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La lengua, tal como es

Un profesor de la Universidad de Murcia dirige un Diccionario de Uso del Español Actual

 

Pascual Vera

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Aquilino Sánchez Pérez, catedrático de Filología en la Universidad de Murcia, es el director del “Gran Diccionario de Uso del Español Actual”. El nuevo diccionario, editado recientemente por SGEL, intenta ajustarse lo más posible a la lengua que hoy se habla y escribe en todo el mundo hispano parlante.

Cómo elaborar un diccionario en el siglo XXI
Según Aquilino Sánchez, las nuevas tecnologías han cambiado drásticamente el proceso de elaboración de un diccionario. Las fichas han quedado felizmente arrinconadas y ahora es posible acceder a procedimientos de compilación, rastreo y comparación impensables hace unos años.
Según Aquilino Sánchez, “Este diccionario se ha realizado como se van a hacer todos los diccionarios a partir de ahora”. Tradicionalmente, el lexicógrafo explicaba o definía el significado de las voces con citas que previamente había recopilado de obras escritas, principalmente literarias. De esta forma, los ejemplos se circunscribían necesariamente a un limitado número de obras. La introducción del ordenador permitió variar esto y hacerlo justo al revés, es decir, incluir un buen número de textos, previamente seleccionados, y trabajar con las palabras contenidas en ellos. Este procedimiento, iniciado en la Universidad de Birmingham en los años 70, parece la forma más fiable para realizar estas obras de consulta.


20 millones de palabras en un solo libro
La recopilación de textos –el corpus de la obra- en los que se apoya el Gran Diccionario de Uso de la Lengua Española, es impresionante. Durante cerca de 10 años fueron recopilados por Aquilino Sánchez y su equipo un total de 20 millones de palabras, procedentes de diversos ámbitos, según un criterio previamente elaborado.
Una impresionante argamasa de palabras, equivalente a 300 libros de 300 páginas cada uno, con las que se ha construido el Diccionario de Uso, auténtico edificio de nuestro idioma. El secreto del éxito, según Aquilino Sánchez, no es más que conseguir que las muestras de textos recogidas sean suficientemente variadas, “de modo que en su conjunto puedan ser representativas del uso del español en las diferentes modalidades en que se utiliza esta lengua y en las distintas áreas geográficas en que se habla”.
Fueron diez años de recopilación y escaneado, una década de constantes revisiones y correcciones de novelas, cuentos, trabajos científicos, diarios, revistas, anuncios, folletos.... También se recopilaron grabaciones de lengua oral procedentes de todos los países de habla hispana, entrevistas personales, programas de radio, de televisión...: “Con este método no vamos en busca de la palabra, sino que son las palabras las que vienen a nosotros”. “El programa informático busca la palabra deseada en todos los textos, junto con su contexto, y sobre la base de los ejemplos extraídos se describe su significado”. “Este procedimiento –asegura el profesor Sánchez- ofrece un alto grado de fiabilidad, porque los significados se nos ofrecen objetivamente, sin que quepa la posibilidad de que durante la búsqueda personal nos olvidemos de alguno de ellos”.
Con tal volumen de información, el profesor Sánchez confiesa haberse llevado más de una sorpresa: “En primer lugar, es sorprendente la cantidad de significados de muchas palabras no recogidos en los diccionarios”.

Con fecha de caducidad
Con respecto a las palabras calificadas de malsonantes –en lexicografía ese concepto no existe, según nos aclara-, su escasa incorporación a los diccionarios se debe a que estas palabras comenzaron a incluirse en ellos muy tardíamente. Son los diccionarios de uso real los primeros en incluirlas tal cual aparecen en el idioma “algo que hemos pretendido hacer –asegura- con este diccionario”. Cita como esclarecedor ejemplo la palabra cojones, -que, por cierto, aparece como desconocida en el diccionario que emplea el ordenador del firmante de este artículo-, a la que apenas se le dedicaba unas líneas y de la que este diccionario, sin embargo, incluye una columna entera con sus correspondientes acepciones.
En función de la amplia y compleja recopilación de palabras realizada por su equipo, Aquilino Sánchez asegura que “Podemos estar seguros es de que se ha obtenido un material muy representativo del uso lingüístico actual”. “Posiblemente no sea tan representativo dentro de 25 años –confiesa- pero hoy sí que lo es”. Y es que, según el profesor, “Los diccionarios tienen que ir renovándose, ya que la lengua cambia, y un diccionario debe ir acomodándose a su propio momento histórico”.


Talibán y talibanes
Para el profesor Sánchez, ya en el siglo XXI, y con la velocidad a la que se desarrollan los cambios en la sociedad actual, el plazo de vigencia de un diccionario no debe ser superior a los 20 años, y cita como ejemplo la palabra talibán, con la que hoy nos desayunamos innumerables veces, y que en el corpus del Diccionario de Uso sólo apareció en un par de ocasiones. Fue este número tan bajo –dentro de un total de 20 millones de palabras- lo que llevó a Sánchez a decidir no incluirla en la publicación. “Si este corpus se hubiese hecho hoy –dice-, esta palabra aparecería probablemente cientos de veces, lo que sin duda nos hubiese llevado a incluirla en el diccionario”. Y es que, como asegura el profesor, son muchos los centenares de palabras que se incorporan o dejan de utilizarse en un período tan corto como una década.
Según Aquilino Sánchez, este es uno de los principales problemas del Diccionario de la Real Academia de la Lengua, que de las 95.000 palabras que incluye, en torno a un 30 % se encuentran fuera de uso. Tanto el diccionario de Manuel Seco como este Gran Diccionario de Uso contienen en torno a 70.000 voces y éste último las desglosa en unas 150.000 acepciones. Ése es, según Sánchez, el número aproximado de palabras de que se valen los hablantes de español.

Riqueza del lenguaje e informática
¿Era más rico el español del siglo de Oro que el actual? ¿Era más variado el lenguaje de Cervantes que el de un escritor culto actual? Los ordenadores permiten hoy medir la densidad léxica de cualquier escritor. La de Cervantes no era desdeñable: con un 33% poseía un vocabulario equiparable en riqueza y complejidad al de Shakespeare.
Pero las diferencias en el uso del léxico varían mucho de unos escritores a otros: Jane Austen, por ejemplo no necesitó más del 18-20 % para escribir su “Sentido y sensibilidad” y para servir de modelo a diversos cineastas actuales, mientras que escritores como Conrad o Melville superan el 36%.
No obstante, Aquilino Sánchez matiza que estas comparaciones deben tomarse con cierta dosis de relatividad, pues factores como la época o el género empleado, influyen mucho en la densidad léxica: “Cada lengua es un sistema de comunicación, se utiliza para expresar conceptos, y cada época se vale del sistema de comunicación adecuado al momento”.

Realizado en la Universidad de Murcia

El Gran Diccionario de Uso de la Lengua Española es una obra realizada en la Universidad de Murcia en todos los sentidos. La recopilación se hizo aquí, y cinco de los ocho redactores encargados de desbrozar el material que se utilizó, son de la Universidad de Murcia: Pascual Cantos, Lourdes Cerezo, Juan Camilo Conde, María Dueñas y Mar Vilar
La preparación del corpus de la obra llevó a este equipo de trabajo dirigido por Aquilino Sánchez, catedrático de la Universidad de Murcia, y a un equipo en el que además de los cinco profesores murcianos había otros de la Universidad Complutense de Madrid, Autónoma de Barcelona y un profesor de español, un total de 10 años de trabajo. Recopilación de millones de palabras, captación de significados, numerosas revisiones… Y es que, como asegura Aquilino Sánchez, “elaborar un diccionario es enormemente complejo”.


Un diccionario novedoso
Para Aquilino Sánchez, “Existe, en general, un gran desconocimiento de los diccionarios, al comprarlos nadie se detiene a comprobar cómo explican las definiciones”. “Muchas de las personas que consultan una determinada palabra en los diccionarios habituales admiten con frecuencia que no entienden el significado que éstos les ofrecen. El problema de la lexicografía tradicional es su excesiva abstracción y concisión, así como el uso de términos poco accesibles en la descripción, lo que hace que la explicación de las palabras no sea transparente”. Eso es precisamente lo que ha pretendido evitar Aquilino Sánchez y su equipo de colaboradores del diccionario. Para ello han buscado definiciones claras y han intentado evitar la circularidad –que no se remita a otra palabra en lugar de dar la definición-.
En el diccionario de uso se ha puesto especial cuidado en las definiciones de las palabras, que es indudablemente el papel principal de los diccionarios. “Pero en un diccionario –comenta Aquilino Sánchez- se buscan también otras cosas, y esta obra ha intentado satisfacer otras demandas”. Así, de cada palabra, el diccionario incluye su pronunciación –algo que puede ser muy útil para un extranjero- o cómo se separa cada una de las sílabas en caso de que sea necesario separar una palabra al final de línea.
También se incluye, por primera vez en la lexicografía española, un índice de frecuencia. Con una escala que va de 1 a 5 se distingue la abundancia de esa palabra en el idioma español. Así, la frecuencia considerada muy alta, sería la que sobrepasase las 75 apariciones por millón de palabras; una frecuencia intermedia –grado 3- estaría entre 11 y 25 por millón; mientras que la frecuencia baja –grado 1- sería para las palabras cuya presencia estuviese en menos de tres.

 

               
         

 

     
   
“Este diccionario se ha realizado como se van a hacer todos los diccionarios a partir de ahora”
                 
     
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