Diario La Verdad, Murcia, 1997

 

Bolitas absurdas, broma estúpida, angustia del cosmos, recluimiento, poco espacio, limitación, y, también, la gloria del Creador. Esto son las estrellas. Si ellas expresaran explícitamente la gloria del Creador, expresarían menos de lo que expresan en ese comparecer y ser equívoco. En esa opacidad que posee el hablar de las estrellas, y en ese no hablar, que son, reside el misterio del mundo, su esencia inacabable, y, en suma, la gloria del Creador. Todo arte ha de ser como el ser de las estrellas: aquello cuya interpretación, cada una de sus interpretaciones, es menor que él mismo, y él, un conjunto interminable de interpretaciones. Los malos escritores escriben una interpretación de la obra: no llegan a más, a escribir la obra.

1981