Escuela de Mandarines
CAPÍTULO
21.
La Ley Becaria
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Mosencio
continuó:
El
saqueo de las Residencias y el expurgo de sus documentos aireó viejos secretos
y descubrió la corrupción de la casta transitoria. El hallazgo más
escandaloso fue la revelación de un becario, llamado Falca, que había devorado
seiscientas mil vacas en cincuenta mil años de mantenido, falseando
continuamente su expediente. Acorralado por los mandarines, el comilón
desembuchó y delató a cuarenta mil émulos, cuyos nombres fueron
estenografiados por quince escribanillos.
El
Consejo Decisorio condenó a Falca a recorrer el imperio con los huesos de los
famosos rumiantes. Pero tan grande era su peso y volumen que ni cien legiones
pudieron moverlos. Cuando la comitiva estuvo a punto de marchar, se comprendió
la imposibilidad de la empresa, y los crepúsculos pensantes perdonaron al zampón,
de acuerdo con una ley antigua, que preceptuaba la absolución en caso de pena
imposible. Agradecido, el becario pidió
papel y tiempo para minuciar otras venalidades e infracciones. Tan extenso fue
su testimonio que tardó tres años en concluirlo, y hubo de darlo a luz por
entregas. Cada mes entregaba doscientos rollos de doble grafía, signados y
sellados, cuidadosamente escoltados hasta el Palacio de los Compromisos, donde
los mandarines esperaban ansiosos. Con esto creció en importancia y llegó a
convertirse en persona preciosísima. Su fama voló de rincón en rincón,
generando el respeto y la admiración del pueblo. Por doquier aparecieron
cantigas, antífonas y aleluyas sobre aquella fabulosa individualidad,
destacando, entre todas, la titulada «Colección de los Seiscientos Mil Poemas»,
a uno por rumiante, cuya es la muestra:
Vaca
Quinientos Mil Uno:
En
la cueva de la boca,
allí
donde efecto y causa se confunden,
celado
del Sol y de toda Historia,
guardas
tu secreto, casto Falca,
símbolo
y prueba de nuestra raza.
Tú,
que convertiste el placer en resignación,
y
que juraste olvidar el colorido de los frutos,
porque
vivir es triste, como enseña la Escritura,
conoces
de la lengua lo que la lengua no dice.
Grande
es tu ejemplo, divino becario,
pues
transformaste el goce en trascendencia,
sabiendo
encontrar dioses en el estómago,
y
ganar, como manda el Libro,
las
dos vidas que nos ofrece la Ortodoxia.
Sostienen
muchos que esta «Colección» fue obra de un solo autor, aventurando incluso el
nombre de Graciano; otros difieren y hablan de una Escuela de Trovadores
Falquistas o de Cantores de Vacas; sin duda, el tema era de fácil y vistosa
inspiración. Fuera de los poetas, Cambazzio, Lamuro y el Tapicero trataron el
asunto, que sirvió de arranque para multitud de glosas. El Barberillo
Autodidacto[1]
compuso un sutil comentario, titulado «Presencia de Falca o del Piadoso Niño»,
pues tal era uno de los apodos del becario, donde intentó configurar una Teoría
del Hambre, como verás en estos ejemplos:
«El
carácter fatal del hambre hace trágica cualquier acción para remediarla. Una
raza tan práctica y enemiga de la Filosofía, como los mandarines, descubrió
en seguida la posibilidad de sometimiento encerrada en aquella necesidad. Sobre
el hambre y su apaño se levantó la Gobernación Mandarinesca. »
«Los
mansos y los pillos tienden a colaborar con lo establecido cuando se sienten
hambrientos, comportándose como esclavos que descubrieran en el amo la flaqueza
de una afición y quisieran explotarla. La hipocresía es un instinto de
conservación que pone el pensamiento y hasta el impulso sexual al servicio del
intestino. Quien come y come de los mandarines, jamás vuelve a usar
palabras originarias, y conforme más gordo y carnoso deviene, más conformista
se torna, más lacayo. »
«La relación condicionada entre la Ortodoxia y el hambre es tan inexcusable que resulta peligroso compartir las opiniones de los mandarines y rehusar su pienso. Ellos tienen ojos para ver quiénes se sientan a la mesa, cruzan los brazos, bajan la vista y esperan la hogaza. Su sabiduría, que no puede soportar ninguna espontaneidad, les manda desconfiar de los que aplauden la Doctrina y desprecian el bodrio, y así prefieren ausentes del discurso que ausentes del banquete. Por eso fueron tolerantes con Falca.»
Pero
volvamos al tema: Tan grande fue la gloria de nuestro zampón que, en el lugar
donde vino al mundo, se le erigió un monumento con esta inscripción:
Deténganse
los comenada,
asténicos,
incoloros, inapetentes,
dengosos,
remilgados, aspaventeros,
asquerosos,
desganados y pochos.
No
pisen dentro los disentéricos,
cloróticos,
enervados,
celíacos,
laxos,
flojos,
hepáticos,
diarreicos,
dispépticos,
flujados
y excrementosos.
Absténganse
los indecisos,
irresolutos,
perplejos y vacilantes
ante
el olor del guiso.
No
pasen, no pasen los potingosos,
mejunjeros,
medicinados,
emboticados,
irrigados,
emplastados,
pocimados,
insuflados,
sangrados,
higienizados,
ungüentados,
sinapismados
e hisopados.
¡Entren
las autoridades, pues aquí nació el Divino Becario![2],
que devoró seiscientas
mil vacas y aún esperaba clavar el diente en las avestruces[3].
Eusebio
Exiliado[4],
autor del «Testimonio Contra la Dictadura de Filadelfo», dice en su «Historia
de la Ortodoxia» que, en tiempos de Didipo, había en el imperio más de
trescientas estelas a Falca, amén de casi nueve mil capillitas con sus
leyendas. La reputación del comilón llegó a crear un nuevo vocablo, hoy
admitido en todas las lenguas. Se afirma que surgió el «falquismo» en una
Gobernación cuando ésta alimenta multitud de gorrones. El actual Diccionario
Gramático reza: «falca», adjetivo, engullidor de olla pública, tragón de
sopa boba.
Al
fin concluyó nuestro huerfanito su informe, que tituló «Relación Primera de
Infracciones Cometidas por la Casta Becaria en los últimos Cincuenta Mil Años»,
aunque la posteridad lo llamó sencillamente «Relación de Falca» o «Relación
del Becario». Las noticias que se filtraron de esta crónica hablaban de
quinientos mil acusados. Mas corno las delaciones rozaran el buen nombre de los
administradores de las Residencias, el Gran Lego de los Becarios acusó a
Falca de soñador y embustero.
―¿Cómo
te atreves? ¿Acaso no engullí seiscientas mil vacas? ¡Haz la cuenta!
exclamó el Piadoso Niño en la apoteosis de su prestigio.
―¡Insensato!,
no fueron vacas o animal de la familia, sino asnos, porque durante cincuenta
milenios estuviste digiriendo carne de burro ―respondió el Gran Lego, fuera de
sí y de toda prudencia.
―El
escándalo y la confusión que siguieron a esta inesperada declaración fueron
tales que no pudo evitarse la mayor discusión de todos los tiempos.
Avergonzado
y desplazado de su peana, Falca comenzó a llorar ante el Consejo de los
Pensantes[5].
―Capacidades,
he aquí el origen de nuestra Herejía ―tartamudeó
tiernamente―: Al faltar la
vaca, faltó la displicencia, el saber despreciar, la lentitud, la ausencia de
la Tierra, la impavidez, la gran paciencia y la larga espera[6].
En vez de rumiar, hemos rebuznado, mientras los legos se enriquecían con
nuestra depravación. ¡Con razón notaba yo cierto gustillo en los guisos!
Ochocientos mil inocentes victimó el negocio. ¡Pido justicia por mis
hermanitos!, ¡mis condiscípulos y mis compañeros de meditaciones!
―Por
fin encontramos la clave. Habremos de juzgar a los legos como juzgamos a los
potrillos ―susurró peligrosamente el Mandarín de los Becarios, haciendo
palidecer a todos con la idea de una nueva represión
Pero
la Capacidad de los Legos[7]
se plantó oportunamente en medio del recinto y sentenció con voz solemne.«Si
el hombre no hablara, no habría insectos», lo cual quería significar que iba
a citar inmediatamente el Libro, pues antes de mencionar la Escritura, los
mandarines han de recitar su primer versículo. En seguida dijo:
«La
corrupción está en los legos, espontáneos colaboradores de cualquier Poder,
que representan la prevaricación y la ganancia, la trampa y la desfachatez.
Fuera de la idealidad soñada por los mansos, ninguna realidad existe sin ellos,
necesarios a la comunidad de bandidos y a la comunidad del Estado. Por tanto, si
los maestros de los que saben[8],
saben velar por la permanencia del Hecho, no pueden olvidar que los legos y su
impudicia conservan la Feliz Gobernación».
Al
oír tal, los mandarines se miraron entre sí, y luego miraron a la Capacidad de
los Becarios, que calló. Después suspiraron todos, como si se hubiesen
despojado de un gran peso. Fue un grave momento en la Historia de la Feliz
Gobernación.
―Absolvemos
a Falca y absolvemos a los legos. También absolvernos a los becarios
ajusticiados, lo cual es gran dicha para ellos, pues están absueltos en el
Cielo de los Becarios. ¡Haya paz en adelante! ―dijeron sin más.
Y
despacharon así la cuestión, decidiendo rehabilitar a la casta transitoria,
aunque con ciertas reformas y una final refutación de las Tesis de Fustos, en
previsión de que los mantenidos volvieran a ingerir carne asnal.
II
Reunidos
los mandarines durante cinco años, y consultada la opinión de Cirilo, se
promulgó la Ley Becaria, cuyos principales artículos, todavía vigentes, rezan
así:
«La
Ley que los mandarines hacen para los becarios, ha de ser una regla cruel,
porque un becario representa la osadía de querer ser mandarín:
111
La
beca es anterior al falo.
1235:
Cuando
el sumiso haya comido, procure prolongar la digestión, para que se alargue en
su estómago la presencia de la donación.
1476:
No
use el pimpollo la palabra instinto. Cuando sienta deseos o pruritos, diga que
siente vocaciones, porque la vocación es una forma de la Premeditación.
2146:
No
comente el gusto de las comidas.
2678:
Sea
manso el becario,
sea
untuoso,
sea
obediente,
tiemble
ante los mandarines,
admírese
a cada instante,
recele
de su futuro,
lleve
calzones clausurados,
duerma
sobre tres almohadas,
coma
sopas, vaca y avestruces,
sea
espiritualísimo, esté vigilado,
tenga
un director moral y sea transitorio. »
En
este parágrafo, los mandarines querían contradecir definitivamente la Doctrina
de Fustos, clausurando así aquella historia.
«2899:
No
importe en el becario cualquier talento nato, y si lo hubiere, vaya uncido a la
sopa boba. Supla la Gobernación al talento; el tiempo, al intelecto; y la
tozudez en permanecer, a toda espontaneidad. Sea norma la Premeditación.
3367:
Calle
y espere el becario. Vengan a él los sucesos.
3571:
No
confíe el sopado en sus obras o en su voluntad, sino en el Tiempo, la
comparecencia más generosa y benevolente de cuantas existen bajo el Sol, pues
se derrama sin cesar sobre todas las cosas, seres y hombres.
3614:
Grábese
en las Residencias de Becarios esta leyenda: «Aquí me asiento y permanezco,
incubando el huevo de mi estirpe, creando una raza
semejante
a
la mía y dando a los dioses cuenta del tiempo. Cuando los días hayan
transcurrido, alcanzaré la gloria de mandarín. »
Finalmente,
venía una extensa relación de los seudónimos de becario, así expuestos:
«3893:
Sean
éstos los nombres del becario:
Huerfanito,
parvulito
del Libro,
porvenir,
potrillo,
pimpollo,
crisálida,
sustancia
sumisa,
untuosa,
grávida,
cumplida,
reverenciosa,
pusilánime,
conformista,
conformada,
tozuda,
premeditada,
provechosa,
aprovechada,
trascendente,
obediente,
prefigurada,
ultraconsciente,
pálida,
tenacísima,
juiciosa,
secunda
secundae[9]
fría,
impávida,
invertebrada,
de
sapo,
de
lagarto,
de
vaca,
de
avestruz,
blanda,
de
la mala costumbre de admitir el Yo,
que
se encumbra,
fidelísima,
mantenida,
respetuosa,
sopada,
anuente,
meritoria,
protegida,
apadrinada,
gubernamental,
adicta,
absorta
en su porvenir,
anexa
a la Feliz Gobernación,
alfa
del Hecho,
zampona,
de
bóbilis,
encomendada,
decretada
y reglada. »
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NOTAS
[1]
Barberillo
Autodidacto: Personaje heterodoxo, autor de diversos libros. Con un
Talabartero, llamado Licambo, un Platero, un Calderero y un Tapicero, que no
debemos confundir con el otro Tapicero Reflexivo, fundó la Escuela de los
Filántropos, o enamorados de la capacidad de pretensión del hombre., de
tendencia ética y racionalista, que realizó la crítica de las viejas
estructuras y su irracionalidad. Su pensamiento se basaba en el principio de
que el mal es un absurdo corregible; su método consistía en demostrar,
pues, el sinsentido de las instituciones tradicionales y «escandalizar a la
razón». El Barberillo, el Talabartero, el Platero, el Calderero y el
Tapicero fueron apodados Autodidactos o Pueblo Pensante; combatieron
constantes la Feliz Gobernación y tuvieron grande influencia en las ideologías
posteriores. Unos escritos «Contra los Filántropos», firmados por el Lego
Ortodoxo, se atribuyeron al Gran Padre Mandarín.
[2] Divino Becario: Otro mote de Falca, también llamado Zampón, Tragavacas y Comenada.
[3] Clavar el diente en las avestruces: Como sabemos, al período de las vacas seguía el período de las avestruces. A Falca, pues, le esperaban cincuenta mil avestruces legales.
[4] Eusebio Exiliado: Historiador, famoso enemigo del Procónsul Filadelfo, en cuya Dictadura hubo de exiliarse, naciendo de ahí su apodo. Escribió, entre varias obras, un «Testimonio Contra Filadelfo» y una Historia de la Ortodoxia», de matiz heterodoxo. Véanse capítulos 23, 28 y 37.
[5] Consejo de los Pensantes: Sinónimo de Consejo Decisorio de los Mandarines.
[6] Displicencia, saber despreciar, lentitud, etcétera. Virtudes preceptivas del becario.
[7] Capacidad de los Legos: Sinónimo de Mandarín de los Legos.
[8] Maestros de los que saben: Sinónimo de mandarines.
[9] Secunda secundae: Es decir, la segunda de la segunda. Con ello quería significarse que la sustancia de becario guardaba muchas intenciones, como los protervos y los hipócritas. Una vieja sentencia rezaba así: «En el alma del becario existen trece recámaras y veinte cimbras».