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Entrevista a Juan Antonio Vázquez, presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE)

     
               
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“La nueva LOU debería devolver la autonomía a las universidades”

 
 
   
Pascual Vera
foto: Luis Urbina
     
   
 

 

Juan Antonio Vázquez es doctor en Ciencias Económicas y Empresariales y rector de la Universidasd de Oviedo. Es dialogante por naturaleza. Quizá fue esa cualidad lo que le valió ser elegido en junio del año 2003 presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas. Ahora, este “rector de rectores” se enfrenta al que probablemente sea el reto más complicado que hayan acometido las universidades españolas en toda su historia: el proceso de convergencia europea, el denominado Espacio Europeo de Educación Superior, un tema complicado y un proyecto ambicioso, que pretende poner a las universidades del continente en las mejores condiciones para resultar eficaces y competitivas.

 

 

-Pregunta: ¿Cuáles son, a su parecer, los valores fundamentales que debería tener una universidad en estos comienzos del milenio?
-Respuesta:
Pienso que, curiosamente, una universidad actual en estos comienzos de un nuevo milenio debería tener los valores tradicionales, los de siempre, aunque actualizados al momento en que vivimos, desde luego. La universidad se ha distinguido siempre, y está en su esencia, por lo docente, por la formación y por la investigación.
Probablemente, en esta era de la sociedad del conocimiento, la generación y la transmisión del conocimiento se plantean de un nuevo modo, y eso ha dado lugar al surgimiento de una nueva misión de la universidad: la de transferir el conocimiento y contribuir a la generación de la actividad económica.
Ahora ha cobrado un especial valor los mecanismos de los resultados de la transferencia de los conocimientos y la plasmación de todo ello en la creación de empresas. Precisamente por esta importancia, es posible que la universidad haya olvidado un tanto otra función que siempre ha tenido: su misión cultural, intelectual, de creación de ideas y de debate. Un papel que deberíamos reivindicar.
La universidad no debe ser solo formación para lo profesional, sino también formación en valores y formación de referentes intelectuales. Considero que esa es una función tradicional pero, al mismo tiempo, enormemente moderna.

-P: ¿Hasta qué punto puede y debe contribuir la universidad al desarrollo económico y social de la sociedad?
-R:
De modo muy fundamental. En primer lugar por la aplicación directa de creación de empleo y de riqueza. La universidad española ya trabaja en ello a través de experiencias de transferencias por muchos canales. Desde la comercialización de patentes hasta la utilización de los hallazgos de investigación en empresas de bases tecnológica que surgen de las Universidades. En este sentido es preciso hablar de la proliferación que empieza a darse de los parques científicos.
Todo eso es una muestra clara de que la Universidad puede comprometerse con ese entorno en el que vive.

-P: Sí, porque siempre se habla de la necesidad de la imbricación de la Universidad en la sociedad, quizás como muestra palpable de que no se ha conseguido esto plenamente en el grado que se estima conveniente.
-R:
Sí, en materia universitaria se habla más de lo que se hace. Pero es posible que en la Universidad se haga más de lo que aparenta. En el ámbito universitario somos mucho mejores productores que vendedores de nosotros mismos.
Lo cierto es que somos muy hipercríticos con nosotros mismos. Pero tengo la impresión de que la universidad, funciona muy eficazmente si la comparamos con otras instituciones.
En el ámbito de las relaciones con la sociedad siempre se imputa a la universidad la culpa de ese no acercamiento, pero yo creo que también la empresa y la propia sociedad tendrían que propiciarlo.
Pero habría que hacer entender que la universidad española ha cambiado el país en unas décadas. Cuando se habla del desarrollo histórico de España en las últimas tres décadas se atribuye a muchos factores y probablemente no se hace suficiente hincapie en uno que es fundamental: que el cambio que se ha producido en la educación, ha contribuido al cambio de la sociedad española.

La Universidad española y Europa

-P: Se habla mucho de la convergencia con Europa, pero ¿hasta qué punto está la universidad española al nivel de las universidades del resto de Europa?
-R:
El tema en el que estamos embarcados actualmente en el proceso de convergencia europea es homologar nuestras estructuras. Yo diría que la Universidad española es de los buenos sistemas universitarios europeos, aunque queremos que lo sea aún mejor.
Pienso que la universidad española es muy buena en calidad de profesorado, muy buena en equipamientos e instalaciones, y también en producción científica. Quizás nuestras principales debilidades están sobre todo en aspectos organizativos y en cuestiones didácticas y de métodos docentes.
Creo que en España estamos a buen nivel en Europa y que podemos dar un salto para situarnos más a la cabeza todavía. Para ello es muy decisivo el proceso de convergencia en el que ahora estamos metidos.

-P: ¿Cuáles son los horizontes de ese proceso de convergencia?
-R:
El proceso de convergencia es el reto más decisivo y complejo con el que nos enfrentamos en la universidad. Ha habido desconcierto e indecisión en la comunidad universitaria, lo cual ha dado una impresión un tanto negativa de un proceso que está lleno de oportunidades.
No se trata de hacernos todos iguales, sino de tener algunos elementos comunes. Que esos elementos permitan el reconocimiento de titulaciones en toda Europa, que permitan también la movilidad, mejorar los métodos docentes, acercar los contenidos de las enseñanzas a las necesidades sociales…
El problema es que tenemos por delante algunos temas de procedimiento que no se han resuelto con la rapidez y el acierto que cabía esperar. Aun estamos discutiendo sobre una relación de titulaciones, sobre su estructura y duración, tenemos que resolver los nuevos planes de estudio, también la oferta posgrado, algo en lo que se ha empezado la casa por el tejado…
Casi todo el tiempo que hemos invertido en este tema se ha gastado en el laboratorio. Ahora llega el tiempo de ponernos a hacer el trabajo de campo, de empezar a aplicarlo en las universidades.

-P: ¿Cuál es el horizonte de esta convergencia europea?
-R:
Yo creo que debería ser un espacio universitario europeo en el sentido más amplio del término: que lleguemos a un sistema europeo diverso pero con elementos comunes, reconocible entre sí, que permita a estudiantes y profesores moverse y, en definitiva, que sea reconocible y competitivo.

-P: ¿Seremos más competitivos?
-R:
Estamos en una era global, y la competencia también lo será. Hasta ahora son las universidades norteamericanas las que tienen el mayor prestigio. La atracción de los estudiantes de todo el mundo está muy polarizada hacia Estados Unidos. Yo creo que la Universidad europea tiene que adquirir ese atractivo, configurarse como un sistema muy competitivo, que hayan universidasdes punteras y propiciar que vengan los alumnos.
Hemos conseguido la movilidad en casi todo en Europa, pero hemos empezado tarde en el sistema educativo. Jean Monet, uno de los padrres de la idea europea, decía que si tuviese que empezar de nuevo, empezaría por la educación. La hemos acometido cinco décadas tarde.

La nueva LOU

-P: ¿En qué parámetros debería incidir la nueva LOU para ser más efectiva?
-R:
Ayer mismo presentó la ministra el nuevo borrador de la LOU que discutiremos la semana próxima.
Yo creo que el planteamiento general es que debería ser un marco flexible, de referencia, marcar unas pautas generales que permitan a cada universidad desarrollar sus iniciativas practicando el ejercicio de la autonomía. Que permita flexibilidad para que las universidades sean más distintas, ahora todas las universidasdes son demasiado iguales. En la nueva fase en la que entramos debe primar la heterogeneidad sobre la homogeneidad.
Los rectores fuimos muy combativos contra la LOU, nunca nos gustó, pero creo que no estamos en condiciones en este momento de planteranos una nueva ley de características completamente distintas si no queremos abrir un nuevo proceso constituyente y gastar muchos años en rehacer normas.
Aunque nos hubiera gustado otro tipo de ley hemos preferido acometer una reforma limitada. Esta reforma tiene mucho que ver con el profesorado, y muy particularmente en sustituir la habilitación -que ha demostrado tener muchos problemas-, por la acreditación. Habría que dar márgenes a la universidad es para desarrollar los concursos. También habría que desarrollar las posibilidasdes de profesorado contratado, con figuras a nivel nacional, pero donde las comunidasdes pudiesen jugar con esta posibilidad. En definitiva, pensamos que la nueva ley debería devolver la autónomía a las universidades y simplificar los procesos.

Universidades privadas

-P: En los últimos años hemos asistido a una proliferación de las Universidades privadas. ¿Es esto positivo? ¿Son equiparables los servicios de ofrecen y deben ofrecer universidades privadas y públicas?
-R:
Las universidades públicas tenemos unas obligaciones claras de prestar un servicio público y de hacerlo en unas determinadas condiciones.
Seguramente las universidades privadas tienen derecho a configurarse en otro sentido.
En todo caso, yo no creo que deba haber un debate entre unviersidades pública y privadas, sino entre universidades buenas y malas. Lo que hay es que exigir y velar porque todas las universidasdes cubran unos determinados mínimos. En los últimos años se ha extendido una cultura de la acreditación que facilitará que el sistema imponga unos mínimos a todos.
Es cierto que en la última década han crecido mucho las universidades privadas. Creo que el mercado está saturado y que no deberían haber muchas más. En todo caso, si hubiese más universidassdes, las comunidades autónomas deberían ser muy exigentes en aquella condiciones de partida en las que desarrollan su actividad.

-P: Mayor calidad. Todos estamos de acuerdo, pero ¿Se destinan suficientes recursos a la universidad?
-R:
Rotundamente no. E invocar la calidad sin disponer de recursos es pura retórica. Las administraciones deben saber que si quieren más calidad se necesita poner más dinero. No hay reformas a coste cero, ya tenemos muchas experiencias en este sentido que han resultado un fracaso.
Desde la CRUE hemos insistido mucho en la necesidad de financiación. Se ha legislado mucho y se ha financiado poco. Cada vez que se pone algo en el boletín oficial del Estado o de una comunidad hay que ser consciente de que la calidad cuesta dinero, que los servicios que se nos pide a la universidasd son cada vez más y mejores, y que debemos tener recursos para ello. Y después que se nos pida transparencia en la gestión y prubas de los resultados.

-P: Usted habla de la adecuación de la enseñanza universitaria al alumno ¿cómo se podría conseguir eso?
-R:
Se ha mejorado mucho en ese tema. Los profesores han mejorado en sus métodos, pero hay que continuar. No existe un único camino: combinando muchos sistemas de transmisión del conocimiento, combinando clases magistrales con atención más personalizada, con trabajos en la biblioteca o en casa, con exposiciones y participación activa en las clases…
Uno de los elementos que la universidad no enseña y que hay que aprender son estas competencias que cada vez están más valoradas en el mercado de trabajo. Este tipo de enseñanzas es lo que no transmitimos del todo en la universidad y deberíamos contemplar.

 


       
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