20-09-07
El reputado profesor de la Universidad Complutense habla en Águilas sobre el “Tratamiento postraumático en mujeres víctimas de la violencia de género”
Viven atemorizadas en la intimidad. Soportan todo tipo de vejaciones, insultos, humillaciones y malos tratos por parte de sus agresores que suelen traspasar el umbral de lo físico para dejar heridas en el alma muy difíciles de curar. Golpes que en algunos casos, incluso, terminan por silenciar su voz para siempre. Son las víctimas anónimas de una tragedia que el año pasado se cobró la vida de 68 mujeres en España y que, se estima, sufren más de 60.000 en la actualidad. A manos de aquéllos que un día les juraron amor eterno. Y sin salir de casa.
Así, la Universidad Internacional del Mar, dentro del seminario “Psicología clínica: Avances en tratamientos psicológicos” que se celebra estos días en la localidad de Águilas, ha querido dedicar un capítulo a la violencia de género y a sus efectos sobre la salud psíquica de sus víctimas, mujeres de toda clase, edad y condición. De la mano de Francisco Labrador, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad Complutense y experto en el tratamiento del estrés postraumático en víctimas de este tipo de violencia, los alumnos de este curso pudieron conocer más de cerca la realidad compleja de un estado de tensión emocional que “se da en muchas otras personas, como las víctimas del terrorismo o de cualquier otro tipo de agresión, pero que a diferencia de las mujeres maltratadas son personas que tienen un hogar donde refugiarse. Las mujeres maltratadas, no”.
Mejor en casa
Hogar y maltrato. Un cóctel explosivo que provoca, según el catedrático de Psicología Clínica, un estado de ansiedad permanente en estas mujeres con las que el propio Labrador trabaja en un proyecto pionero sobre trastorno postraumático que “consigue la recuperación de la víctima en el 90% de los casos”. Un programa de ocho sesiones a través de las cuales “ayudamos a las víctimas de malos tratos a entender lo que les pasa, a controlar el nerviosismo, a eliminar el sentimiento de culpa y a afrontar situaciones problemáticas”. Una terapia que no contempla, en principio, el abandono del hogar. “No es aconsejable”, afirma Francisco Labrador, quien menciona además el hecho de que “la mayoría de muertes se produce durante el abandono; por ello nunca hay que invitar a la mujer a abandonar el hogar por las bravas”.
Una ley con luces y sombras
Al igual que, según este psicólogo de la Complutense , tampoco se ha de buscar una solución definitiva en las más de 320 casas de acogida contabilizadas por todo el territorio nacional. “Son centros muy buenos pero la solución no es que las mujeres maltratadas vivan en guetos sino que debemos conseguir que se integre y comience una nueva vida”, señala Francisco Labrador para plantearse, acto seguido, algunos aspectos “mejorables” dentro del marco legal como la eficacia de algunas medidas judiciales, caso de las órdenes de alejamiento. “La cuestión no es si se aplica bien o mal”, afirma con rotundidad. “El problema es: ¿Se pueden cumplir las órdenes de alejamiento?” se pregunta un Francisco Labrador que muestra sus más y sus menos con la actual Ley Integral contra la Violencia de Género. “Está bien que haya más juzgados o un endurecimiento de las penas, pero no es una ley muy correcta”.
Así, Labrador se refiere a la brecha que la normativa de 2004 abrió entre hombres y mujeres en el sentido de “no tratar de igual forma una agresión de un hombre a una mujer que de una mujer a un hombre aunque, si bien es cierto, estas últimas son mucho menos frecuentes”. Sin embargo, y como dato de interés, el psicólogo de la Complutense sí equipara el número de agresiones entre personas jóvenes de diferente sexo “en un 50% aunque no quiere decir que sea el mismo tipo de agresión”, aclara.
Mensaje erróneo
Y es que para este catedrático de Psicología Clínica no hay lugar a dudas: “Nuestra cultura favorece cierta agresividad en las personas”, afirma reclamando una mayor respuesta social que, sin embargo, no pasa por la reiterada presencia de la violencia de género en los medios al considerarlo, a su juicio, un “error”. “Es malo que aparezca tanto en los medios porque puede darse un mensaje erróneo a la sociedad; de que cuando la cosa va mal te puedes cargar a la mujer”. Del mismo modo que incide en la necesidad de “no utilizar este problema con fines políticos” y aplaude “un paso importante” en la lucha de la mujer contra los malos tratos. “Hoy no tienen tanto miedo a reconocerlo”, señala.
Pero Labrador mira hacia el futuro con cierto optimismo dejando una puerta abierta a la esperanza. “Vemos como el número de víctimas mortales se mantiene estable mientras que el índice de población aumenta, lo que puede interpretarse como un descenso en el número de casos. Además hay una mayor sensibilidad social y según las últimas encuestas realizadas por el Instituto de la Mujer se aprecia una ligera reducción en la frecuencia de las agresiones”.
Así, poco a poco, paso a paso, se atisba luz al final de un túnel que tiene sumidas en la desesperación a miles de mujeres en España. Una situación estresante y traumática de la que, según este experto en Psicología Clínica, “es posible recuperarse sin olvidar que lo realmente importante es que las víctimas puedan volver a integrarse en la sociedad. Y hay ayudas para conseguirlo”, concluye.
UNIMAR '07
|