ANALOGÍA CUÁNTICA por el Prof. Dr. D. Alberto Requena Rodríguez, académico numerario

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 21 de abril de 2018

La geometría enumerativa, introducida en el siglo XIX, es una rama de la Geometría que se ocupa de determinar el número de intersecciones de variedades algebraicas sometidas a restricciones o condiciones que hagan que el número sea finito e invariante para una transformación topológica. Tiene su interés en campos como en la determinación del número de curvas en espacios de Calabi-Yau, donde se obtienen las soluciones hexa-dimensionales de las ecuaciones de la gravedad de Einstein, que tienen mucho interés en la teoría de cuerdas.

 

Al envolver un cilindro con una cinta dando vueltas alrededor de aquél, las curvas del espacio de Calabi-Yau se clasifican de acuerdo con un número entero, denominado grado, que es una medida de la frecuencia de la envoltura. Determinar que ese número de curvas corresponde a un grado dado es un problema complejo, incluso para el espacio Calabi-Yau más simple, el quíntico. En el siglo XIX ya quedó establecido que el número de líneas (curvas de grado uno) es igual a 2875. En 1980 se encontró el número de curvas de grado dos, que era mucho mayor, 609250. Llegar a determinar el número de curvas de grado tres, es cosa casi inalcanzable. Los teóricos de cuerdas trasladaron el problema geométrico a uno físico. Idearon como calcular el número de curvas de cualquier grado. Era un alarde

 

En cuántica, tiene sentido combinar el número de curvas de todos los grados en una única y elegante función. Una vez juntas, la interpretación física es directa: se puede interpretar como una amplitud de probabilidad de una cuerda propagándose en el espacio de Calabi-Yau, aplicando el principio de suma sobre todos los casos (superposición). Se puede pensar en una cuerda para sondear todas las curvas posibles de todos los grados posibles al mismo tiempo y concebir un calculador cuántico super-eficiente. Se precisaba un segundo ingrediente para lograr la solución: una formulación de la física que utilizara el llamado “espejo” del espacio de Calabi-Yau. El término espejo es engañosamente simple. Al contrario de un espejo ordinario que refleja una imagen, aquí el espacio original y su espejo tienen forma diferente: no tienen la misma topología. Pero en el campo de la teoría cuántica, comparten muchas propiedades. En particular, la propagación de la cuerda en ambos espacios es idéntica, de forma que la dificultad de cálculo del problema original se traslada a la expresión mucho más simple del espejo, donde se puede calcular con una simple integral.  Complejo, pero simple. Simple pero complejo.

Cuando un error hace justicia por el Prof. Dr. D. Ángel Pérez Ruzafa, académico numerario

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 13 de abril de 2018

Que los errores pueden acarrear beneficios es una realidad y forma parte de la esencia de la evolución biológica darwiniana. Los errores en los procesos genéticos pueden traer consigo nuevas capacidades que suponen ventajas adaptativas que impulsan la evolución y la especiación. En cuestiones sociales o de reconocimiento de méritos es raro que esto suceda. Sin embargo, en la Universidad de Murcia, un error inesperado, al margen de que debe subsanarse, ha supuesto el reconocimiento de una persona olvidada que sin embargo tiene méritos propios para ser mantenida en la memoria de los murcianos. Se trata del Padre Andreu. No hace mucho, se hizo un homenaje, que siempre se quedará corto por lo que representó para la Universidad de Murcia, al rector Lostau. Como parte del mismo se colocó un busto en el campus de la Merced y el molde original en el de Espinardo, en la Facultad de Biología. Pero cualquiera que lo observe siente que la imagen representada no se corresponde con la de Lostau. La razón es que no es él. Por una equivocación en la transmisión de la información, al escultor encargado del proyecto le llegó en realidad una fotografía del Padre Andreu. Aquí el error.

Pero el Padre Andreu no es un personaje que se haya colado de soslayo en la historia de la ciencia murciana. Por el contrario, fue uno de los más insignes entomólogos españoles de principios del siglo XX, Catedrático de Historia Natural en el instituto Saavedra Fajardo y Profesor Adjunto de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Murcia, “fichado” por el propio Lostau tras conocerlo en persona y su trabajo. Ahí radica el acto de justicia.

Como se recoge en una breve biografía incluida por López Azorín en su Murcia y sus científicos en la Real Sociedad Española de Historia Natural, y en el saber enciclopédico de Manuel Ramón García-Garre, actual conservador del Museo Lostau de la Universidad de Murcia, Andreu, nacido en Orihuela en 1881, reunió una colección de más de 23.000 ejemplares de insectos, descubriendo numerosas especies nuevas para la ciencia de neurópteros, cicindélinos, himenópteros y dípteros por lo que muchas de ellas llevan su apellido latinizado andreui. Fue el descubridor incluso de un género nuevo de neurópteros de la familia Nemopteridae que por ello lleva el nombre Josandreva. Sus monografías y catálogos de dípteros o de odonatos fueron obras de referencia durante la primera mitad del siglo XX. Tuvo la perspicacia de reconocer el papel beneficioso que algunas especies, como Wesmaelius navasi (Andreu, 1911) descubierta y descrita por él mismo, podían tener en la agricultura al ejercer control sobre las plagas. La importancia de su labor entomológica le llevó a ser, desde 1908, miembro de la Real Sociedad Española de Historia Natural y estar entre los fundadores de la Sociedad Entomológica de España.

Debemos reponer el busto del Rector Lostau como merece, pero también debemos sentirnos orgullosos de tener al Padre Andreu como símbolo y ejemplo en la facultad de Biología.

Joe Polchinski, in memoriam por el Prof. Dr. D. Angel Ferrández Izquierdo, académico numerario

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 5 de abril de 2018

Joseph Gerard Polchinski Jr., uno de los físicos teóricos más creativos de las tres últimas décadas, falleció en su domicilio el pasado 2 de febrero a la edad de 63 años. El 30 de noviembre de 2015, con motivo de la celebración del centenario de la Teoría General de la Relatividad de Einstein, impartió una charla sobre teoría de cuerdas en Berlín y tres días después sufrió un ataque convulsivo, con el consiguiente ingreso hospitalario, donde se le descubrió un tumor cerebral. Tras meses de tratamiento, el Dr. Polchinski dedicó toda su energía a escribir sus memorias, que publicó en el repositorio arXiv, bajo el título Memories of a Theoretical Physicist.

Se licenció en Física por Instituto Tecnológico de California (más conocido como CalTech) en 1975, donde su tutor fue nada menos que Kip S. Thorne, el reciente Nobel de Física. Se doctoró en la Universidad de California, Berkeley, en 1980 y su etapa postdoctoral la desarrolló en el SLAC National Accelerator Laboratory, Stanford, y la Universidad de Harvard. En 1984 fue contratado por la Universidad de Texas, en Austin, y en 1992 se incorporó definitivamente a la Universidad de California, en Santa Bárbara. Fue, además, miembro permanente del Instituto Kavli de Física Teórica, uno de los centros de investigación en Física Teórica de mayor relevancia internacional.

El Dr. Polchinski fue el gran impulsor de la teoría de cuerdas, una notable candidata para describir, en un marco unificado, todas las fuerzas fundamentales observadas en la naturaleza. Tal cuerpo de doctrina, que modela la dinámica de las partículas fundamentales de la naturaleza no como puntos, sino como diminutas curvas, incorpora la gravedad y la simetría gauge de manera natural para llegar a teorías consistentes de gravedad cuántica.  Sus dos volúmenes String theory, de 1998, se han consagrado como la biblia sobre el tema.

Como méritos objetivos cabe citar 153 publicaciones. 19.353 citas, con una media de 126 citas por artículo.  En 1977 Polchinski fue elegido miembro de la Sociedad Americana de Física, de la Academia Americana de las Artes y las Ciencias en 2002, de la Academia Nacional de Ciencias en 2005 y de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia en 2012. Recibió el Premio Dannie Heineman de 2007 en Física Matemática de la Sociedad Americana de Física, la Medalla Dirac 2008 del Centro Internacional de Física Teórica de Trieste, y los Premios Fronteras de la Física de 2013 y 2014. El Nobel de 1979 Steven Weinberg dijo de él “Mi mayor fracaso en Austin fue perder a Joe”.

Nuestros santos patronos por el Prof. Dr. D. Mariano Gacto Fernández, académico numerario

Todos los años celebramos las festividades de dos personajes del siglo XIII como patronos de la Ciencia y de la Universidad. Uno es S. Alberto Magno, patrón de las clásicas facultades de Biología, Fisica, Geología, Matemáticas y Química, quien fue elevado a la categoría de santidad siete siglos después de su muerte por Pio XI en 1931.  El otro es Sto. Tomás de Aquino, santo a partir de 1880, y declarado patrón de la Universidad Española en su conjunto. El primero fue maestro del segundo, aunque el discípulo murió antes que el maestro.

Se supone que S. Alberto conocía las cuatro reglas aritméticas básicas y, en consecuencia, su reconocido patrocinio sobre las Matemáticas resulta hasta cierto punto comprensible. Por otra parte, este mismo santo fue un activo alquimista y astrólogo, relacionado con ciencias ocultas de dudosa ortodoxia, y descubridor del arsénico, razón por la que su relación con la Química, y en menor medida con la Física, parece igualmente justificada. Además, escribió un extenso tratado sobre los minerales por entonces conocidos (“De mineralibus”) y esta cuestión motiva que los geólogos lo reconozcan también como patrono. Sin embargo, respecto a la Biología, sus aportaciones científicas son llamativamente erróneas y equivocadas, por lo que su consideración como patrono de los biólogos resulta polémica y debería ser motivo de reconsideración.

Respecto al problema del origen de la vida, S. Alberto defendió la noción de la generación espontánea y apoyó que podían generarse seres vivos por la descomposición de la materia orgánica y la fuerza vivificadora de las estrellas. Sus obras describen casos de aparición de insectos, gusanos, ranas y ratones a partir de materiales putrefactos, así como la aparición de vegetales por emanaciones de la tierra bajo la influencia del calor y la luz nocturna de las estrellas. Su distinguido discípulo Sto. Tomás de Aquino, en su obra fundamental (“Summa Theologiae”), validó también la existencia de una fuerza vitalista en el curso de la podredumbre e incluso sostuvo que aquellos gusanos que tras la muerte atormentan en el Infierno a los condenados son el resultado de la putrefacción de sus pecados. De ello podía deducirse que los cuerpos incorruptos son signo de santidad. También dedujo que muchos parásitos dañinos nacen de las maquinaciones del diablo y otros espíritus malignos.

En definitiva, las ideas científicas de estos patronos sobre asuntos biológicos resultan disparatadas y, por ello, sería conveniente establecer otros iconos de referencia, sean santos o no.

Envejecimiento y pérdida muscular: sarcopenia por el Prof. Dr. D. Juan Carmelo Gómez Fernández, académico numerario

El gran aumento en esperanza de vida que los humanos vienen experimentando en las últimas décadas lleva consigo la aparición de problemas de salud que no tenían anteriormente lugar. Entre ellos están la demencia senil, el incremento de la aparición de tumores y muchos otros. Entre estos últimos hay algunos como la osteoporosis al que se le ha venido prestando una gran atención desde hace tiempo, por facilitar las fracturas óseas lo que disminuye la capacidad de valerse por sí mismos. Esta pérdida de autonomía puede venir provocada también por la pérdida de masa muscular lo que se conoce como sarcopenia y que disminuye la capacidad de agarre de las personas y aumenta su tendencia a sufrir caídas. La pérdida de fuerza muscular comienza a los 30 años pero se acelera muy importantemente a partir de los 60. Se considera que para la gran mayoría de la población se cruza un umbral crítico de deterioro a partir de los 85. La aparición de la sarcopenia parece ir en paralelo a la disminución de hormonas como testosterona, hormona del crecimiento o estrógenos, pérdida de neuronas que estimulan los músculos, la infiltración de grasa en el músculo, la resistencia a insulina, la inactividad física, deficiencia en vitamina D y la no ingesta de proteínas. Entre las medidas o tratamientos que se pueden adoptar para paliar este problema se ha investigado el ejercicio físico y parece que los que favorecen el aumento de masa muscular pueden ser positivos. En general se recomienda el ejercicio físico, que no solo es positivo para este problema sino para la salud en general. Una medida que parece tener un efecto positivo a este respecto es la ingesta de proteínas, que debe aumentarse en la vejez. Los tratamientos farmacológicos aún no se han investigado en profundidad, pero parece que los fármacos que aumenten la sensibilidad a la testosterona podrían ser convenientes. Unas moléculas que pueden ser importantes en este contexto son las mioquinas, reguladores secretados por el músculo que pueden regular el crecimiento del propio músculo y también de otros tejidos al pasar a la sangre, interviniendo en el envejecimiento del organismo en general. Será necesario conocer bien sus efectos y diseñar fármacos que puedan modular su actividad. Sin duda que en próximos años este problema atraerá mucha atención y dada la tendencia a que aumente la población de la tercera edad, muchos investigadores se ocuparán de encontrar tratamientos efectivos para la sarcopenia.

Ciencia, conocimiento, inteligencia y … por el Prof. Dr. D. Ángel Pérez Ruzafa, académico numerario

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 10 de marzo de 2018

Ciencia, conocimiento e inteligencia son conceptos que solemos relacionar, pero ni son sinónimos, ni van necesariamente unidos.

El conocimiento es lo que sabemos de cómo funciona el mundo. Aunque nuestras células ya portan información para nuestro desarrollo desde el primer instante y nuestro cerebro acumula datos desde etapas tempranas de nuestra vida, la información no se convierte en conocimiento hasta que somos capaces de procesarla para comprender nuestro entorno.

La ciencia es solo un método para adquirir conocimiento, pero en ningún caso es el único. El método científico permite responder preguntas con márgenes definidos de error y rechazar o aceptar hipótesis dadas unas condiciones determinadas. Nos facilita depurar conocimientos e incluso establecer modelos de relaciones entre causas y efectos que resultan útiles para anticipar consecuencias futuras. Pero nuestro cerebro ha evolucionado también para hacer precisamente esto. Capta regularidades en un mundo aparentemente caótico y es capaz de predecir comportamientos en base a señales de amenaza o amistosas, saber si va a llover, cuándo sembrar y cuándo recolectar o cuándo y dónde calar y recoger las redes para pescar, aunque no nos fija unos márgenes de error cuantitativos. La cultura de un pueblo es precisamente el conocimiento, acumulado durante siglos, que le ha permitido sobrevivir y progresar en un entorno generalmente hostil. La ciencia, si plantea preguntas relevantes, puede acelerar la adquisición de conocimiento, pero muchos saberes ancestrales podrían perderse para siempre si se descuida la diversidad cultural, como se pierde la información biológica acumulada en el ADN de una especie cuando ésta se extingue.

La inteligencia se asocia a la capacidad de resolver problemas y extraer patrones de procesos complejos. Los coeficientes intelectuales miden eso. Pero la verdadera inteligencia es en realidad la capacidad de anticipar los problemas para no llegar a tenerlos. Esto es más difícil de medir. Pero, tanto en un caso como en otro, la inteligencia necesita disponer de información para ser útil. Si los datos son inadecuados o incompletos, las conclusiones serán falsas e inservibles. La inteligencia fracasa cuando se le dan condiciones de contorno erróneas. Por eso, cuando se plantean objetivos equivocados, muchas personas inteligentes pueden hacer cosas estúpidas. Un científico puede carecer de los datos necesarios para hacer recomendaciones acertadas, pero disponer de información tampoco garantiza la inteligencia necesaria para usarla correctamente. Asimismo, una cultura ancestral tampoco tiene por qué ser acertada en las condiciones actuales, como un gen exitoso en un ambiente puede ser la causa de la extinción en otro.

Los puntos suspensivos del título corresponden a la sabiduría, que quizás engloba los otros conceptos… la sabiduría es más difícil de alcanzar, implica una visión de lo realmente importante y una capacidad de reflexión desprovista de condicionantes, dando el contexto definitivo y exacto a la inteligencia… pero, probablemente, queda fuera del ámbito de la ciencia.

Elogio y reivindicación de la fricción por el Prof. Dr. D. Rafael García Molina,

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 3 de marzo de 2018

En general, la fricción (realmente, la fuerza de fricción –o de rozamiento, como también se conoce–) no goza de buena fama y se piensa que debe eliminarse (o reducirse). Esto se debe a que la fricción se asocia con algo negativo (porque ocasiona más consumo de combustible, la carne se adhiere a la sartén…). Sin embargo, la fuerza de fricción resulta imprescindible en nuestra vida cotidiana. Y, casi, me atrevería a decir que su existencia nos reporta más beneficios que perjuicios.

La fuerza de fricción se opone al movimiento de un cuerpo en el seno de un fluido (la sufre un coche, un tren o un avión al moverse a través del aire) o al desplazamiento relativo entre dos superficies en contacto (por ejemplo, al intentar arrastrar un frigorífico o una lavadora sobre el suelo de una casa, algo bastante habitual en las mudanzas). Me ocuparé del rozamiento que aparece en el segundo caso: cuando hay desplazamiento relativo entre dos superficies en contacto.

Esta fuerza depende de los materiales (madera con metal, goma con baldosa…) a través de lo que se denomina coeficiente de fricción. Y también depende de la fuerza perpendicular entre ambas superficies. Cuanto mayor sea cualesquiera de estos factores (el coeficiente de fricción o la fuerza perpendicular), mayor será la fuerza de rozamiento.

Mis argumentos a favor de la denostada fuerza de fricción se basan en los ejemplos que expongo a continuación. En todos ellos es necesaria la intervención del rozamiento.

Una forma de obtener fuego consiste en frotar una varilla de madera sobre una tablilla con hojas secas (método todavía empleado por algunos pueblos primitivos); el calor producido gracias al rozamiento sirve para generar la llama. La escritura con lápiz y el borrado con goma no serían posibles si el grafito de la mina (o la goma) no rozara con el papel; de forma similar se escribe con tiza en una pizarra. El gesto cotidiano de humedecerse los dedos para pasar páginas de un libro (¿quién no recuerda la novela El nombre de la rosa?) se realiza porque así aumenta el coeficiente de fricción entre los dedos y el papel. Nos privaríamos de la música de los instrumentos de cuerda frotada, en los cuales se aplica resina a las cerdas del arco para aumentar la fricción. Los ejercicios gimnásticos en barras no serían posibles si entre las manos y las barras no hubiera rozamiento (que aumenta poniéndose un polvo blanco formado por carbonato de magnesio). La modesta zambomba (y la pandereta restregando su parche) tampoco sonarían. Y, para no extenderme, finalizo recordando que gracias a la fuerza de fricción caminamos y cogemos objetos.

Por todo ello, quiero reivindicar el importante papel que tiene el rozamiento en nuestras vidas cotidianas.

Las plantas también tienen diabetes por el Prof. Dr. D. Francisca Sevilla Valenzuela, académico numerario

Columna de la Academia publicada en el Diario La Vedad el 24 de febrero de 2018

Las plantas fabrican su material celular generando esqueletos carbonados –azúcares como glucosa y oligosacáridos como sacarosa-  a través del CO2 atmosférico, que es el sustrato de la fotosíntesis en cloroplastos. Estos azúcares se transportan a frutos y semillas. En humanos, que constituimos el eslabón superior de la cadena alimentaria, los azúcares ingeridos son la fuente más importante de obtención de energía, y su contenido, específicamente el de glucosa, debe estar controlado en las células y fluidos extracelulares como la sangre, ya que un incremento en sus niveles motivado por alteraciones metabólicas puede conducir a la producción de químicos dañinos que impiden la función celular. Entre ellos, el MetilGlyoxal  (MG) compuesto di-carbonilo producido metabólicamente  a partir de glucosa, puede funcionar dependiendo de sus niveles, como una molécula tóxica, generando  proteínas glicadas componentes de los “productos finales de glicación avanzada”, AGEs (del inglés  Advanced Glycation End Products). La acumulación de AGEs junto con la de Especies Reactivas del Oxígeno (ROS) estimula la oxidación de los componentes celulares y la inactivación de proteínas. En otras palabras, los compuestos originados a partir de azúcares se encuentran entre los agentes causantes de la diabetes. En plantas, en condiciones normales de crecimiento, los niveles basales de MG y AGEs permanecen bajos; sin embargo, al igual que en humanos, su acumulación en condiciones ambientales de estrés puede resultar dañina. Así, el aumento actual  de la concentración atmosférica de CO2, podría favorecer la producción vegetal, mejorando el proceso fotosintético, pero esta elevación de CO2 al igual que una elevada intensidad luminosa, el estrés salino y sequía, se ha visto que aumentan los contenidos de MG en hojas y concretamente en cloroplastos, produce ROS y un tipo de estrés oxidativo denominado “La Diabetes de Plantas” ya que en última instancia, se origina a partir de un metabolito común de las vías de biosíntesis y degradación de azúcares. Este proceso podría alterar profundamente la respuesta de los cultivos frente al estrés afectando sus rendimientos. El mejorar la efectividad de los mecanismos celulares enzimáticos encargados de mantener bajos niveles de MG, en los que interviene el antioxidante Glutatión, es una interesante estrategia biotecnológica reciente para eludir el potencial impacto negativo del MG sobre el crecimiento y producción de cultivos, permitiendo así una mejor adaptación a condiciones de estrés, intensificadas tanto por factores antropogénicos como por el cambio climático.

Los inesperados efectos de una bacteria por el Prof. Dr. D. Mariano Gacto Fernández, académico numerario

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 17 de febrero de 2018

Las ricketsias son bacterias parásitas que suelen crecer dentro de células originando enfermedades infecciosas graves, como el tifus. A este grupo pertenece también una curiosa bacteria, llamada Wolbachia, sin acción sobre el hombre pero cuya presencia en insectos y otros invertebrados puede conducir a la feminización de las poblaciones por inducir la conversión de machos en hembras. Es decir, se trata de una bacteria que favorece la desigualdad de géneros con clara desventaja en este caso para los machos. La igualdad de géneros es un objetivo actual de la civilización humana, pero la naturaleza parece empeñarse a veces en lo contrario.

Para entender la situación hay que considerar que entre las avispas es frecuente la partenogénesis, es decir, el desarrollo de huevos sin fecundar.  Los machos se producen normalmente por partenogénesis, y por tanto sus células contienen solamente un juego de cromosomas a partir de huevos no fertilizados. Por el contrario, las hembras surgen de huevos fecundados que contienen dos juegos de cromosomas. Cuando Wolbachia coloniza hembras, la bacteria se transmite verticalmente a su descendencia por los huevos infectados. Sin embargo, estos huevos no fertilizados e infectados con Wolbachia dan lugar a hembras diploides en vez de a machos haploides porque la bacteria induce por sí misma la replicación de los cromosomas del óvulo hospedador originando así hembras partenogenéticas. Como sería de esperar, este proceso se evita suministrando a las avispas infectadas antibióticos que eliminan Wolbachia. En otros insectos, la bacteria daña las glándulas productoras de hormonas masculinas favoreciendo el predominio de hembras o bien la infección mata directamente a los machos pero no a las hembras. En concreto, la infección artificial de mosquitos puede controlar los vectores responsables de la transmisión de importantes enfermedades epidémicas.

Además de influenciar los ciclos reproductivos en insectos, Wolbachia tiene efectos contrarios en otros invertebrados y facilita la supervivencia de especies que se benefician de su presencia por mecanismos desconocidos. Así, el agente causante de la elefantiasis es un nematodo que contiene Wolbachia intracelularmente. El tratamiento de esta enfermedad con antibióticos antibacterianos elimina la enfermedad porque destruye Wolbachia y, en consecuencia, también al nematodo, que requiere estar infectado para ser patógeno. Es decir, la bacteria es necesaria para la vida del nematodo, y su eliminación produce la muerte de éste y la curación de la enfermedad. El estudio de esta bacteria puede revelar múltiples aplicaciones potenciales.

 

Hacia una agricultura sostenible por la Prof. Dra. Dª. María Ángeles Pedreño García, académica numeraria

Columna de la Academia publicada en el Diario La Verdad el 10 de febrero de 2018

Según los expertos, para contribuir a un progreso mucho más adecuado del sector agrario respecto al nuevo escenario climático es necesario impulsar una agricultura sostenible, que favorezca la mejora de la gestión de los recursos naturales, disminuya el consumo de agua, ayude a conservar la biodiversidad y proteger el equilibrio de los ecosistemas, a la vez que fomente desarrollo rural mucho más armónico con el entorno. Por ello, la agricultura de conservación es un sistema de producción agrícola sostenible que comprende una serie de técnicas que tienen como objetivo fundamental conservar, mejorar y hacer un uso más eficiente de los recursos naturales mediante un manejo integrado de prácticas agrarias adaptadas a las condiciones locales de cada región y a las exigencias del cultivo. Estas prácticas, además de contribuir al buen uso del agua y del aire, se dirigen principalmente hacia la conservación de un recurso que no es renovable, el suelo, evitando su erosión y degradación mediante la reducción del laboreo, la rotación de cultivos, y la utilización de los restos vegetales de las cosechas, como medio natural de protección y fertilización de los suelos, consiguiendo aumentar sus niveles de materia orgánica, y mejorando así la productividad de los cultivos. Sin embargo, la agricultura de conservación no prohíbe el uso de insumos agrícolas químicos, aunque la tendencia en los últimos años se ha dirigido hacia una disminución del uso de los mismos. Nuestro grupo de investigación está desarrollando proyectos orientados hacia el incremento de la productividad de las cosechas, mitigando el efecto producido por estreses bióticos o abióticos, mediante la formulación de productos que contienen extractos vegetales obtenidos mediante procedimientos respetuosos con el medio ambiente. Estos productos se están utilizando en el campo para incrementar las defensas en las semillas (efecto priming) y/o para actuar como bioplaguicidas y así, mitigar las posibles pérdidas de productividad de las cosechas, generadas por la presencia de estreses bióticos como los hongos o abióticos como las altas concentraciones de sal en los campos de cultivo. Estos procedimientos junto con otras alternativas, podrían plantearse como soluciones que garantizan la protección del medio ambiente y de la biodiversidad atendiendo a su vez, las necesidades alimentarías de la población actual sin comprometer a las generaciones futuras y mejorando las oportunidades económicas y sociales del mundo rural.