LOS
LABERINTOS LITERARIOS DE MIGUEL ESPINOSA
Carmen Escudero Martínez
Publicado en Miguel Espinosa: Congreso, Murcia, Editora Regional de Murcia-V Centenario. Comisión Autónoma, 1994, págs. 361-368
Tratar
de explicar por qué se construye un laberinto es algo realmente espinoso, ya
que se trata de una edificación al margen de la lógica y aparentemente
caprichosa. Resulta razonable y práctico construir casas, templos, edificios
funerarios, etc., pero ¿por qué se construye un laberinto? Según Herodoto,
existió uno inmenso y totalmente inextricable en Egipto, en la ciudad de los
Cocodrilos, que constaba de doce patios cubierto y tres mil habitaciones, la
mitad subterráneas. A imitación de éste parece que construyó Dédalo el
laberinto de Creta, del que sabemos un poco más, por ejemplo que se levantó
para que sirviese de encierro al Minotauro.
Ovidio,
en el Libro VIII de Las Metamorfosi[1]s
habla de este laberinto (vv. 152-168) definiéndolo como mansión enorme que
carecía de salida ("multiplicique domo caecisque includere tectis",
v.158) y, al aludir a la labor del arquitecto Dédalo, destaca el hecho de que
su construcción induciría a error por las vueltas de sus interminables
pasadizos ("turbatque notas et lumina flexu/ ducit in errorem variarum
embage viarum", vv.160-1)
Este
edificio enorme, lleno de pasadizos y revuelto que, por su complicación, hacían
imposible la salida, se levantó según nos explica la leyenda mitológica , por
orden Minos para encerrar al Minotauro. Pero no parece lógico que para apartar
a un ser haya que levantar un edificio tan amplio, ni tampoco dotarlo de
pasillos, revueltas y trampas, basta con que tenga una buena puerta.
Hay
por lo tanto otras razones para construir con tanta amplitud y complicación,
porque la primera sobra al tratarse del encierro de una persona y la segunda
también con el simple refuerzo de las salidas, por eso en el Renacimiento, época
fundamentalmente racional, se busca el motivo real de una tal fabulación y se
llega a la conclusión de que el laberinto era el símbolo de la complicada vida
del hombre. Así Natale Conti, en su Mitología, dice:
"Por
aquel laberinto no quisieron poner de relieve ninguna otra cosa sino que la vida
de los hombres es embrollada y está complicada con muchas dificultades"[2].
La
interpretación es satisfactoria, pero los mitos no pueden reducirse a un sólo
significado razonable porque son creaciones literarias, por ello podemos
continuar analizando sus elementos v tratar de ampliar y precisar.
La
idea de cárcel o lugar de encierro surge porque se nos dice que Minos construyó
el laberinto para apartar al Minotauro, pero esa posibilidad se diluye cuando
sabemos que Teseo quebrantará esa cárcel con el ingenio, luego el laberinto es
infranqueable e insalvable sólo para aquellos que, como el Minotauro, no
utilizan la lógica[3].
Y desde luego para quienes constituyen el tributo que se paga a un ser de tales
caracteristicas[4].
El
laberinto no es, por lo tanto, cárcel, sus dimensiones y el hecho de que se
pueda superar sólo mediante el ingenio, sin el concurso de la fuerza, así lo
prueban. Es, eso sí, un lugar marginal donde habita la animalización y la
ausencia de lógica. Minos lo concibe en efecto para apartar de sí la
bestialidad[5]
y con unas características de irracionalidad y capricho que lo hagan adecuarse
a su principal morador, un monstruo carente de juicio que no se guía por la lógica,
sino por la fuerza y por impulsos animales generados en su cabeza de toro. Por
todo lo cual en el laberinto podemos ver el espacio clausurado en el que imperan
formas alejadas de la lógica.
Esta
última creo que debió ser la concepción del laberinto de Miguel Espinosa (tan
minuciosos buceador del mundo clásico) cuando en su novela Escuela de
Mandarines califica así a la por él denominada Feliz Gobernación. Tal
calificación está en boca del tercero de los Demiurgos del Eremita en el
momento en que éste va a iniciar su largo viaje recorriendo tales lugares. El
texto exacto dice:
"Para
guiarte por este laberinto, te aguardé a la entrada del Hecho. Ni el
Enclenque ni el Homínido servían para tal cometido, pues son naturalezas
sensibles y melancólicas, más aptas para habitar la Concordia que la Sociedad,
donde me encuentro enfangado hasta la raíz del pelo. No olvides que soy fautor
de malversaciones"[6]
Según
estas palabras, si la Feliz Gobernación es un laberinto no lo es sólo por sus
características físicas, sino fundamentalmente por sus modos de vida que se
definen como alejados de la concordia y asentados en la injusticia. Se trata
pues de un laberinto moral que se extiende a toda una sociedad.
Si
aplicamos a la Feliz Gobernación la interpretación que hemos dado al mito clásico
del laberinto, como un espacio al margen de la justicia y la lógica
representadas por Minos, y al que se acogen seres que proceden por impulsos
degradados e ilógicos (representados por el Minotauro), veremos que tal versión
se acomoda perfectamente a lo que Espinosa trata de presentarnos en Escuela
de Mandarines, pues la Feliz Gobernación se encuentra separada de la
naturaleza donde vive el Eremita constituyendo una realidad hostil a ella[7].
No
sabemos qué tipo de fronteras separan lo natural de la Feliz Gobernación, pero
sí que ambos espacios se oponen y que los personajes que las franquean notan el
cambio de manera inmediata, ya positivamente, en el caso del Padre Mandarín del
que se nos dice en la introducción que decidió pasar a "la más alta región
del mundo, no hollada por la Gobernación" y que conforme avanzaba
"experimentaba la simpatía de la Concordia o Callado Entusiasmo de la
naturaleza" (p. 66), o negativamente en el caso contrario, el del Eremita
que debe abandonar el mundo natural para dirigirse a la Feliz Gobernación.
La
Feliz Gobernación es por lo tanto un espacio clausurado por unos límites
imprecisos, pero no por ello menos efectivos, que actúan incluso sobre el
comportamiento de los personajes. Hay que destacar, además, el hecho de que el
autor la sitúe en una sima con respecto al nivel ocupado por la Naturaleza,
realizando con ello también una valoración simbólica espacial.
Pero
no sólo la oposición al mundo de lo natural y el hecho de su cerrazón
emparentan esta mítica región de Espinosa con el laberinto clásico. También,
como aquél, es un lugar erizado de peligros por el que no se puede transitar
libremente. Por la conclusión del libro sabemos que el Eremita es el nuevo
Teseo de este laberinto, pues logra salir de él (aunque ignoramos el modo),
pero para llegar hasta su destino necesitará de la ayuda de dos soldados que le
custodiarán a lo largo de su camino. Custodia con la que aparece una de las
primeras paradojas del libro, ya que el Demiurgo asegura que es el único
sistema posible de llegar a la Ciudad para alguien como el Eremita y, ante la
extrañeza de éste que pregunta qué
complicaciones son esas, responderá: "Las complicaciones y paradojas de la
tiranía" (p. 105). Con lo que la Feliz Gobernación aparece con toda
claridad caracterizada como el laberinto del poder.
Efectivamente,
igual que el laberinto clásico se configura como algo aparte de la lógica y la
equidad representadas por Minos, y cuyo emblema es la cabeza de toro de Asterión,
símbolo de fuerza y poder, la Feliz Gobernación concebida por Espinosa es
también la ubicación de un poder ciego y tiránico[8], siendo precisamente su
principal característica su lucha contra todo lo que represente inteligencia,
porque sus adictos afirman que "la Inteligencia nada engendra, sino rebeldías,
pero la necesidad enmucetada y condecorada produce colaboracionistas" (p.
304). La lógica es perseguida en este mundo del poder tiránico que se opone a
todo lo que suponga pensamiento, llegando incluso a declararlo expresamente y a
predicarlo, como encontramos en más de un momento[9].
El
Eremita penetra en este laberinto con una misión concreta, la de hacer oír una
voz enraizada en la naturaleza que defienda los valores superiores de la
inteligencia y la humanidad, oponiéndose con ello al orden artificial de la
Feliz Gobernación, aunque sólo sea con la timidez del sonrojo y manifestando
vergüenza ante el ejercicio de la tiranía, cosa de que son incapaces los que
viven en ella y que por eso se denominan Caras Pochas.
La
Feliz Gobernación, el laberinto creado por Espinosa, se asemeja al mítico de
Creta en muchos sentidos que ya he señalado, por su clausura, por estar erizado
de peligros, por ser la sede de la fuerza ciega y la irracionalidad, por contar
con un nuevo Teseo... Pero tiene también una serie de notas novedosas y una de
ellas es precisamente el juego que plantea entre el ser y el perecer porque en
él se dan la irracionalidad pero con apariencia de orden y de humanidad, de
buenas palabras y maneras. En la Feliz Gobernación hay grupos religiosos que
pretenden llevar a cabo una misión espiritual, y también, y sobre todo, están
los mandarines que son aparentemente los sustentadores de la sabiduría. La misión
del Eremita consiste pues en poner de manifiesto lo huero de esa apariencia y
declarar su falta de legitimidad, en sonrojarse ante la injusticia, señalar las
múltiples situaciones de mundo al revés, dar testimonio en suma de la razón y
luchar contra los simulacros que la utilizan de fachada para encubrir estados de
injusticia y abusos de poder impunemente.
La
Feliz Gobernación no tiene como emblema una cabeza de toro que señale
sin posibilidad de error la índole de un sistema de vida, al contrario, se
rodea de libros para dar una apariencia muy distinta, incluso tiene como emblema
una Escritura o Libro de los Mandarines, sólo que, como el narrador señala
intencionadamente en el tercer párrafo de su introducción, todos esos libros sólo
son catálogos, relaciones, guías y "por ninguna parte surgía una
doctrina, un artista, ni un talento; el pensamiento se hallaba extrañado, y la
belleza, olvidada" (p. 63).
La
misión del Eremita es por ello doblemente dificultosa, pues tiene que poner de
relieve la impostura que subyace en ese mundo, impostura total puesto que se
empieza denominando Feliz Gobernación
a un régimen tiránico; por ello, el Teseo de Espinosa debe realizar un viaje
demorado por ese espacio, señalando con toda intención el contraste existente
entre apariencia y realidad.
Es
así cómo el laberinto de Espinosa acoge una nota más del mítico laberinto de
Creta, al que Virgilio se refiere en el Canto VI de la Eneida denominándolo
la morada del interminable errar por sus trampas y sus innumerables engaños. El
Eremita inicia por la Feliz Gobernación
un largo periplo que el autor nos relata en más de setecientas páginas. Es el
suyo un viaje simbólico doblemente significativo por realizarse dentro de un
laberinto, donde el avance no siempre va acompañado por el progreso.
Poco
a poco, pese a la disparidad de fuerzas y la manifiesta debilidad comparativa
del Eremita, éste va mostrando con lo que oye y lo que contempla,
escrupulosamente transmitido, lo ilógico de la Feliz
Gobernación, su gratuidad, sus equivocaciones... Lo demorado de su andadura
muestra dos cosas simultáneamente: la impostura general de ese gobierno y el método
minucioso del elegido para luchar contra el laberinto y sus moradores. El
Eremita no se contenta con procedimientos sumarios, sino que su demostración
quiere ser suficiente, lo que lo presenta no sólo como un apasionado sino,
sobre todo, como un hombre cerebral, réplica adecuada de la habilidad del Teseo
clásico.
La
exhaustividad del Eremita genera, además del interminable errar virgiliano,
también un interminable escribir. Parece que Miguel Espinosa quisiera presentar
su laberinto con una escritura también laberíntica. Podemos ejemplificar con
los dos primeros relatos, casi idénticos, que se incluyen en Escuela de
Mandarines, la "Historia de los nudistas" y la "Historia de
los buenos padres", relatos en los que dos colectivos piden algo a un
mandarín obteniendo una respuesta similar en la que el interpelado comienza
poniendo de relieve su sabiduría y sus dotes, para finalizar desentendiéndose
de la petición que parece incluso haberle ofendido por su nimiedad (en el
primer relato los nudistas han pedido bolsillos, símbolo de la posesión a todo
lo largo del libro, en el segundo se pide trigo: no son pues pequeñeces, sino
cosas concretas a las que el personaje no se digan descender). Las respuestas
del mandarín acogen en ambos casos un desplazamiento que ignora el problema que
se le plantea, fingiendo que no es digno de su atención; su supuesta sabiduría
se coloca, por lo tanto, de espaldas a la realidad.
Uno
solo de estos relatos nos habría alertado sobre el especial comportamiento de
un mandarín. ¿Para qué, pues, insistir con otro ejemplo? Al margen de que la
reiteración es un arma sumamente valiosa en el mundo literario, con estos
primeros relatos de Escuela de Mandarines se inicia un curioso recorrido
por caminos que se repiten casi exactamente para llegar a un final idéntico.
Con esta estructura reiterante el autor nos lleva ante un laberinto expresivo
con caminos que deben recorrerse más de una vez.
Con
el mismo prurito de exhaustividad, aunque siguiendo un sistema distinto,
encontramos también con frecuencia que la expresión de la novela se dilata de
una forma insólita, ofreciendo listados de sinónimos y otras enumeraciones en
torno a aquello que se esté analizando: un personaje, una casta, una situación,
etc. El autor ofrece esto rompiendo incluso con el aspecto tipográfico del
texto y colocando cada término debajo de otro como si de un poema se tratara,
sin duda con el fin de dotar al conjunto de mayor relieve. Con ello parece que
cada nueva expresión es un intento por su parte de alcanzar la definición más
adecuada, constituyéndose así cada aporte en una nueva elección de camino
para la consecución de la exactitud. Cualquier ejemplo escogido al azar nos
sirve para ilustrar lo dicho, así el episodio en el que Molicio habla de un
determinado libro y de sus seguidores:
"Considerando
en sí mismo, el "Nexo de Elegidos" parece en verdad un torpe
engendro; pero, juzgado por sus fines, vale como obra que descubrió la manera
de fanatizar majaderos, lo cual resulta un hallazgo realmente importante. El
libro trata, en efecto, de tentar la codicia, la megalomanía, la vanidad, el
orgullo, las livianas cuentas y otras pasiones, atrayendo hacia el Clan los
tontos y malvados, que en estos momentos pasamos de quinientos mil, todos
ampliamente
reflexionados,
solapados,
eminenciados,
enmucetados,
escriturados,
editados,
viajados,
mundanalizados,
sacralizados,
sonrisados,
confortados,
asegurados,
futurizados
y
estipendiados" (Pp. 382-3)
La
duplicación y la insistencia caracterizan la expresión de esta novela que a
veces parece no poder desprenderse de un tema para proseguir su normal andadura,
insistiendo como hipnotizada en torno a un punto. Con ello el relato crece, pero
no progresa, reproduciendo así el tránsito por un laberinto.
De
esa forma en Escuela de Mandarines la temática del laberinto se
encuentra adecuadamente expresada con la utilización de sistemas redundantes
a distintos niveles, que conducen a los lectores demoradamente a través de
las trampas insidiosas del laberinto de la Feliz Gobernación similares, por
otra parte, a las de cualquier otra laberíntica sociedad moderna.
[2]
NATALE CONTI, Mitología (traducción española de R. Iglesias
y C. Alvarez), Universidad de Murcia, 1988, pág. 527.
[3]
Recordemos que Asterión tenía
cuerpo de hombre, pero que su cabeza era de toro, lo que alude con
toda claridad a su animalizacón y a la degradación de sus facultades
mentales y su sustitución por la fuerza entre otras cosas.
[4]
Un grupo de jóvenes atenienses era
entregado como tributo al Minotauro; se les hacía acceder al laberinto del
cual no conseguían salir. Únicarnente lo hará Teseo con la ayuda de
Ariadna.
[5]
El rey de Creta es uno de los jueces del infierno, o sea que representa la lógica
y la humanidad.
[6]
Miguel ESPINOSA. Escuela de Mandarines, edición
especial de la Caja de Ahorros Provincial de Murcia, 1983, p. 105.
[7]
"Después que dejé al niño, no pude seguir habitando la Naturaleza,
... .decidí apartarme de la familia, abandonar mis tierras y bajar en busca
de la Feliz Gobernación..." (p. 86)
[8]
He tratado más extensamente del tema y sus implicaciones en el capítulo
VII de mi libro La literatura analítica de Miguel Espinosa (una
aproximación a "Escuela de Mandarines"), Consejería de
Cultura, Educación y Turismo, Murcia, 1990.
[9]
"¡Huid del pensamiento! ¡Rechazad el juicio y su lógica,
origen de toda subversión!" (p. 239)