Dice la poetisa Juana Castro que los cuerpos son oscuros. ¿Lo son? Bueno, en su percepción puede que sí. Además, ella coincide con María Lainà en que “lo oscuro no es la luz, pero le pertenece”. Yo también lo considero de este modo.
Castro, cordobesa de pro, poetisa del alma, con un espíritu sensible, andariego e inteligente, huye a su modo (¡un buen modo!) con su prosa poética, con el lirismo de una poesía cargada de técnica y de una pasión muy particular.
Sí, “Los Cuerpos Oscuros” es el título de una de sus grandes creaciones, que consiguió el Premio Jaén de Poesía, en su edición número XXI. Lo importante de los galardones, siempre lo digo, es merecerlos, y es su caso. Miren, lean las páginas de este libro y se darán cuenta de que es así.
Son cuarenta y dos poemas, publicados en la colección “Poesía Hiperión”, divididos en cuatro partes maravillosas, que tienen, cada una, su propio equilibrio. Castro nos habla aquí de los laberintos de la vida, de los momentos de vigía, de las mordeduras de la existencia, del agua, del viento, de los demonios que llevamos dentro y que tanto nos queman en algunos momentos…
Quedan instantes para los encierros, para las citas a ciegas, para los retornos, para las fugas, para las miradas en los espejos, para ponernos y quitarnos mordazas, para volar como palomas con las contradicciones de unos escenarios a menudo impuestos, para volver a contar otra vez lo que sentimos, lo que ella siente… Y yo también.
En esto hay gentes, instantes, momentos, situaciones, eventos que se van, y ella, Juana, lo cuenta, lo narra con la nostalgia y con la elegancia de quien duerme despierto, de quien en la vida elucubra, todo aderezado con formas perdidas. Le digo yo, como dice ella, que le quedan “ la Luna y su luz”, y añado yo que “con todos los matices, con sus rutilantes brillos”.