Gajes a modo de gajos. Esquirlas de una
realidad que Jiménez Madrid ha sabido diseccionar para observar
con la curiosidad de un entomólogo y la ironía de
un avezado superviviente, naúfrago en este difícil
oficio de la vida, que sólo se aprende a golpe de experiencia,
de inyecciones de optimismo y bofetadas de cruda adversidad.
No ha pretendido afrontar el autor la obra de un crítico
de literatura, ni de un ensayista, tareas ambas por las que se le
conoce en particular. No ha pretendido pontificar ni dar consejos
desde su particular tribuna periodística, sino más
bien sincerarse, pasear la mirada sobre cuestiones nimias –o
no tan nimias ¿qué otra cosa son los hechos que realmente
importan en esta vida sino nimiedades?-, aportar el punto de vista
de un cronista que asiste como espectador aventajado al deambular
de la existencia, cantar añorante las cosas que quedan atrás
o ironizar sobre las novedades cargadas de ambigua ventajas con
que la vida moderna nos va sorprendiendo.
Las ganas de vivir, Los restos del naufragio, La Murcia profunda
o El paraíso recuperado son algunos de los títulos
de estos artículos en los que el escritor y periodista ha
hablado sobre lo divino –lo menos- y lo humano –sobre
todo-: la radio, la novela, el periodismo, las comuniones, las comidas,
los diarios, los animales, la difícil compra de un piso,
el futuro de los hijos, las huelgas, el desencanto, el futuro, Europa,
la peseta que se nos fue y hasta los pantalones, han tenido su hueco
en unas páginas que Ramón Jiménez Madrid ha
sabido cargar de ironía, humor, sentimiento e inteligencia,
que ahora adquieren una personalidad más definida y particular,
separada de esa inmediatez con fecha de caducidad a que obliga la
prensa diaria. Algo que estos artículos, sin duda, estaban
pidiendo a gritos.
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