MAS ALLÁ DEL ENSAYO Y LA NOVELA:
MIGUEL ESPINOSA O LA BÚSQUEDA DEL LIBRO TOTAL
Luis García
Jambrina
Publicado en Miguel Espinosa: Congreso, Murcia, Editora Regional de Murcia-V Centenario. Comisión Autónoma, 1994, págs. 421-435
(formato pdf)
El primer gran problema que plantean los
libros de Miguel Espinosa es el de su clasificación. ¿A qué género pertenece,
por ejemplo, un libro como Asklepios? ¿se trata de un ensayo, de una
autobiografía espiritual, de una novela lírica, de un poema en prosa...? En
cuanto a La Fea Burguesía, ¿estamos ante una novela, ante un libro de relatos,
o ante un conjunto de casos jurídicos o historias clínicas sobre cinco
matrimonios burgueses? ¿Qué significa exactamente el subtitulo Theologiae
Tractatus que aparece en Tríbada? ¿quiere decir que estamos ante un tratado
ontológico-lingüístico expuesto a través o a partir de unos conflictos
amorosos? Y ¿qué decir, por último, de la que pasa por ser la obra más
ambiciosa y perfecta de Miguel Espinosa, Escuela de Mandarines? ¿Se trata tan
sólo de una novela, por muy compleja que ésta sea, o estamos ante algo más,
ante uno de esos grandes libros inclasificables de la cultura universal, entre
los que se incluyen todos los grandes Textos Sagrados y Sapienciales de Oriente
y Occidente? Pero es que, incluso, un libro tan aparentemente poco problemático
como Reflexiones sobre Norteamérica (1957) provocó en su día más de un
desconcierto por la brillantez y precisión de su lenguaje y por sus grandes
dosis de invención, elementos estos inusuales en un ensayo de carácter
histórico o, si lo prefieren, de Filosofía de la Historia.
Parece claro, pues, que, desde un principio,
su escritura desborda los límites de los géneros literarios convencionales y
que, por tanto, debemos olvidarnos de estos a la hora de enfrentarnos con sus
obras. En este sentido, dirá Espinosa poco después de publicar La Tríbada
Falsaria:
Hay una persona que ha
dicho sobre La Tríbada ... una cosa que me ha parecido exacta: la ha llamado
novela y después "bueno, este libro". Entonces, tenemos que salir de
llamar a algo novela... es decir, esto no es una novela, esto es un libro; un
libro de arte porque no es pura teoría, lo teórico está expuesto a partir de lo
particular[1][1].
No obstante, sabido es que nuestro autor comenzó su andadura literaria por la vía del ensayo, género este que, a pesar de su gran flexibilidad, acabará abandonando con el tiempo por no satisfacer plenamente sus intenciones y necesidades expresivas:
En otros tiempos, cuando era joven, tenía tentación
de escribir teoréticamente, pero ahora he descubierto que la más bella forma y
la forma más profunda de decir las cosas, incluso de perdurar, es hacer una
especie de arte que encierre teoría o que encierre pensamiento (...). Mi
disposición futura es esa, porque yo creo que escribir teoría es una cosa como
muy juvenil. Cuando se ha vivido mucho, se tiene experiencia y se ha tocado la
vida, se ha abrazado la realidad dolorosamente, entonces llama más el arte que
la pura teoría. Lo que yo tenga de teorético o de pensador quiero encauzarlo a
través del arte; es como un abrazo más hondo con la realidad[2][2].
Desde esta perspectiva, hay que decir que
Asklepios, el último griego, a pesar de ser una obra, digamos, juvenil, es ya
un libro de Arte. Se trata, como saben, de "un libro, en cierta manera,
insólito" -según reza la solapa de su primera edición[3][3]-,
"difícilmente referible a convención literaria alguna". Ni siquiera
podemos considerarlo corno el resultado de algo tan propio de la literatura
contemporánea corno es la mezcla o cruce de géneros, dado que no estamos ante
un híbrido de ensayo y novela, de reflexión teórica y ficción mítica, ni ante
ninguna otra combinación semejante. En todo caso -y puestos a adscribirlo,
aunque sea remotamente, a algún género-, se trataría más bien de una confesión,
tal y como la entiende María Zambrano en un célebre ensayo La Confesión: Género
Literario[4][4]. Y, en efecto,
escrito en una prosa poética de belleza e intensidad comparables a la del
Hiperión, de Hölderlin, o los Himnos a la Noche, de Novalis, Asklepios es la
extraordinaria confesión de "un hombre desterrado en el tiempo".
Ahora bien, donde mejor se observa el paso de
la escritura puramente teorética a la escritura concebida como "expresión
de lo particular" y como "expresión estética del mundo" -esto
es, como Arte- es en Escuela de Mandarines (1974). De hecho, los primeros textos
publicados por Miguel Espinosa directamente relacionados con este libro
aparecieron como artículo ensayístico en 1956, en el Boletín informativo del
Seminario de Derecho Político, revista de la Universidad de Salamanca dirigida
por Enrique Tierno Galván. El trabajo lleva el título de "La Filosofía
Política Mandarinesca", y, en él, hay una nota que advierte lo siguiente:
"Sabida es la importancia del género utópico en el desarrollo del
pensamiento político occidental. Publicamos este interesante ensayo que está
vinculado a la tradición del utopismo"[5][5]. Por lo demás,
se trata fundamentalmente de un conjunto de textos aforísticos, supuestamente
entresacados de libros y discursos mandarinescos, que aparecen comentados y
agrupados bajo diferentes epígrafes. Pero lo más interesante es que Espinosa
aparece allí como una especie de traductor, investigador y editor de los textos
que se reproducen: "He podido descubrir hasta cien sinónimos de becario,
por lo cual deduzco que fue la más tierna, poética, espiritual e ingrávida de
las castas" -dice el autor en uno de sus comentarios[6][6].
Y en una nota a pie de página apunta: "He traducido por filántropos la
expresión "enamorados de la capacidad de pretensión del hombre", que
en el original es una sola palabra"[7][7]. Esta supuesta
condición de "editor", "investigador" y
"traductor" se conserva, desde luego, en las notas de Escuela de
Mandarines, donde leemos, por ejemplo, definiciones como ésta: "Centro de
Estudios Universales: Especie de Universidad. Enmucetado equivalía a
catedrático estatal" (p. 80)[8][8]. O el comentario
siguiente: "Como dijimos, sólo el Gran Padre podía citar la Escritura sin
mencionarlo previamente, mezclando sus propias palabras con textos sagrados. En
este discurso situaremos entre comillas los parágrafos del Libro" (p.
655).
Así pues, el mencionado ensayo puede
considerarse el germen de lo que, después de sucesivas versiones y tras
dieciocho años de trabajosa escritura, se publicaría con el titulo de Escuela
de Mandarines. Pero además de dicho texto, hay toda una larga serie de
aforismos, definiciones y reflexiones procedentes de escritos teóricos previos
o contemporáneos a la gestación y redacción de Escuela de Mandarines que
pasarán a formar parte de este gran libro de libros, bien sea incorporados en
el cuerpo de las notas a modo de citas supuestamente tomadas de algunos textos
emblemáticos de la Cultura de la Feliz Gobernación, bien sea integrados en el
propio relato, donde aparecen puestos en boca de diversos personajes. Es más,
Escuela de Mandarines parece encuadrarse, en principio, dentro de lo que el
propio Miguel Espinosa denomina en un ensayo publicado en 1962 "La
Reflexión Política Configuradora"[9][9]. En este texto,
distingue nuestro autor dos tipos de reflexiones: la reflexión investigadora,
propia de la Filosofía y de la Ciencia, y la reflexión configuradora, que se
expresa en diferentes Artes. Según esto, señala Espinosa:
La Filosofía pretende decir lo que es el
Mundo, y la Ciencia, lo que se da en el Mundo. El Arte no enuncia ni dice; expresa
el Mundo corno un debe-ser o un ser-así. / La Filosofía y la Ciencia formulan
lo general. El Arte expresa lo particular[10][10].
Dentro de la reflexión configuradora, se
encuentra lo que Espinosa llama el Arte Político, en el que cabe distinguir un Arte
de la Reflexión Política Prescriptiva o Jurídica y un Arte de la Reflexión
Política Utopizadora, que es el que aquí nos interesa:
Definimos la
Reflexión Política Utopizadora corno el Arte que pretende configurar un tipo de
Sociedad-Acontecimiento, partiendo siempre de principios originarios, desde los
cuales emprende un proceso juicioso típicamente teorético, mediante el uso de
expresiones del modelo "así debe ser el Mundo". Esta reflexión posee
cinco caracteres, a saber: 1º. Ser un Arte. 2º. Tener por objeto la creación de
una Comunidad nueva. 3º. No admitir lo dado, o sea, la Ficción [entendida como
las valoraciones que están más allá de los principios] y la Prescripción
[entendida como el conjunto de valores y derechos tenidos como tales por la Sociedad
Prescrita]. 4º. Enjuiciar desde principios, no desde hechos. 5º. Ser teorética.[11][11]
En cuanto al peculiar proceso que sigue esta
reflexión, añade Espinosa:
La Reflexión
Utopizadora no viene al Mundo como un ser espontáneo, sino a través de un
proceso generador, dividido, a nuestro entender, en dos fases: una crítica y
otra creadora: En la fase crítica se somete a la Comunidad Prescrita a un procesamiento general, como ya dijimos, que
consta de tres etapas ética, jurídica y política. / En la primera, la Reflexión
Utopizadora medita sobre la Moral de la comunidad procesada, analizando y
destruyendo, uno por uno, sus valores y, en particular, su concepto del Bien y
del Mal. En la segunda, enjuicia el Derecho de la misma sociedad, y concluye por
considerar injusto cuanto allí se tiene por justo. Finalmente, procesa al
Poder, combatiendo todos los supuestos de su legitimidad o legalidad. / Así
operan los grandes destructores, y así operó, por ejemplo, un utópico como
Nietzsche. / En la fase creadora podemos considerar dos momentos: Por el uno se
intenta derruir y abrogar la Sociedad Prescrita, y por el otro se propone
definitivamente la nueva convivencia, generalmente no tanto pergeñada como
intuida a través del propio proceso dialéctico de la crítica[12][12].
Por último, y en relación con este proceso,
distingue Espinosa dos tipos de actitudes o posturas, la de los utópicos y la
de los utopizadores:
El contenido de la Reflexión Utopizadora puede
ser propuesto a la Sociedad Prescrita, a la manera de un cierto deber-ser, o
puede ser expuesto en una obra de ficción. / En el primer caso nos encontramos
frente a los utópicos, y en el segundo, frente a los utopizadores. / La
propuesta del utópico pertenece a la Historia de la Convivencia, y es "acontecimiento"
político. Por el contrario, la exposición del utopizador pertenece a la
Historia del Arte Literario, y es "acontecimiento" estético. / El
Segundo Ensayo Sobre el Gobierno Civil, de Juan Locke, es una propuesta, y La
República, de Platón, una exposición. / Generalmente se llama ideología a la
propuesta, y utopía a la exposición[13][13].
Pues bien, a tenor de lo dicho queda claro que
Escuela de Mandarines es fruto, al menos en principio, de la voluntad
utopizadora de Miguel
Espinosa. "La misión del Arte -leemos en una nota del propio libro- es
crear la utopía y contagiarnos de ella; por eso resulta eminentemente paidético
o didáctico" (p. 504). No obstante, hay que advertir que no estamos aquí
ante la exposición directa de una utopía -pues eso al fin y al cabo es una
forma de ideología-, sino ante lo que en el propio libro se define como una
"utopía negativa". Las razones de tal postura aparecen expuestas en
el capítulo titulado "Saberes y consejos"; allí leemos:
- Con mucho gusto escribiría yo ese "Enjuiciamiento [del Hecho]" -repuso Martino-. La minuciosa descripción de la memez, mentira, arrogancia, ineptitud e injuria, resultaría una utopía negativa. Empero, no podría ofrecer ninguna propuesta de convivencia, a la manera de Tebanio, Calixto, Comeno, Eusebio Exiliado, Lamuro, Logonio, el Platerillo, Saecio, el Tapicero Reflexivo y el Tapicero Autodidacto, porque, para quienes habitamos la función pensamiento, la realidad es una utopía negativa; quiero decir, la encarnación de lo impensable. (p. 392)
Y con respecto al concepto de "utopía
negativa", hay una nota en este mismo capítulo que precisa lo siguiente:
Utopizar es hacer propuestas de convivencia, o sea, predicar un nuevo suceso político. La utopía describe cómo debe ser la comunidad a través de figuras positivas. Ahora bien: si abstraemos de una determinada sociedad cuanto es contrario al bien, y, convenientemente aislado y delimitado, lo exponemos en un libro, habremos creado una utopía negativa, o "expresión de lo que no debe ser". (P. 394)
Tales palabras coinciden punto por punto con
diversas declaraciones de Espinosa realizadas al poco tiempo de publicarse el
libro. Citaré sólo una:
Escuela de Mandarines es una utopía negativa,
porque intenta exponer lo que no debe ser, mediante el método de abstraerlo de
la sociedad real, donde se encuentra, y, una vez aislado, exagerarlo para
otorgarle (...) valor estético y elevarlo a [la categoría de] un antimodelo[14][14].
Ahora bien, este libro no es sólo una
"utopía negativa", pues, como el propio Espinosa reconoce, se trata
de una de esas obras que ha escapado a la intención inicial del autor. Y añade:
"Escuela de Mandarines puede ser, ciertamente, una utopía negativa, pero
es todavía algo más, corno la vida misma, que siempre es esto, pero también es
siempre lo otro"[15][15]. Por otra
parte, podría pensarse que Espinosa sigue una evolución similar, por ejemplo, a
la de Nietzsche, autor que acaba optando por la obra de ficción como cauce más
adecuado para la expresión de su filosofía. Sin embargo, el propio autor ha
rechazado explícitamente esta posible identificación, ya que, según él, Así
habló Zaratustra -obra con la que de una manera superficial Escuela de
Mandarines podría relacionarse- lo que hace es novelar -o ilustrar- una
determinada teoría filosófica, mientras que lo que Espinosa pretende, según sus
propias palabras, es novelar "el vivir mismo"[16][16],
es decir, mostrar la vida en forma de libro, como quería, por ejemplo, Novalis.
No se trata, por tanto, de una creación
literaria situada en un punto intermedio entre los extremos del ensayo y la
novela, corno ocurre con mucha frecuencia en lo que, de manera imprecisa, se ha
dado en llamar novela intelectual, novela filosófica o novela--ensayo, sino de
una forma de Arte que supera ambos géneros englobándolos y armonizándolos en
una unidad artística de rango superior, esa unidad que, a falta de mejor
término, aquí hemos definido como libro total, esto es, un "libro de
libros"[17][17] abierto,
por un lado, a múltiples perspectivas de lectura y compuesto, por otro, de
numerosos planos y modalidades de escritura.
En efecto, Escuela de Mandarines es un libro
de múltiples niveles de lectura, puesto que, como el propio Espinosa ha
explicado alguna vez, puede ser leído "como una novela, como una utopía,
como una sátira de la sociedad toda, como un conjunto de reflexiones
filosóficas sobre arte, estética, ética, política, lógica, etc"[18][18], e, incluso,
como una parodia de un texto académico (de hecho, a simple vista parece la
edición erudita y anotada de un gran texto clásico). Pero también puede ser
leído como un inmenso poema en verso y prosa, como una cosmología expuesta en
forma mítico-alegórica, como una enciclopedia, en el sentido más originario de
la palabra[19][19], como una
Ética y como un tratado político-teológico expuestos, no en forma geométrica,
como quería Baruch Spinoza, sino en forma narrativo-aforística; y puede ser
leído, sobre todo, como un Libro Sagrado o de revelación, sapiencias y
profético, y hasta como un Evangelio. Escuela de Mandarines sería así una
especie de contrafigura o contrafactum del propio Libro de los Mandarines,
conocido también como la Escritura o Texto Sagrado. No en vano estamos ante un
libro que hace lo que dice y dice lo que hace y que muestra tanto el discurso o
lenguaje del poder como el poder del lenguaje y la escritura.
Pero todo esto no quiere decir exactamente que puedan realizarse tales o cuales lecturas o interpretaciones de Escuela de Mandarines, sino más bien que Escuela de Mandarines consiste, en realidad, en todas esas lecturas e interpretaciones, y muchas más que podríamos ir descubriendo, pues este libro, como todo mito y todo símbolo, resulta inagotable e inabarcable[20][20]. De ahí que no debamos empeñarnos en leerlo solamente como una novela, por muy amplio y flexible que sea el concepto que tengamos de este género. Este empeño es justamente el que ha llevado a algún crítico, por lo demás muy perspicaz e inteligente en algunos de sus comentarios, a considerar las grandes obras de Espinosa como presuntas novelas o, peor aún, como novelas anómalas y fallidas[21][21]. Leer Escuela de Mandarines sólo como una novela es hacer, a mi juicio, una lectura extremadamente reductora y simplificadora más aún si se lee como una novela en clave o como una simple parodia académica. Del mismo modo, considerarla como una sátira del franquismo del mundo universitario de su época es hacer una lectura demasiado simplista y empobrecedora, desde el punto de vista de su contenido, pues ocurre que, si bien es cierto que el mundo universitario es aquí una alegoría –o tal vez metonimia- del Mundo en general, en el sentido de que la Universidad -o microcosmos- viene a ser una imagen Universo -o macrocosmos[22][22]-, no por ello hemos de concluir que Escuela de Mandarines es una sátira de la universidad y de la sociedad de una determinada época[23][23]. Más bien habría que decir que la sociedad franquista -con su universidad a la cabeza- es una burda caricatura y un vulgar remedo de ese reino de la Feliz Gobernación que Espinosa ha descrito tan certeramente en su libro[24][24].
Por otra parte, el efecto totalizador de
Escuela de Mandarines se consigue también por medio de la constante
superposición e interrelación de múltiples planos y modalidades de escritura,
que tratan de romper así el carácter necesariamente lineal de todo texto
escrito y forman un complejo entramado de niveles narrativos, fiel reflejo y
figura de la totalidad del Mundo y de la vida. Veamos de qué forma. Para ello,
analizaremos brevemente (I) la compleja instancia narradora y (II) algunos de
los componentes morfológicos del libro[25][25].
I. En cuanto a la instancia narradora -esto
es, todo lo referido a la forma del narrador y al punto de vista o
focalización-, tenemos:
-un narrador básico, que, según se desprende
del final del propio texto, podemos identificar con un tal "Miguel
Espinosa, el Juglar de Azenaia", personaje secundario del relato que
cumple, además, la función de transmisor del texto[26][26];
-un narrador-protagonista, y narrador
principal del texto, conocido como la Vejez o Eremita, personaje que -como
señala López Martí- "permanece innominado, sin verdadero nombre, a lo
largo del relato"[27][27], con el
que, por otra parte, se corresponde un narratario explícito, el Gran Padre o Cara
Pocha;
-toda una larga serie de narradores
secundarios;
-y, por último, un anotador del texto, que
podría coincidir con el narrador básico del mismo, aunque todo parece indicar
que se trata de una instancia diferente, pues, como ya insinuamos antes, no
sólo es relator, sino también investigador de todo lo relacionado con la Feliz
Gobernación; de ahí el uso de la primera persona del plural.
Como es obvio, toda esta complejidad implica,
en principió, una gran pluralidad de puntos de vista. No obstante, hay que
advertir que todos los puntos de vista contenidos en el texto parecen
converger, como veremos, en un centro único, por lo que más bien hay que hablar
de unidad de punto de vista. Esta unidad del punto de vista se alcanza gracias
al hecho de que, como diría Lotman[28][28],
el autor no expone su posición personal, sino que se identifica con la verdad o
la moral; y esto tiene mucho que ver, desde luego, con la idea del texto
"no creado", la cual obliga al autor a introducir abundantes
discursos en primera persona, [y] le obliga a aparecer no como creador, sino
como el hombre que levanta un acta. Sin embargo, añade Lotman, esto no lleva a
la profusión de puntos de vista. Pueden reducirse a dos: "justo" [o
posición de la verdad], coincidente con la orientación general del texto, y
"erróneo" [o posición de la no verdad], el opuesto[29][29] . De
hecho, el anonimato del Eremita, o narrador principal, "mueve a pensar
-según López Martí- bien que el relato posee autonomía, una especie de
conciencia o espíritu propios, bien que el autor del libro son todos los
hombres. En cualquier caso, el texto parece obra de la verdad, como el mundo
parece obra de un autor anónimo. / Por todo ello, cabría decir que Escuela de
Mandarines ha sido escrito desde el punto de vista de la Divinidad, punto de
vista que, implícito en la narración, actitud y anonimato del Eremita, preserva
la complejidad y misterio de la Creación, y se hace cargo, a la vez, de la
bondad y maldad del suceder"[30][30]. Esto quiere
decir que el libro ha sido "configurado bajo la mirada de Dios, y, por
consiguiente, sub specie aeternitatis" como llega a decir Juana a
propósito de Tríbada[31][31].
II. Pasemos ahora al análisis de algunos
componentes morfológicos del libro; nos referimos, en concreto, a las
modalidades de escritura y a la estructura.
II.I. De entrada, hay que decir que es difícil
encontrar una obra literaria con tantas y tan variadas modalidades de escritura
o tipos diferentes de discurso. Estas pueden agruparse en modalidades básicas y
modalidades heterogéneas:
-Modalidades básicas: el relato y el diálogo.
En cuanto al primero, hay que mencionar, además de un relato marco y del relato
general del Eremita, toda una serie de historias intercaladas (diecisiete de
ellas, con título y claramente delimitadas en el texto). El diálogo, por su
parte, ocupa un espacio considerable en este libro, con frecuencia en forma de
diatribas, disputas y discusiones filosóficas.
-Modalidades heterogéneas integradas en el
texto. En este apartado, encontramos más de setenta canciones, himnos y poemas
diversos (algunos incompletos), seis piezas dramáticas o teatrales, trece
discursos, arengas y predicaciones, varias cartas, diversas inscripciones y
epitafios, numerosos listas y relaciones de todo tipo (de nombres –sinónimos- y
apelativos, de cargos, oficios, funciones, calificativos y atributos,
beneficios y prebendas, objetos, cifras, sustancias, acciones y circunstancias,
cuestiones, preceptos, etc.); a esto hay que añadir incontables artículos de
leyes, sentencias, aforismos y adagios, amén de multitud de referencias y citas
de diversos libros y discursos, tanto ortodoxos como heterodoxos, y
fundamentalmente de la Escritura o Libro de los Mandarines.
-Modalidades heterogéneas paratextuales. Se
trata de los "textos colocados tipográficamente fuera del cuerpo
narrativo"[32][32]; en este caso:
las notas, el índice de personajes[33][33]
e incluso la hermosa dedicatoria inicial. En cuanto a las notas, hay que decir
que, aunque encontramos ejemplos de ellas en la narrativa contemporánea[34][34]-, en ningún
caso alcanzan la dimensión y la importancia de las de Escuela de Mandarines. En
este sentido, ha declarado Espinosa: "las notas son como "otro
libro", superpuesto al
texto original"[35][35]. Y, en efecto,
se trata de una modalidad de discurso que dobla, de algún modo, el discurso
narrativo central y que explica y comenta ciertas particularidades del mismo.
En ellas, por ejemplo, se aclaran y definen expresiones, conceptos,
denominaciones que aparecen en el texto principal; se informa sobre nombres,
personajes, instituciones, acontecimientos y obras; se da cuenta de leyes,
doctrinas, teorías y reflexiones, tanto ortodoxas como heterodoxas; se aportan
citas y resúmenes de libros y se amplían datos sobre personajes, fechas,
cifras, etc., relacionados con la Historia y Cultura de la Feliz Gobernación;
y, por último, se remite a otras notas o pasajes de la obra. Tales notas
cumplen, por otra parte, importantes funciones en el texto, entre las cuales
cabe destacar, además de una clara función distanciadora y de una posible
función paródica, las que el propio Espinosa ha señalado en alguna ocasión:
a) Cerrar, por así decirlo, el texto
principal, para que se convierta en una realidad referida a sí misma y con sus
propias claves.
b) Dar a la obra toda el sentido de la
historia de una Cultura y ofrecer al lector la sensación de que se está
novelando precisamente una Cultura toda y acostumbrarlo a estar allí sin otras
referencias que las ofrecidas por los elementos de tal Cultura.
d) Pormenorizar de manera que la verosimilitud
surja como seducción que conquista al lector. (...) La literatura es
descripción de lo particular, no de lo general; y precisamente por medio de las
notas, Escuela de Mandarines acrece lo particular[36][36].
II. 2. Por lo que se refiere a la estructura,
hay que decir que su complejidad viene dada precisamente por el enorme relieve
alcanzado por el cuerpo de las notas. De hecho, como hemos visto, el texto
principal y las notas constituyen algo así como dos libros superpuestos y complementarios que forman un todo cerrado y
autónomo. El "Índice de personajes", con sus múltiples referencias
íntimas, contribuye también a reforzar esta idea. Por su parte, el texto
llamado principal consta de una "Introducción" y un "Epílogo",
que constituyen el marco -con su principio delimitador y su final abierto- en
el que va a insertarse el extensísimo relato del Eremita. Este relato está
dividido, a su vez, en setenta y dos capítulos, que, por un lado, dan cuenta de
la dilatada peripecia o viaje del Eremita desde su inicial estado de Naturaleza
hasta alcanzar la Metrópoli de la Feliz Gobernación y, por otro, constituyen un
nuevo marco donde se insertan nuevas historias, poemas, discursos y piezas
teatrales.
En cierto modo, el libro combina, pues, la
estructura "de viaje" o de episodios "ensartados"[37][37], cuyo hilo
conductor es el Eremita, con la estructura "de cajas chinas" o de
relatos interpelados dentro de otros relatos. Todo ello completado con las
notas, que, como ya se ha dicho, consiguen doblar y cerrar el texto principal
sobre sí mismo. No obstante, hay que señalar que el relato principal queda, de
alguna forma, inconcluso o abierto, dado que se interrumpe justo en el momento
en que el Eremita, una vez alcanzada la Metrópoli y después de retar a la
Enigma -que lo considera el más verdadero, inocente, puro y sabio de los
hombres-, está a punto de ser juzgado y, por tanto, de enfrentarse directamente
con la Feliz Gobernación.
De ahí que, para terminar, podamos aplicar a
Escuela de Mandarines estas palabras que Robert Musil escribe en otra de las
grandes obras inclasificables de este siglo, El hombre sin atributos: "La
historia encerrada en esta novela consiste en el hecho de que la historia que
en ella debió ser narrada no ha sido narrada".
[1]NOTAS
[1][1]
Declaraciones de Miguel
Espinosa a Juan L. Precioso en
"Miguel Espinosa, entre la lucidez y la herejía", Postdata, Murcia,
nº 4, mayo-junio 1987, p. 52, col. 3ª; esta entrevista apareció publicada por
primera vez en El Rotativo Cultural, Murcia, Año 1, nº 1, febrero de 1981, pp.
6-7.
[2][2] Ibídem
[3][3] Asklepios, el último griego, Editora Regional de
Murcia, Murcia, 1985 (escrito entre 1960 y 1962).
[4][4] M.
ZAMBRANO, La Confesión: Género Literario. Mondadori, Madrid, 1988 (la edic.,
1943)
[5][5] M. ESPINOSA, "La Filosofía Política Mandarinesca", Boletín Informativo del Seminario de Derecho Político, Universidad de Salamanca, mayo--octubre 1956, p. 123. Años después, Elías Díaz llamará la atención sobre este ensayo, "en el cual -según él- con estilo aforístico-neotacitista se expresa una mentalidad crítico-política; el resultado, es así un espléndido ejemplo de filosofía "críptica" y "utópica" en la España de esos años" (Elías Díaz, Pensamiento Español, 1939-1945, Cuadernos para el Diálogo, Madrid, 1982, p. 145, n. 19).
[6][6] Ibídem, p. 124-125.
[7][7] Ibídem, p. 124 (n. 1).
[8][8] M. ESPINOSA, Escuela de Mandarines, Los Libros de la
Frontera, Barcelona, 1984. Todas las citas, referencias y números de página
remiten a esta edición.
[9][9] M. ESPINOSA, "La Reflexión Política
Configuradora", Revista de Estudios Políticos, Madrid, nº 121,
enero-febrero 1962, pp. 99-126.
[10][10] Ibídem, p. 101
[11][11] Ibídem. p.114
[12][12]
Ibídem, pp. 115-116
[13][13]
Ibídem, p. 116.
[14][14] En Alfonso MARTINEZ-MENA, "Conversación con
Miguel Espinosa", Pueblo, 12-III-1975.
[15][15] Declaraciones de Miguel Espinosa recogidas en un
breve trabajo inédito presentado por Pedro Segado en la Universidad de Murcia
bajo el título de "Crítica aproximada del libro Escuela de Mandarines, de
Miguel Espinosa". Por los comentarios del propio autor en él contenidos,
se trata, sin duda, de un excelente documento para saber cómo entendía y
concebía su obra M. Espinosa.
[16][16] Ibídem.
[17][17] Recordemos que como 'libro de libros" define
Francisco Ayala El Quijote.
[18][18] Declaraciones de Espinosa recogidas en el trabajo
citado en la nota 15.
[19][19] Según FERRATER MORA: "El vocablo 'enciclopedia'
(...) significa "ciclo educativo", es decir, sistema completo de
educación que abarca todas las disciplinas y los fundamentos de éstas" (J.
Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía, 4 tomos, Alianza Editorial, Madrid,
1979, p. 925).
[20][20] Cfr. José LOPEZ MARTÍ, "Ser es invocarse",
en Emilio Saura, El Logos y sus energías, Editora Regional de Murcia, Murcia,
1986, p. 12.
[21][21] Antonio-PROMETEO MOYA, "El drama de una
inteligencia fallida", La Vanguardia, 21-VI, 1984. En este articulo se
dice, entre otras cosas: "Escuela de Mandarines es un monumento inhumano,
una Torre de Babel sobre cimientos en que el logocentrismo ha desplazado al
antropocentrismo (...). [Esta presunta novela] es de una pobreza visual
incomprensiblemente espeluznante", Y concluye: "Las novelas de
Espinosa pueden abordarse desde otras perspectivas (como "bella
promesa", como "experimento en ciernes"). Pero concebida Escuela
de Mandarines como una "sátira política" bajo especie de novela,
funciona mal".
[22][22] Sobre está irónica relación entre Universidad y
Universo puede leerse en uno de los últimos escritos de Miguel Espinosa:
"Considera el hombre [Juan Eugenio] que la calle de Trapería representa lo
provinciano, y su despacho lo universal, y no se equivoca, pues no en vano el
despacho de Juan Eugenio se halla en la Universidad y está financiado por la
universalidad de los ciudadanos" ("Juan Eugenio", Nuevas Letras,
nº 8, 1988, p. 12, col. 23).
[23][23] y ello se aprecia bien si lo comparamos con
otros libros; por ejemplo, con una de
las grandes obras clásicas y universales de la literatura china del
siglo XVIII, conocida en España como Los Mandarines, de Wu Jingzi (1701-1754),
cuyo título original es Historia no Oficial del Bosque de los Letrados.
Considerada como "la primera novela importante de sátira social en
China", carece del alcance y de la dimensión mítico-alegórica de Escuela
de Mandarines, obra con la que presenta algunas curiosas, aunque superficiales,
coincidencias. Existe edición reciente en español: Wu Jingzi, Los Mandarines
(Historia del Bosque de los Letrados), traducción directa del chino de Laureano
Ramírez, Seix Barral, Barcelona, 1991.
[24][24] Puede decirse, en todo caso, que, como ocurre
también en La Divina Comedia, al tiempo que expone los conflictos políticos de
su época, nos presenta, de forma
alegórica, su visión teológica y filosófica del mundo.
[25][25] Para el análisis de estos importantes aspectos,
tengo muy en cuenta lo expuesto por Milagros Ezquerro en el capítulo
"Elementos teóricos para el análisis de la narrativa", en M.
Ezquerro, E. Golluscio de Montoya y M. Ramond, Manuel d'analyse textuelle.
Textes espagnols et hispanoamericains, Presses Universitaires du Mirail,
Université de Toulousse-Le Moail, Toulousse, 1992, pp. 9-27.
[26][26] En efecto, al final del libro leemos: "-Hace
milenios que ya dicté estas y otras cosas a Miguel Espinosa, el Juglar de
Azenaia -aclaró la Vejez. / -Pues las buscaremos, las contrastaremos y las
publicaremos con su nombre de autor, para que aparezca unido al tuyo y al de
Mercedes. Así, mientras haya belleza, existamos o no existamos, los hombres
podrán aprender y solazarse con la Escuela de Mandarines que tú viviste y él
escribió -contestó el Gran Padre" (p. 714).
[27][27] José LOPEZ MARTÍ, "El nombre propio del
Eremita", La Opinión, Murcia, 1990, "Gaceta Cultural", p. 26/II,
col. 1ª.
[28][28] Cfr. Yuri M. Lotman, Estructura del texto artístico,
Istmo, Madrid, 1988, pp. 320 y 55.
[29][29] Ibídem, p. 324.
[30][30] J. LOPEZ MARTÍ, "El nombre propio del Eremita", art. cit., p. 26/II, col. 3ª.
[31][31] Miguel ESPINOSA, Tríbada, op. cit., p. 382.
[32][32] M. EZQUERRO, "Elementos teóricos...", en
Manuel d'analyse textuelle, op. cit., p. 20
[33][33] Sobre el "Índice de personajes", véase
Carmen Escudero Martínez, La literatura analítica de Miguel Espinosa. (Una
aproximación a Escuela de Mandarines), Consejería de Cultura, Educación y
Turismo de Murcia, Murcia, 1989, pp. 28-37.
[34][34] Son
célebres los casos de Yo el Supremo, de Augusto Roa Bastos, publicada
curiosamente en 1974, el mismo año que Escuela de Mandarines, y El beso de la
mujer araña (1976), de Manuel Puig. Sobre la función de las notas en la primera
de estas novelas, véase la Introducción de Milagros Ezquerro a su edición de Yo
el Supremo (Cátedra, Madrid, 1983, pp. 55-56).
[35][35] Declaraciones de Espinosa recogidas en el trabajo
citado en la nota 15.
[36][36] Ibídem
[37][37] La deuda originaria, en este aspecto, con El Quijote es clara y ya ha sido apuntada alguna vez (véase, por ejemplo, Ramón Jiménez Madrid, Novelistas murcianos actuales, Academia Alfonso X el Sabio, Murcia, 1982, pp. 129-146).
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