El cielo es azul por el Prof. Dr. D. José García de la Torre, académico numerario

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 14 de octubre de 2017

Cosa bonita: mirar al cielo y notar cuán azul lo vemos en días despejados. Entre las cosas de Química Física que enseño, hay una explicación, que dio Lord Rayleigh hace más de cien años. La luz, blanca, del sol, es una mezcolanza de todos los colores del arco iris, que se corresponden a las longitudes de onda a las que la retina es sensible, del rojo al azul/violeta, además de algunas otras que no vemos, infra y ultra. Recuerdo nítidamente lo que me explicaban mis profesores de bachillerato, aludiendo a como el prisma descompone los colores de la luz blanca, o cómo la atmósfera lo hace en el arco iris tras la lluvia.

Pero, con tiempo seco y cielo despejado, la atmósfera le juega a la luz del sol otra jugarreta. Aparte de los diferentes índices de refracción de las distintas longitudes de onda, que las separan, hay otro efecto, que me explicaron poco después en la universidad. Y es que la atmósfera no está tan vacía como parece, sino que contiene moléculas del aire, partículas en suspensión, que reciben la luz directa del sol y la dispersan, desviándola en todas las direcciones, hacia nuestros ojos.  Pero, ¡ojo!, no todas las longitudes de onda, no todos los colores son desviados por igual. Lo hacen muchísimo más intensamente con los colores de la zona del azul, y muchísimo menos con los próximos al rojo. Mirando al cielo, pero no directamente al sol, la luz que nos llega no viene directamente del sol, sino que es la luz dispersada por las moléculas y partículas de la atmósfera. Y, por lo antedicho éstas dispersan mucho más intensamente la componente azul de la luz, y es éste el color que percibimos.

Explicar el azul del cielo no es cosa para la que haya que recurrir a fenómenos sofisticados, de los que no estuviera informado un probo estudiante de Química hace cincuenta años. Y cuando explico el color del cielo a mis alumnos, me parece notar un espectro de impresiones: desde la sonrojante ignorancia acerca de lo que se está describiendo, a la casi ultravioleta suposición, no expresada, de que el profesor es un cuentista. No le parecería así a Lord Rayleigh. Y eso que quien primero se fijó en esa potencialidad de las minipartículas fue un tal Dr. Tyndall, un observador experimentalista. Claro, que para averiguar que esa capacidad de dispersar la luz era tan especialmente intensa para la componente azul, tuvo que aparecer un teórico, un sabio:  John W. Strutt (Lord) Rayleigh.  Y como académico que era, comunicó a la Real Academia de Ciencias del Reino Unido (Royal Society), en una famosa sesión académica, porqué el cielo es azul.  Un Lord de la Corona británica dedicado a la ciencia, y demostrando como ésta explica cosas cotidianas.

La Tabla Periódica: hacia un merecido reconocimiento por el Prof. Dr. D. Alberto Tárraga Tomás, académico numerario

Columna de la Academia, publicada en el Diario La Verdad el 7 de octubre de 2017

A instancias de la Federación Rusa, el Comité Ejecutivo de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC), organización científica que a nivel mundial se encarga de establecer normas para la denominación de compuestos químicos -orgánicos e inorgánicos-, así como protocolos para la estandarización en determinaciones de ensayos analíticos y clínicos y de la publicación de datos de gran valor para los científicos, va a proponer, ante la 202 sesión de la Asamblea General de la Unesco, a celebrar en este mes de octubre en París, la proclamación por Naciones Unidas del año 2019 como Año Internacional de la Tabla Periódica de los Elementos, haciéndolo coincidir con el 150 aniversario de la publicación, en 1869, de la primera tabla periódica realizada por el químico ruso Dimitry I. Mendeleiev – reconocido como uno de los padres de la química moderna– y basándose en el hecho de que ésta constituye uno de los logros más significativos de la química y una herramienta única para predecir la aparición y propiedades de nuevos elementos sobre la tierra o en el resto del Universo.

Según consta en la propuesta remitida por este Comité, esta iniciativa supondría el reconocimiento del importante papel que esta ordenación de los elementos químicos ha jugado en el avance de la ciencia y la tecnología, en general, así como en la comprensión y sistematización de la Química, en particular, y que han resultado de importancia crucial para el desarrollo de la humanidad.

Este evento permitiría, además, conmemorar el primer centenario de la IUPAC, fundada en 1919, y contribuir así a mejorar la valoración social de la Química.

Así mismo, esta proclamación permitiría rendir homenaje a la estrecha cooperación científica internacional orientada al descubrimiento de nuevos elementos, como es el caso de los cuatro elementos Nihonio (Nh), Moscovio (Mc), Téneso (Ts) y Oganesón (Og), de vida muy breve y una alta radiactividad, admitidos por la IUPAC en 2016, con los que ha quedado completado el séptimo periodo de esta Tabla, tras la incorporación en 2011, del Flerovio (Fl) y Livermorio (Lv).

En este contexto, resulta importante subrayar que el pasado mes de junio la Facultad de Química (Universidad de Murcia), a instancias de su decano, Prof. P. Lozano, incorporó a su fachada los 118 elementos, identificados por sus símbolos, número atómico y masa atómica, que constituye un reconocimiento permanente a esta Tabla y que ha resultado ser la mayor de todas las construidas en el mundo.

El Mar Menor: 20 afirmaciones científicas y una petición desesperada por el Prof. Dr. D. Ángel Pérez Ruzafa, académico numerario

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 30 de septiembre de 2017

  1. Las lagunas costeras son ambientes altamente productivos por los gradientes físico-químicos que contienen; 2. Debido a los intensos flujos de energía, deberían ser simples, dominados por especies oportunistas y similares a sistemas contaminados; 3. Sin embargo, el Mar Menor es altamente complejo, heterogéneo y con una elevada biodiversidad, lo que le confiere la capacidad de autorregularse y defenderse de las presiones antrópicas; 4. La heterogeneidad hidrológica y de sustratos contribuyen a mantener dicha biodiversidad y mecanismos homeostáticos; 5. Su funcionamiento y capacidad homeostática dependen de la conexión restringida con el Mediterráneo; 6. El dragado del canal del Estacio indujo importantes cambios hidrológicos e hidrodinámicos; 7. induciendo, a su vez, la colonización de nuevas especies como la expansión del alga Caulerpa prolifera; 8. Caulerpa aporta materia orgánica, produce enfangamiento y reduce el contenido en oxígeno del sedimento; 9. El aporte de materia orgánica y partículas finas propiciadas por Caulerpa limitan el desarrollo de Cymodocea nodosa; 10. La expansión de Caulerpa contribuyó a la caída drástica de la pesca del mújol; 11. El aumento de la turbidez en zonas someras favorece a Caulerpa; 12. Los dragados y vertidos de arena producen enfangamiento, aumento de la materia orgánica y pérdida de calidad en las playas; 13. La sustitución de Cymodocea por Caulerpa altera el poblamiento de peces y reduce la diversidad; 14. En el Mar Menor, los espigones afectan al hidrodinamismo y las corrientes litorales, no impiden la erosión de la playa, favorecen la retención de algas, enfangamiento y el aumento de materia orgánica, perjudican el desarrollo de las comunidades esciáfilas en los balnearios y reducen la calidad de aguas; 15. Los balnearios tradicionales albergaban una elevada biodiversidad, con una comunidad de especies filtradoras que mantienen la calidad de aguas; 16. El Mar Menor ha perdido su estado oligotrófico y está inmerso en un proceso intenso de eutrofización; 17. La rambla del Albujón ha sido una fuente de nutrientes, agua dulce y contaminantes, amenazando con romper la integridad y complejidad del Mar Menor de forma irreversible; 18. Las medusas no eran el problema, sino un síntoma y la respuesta homeostática del sistema para mantener su integridad; 19. La ciencia no es una varita mágica que elimina los problemas, simplemente aplica el método científico para responder a preguntas con unos márgenes de confianza; 20. Puedo escribir los versos más tristes esta noche/ Escribir, por ejemplo: “El Mar Menor agoniza,/ y pululan, inquietos, los especuladores, a lo lejos”. Petición desesperada: Solo podremos resolver la situación extrema a la que hemos llevado al Mar Menor y evitar su deterioro irreversible tomando conciencia del problema y coordinando a todas las administraciones y usuarios implicados para buscar las soluciones, utilizando el conocimiento como base para la toma de decisiones.

 

A vueltas con el ranking de Shanghai por el Prof. Dr. D. Juan Carmelo Gómez Fernández, académico numerario

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 23 de septiembre de 2017

Un año más, cuando recientemente se publicaron los resultados de este famoso ranking, tenemos la misma confusión en las interpretaciones. En realidad, lo que se mide aquí es la excelencia investigadora: premios Nobel que pertenecen a una universidad o han estudiado en ella y publicaciones de gran excelencia. No se valora la calidad de la enseñanza ni la adecuación a las necesidades de las empresas. Pero ¿por qué las universidades españolas tienen malos resultados? Señalaré dos factores principales.

El primero depende del Ministerio de Educación que considera a los profesores españoles casi únicamente como enseñantes y muy poco como investigadores. Por ello han de dedicar una gran parte de su tiempo a las clases y a la inmensa burocracia que la ANECA y otras plagas bíblicas han descargado sobre la Universidad española. Además, los profesores españoles carecen de personal auxiliar destinado a la investigación. El resultado es que el profesor universitario tenga muy difícil el centrarse en la investigación que es lo que se valora en el ranking en cuestión.

El segundo depende del MINECO que es quien ha de invertir en la investigación. Este Ministerio destina escasos fondos a la investigación por la poca fe del Gobierno en que la investigación tenga utilidad (sobre todo la básica). Además, el sistema posterga especialmente a las universidades, entre varias otras cosas porque hace competir a los docentes universitarios, con limitada dedicación a la investigación, con personal de organismos dedicados a la investigación en exclusiva como el CSIC o el CNIO. El resultado es que hoy en día haya una mayoría de profesores universitarios que no tienen fondos con qué investigar. Pocos investigadores aspirantes a tener grandes resultados publicables en las revistas de excelencia (que es lo valorado en el famoso ranking) van a querer estar en una universidad española en estas condiciones.

Por supuesto que hay otros responsables subsidiarios de esta situación, como son las comunidades autónomas, aunque algunas como el País Vasco o Cataluña sí que ayudan más a la investigación. Por último, tampoco todas las universidades tienen claro qué hacer a este respecto y algunas tienen más implicación que otras con la investigación, pero el resultado general está a la vista: ninguna universidad española está entre las 200 primeras. Ni lo estará, me temo, en esta generación. ¿Pero, realmente, los responsables que aquí señalamos quieren cambiar esta situación?

Bernhard Riemann por el Prof. Dr. D. Angel Ferrández Izquierdo, académico numerario

Columna de la Academia publicada en el diario La Verdad el 16 de septiembre de 2017

Georg Friedrich Bernhard Riemann nació el 17 de septiembre de 1826 en Breselenz, un pequeño pueblo en el reino de Hanover. El segundo de seis hijos, muy pronto mostró un enorme talento para el cálculo. Muy apegado a su familia y de salud delicada, siempre se mostró tímido y melancólico, con dificultad para las relaciones sociales.

Con diecinueve años ingresó en la Universidad de Göttingen donde, por influencia de su padre, pastor luterano, se matriculó en Filología y Teología. Tuvo tiempo para asistir a las clases de Stern, Goldschmidt y Gauss, con tal dedicación que consiguió el permiso paterno para dedicarse por completo a sus estudios preferidos. Su afán de aprender le llevó a Berlín, donde permaneció dos años y cuenta con enorme júbilo el excelente curso de Mecánica que recibió de Jacobi.

A finales de 1849 regresó a Göttingen para recibir clases de Filosofía y Física Experimental. De esta época surge su interés por la filosofía natural en un escrito donde afirma que “es posible desarrollar una teoría matemática completa que, partiendo de las leyes fundamentales que verifican los puntos individuales, progresa hasta los fenómenos reales del espacio continuo, sin distinguir si se trata de la Gravedad, la Electricidad, el Magnetismo, o el equilibrio del Calor”.

Su tesis Fundamentos para una Teoría de Funciones de una variable compleja no pudo someterla a la Facultad de Filosofía hasta noviembre del año 1851 debido al pánico que le producía escribir para publicar. El trabajo recibió un dictamen muy elogioso de Gauss. Para su habilitación se decantó por la teoría de las series trigonométricas, que acabó en diciembre de 1853, para entregarse de lleno a elaborar las Hipótesis de la Geometría. Muy preocupado de que fuera inteligible para todos, incluso para no matemáticos, el trabajo fue una obra maestra, pues suprimió los detalles matemáticos más delicados para transmitir con precisión su hilo argumental, de manera que puede ser reconstruido a partir de las indicaciones dadas.

Las lecciones orales fueron traumáticas. Su pensamiento brillante y su imaginación intuitiva le permitían dar grandes saltos difíciles de seguir. Quedaba perplejo si se le pedía una discusión más amplia de sus conclusiones y le costaba trabajo adecuarse al razonamiento más lento del solicitante para resolverle sus dudas.

Riemann es uno de los grandes matemáticos de la era moderna, buscando siempre nuevas formas de pensar y atacar los problemas existentes y sus aplicaciones físicas. Su influencia en el siglo XX es tal que en la obra ‘Development of Mathematics 1900-1950’ su nombre aparece tantas veces como los de Gauss, Cauchy, Weierstrass y Dedekind juntos.

Un teorema de Euler por el Prof. Dr. D. Pascual Lucas Saorín, académico numerario

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 1 de julio de 2017

Todos hemos jugado alguna vez con un dado. Si lo observamos detenidamente vemos que tiene 6 caras, 12 aristas (las líneas donde confluyen dos caras) y 8 vértices (los puntos donde confluyen varias aristas). Si llamamos C, A y V al número de caras, aristas y vértices, respectivamente, es fácil observar que C-A+V=2. Euler, uno de los mejores matemáticos de todos los tiempos, también se dio cuenta de ello a mediados del siglo XVIII. Es más, vio que esa relación también se cumplía para los otros sólidos platónicos (tetraedro, octaedro, dodecaedro e icosaedro) y para muchos otros poliedros convexos. Desde entonces conocemos dicha ecuación como fórmula (o teorema) de Euler. Sin entrar en muchos detalles, un poliedro convexo es una figura tridimensional con volumen finito y limitada por polígonos (regulares o irregulares) que no tiene entrantes ni agujeros.

Muchos resultados en Matemáticas son lo suficientemente importantes como para que se hayan demostrado de diferentes formas a lo largo del tiempo. El caso más paradigmático es el teorema de Pitágoras, del cual se han proporcionado casi 400 demostraciones distintas. La fórmula de Euler, sin llegar a la exuberancia del teorema de Pitágoras, también se enorgullece de tener más de 20 demostraciones distintas. Hoy quisiera mencionar la demostración de la carga eléctrica, ideada por el ilustre matemático W.P. Thurston.

Coloquemos el poliedro en el espacio, de forma que ninguna arista esté horizontal, y que exista exactamente un vértice superior y un vértice inferior. Pongamos una carga unitaria positiva en cada vértice, una carga unitaria positiva en el centro de cada cara y una carga unitaria negativa en el centro de cada arista. Desplacemos horizontalmente las cargas de los vértices y aristas, siguiendo un movimiento contrario a las agujas del reloj, hacia la cara más próxima. De esta forma la carga de cada vértice y arista se asigna a una única cara. Es fácil ver que la carga total de cada cara resulta ser cero (el número de cargas positivas coincide con el número de cargas negativas). Como los únicos vértices cuya carga no ha podido ser desplazada a una cara contigua son los vértices superior e inferior, resulta que la carga total del poliedro es +2.

La fórmula de Euler tiene muchas consecuencias. Una de ellas (realmente sorprendente) es que sólo existen cinco poliedros convexos regulares (es decir, sus caras son polígonos regulares y en cada vértice confluyen el mismo número de aristas). ¿Podrías decir cuáles son?

Descubridores de las ondas gravitacionales por el Prof. Dr. D. Miguel Ortuño Ortín, académico numerario

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 24 de junio de 2017

El Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2017 ha recaído en los descubridores de las ondas gravitacionales. Más concretamente en los físicos Rainer Weiss, Kip S. Thorne y Barry C. Barish y en el Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales (LIGO, por sus siglas en inglés).

Las ondas gravitacionales son perturbaciones del espacio-tiempo producidas por los eventos gravitatorios más violentos, en los casos detectados hasta la fecha, la fusión de dos agujeros negros que giran uno alrededor del otro, cada vez más cerca, emitiendo parte de su energía en forma de ondas. De acuerdo a la teoría de la relatividad general de Einstein, la materia curva el espacio-tiempo produciendo la atracción gravitatoria. Cuando se trata de objetos muy masivos con grandes aceleraciones, esta deformación puede viajar a la velocidad de la luz alejándose de sus fuentes en forma de ondas gravitacionales.

La detección de ondas gravitacionales ha sido uno de los experimentos recientes más significativos: por una parte, proporciona una fuerte evidencia a favor de la teoría general de la relatividad para campos gravitatorios muy intensos y, por otra, supone una herramienta de futuro en la observación del universo, no basada en ondas electromagnéticas como el resto de instrumentos.

En los años ochenta, los físicos norteamericanos Rainer Weiss, Kip S. Thorne y el escocés Ronald Drever propusieron la construcción de LIGO con el fin de poder detectar ondas gravitacionales.  Rainer Weiss es en la actualidad profesor emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Kip Stephen Thorne fue profesor en el Instituto Tecnológico de California (Caltech) hasta 2009, en que se dedicó a la difusión de la física en programas de televisión, libros y escritos diversos. Ronald Drever también era profesor en esta institución y falleció en marzo de este año por lo que no ha recibido el premio. El tercer receptor del premio, Barry C. Barish, es de nuevo del Caltech y fue el principal impulsor de la construcción de LIGO, así como su primer director.

Familias de números por el Prof. Dr. D. Angel Ferrández Izquierdo, académico numerario

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 17 de junio de 2017

Existe una creencia generalizada de que la Matemática es la ciencia de los números, o dicho de otra manera, que el quehacer matemático gira en torno al manejo y manipulación de números. Más que un no rotundo, se podría responder que eso es cierto en parte, en una pequeña, pero importante, parte que se conoce como la Teoría de Números, cuyas aplicaciones resultan hoy cruciales.

Los números naturales son los primeros que aprende un niño cuando cuenta con los dedos de una mano y se representan por N. Luego aprendemos a sumar y nos aparece un número extraño, el 0, que satisface la siguiente propiedad: m + 0 = m, para cada número natural m. Después aparece la ecuación m + 1 = 0, cuya solución conduce a los números negativos y al conjunto Z de los números enteros, es decir, los naturales, los negativos y el 0.

Luego aprendemos a multiplicar números enteros y nos preguntamos, dado un entero m, si existe otro número q cuyo producto por m sea 1. Por ejemplo, si m = 7, entonces q = 1/7, y llegamos al conjunto Q de los números racionales. Pero hay más, pues para calcular cuánto mide la diagonal de un cuadrado de lado 1 hemos de resolver la ecuación x2 = 2, cuya solución es la raíz cuadrada de 2, entrando en el mundo de los números reales R.

¿Y si modificamos un poquito la ecuación anterior escribiendo x2 = -1? Afortunadamente tenemos solución, pues la raíz cuadrada de -1 es un nuevo número que representamos con la letra i y abrazamos el maravilloso mundo de los números complejos C. Nos damos cuenta enseguida que nuestra primera familia N se ha ido ampliando sucesivamente, de manera natural, siendo C la más grande, y cada cual ha surgido de una necesidad anterior.

¿Es esto todo? No, hay dos familias más: los números de Hamilton H, o cuaterniones, y los octoniones O o números de Cayley. ¿Todos son necesarios? Rotundamente, sí. La Matemática usa su autonomía para crear sus propios caminos e ir, como un gran maestro de ajedrez, cincuenta años por delante de las demandas de las otras Ciencias. C es el medio natural de la física cuántica y esta es la base de toda la tecnología actual. Pero, además, los números complejos son la herramienta esencial para conocer cómo los terremotos sacuden edificios y la inestabilidad y el progreso de una turbulencia, es decir, para pronosticar el tiempo.

Un gigante de la Química Orgánica del siglo XX por el Prof. Dr. D. Alberto Tárraga Tomás, académico numerario

El pasado día 10 de abril se cumplió el centenario del nacimiento de Robert Burns Woodward, uno de los químicos orgánicos más brillantes y creativos del siglo XX, cuyo legado constituye un ejemplo absolutamente emblemático para entender la evolución de la Química Orgánica, el poder de la síntesis orgánica y su influencia en las generaciones de químicos que, desde mediados del siglo pasado, han contribuido a promover un rápido avance no sólo de la Síntesis Orgánica sino, también, de la Biología y Medicina, con el notable beneficio para la sociedad que ello comporta.

Nació en Boston (1917) y con tan solo 16 años se matriculó en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Cuatro años más tarde, (1937), consiguió el doctorado en Química y ese mismo año se incorporó a la Universidad de Harvard, donde se mantuvo durante 42 años, hasta su muerte.

Woodward marcó la transición hacia una nueva época, tanto desde el punto de vista de la elucidación estructural como de la síntesis orgánica, lo cual fue posible gracias a los avances tecnológicos desarrollados en instrumentación en las décadas de los años 40 y 50: espectroscopías ultravioleta, infrarroja, resonancia magnética nuclear y técnicas cromatográficas.

Según las métricas modernas, su número total de publicaciones (196) podría parecer modesto, aunque todas supusieron un gran impacto para el desarrollo de la Química Orgánica.

Sus primeras aportaciones las realizó en el campo de la espectroscopía ultravioleta, estableciendo unas reglas que permiten predecir empíricamente a qué longitud de onda absorberá un compuesto en el espectro de ultravioleta.

Por otra parte, y en colaboración con Roald Hoffmann, enunció las conocidas como “reglas de Woodward y Hoffmann” (1964-69) sobre la simetría orbital y, en colaboración con Geoffrey Wilkinson, sugirió la correcta estructura del ferroceno (1952).

Sin embargo, fue “por sus destacados logros en el arte de la síntesis orgánica” por lo que le concedieron el Premio Nobel de Química, en 1965, destacando la consecución de la síntesis total de productos tales como quinina, cortisona, colesterol, reserpina, ácido lisérgico, clorofila a y vitamina B12, siendo esta última la molécula más compleja sintetizada en el laboratorio en el momento de su síntesis, hazaña realizada en colaboración con Albert Eschenmoser, y que demandó el esfuerzo de más de 100 químicos a lo largo de 11 años.

Cuando murió, en 1979, su grupo estaba trabajando en la síntesis total del antibiótico eritromicina, síntesis completada por sus colaboradores después de su muerte.

Yo soy de Ciencias (… y también de Letras) por el Prof. Dr. D. Angel Ferrández Izquierdo, académico numerario

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 3 de junio de 2017

Jamás he escuchado frase tan desafortunada como la archiconocida “Yo no sé de eso, soy de Letras”, cuando apenas se le ha preguntado por cualquier trivialidad relacionada con un porcentaje, el cambio climático o un interés bancario. Y, sin embargo, jamás he escuchado “No, no lo conozco, soy de Ciencias” al ser interpelado por el último Nobel de Literatura. Ser de Ciencias o de Letras no imprime carácter, ni supone preponderancia de una sobre otra, ni son excluyentes. Más bien son dos dimensiones necesariamente complementarias en pos de una búsqueda, que debería ser incesante, por ser cada día más instruido. O incluso, “tanto monta, monta tanto”, pues recordemos que el saber no ocupa lugar y que cada ciudadano es más libre cuanta más cultura posee.

Desgraciadamente, no es este el camino imperante en la educación española, ni secundaria ni universitaria, ni lo será a tenor de las recientes noticias sobre las reformas que nos amenazan. Cada vez la parcelación es más acusada y favorecida desde los años más jóvenes. Las rebajas imperdonables tanto en la cultura del esfuerzo como en los niveles de exigencia nos abocan sin remedio a una sociedad adocenada, con escasas, pero afortunadamente brillantes excepciones, fácilmente manipulable.

Estoy harto de escuchar que “los jóvenes de hoy están mejor preparados que en cualquier época anterior”, afirmación rotundamente falsa como muestra cualquier informe serio, por ejemplo, PISA. Es cierto que manejan muy bien las tecnologías de las comunicaciones y las redes sociales, pero hay un abismo entre eso y tener un mínimo de cultura. No tienen hábito de lectura, lo que les lleva a tener dificultad para entender el planteamiento de un problema, sin hablar de resolverlo o de redactar una posible solución razonada.

Ser de Ciencias es algo más que saber hacer una raíz cuadrada, comprender a Kant, resolver una ecuación de segundo grado, leer a Borges o entender las teorías de Einstein. Significa tener una mente y una actitud vital sujetas al método científico, es decir, a la búsqueda de la verdad por senderos experimentalmente válidos, prestos a retroceder cuando la prueba demuestre lo contrario. En definitiva, adoptar un compromiso de vida donde el esfuerzo, la sana competencia, la integridad y la rectitud sean los parámetros que rijan la consecución de los objetivos.

Ser de Letras significa exactamente lo mismo, pues aprender de Platón, apreciar el románico o meterse en las entrañas de Gaya es perfectamente compatible con maravillarse, y disfrutar, de las leyes de Maxwell y de las ondas gravitacionales.