18-7-07
‘Escarcha sobre la lápida' es un poemario de cincuenta y ocho composiciones que versan, como el título deja traslucir, sobre la muerte en su oposición e interrelación con la vida. Pero este poetizar sobre la muerte en su amplia morfología es, más bien, una reivindicación de la vida que se debate entre el silencio –o los silencios- y la palabra poética. Así lo recoge en una de las ocho citas que dan introducción a su libro: ‘¡Qué mayor contraste que la muerte para reivindicar la vida!'. Estas citas recorren varios de los tópicos que nos vamos a encontrar en el poemario y, además, definen un poco la línea que va a seguir el poeta.
Sus versos son espejos de su memoria, como expresa, Pedro Luis Ladrón en ‘Perseidas sobre la lápida'; nos habla de una vida que sueña recuerdos constantes, en su intensa brevedad, son fugaces instantes de recuerdos. Así lo siente el poeta y así lo representa: la vida son momentos de tono amarillento y tenue aroma seco: memoria entre los dedos que se escapa de tan efímeros.
En el libro se siente cómo un poema se entrelaza con otro como si se fueran dando la mano, pues el eje isotópico contrapuesto vida-muerte, recorre los poemas haciendo de hilo conductor de todos. También el léxico empleado se mueve dentro del mismo campo o campos cercanos a la dicotomía que protagoniza los versos.
La vida, para Pedro Luis Ladrón, es tiempo fugaz de sueños, recuerdos y memoria; es un viaje en tren, un laberinto o un sendero hecho de tiempo que se va agotando... es como un largo pasillo que nos lleva, inevitablemente, hasta la muerte. La imagen del pasillo al igual que las demás, se van repitiendo en las poesías. En este viaje habrá una partida definitiva que será un día inesperado que dejará inconclusa la tarea de vivir. La vida es una consecución de movimientos fragmentados para el autor, rotos por la acción de la muerte, la inacción, la enfermedad, que se refleja recorriendo a los matices rojos de la sangre –‘La sangre resbalada'-.
La muerte es adjetivada más ampliamente que la vida y no es vista como algo negativo sino de forma realista –tal vez en exceso en algunos poemas-. La vida es buena , es dulce pero no siempre. La quietud de la muerte versus el movimiento de la vida; la muerte simboliza unas manos que ya no se encienden, dedos fríos que no consiguen entrar en calor , es inconclusión, un oscuro hueco donde nadie camina , es sombra. Es el momento final.
Algunos de los poemas que integran el libro presentan la forma del subgénero lírico planto o elegía, que es como un llanto o lamento dirigido a alguien. En este sentido, ‘En el laberinto de la enfermedad' está dedicado a un enfermo de Alzheimer o ‘La ilusión de su vida' a un niño que muere; los poemas ‘Llanto de plegaria', ‘Lamento' e ‘Inventé la muerte', dedicado a A J. A., corroboran la adscripción a este género que era propio de la Edad Media. Muchos otros se asemejan a las odas de alabanza y el tema que se canta es la vida y la muerte, centrándose más en la segunda.
Los títulos de los poemas son impactantes; algunos constan de una sola palabra que sigue el tópico de la muerte en su amplio abanico, y son tan fríos como puedan serlo la lápida escarchada o una ‘Lápida de hielo' o, sin ir más lejos, el tema en sí: ‘Amortajado', ‘Incineración'... pero sin duda el más duro es el titulado ‘Radioterapia' –pueden imaginar por qué.
El poeta ha combinado en sus versos la frialdad y crudeza del tema con la delicadeza de la palabra poética que recorre, entre poema y poema, el largo pasillo que lleva hasta la muerte ajada, adjetivo que le gusta emplear al autor haciendo uso también de ecos de palabras ajadas .
Quien se acerque a estos versos deberá escoger, preferiblemente, un día de los más alegres que tenga y no quiera leer más de dos o tres poemas en ese momento pues conseguirá deprimirse el día.