CRÍTICA APROXIMADA DEL LIBRO
ESCUELA DE MANDARINES
por Miguel Espinosa
1.º)
Niveles de lectura
Asombra observar, en primer lugar, los diferentes niveles de lectura que tiene este libro. Puede ser considerado como una novela, como una utopía, como una sátira de la sociedad toda, como un conjunto de reflexiones filosóficas sobre arte, estética, ética, política, lógica, etcétera.
Hay en el libro un texto general y unas notas, inventadas por el mismo autor, que sirven «para alejarnos del texto y darle carácter de mayor verosimilitud», en opinión de Enrique Tierno Galván. A mi juicio, las notas son como «otro libro», superpuesto al texto original y su efecto es:
a) Cerrar, por así decirlo, el texto principal, para que se convierta en una realidad referida a sí misma y con sus propias claves.
b) Dar a la obra toda el sentido de la historia de una Cultura y ofrecer al lector la sensación de que se está novelando precisamente una Cultura toda, verdadero protagonista de la obra.
c) Meter precisamente al lector en esa Cultura y acostumbrarlo a estar allí sin otras referencias que las ofrecidas por los elementos de tal Cultura.
d) Pormenorizar de manera que la verosimilitud surja como seducción que conquista al lector. La literatura es, en cierto modo, una descripción de accidentes, no de esencias; y precisamente por medio de las notas, Escuela de Mandarines muestra infinidad de accidentes, con lo cual llega a crear todas las condiciones de la realidad. La literatura es descripción de lo particular, no de lo general; y precisamente por medio de las notas, Escuela de Mandarines acrece lo particular.
Veamos un ejemplo de este sentido de verosimilitud que aportan las notas:
Capacidad:
Tratamiento de mandarín. Aunque los Preceptistas Asociados no eran mandarines, las buenas familias los titulaban como tales. Un decreto del Procónsul Cirilo, hacia el año 1.030.078, asimiló las Congregaciones de Ayos a la casta de los legos; por tanto, su verdadero tratamiento era de eminencia. [10, 141, 1][1] .
La vigésima:
Según el Derecho mandarinesco, cuando alguien resolvía un problema jurídico contencioso, recibía la vigésima parte de la cantidad discutida. [46, 470, 9]
Procónsul Ajancio:
Ovejero de la Ciudad, se reveló con motivo de una Sublevación de Curtidores, negados a pagar tributos, hacia el año 400.012. Los agrupó, citándolos en un campo de aljibes para discutir la jefatura de la protesta, y los degolló sin dejar de gritar: «¡Mata, Ajancio, mata!... Didipo admiró la hazaña desde niño, y la emuló en su famosa matanza de los mandaderos [...]. Cambazzio lo describió «tan fuerte e irracional como un toro, y tan loco como cien legiones en saqueo». Alcanzó los más altos honores, aunque no la Dictadura, porque le aburría el Gobierno. Ya viejo y chocho, tornose sentimental, fundó un Orfanato para Hijos de Curtidores, y murió paternal. Nunca conoció mujer. [54, 547, 6]
En esta última nota el sentido de verosimilitud que las notas dan al texto, se convierte en paradigmático con el pormenor de que Ajancio «nunca conoció mujer», o fundó un «Orfanato para Hijos de Curtidores».
No citamos más notas por la razón de que todas ellas cumplen esa misión, ya expuesta en nuestros apartados a), b), c) y d).
2.º) Humanismo de la obra
El autor ha dicho que tardó dieciocho años en escribir esta obra; yo diría, más bien, que el autor escribió el libro en dieciocho años, lo cual quiere decir, en otras palabras, que se trata de un libro resultado de reflexiones, escrito lentamente según se desenvolvía la vida del autor. De ahí que resulte un libro eminentemente humanista, lleno de sabiduría sobre el vivir y la vida misma; distingo aquí entre sabiduría y saber. Cervantes o Montaigne tienen sabiduría, y J. P. Sartre, saber o conocimientos.
No hay en el texto de M. Espinosa nada que no destile esa sabiduría del vivir, que aflora constante en las 717 páginas de la obra. Esa sabiduría está llena, naturalmente, de melancolía, pero siempre de humor y de placidez; se trata de una sabiduría de experiencia, que va calando el ánimo del lector.
En este sentido, Escuela de Mandarines entronca con los grandes libros clásicos (Dante, Rabelais, Cervantes, Plutarco, etcétera). Lo opuesto a la sabiduría humanista y compleja que emana este libro, sería la falsa sabiduría de «mensaje», expuesta, por ejemplo, en una obra como Así habló Zaratustra. Al contrario que M. Espinosa, Nietzsche quiere novelar una teoría filosófica; al contrario que Nietzsche, M. Espinosa novela el vivir mismo.
Veamos algunos ejemplos:
―Déjate de elocuencias ―respondieron [los soldados]―. No somos hombres de palabras, sino de acción y porte. A una Gobernación servimos, y una Gobernación nos paga; sufrimos hambre, fatiga, sueño y otros padecimientos; comemos, descansamos y dormimos. Nada más sabemos. [6, 110]
Sin embargo, jamás han consentido en darnos bolsillos, pues se empeñan en negar la bolsa como origen del rubor, la vocación honesta, la dignidad y otras decencias. Incluso han formado Asociaciones para borrar de la Tierra todo carácter o grupo que mantenga la primacía modesta de los bolsillos. [8, 125]
Yo vine a escupir al Cara Pocha, y vosotros, a contemplar alegres una bufonada. Sin embargo, nos vemos vendidos y vendedores. ¡Tanto puede la fatalidad en el Pueblo! Ellos, los alcaldes y los mandarines, son hombres de porvenir, y nosotros, de destino. He aquí la diferencia. [9, 132-33]
―Tan alto no piensa mi primo, ni goza autorización para discurrir por su cuenta, lo que apenas le importa. ¿Por ventura le imaginas Gran Padre?, ¿le crees mandarín? Pues te equivocas. Es sencillamente un obediente más, como cualquier hijo de vecino, aunque laureado y urbano. [15, 183].
―Dignidad, nuestramo, ¿qué vamos a preguntar? En todo somos conformes ―manifestó al fin uno de los aldeanos. [17, 195]
«Habiendo muerto Filadelfo, murió también Donato, su alabancioso, Manantial de Fonemas, único entre los incensadores; nunca agreste, siempre meloso, escribió hasta doce millones de rollos en encomio del Dictador». [23, 245]
(Emociona en esta expresión la sabiduría del paso del tiempo y de la futilidad de todo suceso: «Habiendo muerto Filadelfo, murió también Donato, su alabancioso». ¿No cabría hoy poner este epitafio en la tumba de
muchos? ¿Y no sería el más melancólico de los epitafios, aun desprovisto de todo carácter político?)
Como era de esperar, el Piadoso se descubrió en el pasaje, por lo cual creció su esperanza de llegar a ser El Hombre Más Piadoso del Mundo. El Director de Conciencias también sintióse aludido, ya que parece condición de los textos sagrados hacer creer a todos que son mencionados. [27, 288]
A mi juicio, la Historia es una mezcla de maldad, estupidez e inocencia, lo cual se resume en misterio comentó Abellino-. El problema de la leyenda en cuestión, igual al de tantas otras; consiste en explicar cómo los memos e indignos gramáticos de Didipo pudieron redactar tan bellas estelas. [29, 308]
Hay mandarines y sus lacayos porque Dios se manifiesta como autor anónimo de la Creación, y no quiere manifestarse de otra forma. Si se revelara como autor cierto, estaría en su Obra, y no habría posibilidad de mal, aunque tampoco existiría diferencia entre la Divinidad y el mundo, y, por tanto, Historia. [32, 341]
No seguimos citando por no repetir la obra. Baste cerrar las citas con este último ejemplo:
―Vivir es una costumbre ―sentenció―. Apenas alcanzados los cuarenta años, el hombre se entristece y fatiga de habitar la Tierra; pero una vez que cumple cien, se acomoda al tedio. Los siglos repiten las pasiones, la palabrería, la insensatez, la estúpida crueldad, la megalomanía y la espada que apuntilla. Más allá de la edad juvenil y del entusiasmo biológico, sólo perdura la reencarnación de lo idéntico. [ 41, 420]
De este humanismo, se deduce la enorme complejidad de la obra, no entendida la complejidad como estructura o forma, sino como contenido.
En efecto: aquí personajes lineales, buenos ni malos; tampoco hay comportamientos lineales ni figuras predeterminadas. A mi juicio, los personajes de Escuela de Mandarines resultan más complejos que Don Quijote y Sancho. La contradicción, lo inesperado, lo accidental, lo particular, lo singular reina entre los personajes de Escuela de Mandarines, como reinan también en la vida misma.
Veamos un ejemplo:
―Cobra el temblón, el diarreico, el excrementoso y desriñonado; cobra el angustioso entre vahídos, y todos aportan su pincelada al retrato del Mandasolo. Pero si éste pierde o fenece, aquéllos se retraen y dicen: «¡Dos higas para el Amo!...» «Gané mi cátedra...» «Me obligaron...» «Soy un simple perito...» «juré obediencia...» «No puede quedar único...» «Didipo, Cirilo y Filadelfo son penables». y aun si los rebeldes bajan por casualidad al Infierno, escarnecen al inocente Dictador y pasan ante la verdadera culpabilidad. ¡Siempre habrá tiranos a quienes criminar! [51,517]
(¿No pasa esto al caer las dictaduras? ¿No lo hemos visto cada día?)
3.º) El lenguaje de la obra
Asombra el lenguaje de Escuela de Mandarines. Trátase de un lenguaje que acaece constantemente como pura creación del autor. Destaca en este lenguaje:
―Su estructura lógica implacable,
―el uso riquísimo de verbos,
―la gran riqueza de los sustantivos,
―la precisión de los adverbios,
―el comedimiento en el empleo de adjetivos.
Es un lenguaje pleno de expresiones acuñadas por el autor, que aparecen como locuciones nuevas, no existentes antes en castellano; un lenguaje totalmente alejado del tópico de la frase hecha, su verdadera antítesis.
A veces, este lenguaje recuerda a Plutarco y Tácito; a veces, a Dante; a veces, a Cervantes. Nada hay allí que sobre ni falte; la concisión es extrema.
Es un lenguaje complejo, pero no complicado ni rebuscado; no es imitación de ningún otro lenguaje. Conforme el lector se adentra en la obra, va siendo poseído por este lenguaje. Hay un momento en que el lector siente que los personajes de Escuela de Mandarines hablan este lenguaje como cosa natural, y entonces llega a comprender el siguiente milagro: que se trata precisamente de un lenguaje sencillo.
No hay rebuscamientos barrocos y pesquisa de la metáfora; no hay artificio, por lo cual puede decirse que Escuela de Mandarines es como una obra parida, no hecha ni compuesta.
Abundan los ablativos absolutos, recuerdo del periodo latino; los verbos intransitivos convertidos en verbos transitivos, al aparecer junto a ellos un acusativo; los verbos transitivos transformados en intransitivos; las proposiciones formadas por palabras que nunca se han visto juntas; y, sobre todo, la novedad increíble en el empleo del verbo, dotado generalmente de complementos novísimos.
De ello concluimos que Escuela de Mandarines es, en cuanto al lenguaje, una obra manierista, pero modernamente manierista. El autor pone la palabra al servicio de la forma, y con ésta crea el contenido, ya que no cabe distinguir, en buena ley, entre contenido y forma, pues éste es aquélla, y aquélla es éste.
Vamos a poner algunos ejemplos del uso del lenguaje:
A) Ejemplo de manierismo y concisión
―Venimos de la Ciudad y transportamos este fardo, bajo cuyo tapujo va encadenado un enemigo de la Feliz Gobernación, al parecer, muy condenado. Nada más podemos añadir, sino que el Pueblo no ha de verle la cara. [41,419]
―Vi al gran Sosibio, el Sosibio de marras, orgullo de la Feliz Gobernación, tan verdadero y hermoso que su presencia quitaba mil canas. Lo hallé apartado, todo pensaroso, la cara cabe un humedísimo y rezumante muro. Mi corazón dio un vuelco mientras se alegraban las entretelas de mi condición. [51,515]
...Hace un millón doscientos mil años, los curtidores de la Metrópoli se negaron bonitamente a pagar tributos. Cierto ovejero los degolló tan presto que finiquitó el gremio en una noche, ante el espanto del alba, por lo cual fue investido Procónsul. [54, 545]
B) Ejemplo de ablativo absoluto al modo latino
Acaecidos otros sucesos y cambiadas las costumbres por natural proceso, surgió Filadelfo, Procónsul de la Feliz Gobernación en la Isla Cibia, y dio al traste con la Civilidad; pues, estipendiando cincuenta mil analfabetos, como era inveterado en tales casos, desembarcó en la Metrópoli con ánimo de restaurar la Dictadura. Aunque este Filadelfo naufragó en las costas, logró el apoyo de las legiones urbanas... [ 46, 465]
C) Ejemplo de verbos con complementos novísimos
Mas, al punto, descubría que, como filósofo, vacaba de instinto, pues no en vano se afirmó que la Filosofía carece de intimidad. [56, 564]
La Feliz Gobernación es una comunidad libre, y, en consecuencia, los bebedores de hipofosfitos pueden comparecer donde les plazca. [58, 574]
Así dispuesto, resolvió raptar la gramática a los Mendigos Herejes, en opinión de su Mentor, cierto escribanillo de la Intendencia, modélico ejemplo de expresiva estructura. [58, 575]
―Maestros de los que saben, carezco de
dotes... [58, 579]
D) Ejemplo de locuciones nuevas en sintaxis
Ciertos historiadores sostienen que la conjura surgió no sólo contra Pancleto, empero contra Socracio, a quien pretendían heredar. [58, 579]
(Aquí se usa «empero» por «sino».)
No podemos seguir poniendo ejemplos porque sería como repetir todo el libro, que es una constante muestra de lenguaje excepcional en todas sus 717 páginas, casi sin excepción ninguna. Por lo demás, el estudio de este lenguaje se presta a una disertación interminable y digna de un largo y único trabajo.
4.º) El realismo de la obra
Bajo la apariencia de una fantasía, Escuela de Mandarines es una obra típicamente realista. En efecto: bajo la exageración de las cifras, en el tiempo y en las cosas, y de los comportamientos de los personajes, la realidad última del mundo se muestra al lector de manera clarísima. Es, pues, una obra «paidética», como diría Lamuro, un personaje de la misma, y muestra que el arte debe ser didáctico, en cuanto es humanismo. «Lo vedado por la engañosa apariencia», como también diría Dionisio Kinós, otro personaje del libro, se desvela y muestra al lector a través de esta inmensa e inacabable metáfora que resulta Escuela de Mandarines.
Hemos mencionado la palabra inacabable: Esto es, en efecto, la obra que nos ocupa, y a cuyo examen da vértigo asomarse, pues son centenares las facetas que allí se adivinan en principio.
A mi juicio, ni siquiera un estudio monográfico puede estudiar Escuela de Mandarines en su totalidad.
El propio autor ha definido su obra como una «utopía negativa», o exposición de «lo que no debe ser». Como tantas veces ocurre, la obra ha escapado a la intención del autor. Escuela de Mandarines puede ser, ciertamente, una utopía negativa, pero es todavía algo más, como la vida misma, que siempre es esto, pero también es siempre lo otro.
No es Escuela de Mandarines un libro para ser leído una sola vez, ni siquiera dos, tres ni cuatro; es, sencillamente, una obra para ser leída repetidas veces, abriéndola por donde se quiera; incluso, como las obras clásicas, es un libro para ser leído en alta voz, ya que su sintaxis y su estilo están configurados para la recitación, como ocurre con Don Quijote, con Plutarco o con Dante.
Acabamos manifestando que toda crítica de este libro resultará, como diría un personaje del mismo, «la exposición de una parcela del mundo». Obra insólita, su lectura, si se hace a ritmo lento, por desgracia hoy perdido para el moderno lector, resulta un abrazo con la sabiduría.
Miguel ESPINOSA
[1] Las referencias de página remiten a cualquiera de las ediciones aparecidas en Los Libros de la Frontera (Barcelona, 1974, 1983 y 1987 [véase BIBLIOGRAFÍA]; después de cada cita, indico entre corchetes el número de capítulo, de página y, en su caso, de nota, por este orden [Nota de Luis García Jambrina]