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Por segunda Primavera consecutiva, la Asociación de Amigos
de la Lectura impulsa la edición de un libro que tiene a
Murcia, su tierra y sus frutos, como protagonista. Si el pasado
año fue ‘Murcia floral’, con ilustraciones del
pintor Antonio Martínez Mengual, en esta ocasión se
trata de ‘Murcia frutal’, ilustrado por otro gran pintor
de nuestra tierra, José Antonio Molina Sánchez. Ambos
volumenes han sido editados por la empresa murciana Pictografía
y están escritos por Antonio Martínez Cerezo, que,
según Mariano Sánchez Gil, presidente de la Asociación
de Amigos de la Lectura, ha sabido exponer “el alma de la
tierra, los bancales, las plantas, los árboles”.
En palabras de Sánchez Gil, la obra constituye unas “Páginas
jugosas, carnales, nos proyectan limoneros, naranjos, higueras,
melocotoneros, manzanos, perales, albaricoqueros, parras o vides
con esos racimos que Molina sensibiliza…, toda esa cosecha
frutal hecha carne, pecho nutriente, ambrosía y vida”.
En la presentación del libro, que tuvo lugar en el Colegio
Mayor Azarbe el pasado jueves 8 de mayo, el vicerrector de Extensión
Cultural y Proyección Universitaria, Conrado Navalón,
subrayó que en “el volumen concurren tres circunstancias
que la hacen una obra extraordinaria: su cuidada edición,
sus ilustraciones y sus textos”.
Antonio Martínez Cerezo, autor de los textos, destacó
su deuda hacia Murcia y subrayó sus raíces, hundidas
a medio camino entre la ciudad y la huerta: “Todo lo que soy
se lo debo a Murcia. Yo pertenezco a dos culturas: la ciudadana
y la huertana. En esto coincido con Molina Sánchez, que es
un murciano de ciudad pero que siempre ha tirado hacia la tierra,
hacia la tierra murciana, hacia la huerta. Después de que
la autovía derribara su viejo huerto familiar, él
se construyó otro, éste ya no heredado, sino hecho
por él, tormo a tormo, bancal a bancal, caballón a
caballón, árbol a árbol”.
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Ciudad de mil oficios
“En cierto modo, a mí me ocurrió algo parecido:
yo nací en el mismo centro de Murcia, en el callejón
de albudeiteros, esquina con la plaza del Romea. Allí aprendí
a querer la ciudad, una ciudad que distaba mucho de ser la que es
hoy. Era una ciudad donde había mil oficios en cada esquina,
y esto para mí fue de una enseñanza tremenda, aprendí
a ver como se hacían los toneles, como trabajaban los arpilleros…”.
“Contrastando con todo esto, me encuentro con que toda mi
familia son de la huerta de Murcia. Recuerdo que mis abuelos, mis
tíos, eran los que venían de la huerta a traernos
los productos de allí, y eran ellos los que me llevaban,
siendo niño, a conocer los alrededores, la huerta”.
La ciudad entonces se dejaba invadir por
la huerta –“ahora es lo contrario, es la ciudad la que
invade la huerta”-, “Aquella huerta exuberante la podíamos
ver a lo largo de nuestros paseos”. “Todo esto era muy
hermoso, pero hoy se ha perdido el sentido de que Murcia es una
ciudad floral y frutal, que es lo que he querido reflejar en los
dos libros que he publicado”.
Muchas Murcias
La imprenta Pictografía es la editora del libro ‘Murcia
frutal’. Antonio Martínez Cerezo tuvo palabras de agradecimiento
para la imprenta: “Joaquín Caravaca es gerente de una
empresa que nace de la ilusión. Yo le comenté un día:
‘¿Joaquín, por qué no haces como en la
filosofía humanística y devuelves a la ciudad, en
forma de cultura, un poco de lo que ella te ha dado? Joaquín
recogió la idea y quedamos en hacer libros sobre Murcia”.
El planteamiento del que parte Martínez Cerezo en sus obras
sobre Murcia es el de una ciudad multiforme: “Murcia es un
diamante que posee muchas facetas”. Asegura que no existe
una Murcia, sino que hay tantas como queramos imaginar. Existe,
efectivamente, la Murcia floral y la Murcia frutal, pero también
existe la Murcia de la costa, o la Murcia seca, un libro que habrá
que escribir algún día “y habrá de hacerse
con sangre en las manos, porque se trata de una Murcia que nos duele
a todos, la Murcia que se rompe, la Murcia que se desalina, la Murcia
a la que no llega el agua, la Murcia que está dispuesta a
dar ciento por uno, pero a la que le falta el elemento principal”. |
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La vida en un pañuelo
Para Martínez Cerezo, “En la huerta de Murcia existe
un momento, el de la floración, en que todo explota, se ilumina”.
Posteriormente llega la frutación, “un proceso que
no se hace hacia fuera, sino hacia adentro. Se trata de un fenómeno
callado, sin tanta atracción, que no provoca en nosotros
ese aturdimiento de colores y de olores que suscita la floración”.
Es este fenómeno el que Martínez Cerezo ha intentado
plasmar en su libro: “Existen tierras de frutación
única. En Murcia, sin embargo, todo lo que puede ofrecer
la naturaleza puede verse en un solo bancal.
En un pañuelo de tierra –asegura- nos podemos encontrar
el melocotón con la ciruela, el dátil con la granada.
Se trata de una variedad tan enorme que asombra. Ese milagro que
se produce, esa frutación total en la que nos encontramos
con que el naranjo puede tener al mismo tiempo naranjas de la estación
anterior que no han sido cogidas conviviendo con el azahar y con
futuras naranjas, es un fenómeno que sólo se puede
contemplar en nuestra tierra”.
Según Martínez Cerezo, el libro intenta responder
a una pregunta que se hacía con frecuencia: ¿Sigue
existiendo esa Murcia o ha desaparecido? “La respuesta, afortunadamente
es que esa Murcia existe. Eso es lo que hemos querido reflejar tanto
Molina Sánchez como yo, cada uno desde nuestro oficio: que
la tierra está ahí, que nos es necesaria y que nos
ofrece enseñanzas continuas a los ciudadanos atentos”.
Una tierra por la que el huertano posee un gran amor: “Yo
he visto –asegura- huertanos arropar los árboles con
mantas para que no se hielen, eso tiene una belleza lírica
tan enorme que algunas veces faltan palabras para describirlo. Por
eso cuando me dicen que me costará trabajo escribir estas
páginas yo respondo que no, sólo pongo el ordenador
ante la huerta y es la huerta la que escribe a través de
mí”. |
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