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El lenguaje en televisión,

una unión de intereses y de fines

 

     
 

Juan Tomás Frutos

     
         
     
       
 
 

 

El profesional de la información tiene una responsabilidad social con y ante el telespectador que va más allá de las máximas de la objetividad y de la imparcialidad de la noticia. Si hay algo que más caracteriza y sustenta el trabajo periodístico en los medios de comunicación es el uso que hace del lenguaje, sin duda la herramienta fundamental del periodista, su tarjeta de visita, de presentación. La lengua y su materialización son la base de ese sistema de signos que oferta contenidos de una extraordinaria variedad e incidencia. Son el fundamento, y a partir de ahí se construye todo lo demás.

Una frase que viene a resumir la influencia de los medios en el uso del lenguaje es la de “lo han dicho en la tele”, que también fundamenta nuestros argumentos en discusiones sobre cómo ha de pronunciarse, por ejemplo, la capital de un país extranjero, el nombre de un futbolista rumano o el acento de un pueblo remoto de la Sierra Espuña , por señalar unas posibilidades.

La sociedad, por costumbre, considera correcto todo lo que sale de la boca de los profesionales que presentan un informativo, pero, lamentablemente, no siempre es así porque caemos en la costumbre de no analizar la construcción de los discursos informativos.

En televisión, el lenguaje no solo se caracteriza por el texto, sino también por la imagen, el sonido, la voz y otros elementos que lo convierten en un vehículo del pensamiento más complejo y que merece una mayor coordinación para transmitir un resultado: el mensaje audiovisual.

Éste se caracteriza por ser más coloquial y cercano a la audiencia. De ser abrumador en detalles, descripciones y números y cifras estaríamos asistiendo a una translación literal de la prensa al soporte audiovisual. Es una suerte el hecho de que el lenguaje audiovisual transmita el mensaje valiéndose de distintos niveles -texto, imagen, sonido y voz-, lo que le permite hacer una narración múltiple y rica en matices.

En la misma dirección de lo que señalan numerosos expertos, como el profesor Carles Marín, en su obra “ El lenguaje en los informativos de televisión” (una de las más contundentemente eficaces en este campo, al que ofrecen una enorme luz), y a mayor abundamiento de sus análisis , vamos a hacer una serie de reflexiones y de consideraciones sobre el lenguaje y la lingüística en un medio audiovisual. Sin duda, son muchos los elementos a tener en cuenta bajo la premisa de que son varios los factores que inciden en el resultado final y que determinan la influencia más o menos oportuna en los telespectadores.

 

Pautas textuales

 

Siempre hemos de tener en cuenta unas normas a la hora de escribir. El nivel textual que nos interesa analizar, esto es, el que detectamos en las noticias, en los reportajes y en las informaciones en general, tiene la obligación de cumplir las siguientes pautas:

- Claridad, brevedad y concisión : no se permiten expresiones largas y estructuras literarias. Se trata de impactar, de llegar, y no de aburrir.

- Acompañar a la imagen : no tiene sentido locutar un texto que no se corresponde con la imagen en cuestión. Ha de haber lo que se llama “sintonía”.

- Estructura sencilla : ordenar las frases con el clásico Sujeto + Verbo + Predicado facilita la locución del texto. Esto que parece obvio no siempre se advierte. La práctica nos puede conducir a los resultados apetecidos.

 

El texto forma parte de la estructura de la información, y tiene 3 vertientes dignos de atención, que vamos a explicitar, siguiendo a Marín, de este modo:

 

A.-Pronunciación:

El tono, la intensidad o el timbre determinan la intención del mensaje. Si nos fijamos un poco en un relato televisivo veremos que así es.

Es lo que llamamos nivel fónico, que corresponde a la importancia de la locución. Aspectos fonológicos como el sonido y la voz caracterizan la forma de expresar una noticia.

En palabras de Lázaro Carreter, “ lo ideal sería que la pronunciación se basara en un español estándar que no acentuara las peculiaridades regionales.”. Aunque sobre esto habría que matizar un poco, en esta línea, la palabra en televisión responde a aspectos fonéticos como la intensidad, el tono, el timbre y la duración.

De su caracterización nacen los niveles del habla, que contribuyen a la expresividad de la palabra. Por ejemplo, no requerirá un tono serio la peculiar manera de competir de un ciudadano norteamericano en la maratón de Nueva York si lo hace a gatas; muy al contrario que el fallecimiento de dos niños palestinos ante los disparos de un tanque del ejército israelí. Si locutamos una desgracia con alegría, transmitiremos al espectador ambigüedad, muy lejos de la claridad que requiere la televisión. Esto no siempre lo percibe el profesional, pero sí el espectador.

Otros fenómenos que afectan a la pronunciación son los que expresamos a continuación (Ejemplos de los mismos se pueden hallar bien planteados, justificados e interpretados en la obra ya citada de Carles Marín El lenguaje en los informativos de televisión” ) :

a) La interrupción de la frase: Nos referimos a puntuar, poner comas y hacer enumeraciones en el texto sin criterio, lo que implica una falta de ritmo en la lectura y la posibilidad de ahogar la locución.

b) El estilo telegráfico : Está relacionado con el orden de las palabras y en la pronunciación determina el acompañamiento forzado de las imágenes que complementan el texto.  

c) La pronunciación de nombres propios : Hay que respetar el origen del nombre propio. No obstante, hay una postura intermedia. Se traducen algunos. 

d) Extranjerismos: No se respeta el origen de un término, y lo castellanizan. 

e) Cacofonía: Falta de combinación en la sonoridad de las palabras. 

f) Aliteración: Repetición de un sonido o una serie de sonidos acústicamente semejantes y que dan mayor expresividad a la frase. 

g) Paranomasia: Dos vocablos en la misma frase que guardan parentesco etimológico.  

 

B.- Sintaxis : 

El diseño de nuestros textos cautivará la atención del espectador. De hecho, la sintaxis es uno de los contribuyentes del estilo en la redacción, a juicio de profesores como el mencionado Carles Marín. Los principales rasgos sintácticos son: 

1. - El orden de las palabras en la frase: El eje central de una pieza informativa responde a una frase. La colocación depende del interés que quiera sustentar el periodista al espectador.  

2.-Hipérbaton: Las primeras frases son contundentes, gracias a la selección de los hechos que van a llamar la atención del espectador. 

3.-Estilo telegráfico: Omisión del sujeto y el verbo para dar sensación de rapidez. 

4.-Elipsis: Supresión de palabras que deberían estar gramaticalmente. 

5.-Estilo directo e indirecto: El primero se caracteriza por una reproducción textual, que en televisión se apoya por una pausa en la locución para darle crear un efecto llamada. El estilo indirecto se precede del verbo decir -entre otros- junto con la elección del total o corte de declaraciones. Ambos estilos pueden combinarse.  

Atención: El periodista que escribe para televisión diseña textos que posteriormente van a hablarse.

Algunos recursos de los que no debemos valernos, según Carles Marín, son las frases en pasiva, las perífrasis verbales, los verbos en infinitivo, la impersonalidad y el abuso de adjetivos, que no hacen más que mermar el valor informativo que nos brinda la imagen. Por ello, el texto debe complementarse con los otros niveles audiovisuales.

 

C.- Semántica:

Es la ciencia del significado, que, mediante el uso y la combinación del lenguaje, proporciona distinta interpretación. La creación de nuevas palabras -neologismos-, el uso del coloquialismo frente a un lenguaje más experto, los estereotipos o el rumor son algunos de los recursos dentro de la semántica que son dignos de atención porque, después de todo, el uso y el valor de significado que dan los medios a las palabras posteriormente se convierten en uso habitual, independientemente de si es correcto o no.

Veamos algunos recursos (ejemplos en este sentido se pueden ver en el mencionado libro de Carles Marín):

•  Cambio semántico: Cuando se innova un significado en una palabra. Por ejemplo, pluma ya no se refiere solo a la unidad de la capa que envuelve a las aves, también es un adjetivo que califica las maneras afeminadas de un hombre. No obstante, conviene recordar que el uso de algunas palabras en el informativo pueden desviar el objetivo de rigor periodístico que debe imperar en todo momento.

•  Siglas: Por la oralidad de los informativos, por este carácter, se requiere solo usar las siglas cuando son sobradamente conocidas por los telespectadores. También se locutan las siglas para sustentar la fugacidad y el dinamismo que caracteriza el lenguaje en televisión.

•  Tecnicismos: Cuando nos topamos con lenguaje especializado – medicina, biología – que debemos respetar porque no hay tiempo en 1 minuto de pieza informativa de dar detalles y de divulgar lo que significa – por ejemplo – una rotura en los esquitidiales. La mayoría de los espectadores de las informaciones en las que se usan tecnicismos suelen captar el significado mediante la imagen, pero lo ideal sería con una marcada rutina acompañar con una infografía la explicación de conceptos que no siempre se entienden a la primera. La entrada de información por la vista y el oído en este caso, como en otros, ayuda mucho.

•  Cultismos: Este término se refiere a aportar palabras cultas. Después de todo, el uso coloquial del lenguaje en televisión siempre agradece dar a conocer expresiones del lenguaje culto – “in extremis”, “a priori” -. Lo importante es usarlas en el contexto y momento adecuado para que el telespectador las entienda y pueda levantarse del sillón habiendo aprendido algo nuevo.

•  Estereotipos y frases hechas: No aportan ninguna expresión nueva – ha dado luz verde, apuesta por el diálogo -, y se ciñen a resultar familiares al espectador. En su trabajo con el lenguaje, el periodista debe reflexionar sobre el uso de las frases hechas y los estereotipos y cambiarlas por nuevas expresiones. El abuso de estas expresiones representan y reflejan el empobrecimiento del vocabulario y la falta de expresividad del comunicador.

•  Adaptación de frases hechas: Es la antesala a la creatividad en el lenguaje periodístico. Un recurso que consiste en modificar algunas palabras de la frase hecha dotándola de nuevo significado.

•  Proverbios: Suelen acompañar a la entradilla o al final de la pieza informativa. Invitan a la reflexión o dotan de una moraleja a la historia.

•  Eufemismos: Emblandecen la crudeza del lenguaje. Tiene distintas funciones, entre ellas, manipular y rebajar la importancia de un asunto. Suele ceñirse a directrices de los editores o los directivos de la empresa.

•  Epítetos y figuras retóricas: La magnificación o el uso de la metáfora, la metonimia, la personificación, entre otros recursos propios de la literatura, depende de la sección en la que se encuadre y en la que difundamos la noticia. No tiene rigor informativo calificar de grandiosa la actuación de Zapatero en el Congreso de los Diputados cuando lo correcto es ser aséptico y no entrar en calificaciones. Muy al contrario es normal considerar magistral el gol de un jugador del Valencia ante el Chelsea en una competición europea pues, aunque el hecho es un gol, en este tipo de informaciones caben las interpretaciones. Por lo tanto, los recursos expresivo-literarios en televisión dependen del contexto informativo ante el que nos encontremos. Hay que saber valorar esto.

Pronunciación, léxico y semántica son facetas del lenguaje en televisión que tienen su ciencia y sus funciones para perpetrar el mensaje de nuestras noticias. En televisión la oralidad del mensaje se ve determinada por la brevedad, la claridad y la concisión en nuestras palabras.

En este trabajo hemos analizado algunas de las múltiples dinámicas que los periodistas emulan para construir el lenguaje televisivo. Como apreciamos, en el caso de la televisión no solo se trata de brindar precisas palabras, sino también de saber comunicarlas en un contexto o con unos adornos determinados.

 

* Bibliografía utilizada o aconsejada :

AGUILERA, Miguel de: El telediario, un proceso informativo . Análisis e historia.

Barcelona, Editorial Mitre, 1995. 

ALARCOS LLORACH, Emilio: Fonología Española . Madrid: Gredos, 1981 4ed.

ALVAR EZQUERRA, Manuel: Manual de redacción y estilo . Madrid. Colección Fundamentos nº 142.

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CEBRIÁN HERREROS, Mariano: Géneros informativos audiovisuales : radio, televisión, periodismo gráfico, cine, video . Madrid, Ciencia, 1992.

COSERIU, Eugenio: Lecciones de lingüística general. Madrid. Gredos, 1981.

GOMEZ TORREGO, Leonardo: El léxico en el español actual: uso y norma . Madrid, Arco/libros, 1995.

__________: Manual del español correcto . Madrid. Arco/Libros, 1995. Vol. I y II.

HERNÁNDEZ TERRÉS, José Miguel : La elipsis en la teoría gramatical . Murcia. Publicaciones del departamento de lingüística general y crítica literaria, Universidad de Murcia, 1984.

JARIA SERRA, Jordi: Telediarios : una experiencia práctica . Madrid, Instituto Oficial de Radio y Televisión. 1996.

LAPESA, Rafael: Historia de la lengua Española . Madrid, Gredos, 1980, 9ª Ed. Biblioteca Románica Hispánica. Manuales, volumen 45.

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LÁZARO CARRETER, Fernando: Diccionario de términos filológicos . Madrid, Gredos. 1968, Biblioteca Románica Hispánica.

Libro de estilo de ABC . Barcelona, Ariel, 1993.

Libro de estilo de El Mundo . Madrid, Ediciones El Mundo, 1998.

Libro de estilo de El País . Madrid, Ediciones El País, 1996. 

Libro de estilo de informativos . Santiago de Compostela, Televisión de Galicia, 1992.

Libro de estilo de Telemadrid . Ediciones Telemadrid, Madrid. 1993.

MARÍN, Carles: El lenguaje en los informativos de televisión . Palma de Mallorca, Calima Ediciones, 2004. Ha sido un manual básico en la confección de este artículo.

MARÍN, Carles: La noticia audiovisual a través de la historia de la televisión . Palma de Mallorca, Calima Ediciones, 2003.

MENDIETA, Salvador: Libro de estilo de TVE. Madrid, Labor, 1993.

OLIVA, Llúcia y SITJÀ, Xavier: Las noticias en televisión . Madrid, Instituto Oficial de Radio y Televisión. 1996.

 

 

 

 

 

 

 

 
         
   
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