sin embargo, todo lo que puede ofrecer la naturaleza puede verse en un solo bancal.

En un pañuelo de tierra –asegura- nos podemos encontrar el melocotón con la ciruela, el dátil con la granada. Se trata de una variedad tan enorme que asombra. Ese milagro que se produce, esa frutación total en la que nos encontramos con que el naranjo puede tener al mismo tiempo naranjas de la estación anterior que no han sido cogidas conviviendo con el azahar y con futuras naranjas, es un fenómeno que sólo se puede contemplar en nuestra tierra”.
Según Martínez Cerezo, el libro intenta responder a una pregunta que se hacía con frecuencia: ¿Sigue existiendo esa Murcia o ha desaparecido? “La respuesta, afortunadamente es que esa Murcia existe. Eso es lo que hemos querido reflejar tanto Molina Sánchez como yo, cada uno desde nuestro oficio: que la tierra está ahí, que nos es necesaria y que nos ofrece enseñanzas continuas a los ciudadanos atentos”.
Una tierra por la que el huertano posee un gran amor: “Yo he visto –asegura- huertanos arropar los árboles con mantas para que no se hielen, eso tiene una belleza lírica tan enorme que algunas veces faltan palabras para describirlo. Por eso cuando me dicen que me costará trabajo escribir estas páginas yo respondo que no, sólo pongo el ordenador ante la huerta y es la huerta la que escribe a través de mí”.

     
     
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